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Si quieres, puedes limpiarme

¡Claro que quiere! ¿Lo dudas? Jesús quiere que seamos felices. Es por eso que sana todas nuestras enfermedades y cura todas nuestras heridas. ¡Claro que quiere! ¡Él quiere que te des cuenta cuanto te ama!

Algunas situaciones nos paralizan. Producen tensión, tristeza y desasosiego en nuestra vida. El ciertas situaciones nos sentimos solos y sin ningún soporte. Es por eso que ahora te anuncio una buena noticia: Dios quiere salvarte, curarte, perdonarte y amarte. Quiere que te des cuenta de su presencia en tu vida.

¡Ánimo! Hoy es una nueva oportunidad para dejarnos invadir por él Espíritu Santo para que siendo transformados podamos vivir una nueva vida en el amor de Dios.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 1,40-45): En aquel tiempo, vino a Jesús un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: «Si quieres, puedes limpiarme». Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio». Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. Le despidió al instante prohibiéndole severamente: «Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio».

Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a Él de todas partes.

La fiebre la dejó y ella se puso a servirles

Una de las características distintivas de la obra de Jesús es que pasaba sanado personas y expulsando de demonios. Las señales y prodigios que acompañaban al Señor en su misión confirmaban que Él era el enviado de Dios Padre para salvación del mundo entero. Por tanto, una forma de confirmar que algo viene de Dios es si transformar la realidad que impacta. ¿Jesús te ha curado alguna enfermedad o expulsado algún de demonio en tu vida?

Existen diversas enfermedades, físicas, y espirituales, que afectan al ser humano. Existen en el mundo millones de personas depresivas, sin propósito, tristes y sin una motivación para vivir. Cuando Jesús llega a la vida de una persona sana todas esas dolencias y llena de luz la vida de aquel que abre su corazón al amor de Dios. Esto quiere decir que no solo se sufren enfermedades del cuerpo, también hay graves padecimientos del Adams y espíritus. Todas las cura el Señor.

También el Señor expulsa los demonios que a veces nos mortifican. Se instalan en nuestro corazón odios, violencias, malos pensamientos y toda clase de malas influencias. De todas nos libra el Señor.

En definitiva, hoy podemos renovar una vez más nuestra apertura al amor de Dios que lo sana todo. Dios te ama y en Jesucristo manifiesta dicho amor a través de la curación y liberación. Esa es la obra de Dios en ti. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 1,29-39): En aquel tiempo, Jesús, saliendo de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.

Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían.

De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración. Simón y sus compañeros fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: «Todos te buscan». El les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido». Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.

¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad!

La sola palabra de Jesús tiene poder. Al escuchar su voz los espíritus inmundos salían de los cuerpos de las personas poseídas. Su palabra tiene la fuerza de curarlo todo, de transformarlo todo. ¿Has escuchado alguna vez la voz de Dios?

Todos los días, créeme, Dios se manifiesta a los que ha elegido. El problema es que muchas de esas veces estamos como “mirando para otro lado”. Nuestra mente y corazón están centrados en otras cosas: dinero, fama, placer.

Hoy tenemos la invitación divina a centrarnos en el Señor. Aprendamos a descubrir todos los días la presencia maravillosa de nuestro Dios en cada aspecto de nuestra vida. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 1,21-28): Llegó Jesús a Cafarnaum y el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios». Jesús, entonces, le conminó diciendo: «Cállate y sal de él». Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él.

Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen». Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea.

Al instante, dejando las redes, le siguieron

¿Tenemos una actitud de disponibilidad radical al servicio de Dios? Raras veces. ¿Por qué? Porque estamos en nuestros proyectos particulares. Vivimos como si nunca fuéramos a morir, acumulando bienes, afectos e ídolos en este mundo. Dios nos llama a cambiar porque la apertura a su voluntad es la clave de la felicidad.

Hoy el Señor nos llama. ¡Claro! ¡Así es! Nos dice que nos envía en misión a dar signos en medio de nuestro trabajo, nuestras amistades y nuestra familia. Los cristianos tenemos la misión de hacer presente el amor de Dios donde quiera que estemos. Seamos como Simón, Andrés, Santiago y Juan: dispuesto a partir a donde Dios nos envíe. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 1,14-20): Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva». Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: «Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres». Al instante, dejando las redes, le siguieron. Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes; y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras Él.

Señor, si quieres, puedes limpiarme

Jesús cura las enfermedades. Libera a los cautivos. Da la oportunidad de una nueva vida para todos. ¿Quieres participar de el milagro del Señor? Déjate tocar.

Fíjate que Jesús sanaba “tocando” a las personas. No le daba repugnancia la lepra ni cualquier otra enfermedad que padecieran las personas que le buscaban para sanar. Jesús le daba algo más. Le curaba de lo físico pero también transformaba su vida radicalmente.

El mismo mostraba con su ejemplo el camino de la salvación. No se complacía en la fama que adquiría por tantos signos prodigiosos que realizaba. Todo lo contrario. Se apartaba a lugares solitarios a vivir de lo que realmente importa: la relación íntima con Dios a través de la oración.

También nosotros podemos experimentar el encuentro personal con Jesús que todo lo sana y transforma. Solo basta que lo queramos. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 5,12-16): Y sucedió que, estando en una ciudad, se presentó un hombre cubierto de lepra que, al ver a Jesús, se echó rostro en tierra, y le rogó diciendo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». Él extendió la mano, le tocó, y dijo: «Quiero, queda limpio». Y al instante le desapareció la lepra. Y él le ordenó que no se lo dijera a nadie. Y añadió: «Vete, muéstrate al sacerdote y haz la ofrenda por tu purificación como prescribió Moisés para que les sirva de testimonio». Su fama se extendía cada vez más y una numerosa multitud afluía para oírle y ser curados de sus enfermedades. Pero Él se retiraba a los lugares solitarios, donde oraba.

Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy

Jesú es el mesías y el salvador. Ha sido enviado por su Padre Dios a liberar a todos los cautivos de sus cadenas. Es una obra de salvación universal. Es la fuerza del Espíritu Santo actuando con potencia en nuestras vidas. ¿Cómo este proyecto salvifico se puede realizar en nosotros?

Las personas que escuchaban a Jesús tenían dos opciones: le escuchaban o le rechazaban. Los que escuchaban con buen ánimo y rectitud de intención participaban del mensaje que Él predicaba por todas partes. Los que oían lo que decís y lo rechazaban se excluían así mismos de las maravillas de la salvación que venía con el Señor.

Podemos escuchar la voz de Dios todos los días. En los acontecimientos diarios. En la palabra de un hermano que te corrige. En un hecho que parece permitido por Dios. En fin, es fundamental escuchar verdaderamente a Jesús que todavía hoy predica de diversas maneras y espera un corazón dispuesto a hacer su voluntad. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 4,14-22): En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea por la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la región. Él iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos.

Vino a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor».

Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en Él. Comenzó, pues, a decirles: «Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy». Y todos daban testimonio de Él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca.

¡Ánimo!, que soy yo, no temáis!

Lo más grande que puede acontecerle a un ser humano es tener un encuentro profundo y personal con Dios. Nosotros no somos solo carne y huesos que un día estarán en la tumba para siempre. Tenemos una dimensión espiritual que nos permite percibir y experimentar las realidades celestes.

El gran dilema es que muchas veces tenemos la mente y el espíritu embotado. No nos damos cuenta de la acción diaria de Dios en nuestra vida. Esa es la clave para poder afrontar la vida con trascendencia y abrir nuestro espíritu a la vida eterna que nos ofrece Jesús.

Hoy estamos siendo invitados a una relación renovada con Dios. No temamos a nada. El viene en nuestra ayuda. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 6,45-52): Después que se saciaron los cinco mil hombres, Jesús enseguida dio prisa a sus discípulos para subir a la barca e ir por delante hacia Betsaida, mientras Él despedía a la gente. Después de despedirse de ellos, se fue al monte a orar. Al atardecer, estaba la barca en medio del mar y Él, solo, en tierra.

Viendo que ellos se fatigaban remando, pues el viento les era contrario, a eso de la cuarta vigilia de la noche viene hacia ellos caminando sobre el mar y quería pasarles de largo. Pero ellos viéndole caminar sobre el mar, creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar, pues todos le habían visto y estaban turbados. Pero Él, al instante, les habló, diciéndoles: «¡Ánimo!, que soy yo, no temáis!». Subió entonces donde ellos a la barca, y amainó el viento, y quedaron en su interior completamente estupefactos, pues no habían entendido lo de los panes, sino que su mente estaba embotada.

Y comieron todos hasta que quedaron satisfechos

En algún momento de nuestra vida todos hemos tenido algún momento de sufrimientos o desesperación. Nos sentimos solos y necesitamos de ayuda. Cristo no se queda ajeno a esta realidad. ¡Todo lo contrario!

Jesús se hizo hombre para salvarnos a todos. ¿De qué necesitamos ser salvados? Precisamente de todo aquellos que nos lleva a la muerte. Nuestro Salvador provee alimento que sacia todas nuestras necesidades. Ese es el centro de nuestra Fe, el centro del cristianismo.

Esperemos la fiesta del Bautismo del Señor en la seguridad de que Dios provee siemore para nosotros el alimento de su amor. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 6, 34-44): En aquel tiempo, vio Jesús una gran multitud y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tienen pastor, y comenzó a enseñarles muchas cosas. Y como fuese muy tarde, se llegaron a Él sus discípulos y le dijeron: «Este lugar es desierto y la hora es ya pasada; despídelos para que vayan a las granjas y aldeas de la comarca a comprar de comer». Y Él les respondió y dijo: «Dadles vosotros de comer». Y le dijeron: «¿Es que vamos a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?». Él les contestó: «¿Cuántos panes tenéis? Id a verlo». Y habiéndolo visto, dicen: «Cinco, y dos peces».

Entonces les mandó que se acomodaran todos por grupos de comensales sobre la hierba verde. Y se sentaron en grupos de ciento y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces y levantando los ojos al cielo, bendijo, partió los panes y los dio a sus discípulos para que los distribuyesen; también partió los dos peces para todos. Y comieron todos hasta que quedaron satisfechos. Y recogieron doce cestas llenas de los trozos que sobraron de los panes y de los peces. Los que comieron eran cinco mil hombres.

Haced penitencia, porque el Reino de los cielos está cerca

Todavía no ha terminado la navidad. Este periodo de fiesta termina con el bautismo del Señor. Algunos se preguntan qué significa que la navidad siga hasta dicha solemnidad.

Jesús fue bautizado por Juan. Es un hecho que muchas veces resulta extraño. ¿Qué sentido tiene bautizar al que es hijo de Dios? El bautismo permite que se manifieste la naturaleza divina. Nuestro Señor Jesús se hizo bautizar para inaugurar una nueva etapa en la historia de la humanidad. Una voz se escuchó desde el cielo diciendo que Él es el hijo de Dios.

En navidad es fundamental vivir el misterio del nacimiento de Jesús en nuestros corazones. El bautismo hace resurgir de las aguas benditas una criatura nueva. Es la única forma de nacer de nuevo en la alegria de los verdaderos hijos de Dios. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 4,12-17.23-25): En aquel tiempo, cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, se retiró a Galilea. Y dejando la ciudad de Nazaret, fue a morar en Cafarnaúm, ciudad marítima, en los confines de Zabulón y de Neftalí. Para que se cumpliese lo que dijo Isaías el profeta: «Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino de la mar, de la otra parte del Jordán, Galilea de los gentiles. Pueblo que estaba sentado en tinieblas, vio una gran luz, y a los que moraban en tierra de sombra de muerte les nació una luz».

Desde entonces comenzó Jesús a predicar y a decir: «Haced penitencia, porque el Reino de los cielos está cerca». Y andaba Jesús rodeando toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos y predicando el Evangelio del Reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia del pueblo. Y corrió su fama por toda Siria, y le trajeron todos los que tenían algún mal, poseídos de varios achaques y dolores, y los endemoniados, y los lunáticos y los paralíticos, y los sanó. Y le fueron siguiendo muchas gentes de Galilea y de Decápolis y de Jerusalén y de Judea, y de la otra ribera del Jordán.

Le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra

La fiesta de los reyes magos o Epifanía del Señor hace referencia al nacimiento de Jesús. De hecho, en la iglesia de oriente, esa es la gran fiesta donde se celebra la manifestación de Dios aquí en la tierra a través de su hijo Jesucristo. ¿Tiene que ver con nuestra vida este día memorable? ¿Es una simple fiesta de niños para hacerles regalos?

Los reyes magos, según algunos estudiosos de las escrituras, son símbolo de los pueblos paganos que han seguido la estrella que es imagen del anuncio del Kerygma o del evangelio. Atraídos por la noticia de que ha nacido el Salvador del mundo entero recorren largos caminos que pueden significar las diversas experiencias de Fe que Dios nos hace vivir.

Durante nuestro caminar hacia el Señor vamos como los reyes magos con oro, incienso y mirra que simbolizan respectivamente la realeza, el sacerdocio y el profetismo al que estamos llamados. Los cristianos somos reyes porque en Jesús hemos nacido nuevamente para ser verdaderos hijos de Dios y así tener su dignidad. También somos sacerdotes porque estamos llamados a elevar al cielo, como el incienso, oraciones incesantes de petición y alabanza. Y por último somos profetas en este mundo, dispuestos a sufrir por medio de la manifestación de la naturaleza divina que ama al pecador y está dispuesto a dar la vida por todos.

Ojalá podamos pedir al Señor que nos haga tres hermosos regalos también. La fiesta de los reyes magos no es un evento exclusivo de los niños. De hecho, a través de regalos materiales, es fundamental que podamos transmitirles la alegría de saber que el más grande de todos los regalos es la participación en el misterio maravilloso del amor de Dios a través de Jesús. Esa es la buena noticia de esta fiesta. Dios nos ha regalado el ser en Jesús verdaderos hijos suyos. ¡Ánimo!