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Levantándose al punto, se puso a servirles

Una de las características de la obra de Jesús en la tierra fueron sus milagros. Pasaba de pueblo en pueblo sanando y expulsando demonios de las personas aquejadas de dichos males. Jesús vino a salvar y liberar al ser humano de todas sus dolencias.

La enfermedad física puede utilizarse como símbolo de algo mucho más profundo. El que está enfermo no puede operar bien. Se ve limitado de muchas maneras. No puede trabajar o desempeñar regularmente sus tareas diarias. 

Muchas veces nos encontramos aquejados de males “del alma”. Tenemos rechazos, odios, rencores, pereza, ira, entre otros males que paralizan nuestra capacidad de amar o servir.

La buena noticia es que Jesús tiene el poder de sanarnos de todas esas cosas que nos impiden ser felices. ¿Hoy te sientes sin ganas de nada? Tranquilo, órale al Señor que el te sanará.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 4,38-44): En aquel tiempo, saliendo de la sinagoga, Jesús entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre, y le rogaron por ella. Inclinándose sobre ella, conminó a la fiebre, y la fiebre la dejó; ella, levantándose al punto, se puso a servirles. A la puesta del sol, todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias se los llevaban; y, poniendo Él las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero Él, conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que él era el Cristo. 
Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar solitario. La gente le andaba buscando y, llegando donde Él, trataban de retenerle para que no les dejara. Pero Él les dijo: «También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado». E iba predicando por las sinagogas de Judea.

Proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios

Con los líderes siempre van mucha gente. Sólo basta con observar a los políticos y sus sendas escoltas y avanzadas. Todo un espectáculo ver como llegan los jefes siempre con un “regero” de aduladores, asistentes y ayudantes. ¿Con quién iba Jesús por los caminos?

Nuestro Señor rompe todos los esquemas de un líder tradicional. Los que caminan al lado de Jesús son los que han experimentado su gracia salvadora, su perdón y amor. Son hombres y mujeres que han sido SALVADOS de la muerte por Él. Son personas tocadas en lo más profundo de su corazón por el amor de Dios.

¿Caminas al lado de Jesús? Muchas veces, y lo digo por mi experiencia… No lo hacemos. Si te das cuenta, en las escrituras se habla de que Jesús iba evangelizando, anunciando la buena nueva. Es decir, que aquellos que han sido transformado por Él lo dejan todo y le acompañan en su misión evangelizadora. Un apóstol es uno que camina junto al Señor dando testimonio de Él.

Hagamos hoy renovación de esta promesa con el Señor. Pidamos la gracia de amarle y dar testimonio de este amor con nuestras palabras y obras. Seamos como las mujeres del evangelio, siempre agradecidas, enamoradas y fieles al Señor.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 8,1-3): En aquel tiempo, Jesús iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.