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Y los sembrados en tierra buena son aquellos que oyen la Palabra, la acogen y dan fruto, unos treinta, otros sesenta, otros ciento

El sembrador en Cristo. La semilla es imagen de la palabra de Dios. La tierra somos nosotros y los frutos son las obras que Dios quiere hacer a través de nosotros. ¿Has entendido?

Jesús hablaba en parábolas porque era una forma sencilla con que llevar su palabra a las personas de su tiempo pero también conseguía de esa manera poner en evidencia a aquellos que le escuchaban con doblez. Por eso Él decía “el que tenga oídos que oiga” que significa que aquel que quiera oír y poner en práctica lo que escucha, ese es él que verdaderamente oirá.

Hoy tenemos la oportunidad de poner en práctica la palabra de Dios. Escuchemos la voz de Dios y no cerremos nuestro corazón. El mundo necesita de los frutos que produce la palabra cuando es acogida en el alma de una persona que quiere hacer la voluntad de Dios. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 4,1-20): En aquel tiempo, Jesús se puso otra vez a enseñar a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a Él que hubo de subir a una barca y, ya en el mar, se sentó; toda la gente estaba en tierra a la orilla del mar. Les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas. Les decía en su instrucción: «Escuchad. Una vez salió un sembrador a sembrar. Y sucedió que, al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino; vinieron las aves y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no tenía mucha tierra, y brotó enseguida por no tener hondura de tierra; pero cuando salió el sol se agostó y, por no tener raíz, se secó. Otra parte cayó entre abrojos; crecieron los abrojos y la ahogaron, y no dio fruto. Otras partes cayeron en tierra buena y, creciendo y desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron treinta, otras sesenta, otras ciento». Y decía: «Quien tenga oídos para oír, que oiga».

Cuando quedó a solas, los que le seguían a una con los Doce le preguntaban sobre las parábolas. El les dijo: «A vosotros se os ha dado comprender el misterio del Reino de Dios, pero a los que están fuera todo se les presenta en parábolas, para que por mucho que miren no vean, por mucho que oigan no entiendan, no sea que se conviertan y se les perdone».

Y les dice: «¿No entendéis esta parábola? ¿Cómo, entonces, comprenderéis todas las parábolas? El sembrador siembra la Palabra. Los que están a lo largo del camino donde se siembra la Palabra son aquellos que, en cuanto la oyen, viene Satanás y se lleva la Palabra sembrada en ellos. De igual modo, los sembrados en terreno pedregoso son los que, al oír la Palabra, al punto la reciben con alegría, pero no tienen raíz en sí mismos, sino que son inconstantes; y en cuanto se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumben enseguida. Y otros son los sembrados entre los abrojos; son los que han oído la Palabra, pero las preocupaciones del mundo, la seducción de las riquezas y las demás concupiscencias les invaden y ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Y los sembrados en tierra buena son aquellos que oyen la Palabra, la acogen y dan fruto, unos treinta, otros sesenta, otros ciento».

El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre

La Iglesia está llena de carismas. El Espíritu Santo suscita muchísimos servicios para la santificación de los hermanos y hermanas. Hay algunos que se dedican a predicar. Su palabra es la palabra de Dios y como si fuera una semilla de un árbol, busca caer en tierra buena para crecer y luego dar fruto. Esta tierra buena es el corazón de aquellos que escuchan y ponen en práctica la palabra de Dios.

El que nos acoge la palabra es como un alguien que elige el camino malo. Alguien que prefiere quedarse en sus egoísmos y pecados.

El Señor nos llama a dar frutos de vida eterna. A dejarnos invadir de su espíritu para así ser hijos de Dios.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 13,36-43): En aquel tiempo, Jesús despidió a la multitud y se fue a casa. Y se le acercaron sus discípulos diciendo: «Explícanos la parábola de la cizaña del campo». Él respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno; el enemigo que la sembró es el Diablo; la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.

»De la misma manera, pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los escándalos y a los obradores de iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga».

Abriré en parábolas mi boca, publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo

Jesús hablaba en parábolas. Intentaba comunicar de diversas maneras el mensaje de salvación. Con un lenguaje sencillo hablaba de los misterios celestes.

Todavía hoy nos habla con palabras sencillas. Sus gestos son sutiles. Nos habla me los acontecimientos y hechos de cada día. Muchas veces estos actos de Dios en nuestra son muy duros, difíciles de digerir.

La historia se nos hace pesada, a veces insoportable. Pero Jesús nos invita a ver en esos detalles de cada día, el misterio maravillos del amor de Dios que va creciendo poco a poco a quien sabe escuchar y poner en práctica su palabra.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 13,31-35): En aquel tiempo, Jesús propuso todavía otra parábola a la gente: «El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo. Es ciertamente más pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas».

Les dijo otra parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo». Todo esto dijo Jesús en parábolas a la gente, y nada les hablaba sin parábolas, para que se cumpliese el oráculo del profeta: ‘Abriré en parábolas mi boca, publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo’.

El que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende

Todos los días escuchamos la palabra de Dios. Son como semillas diarias que buscan una tierra donde dar frutos. El Señor se manifiesta de muchas maneras. En acontecimientos, a través de ángeles, y situaciones que permite para santificarnos.

Nosotros podemos pedir a Dios que nos de la gracia de ser tierra buena. Una tierra buena donde puedan crecer las semillas de Dios. Tierra buena donde pueden darse los frutos de vida eterna. Tierra buena donde Jesús pueda crecer.

Pidamos al Señor la gracia de escuchar y poner en práctica la palabra. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 13,18-23): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador. Sucede a todo el que oye la Palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo del camino. El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la Palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumbe enseguida. El que fue sembrado entre los abrojos, es el que oye la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta».

¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos?

Jesús comunicaba la buena noticia con parábolas diversas. Intentaba purificar la intención de aquello que le escuchaban. Los que tenia buena disposición, escuchaban y ponían en práctica su palabra.

Su lenguaje sencillo, cercano y lleno de símbolos ayudaban a todos a entender misterios y realidades espirituales. El mundo necesita una palabra de aliento y amor. Solo el Señor Jesucristo puede darla.

Hoy es un día para renovar la esperanza. Es posible que sintamos que nada cambia y que permanecemos iguales en todo. No nos dejemos engañar. La semilla de palabra está sembrada y creciendo en los corazones de todos aquellos que Dios ha destinado para que sean sus hijos. ¡Ten paciencia! ¡Permanece en el Señor! El tiempo de la cosecha vendrá y se hará una realidad. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 4,26-34): En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: «El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega».

Decía también: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra». Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle; no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado.

Les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas

El Señor se expresaba en un lenguaje cercano a la gente. Su predicación estaba llena de figuras y símbolos que entendían fácilmente las personas de campo y de la ciudad. Intentaba con esto llegar al corazón de las personas de todas las clases sociales. Era un lenguaje de amor.

Una de ellas, quizás la más emblemática, es la parábola del Sembrador. En este hermoso texto nos invita a poner en práctica la palabra. La semilla que lanza el sembrador a un campo de cultivo es imagen de la palabra que Jesús nos dice todos los días. Así como la semilla necesita buena tierra para crecer, así mismo la palabra necesita que nuestros corazones estén abiertos y dispuestos a cumplirla.

¿Qué te pide la palabra hoy? ¿Qué perdones a tu prójimo? ¿Qué pongas en primer lugar tu familia? ¿Qué trabajes mejor? En fin, Dios quiere que seas feliz y el camino para serlo lo ha mostrado claramente: cumple la palabra de Dios y da fruto abundante.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 4,1-20): En aquel tiempo, Jesús se puso otra vez a enseñar a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a Él que hubo de subir a una barca y, ya en el mar, se sentó; toda la gente estaba en tierra a la orilla del mar. Les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas. Les decía en su instrucción: «Escuchad. Una vez salió un sembrador a sembrar. Y sucedió que, al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino; vinieron las aves y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no tenía mucha tierra, y brotó enseguida por no tener hondura de tierra; pero cuando salió el sol se agostó y, por no tener raíz, se secó. Otra parte cayó entre abrojos; crecieron los abrojos y la ahogaron, y no dio fruto. Otras partes cayeron en tierra buena y, creciendo y desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron treinta, otras sesenta, otras ciento». Y decía: «Quien tenga oídos para oír, que oiga».

Cuando quedó a solas, los que le seguían a una con los Doce le preguntaban sobre las parábolas. El les dijo: «A vosotros se os ha dado comprender el misterio del Reino de Dios, pero a los que están fuera todo se les presenta en parábolas, para que por mucho que miren no vean, por mucho que oigan no entiendan, no sea que se conviertan y se les perdone».

Y les dice: «¿No entendéis esta parábola? ¿Cómo, entonces, comprenderéis todas las parábolas? El sembrador siembra la Palabra. Los que están a lo largo del camino donde se siembra la Palabra son aquellos que, en cuanto la oyen, viene Satanás y se lleva la Palabra sembrada en ellos. De igual modo, los sembrados en terreno pedregoso son los que, al oír la Palabra, al punto la reciben con alegría, pero no tienen raíz en sí mismos, sino que son inconstantes; y en cuanto se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumben enseguida. Y otros son los sembrados entre los abrojos; son los que han oído la Palabra, pero las preocupaciones del mundo, la seducción de las riquezas y las demás concupiscencias les invaden y ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Y los sembrados en tierra buena son aquellos que oyen la Palabra, la acogen y dan fruto, unos treinta, otros sesenta, otros ciento».

¿A qué es semejante el Reino de Dios?

Existe el peligro de caer en el error de pensar que el Reino de Dios aquí en la tierra son instituciones y religiones. Miramos los templos, las organizaciones cristianas y sus representantes y decimos que esa es la Iglesia. Jesús lo aclaró bien temprano.

El ha dicho que el Reino de los Cielos es semejante algo pequeño que se hace grande cuando cumple su misión. ¿Cuál es la misión de una semilla? Morir en la tierra para que un árbol pueda surgir y crecer y producir muchos frutos y semillas. Esto es la Iglesia. ¿Eres Iglesia?

Ser Iglesia, Reino de Dios en la tierra, es ser sal, luz y fermento de la tierra. Dar signos de vida eterna. Es amar a nuestro prójimo como Cristo nos ha amado, dando la vida por nuestro prójimo y muriendo incluyendo a nuestro enemigos. Esto es hacer presente el Reino de los Cielos aquí en la tierra. ¿Estás dispuesto?

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 13,18-21): En aquel tiempo, Jesús decía: «¿A qué es semejante el Reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Es semejante a un grano de mostaza, que tomó un hombre y lo puso en su jardín, y creció hasta hacerse árbol, y las aves del cielo anidaron en sus ramas». Dijo también: «¿A qué compararé el Reino de Dios? Es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo».

Los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre

En el Reino de Dios crece trigo y cizaña. Esto puede ayudarnos a entender porqué a lo interno de la Iglesia se pueden dar escándalos y obras de iniquidad. La fragilidad humana y nuestros pecados pueden llevarnos a actuar de manera contraria al mensaje evangélico. Podemos ciertamente escandalizar a los pequeños.

Un cristiano es aquel que escucha la palabra de Dios y la pone en práctica. Es decir, la semilla cae en tierra buena y da su fruto. Esto es tener integridad y coherencia en la vida con Cristo. A esto estamos llamados.

¡Ánimo! Si en algún momento has caído o estás en alguna situación de escándalo, Dios te perdona y nos perdona. Nos invita a cambiar de vida y dejar de pecar. Nos invita a ser verdaderos hombres y mujeres justos para que podamos dar un testimonio valiente con nuestras obras del amor de Dios.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 13,36-43): En aquel tiempo, Jesús despidió a la multitud y se fue a casa. Y se le acercaron sus discípulos diciendo: «Explícanos la parábola de la cizaña del campo». Él respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno; el enemigo que la sembró es el Diablo; la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. 
»De la misma manera, pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los escándalos y a los obradores de iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga».

Abriré en parábolas mi boca, publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo

¿Qué estaba oculto desde la creación? ¿Cuál es la maravilla que no conocimos desde nuestro nacimiento? ¿Qué nos estamos perdiendo si no abrimos nuestro corazón a Dios? Pues la vida eterna que en el Reino de Dios podemos disfrutar.

La buena noticia es que Dios mete en nuestra harina, en nuestra tierra, en nuestra vida una levadura, una semilla un gozo en el Espíritu que puede transformar toda nuestra vida.

El reino de los cielos se puede experimentar desde aquí. Cuando hemos participado en la muerte y resurrección del Señor estamos haciendo una Pascua con Él al punto que ya tenemos la experiencia o mejor dicho, primicias del cielo aquí en la tierra. ¡Ánimo! Dios te ama y quieres que tengas vida y vida en abundancia.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 13,31-35): En aquel tiempo, Jesús propuso todavía otra parábola a la gente: «El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo. Es ciertamente más pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas».
Les dijo otra parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo». Todo esto dijo Jesús en parábolas a la gente, y nada les hablaba sin parábolas, para que se cumpliese el oráculo del profeta: ‘Abriré en parábolas mi boca, publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo’.

Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende

La semilla es imagen de la palabra de Dios que busca una buena tierra donde ser sembrada y dar el correspondiente fruto. Todos estamos llamado a ser buena tierra y dar frutos en la medida de nuestras capacidades y disposiciones.

¿Qué podemos hacer para que nuestro corazón, como tierra buena, pueda acoger con alegría la palabra y ponerla en práctica? El conuco, finca o ferramos de siembre se prepara con arados y maquinaria especializada. Se le hecha abono y se le cuida para que no pierda sus elementos nutritivos. El Señor nos regala sacramentos, comunidad, liturgias, oraciones, ayunos, limosnas; en fin, un conjunto de herramientas o ayudas que nos permiten preparar nuestra alma para recibir la palabra y que ella de frutos en nosotros.

Hagamos hoy uso de esas armas espirituales que Dios nos dio para hacer posible me nosotros el milagro de la conversión. Dios nos ama y quiere que seamos tierra buena.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 13,18-23): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador. Sucede a todo el que oye la Palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo del camino. El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la Palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumbe enseguida. El que fue sembrado entre los abrojos, es el que oye la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta».