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	<title>KERYGMA DIGITAL &#187; vestido</title>
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		<title>Sentado, vestido y en su sano juicio</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Feb 2020 11:27:58 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Muchos son los demonios que afectan la vida. Los enemigos del alma humana (la carne, el demonio y los pescados) están siempre al acecho procurando nuestro mal. Las esclavitudes espirituales nos hacen vivir en la tristeza y desamor, ¿quién nos podrá salvar? El Señor Jesús tiene el poder de liberarnos de cualquier dolencia. Él puede [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Muchos son los demonios que afectan la vida. Los enemigos del alma humana (la carne, el demonio y los pescados) están siempre al acecho procurando nuestro mal. Las esclavitudes espirituales nos hacen vivir en la tristeza y desamor, ¿quién nos podrá salvar?</p>
<p>El Señor Jesús tiene el poder de liberarnos de cualquier dolencia. Él puede y quiere hacernos hombres y mujeres libres de cualquier esclavitud. ¿Tú lo crees? ¿Tú lo quieres? Pues hoy viene a nuestra vida con el poder salvífico de su amor. ¡Ánimo! ¡Tengamos confianza en Él!</p>
<p>Leer:</p>
<p>Texto del Evangelio (Mc 5,1-20): En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron al otro lado del mar, a la región de los gerasenos. Apenas saltó de la barca, vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo que moraba en los sepulcros y a quien nadie podía ya tenerle atado ni siquiera con cadenas, pues muchas veces le habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarle. Y siempre, noche y día, andaba entre los sepulcros y por los montes, dando gritos e hiriéndose con piedras. Al ver de lejos a Jesús, corrió y se postró ante Él y gritó con gran voz: «¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes». Es que Él le había dicho: «Espíritu inmundo, sal de este hombre». Y le preguntó: «¿Cuál es tu nombre?». Le contesta: «Mi nombre es Legión, porque somos muchos». Y le suplicaba con insistencia que no los echara fuera de la región. </p>
<p>Había allí una gran piara de puercos que pacían al pie del monte; y le suplicaron: «Envíanos a los puercos para que entremos en ellos». Y se lo permitió. Entonces los espíritus inmundos salieron y entraron en los puercos, y la piara -unos dos mil- se arrojó al mar de lo alto del precipicio y se fueron ahogando en el mar. Los porqueros huyeron y lo contaron por la ciudad y por las aldeas; y salió la gente a ver qué era lo que había ocurrido. Llegan donde Jesús y ven al endemoniado, al que había tenido la Legión, sentado, vestido y en su sano juicio, y se llenaron de temor. Los que lo habían visto les contaron lo ocurrido al endemoniado y lo de los puercos. Entonces comenzaron a rogarle que se alejara de su término. </p>
<p>Y al subir a la barca, el que había estado endemoniado le pedía estar con Él. Pero no se lo concedió, sino que le dijo: «Vete a tu casa, donde los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido compasión de ti». Él se fue y empezó a proclamar por la Decápolis todo lo que Jesús había hecho con él, y todos quedaban maravillados.</p>
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		<title>Venid y comed</title>
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		<pubDate>Fri, 10 Apr 2015 11:42:00 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Los discípulos, después de la muerte tan aparatosa y cruel de Jesús, estaban desconcertados y muertos de miedo. Hay varios pasajes de la Biblia donde se muestra su situación post-muerte de Jesús que retratan diferentes estados de ánimo de los apóstoles. Algunas veces aparecen muertos de miedo, en otros momentos desanimados y decepcionados y por [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Los discípulos, después de la muerte tan aparatosa y cruel de Jesús, estaban desconcertados y muertos de miedo. Hay varios pasajes de la Biblia donde se muestra su situación post-muerte de Jesús que retratan diferentes estados de ánimo de los apóstoles. Algunas veces aparecen muertos de miedo, en otros momentos desanimados y decepcionados y por otro lado cada uno a vuelto a los suyo.</p>
<p>Hay un momento en que Jesús encuentra a los discípulos en lo &#8220;suyo&#8221;. Están pescando y no logran atrapar peces. Se parece mucho al pasaje de cuando Jesús los encuentra pescado y los llama a ser &#8220;pescadores de hombre&#8221;. Aquí pareciera que los discípulos han renunciado a esa llamada. Han abandonado la misión. Se han olvidado de las maravillas que Dios ha hecho en su vida y han vuelto a los &#8220;ajos y cebollas&#8221; de Egipto.</p>
<p>Muchos de nosotros, cuando pasamos por un sufrimiento o estamos viviendo algo en nuestra vida que no entendemos, dudamos de Dios y nos alejamos de Él. Tendemos a dudar del amor de Dios. Volvemos a nuestras &#8220;cosas del mundo&#8221;. Nos escandaliza la vida con sus &#8220;cruces&#8221; y con sus &#8220;muertes&#8221;, tal como Dios nos la permite y eso se traduce en alejamiento. ¡Eso es un grave error!</p>
<p>La buena noticia es que el Señor vuelve a nuestro encuentro y precisamente en la Pascua. Entra nuevamente en el mar con los discípulos y es como si le hiciera nuevamente el llamado. Antes no pescaban nada y ahora pesca 153 peces símbolo de las naciones de la tierra. Pedro se pone el &#8220;vestido&#8221; nuevamente. Se podría decir que se convierte al hacer de nuevo encuentro personal con Jesús y se pone la &#8220;túnica blanca&#8221; del bautismo. Es otra persona. Ya puede comer &#8220;pan y pez&#8221;, hacer Eucaristía con el Señor y dar al mundo entero de lo que le sobra: amor de Dios.</p>
<p>Que hermoso es descubrir el inmenso amor de Dios en nuestras vidas. Dios nos ha amado en Jesús y quiere que prediquemos este amor a todas las naciones de la tierra. Nos envía nuevamente a esta misión de &#8220;pescar hombres&#8221;. ¿Estás dispuesto?</p>
<p>Leer:</p>
<p><strong style="line-height: normal; -webkit-text-size-adjust: auto; background-color: rgba(255, 255, 255, 0); text-align: justify;">Texto del Evangelio (<em>Jn</em>&nbsp;21,1-14):</strong><span style="line-height: normal; -webkit-text-size-adjust: auto; background-color: rgba(255, 255, 255, 0); text-align: justify;">En aquel tiempo, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dice: «Voy a pescar». Le contestan ellos: «También nosotros vamos contigo». Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.&nbsp;</span></p>
<p><span style="line-height: normal; -webkit-text-size-adjust: auto; background-color: rgba(255, 255, 255, 0);"><br style="text-align: justify;"></span>
<p style="text-align: start;"><span style="line-height: normal; -webkit-text-size-adjust: auto; background-color: rgba(255, 255, 255, 0);"><span style="text-align: justify;">Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Díceles Jesús: «Muchachos, ¿no tenéis pescado?». Le contestaron: «No». Él les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: «Es el Señor». Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se puso el vestido —pues estaba desnudo— y se lanzó al mar. Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos.</span><span style="text-align: justify;">&nbsp;</span></span></p>
<p><span style="line-height: normal; -webkit-text-size-adjust: auto; background-color: rgba(255, 255, 255, 0);"><br style="text-align: justify;"></span>
<p style="text-align: start;"><span style="text-align: justify; line-height: normal; -webkit-text-size-adjust: auto; background-color: rgba(255, 255, 255, 0);">Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. Díceles Jesús: «Traed algunos de los peces que acabáis de pescar». Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Venid y comed». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», sabiendo que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez. Ésta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muerto</span><span style="color: rgb(0, 0, 0); font-family: 'Palatino Linotype', 'Book Antiqua', Palatino, serif; font-size: 18px; line-height: 25px; text-align: justify; -webkit-tap-highlight-color: rgba(26, 26, 26, 0.301961); -webkit-text-size-adjust: auto;">s.</span></p></p>
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