No resistáis al mal

¿Qué es lo esencial del cristianismo? El amor al enemigo. Si, no hay otra cosa que nos haga distintos a cualquier otra religión o filosofía. El Cristiano es aquel que no se resiste al mal. Se deja matar en todo el sentido de la palabra.¿tú estás dispuesto? Lo dudo! Lo natural es que nos defendamos, que busquemos hacer justicia con nuestras manos, vengarnos de aquellos que nos han hecho algún mal.

Ser hijo de Dios, que es ser Cristiano, es amar como Dios ama. Nuestro Padre Dios hace salir su sol sobre buenos y malos. Esa es la naturaleza divina. ¡Amar!

No hay excusas mis queridos hermanos y hermanas. Es por eso que el cristianismo a perdurado por siglos. No existe algo más radical que eso. Dar bien a quien te ha hecho mal. Pidamos a Dios que al llegar el momento de hacerlo, Él nos de la gracia para hacer su voluntad.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 5,38-42): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda».

Habéis oído que se dijo

Muchas son las cosas dichas por Jesucristo en su paso por el mundo. Estas parábolas, dichos, predicaciones y exhortaciones nos invitan a cambiar de mentalidad, a transformar nuestras mentes.

Al Señor le tocó vivir una ley que hacía demasiado hincapié en el cumplimiento externo de los mandamientos. Es nos invita a cumplir la letra y el espíritu de la ley. Toda ley o mandamiento está inspirada por el amor. Esa es la ley plena: amar.

El prójimo necesita encontrarse con Dios. ¿Cómo puede hacerlo? Mediante las obras de amor que Dios realiza a través de Jesús. A eso estamos invitados. Amemos a nuestros cercanos y también a nuestros enemigos. En eso consiste la ley. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 5,27-32): En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘No cometerás adulterio’. Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehenna.

»También se dijo: ‘El que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio’. Pues yo os digo: Todo el que repudia a su mujer, excepto el caso de fornicación, la hace ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio».

Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos

Si, eso es lo que quiere Dios, que entres en el Reino de los Cielos. Él está empeñado en que seas feliz. Tiene la “obsesión” santa de piedad tener una vida plena aquí en la tierra y que puedas gustar de las maravillas del cielo cuando nos toque partir de este mundo a la casa del Padre. ¿Qué nos toca hacer para merecer tan grande distinción? Superar la ley antigua. ¿Y cómo se hace eso? Apoyándonos en su gracia y amando como Cristo amó en la cruz.

Todos somos unos orgullosos y soberbios. ¡Es la verdad! Nos creemos superiores a los demás y es por eso que insultamos, maltratamos o juzgamos a los demás. Tenemos el reto de superar la ley antigua, en el sentido que nos toca amar como Cristo nos ama, inclusive cuando el otro nos insulta o maltrata. ¡Oh maravilloso misterio! Lo natural es defendernos… Dios nos pide que no lo hagamos. Esa es la ley suya.

Para hacer esto que humanamente es imposible, contamos con la gracia de Dios. Él nos da gratuitamente lo que nos pide. ¡No tengamos miedo! Apoyados en Él podemos hacerlo. Amén.

Texto del Evangelio (Mt 5,20-26): En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos.

»Habéis oído que se dijo a los antepasados: ‘No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal’. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano “imbécil”, será reo ante el Sanedrín; y el que le llame “renegado”, será reo de la gehenna de fuego.

»Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo».

No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento

Jesucristo no vino a destruir lo antiguo. Lo que ha hecho es dar sentido pleno a todo. Su lucha no es contra personas o religiones. Su propuesta se basa en el amor y es una invitación a cumplir fielmente los mandatos del Señor con la ayuda de su gracia.

Nuestra vida depende de la realización plena del proyecto de Dios en nuestra vida. ¿En qué consiste eso? En amar como Dios nos ha amado. Esa es la ley más importante. No puede haber otra realidad. Estamos siendo invitados al amor de nuestra familia, vecinos, compañeros de trabajo.

La ley no es un conjunto de preceptos externos que cumplimos para el mundo vea lo “buenos” que somos. La ley es AMAR. ¿Tú amas? ¿Pides perdón? ¿No murmuras ni chismeas? Pidamos a Dios ayuda para que su ley de amor se realice en nosotros. En esto consiste la felicidad. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 5,17-19): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos».

Brille así vuestra luz delante de los hombres

Los cristianos estamos llamados a ser sal y luz del mundo. Ésta llamada no tiene nada que ver con nuestra capacidad de hacer el bien. Tiene relación con el poder de Dios que puede y quiere habitar en nosotros. La luz del Cristiano es en el fondo la luz de Cristo.

Una vez me hicieron una metáfora preciosa. Me dijeron que los cristianos somos como la luna y Cristo es el sol. La luna no brilla con luz propia. El Sol si. Es por eso que nosotros, cuando hacemos la voluntad de Dios, somos simple reflejo de las maravillas de Dios.

¡Ánimo! Seamos buenos espejos del amor de Dios. Nuestro reconocimiento sincero y humilde de la precariedad en que vivimos nos hace mejores discípulos de Cristo. El mundo necesita que demos testimonio sincero y profundo de su amor. Dejemos que Dios haga esa obra en nosotros.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 5,13-16): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos».

Bienaventurados los pobres de espíritu

Bienvenaventurados signfica feliz aquel.
Es decir, que aquellos que tengan ciertas condiciones o vivan de cierta manera son felices como Dios quiere. ¿Quienes son los dichosos o bienaventurados según Dios?

Los que reconocen humildemente su necesidad de Dios, los que asumen la cruz de cada día con apertura y con la seguridad de que en ella pueden encontrar la santidad, los que siente necesidad del amor de Dios todos los días; en fin, todos aquellos que con un espíritu pobre gritan a todo pulmón por el amor de Dios.

Mostrar el amor de Dios con nuestras vidas es el camino de la bienaventuranza. Es el camino que conduce a la vida eterna. Es el Amor al enemigo manifestado en Cristo Jesús.

¡Ánimo! Somos dichosos en el Amor de Dios.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 5,1-12): En aquel tiempo, viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros».

Mirarán al que traspasaron

Con una lanza traspasaron el costado de Cristo. De su corazón salió sangre y agu, símbolo de la eucaristía y del bautismo. Su corazón es el centro de toda vida cristiana. La vida de los sacramentos comienza y termina en el corazón amoroso de Cristo.

En el corazón de Jesús, de su amor, se originan todas las gracias y dones. Su amor lo llena todo, lo invade todo, lo sana todo. ¿Qué necesitas hoy? Experimentar su amor. ¡Cristo te ama! ¡Nunca lo dudes!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 19,31-37): En aquel tiempo, los judíos, como era el día de la Preparación, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado —porque aquel sábado era muy solemne— rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran. Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificado con Él.

Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua. El que lo vio lo atestigua y su testimonio es válido, y él sabe que dice la verdad, para que también vosotros creáis. Y todo esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: ‘No se le quebrará hueso alguno’. Y también otra Escritura dice: ‘Mirarán al que traspasaron’.

¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?

Muchos eran los mandamientos a los que se sometía el pueblo de Israel. Ciertamente, algunos eran inventos de hombres. Es por eso que los expertos en la ley vivían indicando cuál podía ser el más importante. Cumplir la ley significaba estar en salvación. Era vital para aquellos que querían salvarse.

Jesucristo aclaró esta duda de muchas maneras. Siempre dijo que la mejor forma de cumplir todas las leyes y mandamientos era AMAR. Si desde lo profundo de nuestro corazón amamos a Dios, a nuestro prójimo y a nosotros mismos, seremos felices y por tanto, verdaderos hijos de Dios. El amor es la clave. El amor de Dios. Abre tu corazón. Siéntelo y recíbelo en tu corazón. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 12,28-34): En aquel tiempo, se llegó uno de los escribas y le preguntó: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?». Jesús le contestó: «El primero es: ‘Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No existe otro mandamiento mayor que estos».

Le dijo el escriba: «Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».

Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios». Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.

No es un Dios de muertos, sino de vivos

Muchos de los que han sido llamados por Dios al cristianismo, estaban en situaciones de sufrimiento y muerte. Aquellos que tenían una vida sin sentido, experimentaban la muerte existencial. Sentían que la vida no era para plena y feliz. Se sentían muertos.

Jesucristo viene a cambiar radicalmente la vida de aquellos que se encuentran muertos interiormente. Le viene a dar vida a los que sufren, se sienten solos, están enfermos, o simplemente piensan que debe haber una mejor forma de vivir.

¡Ánimo! ¿Te sientes muerto? Dios es un Dios de vivos. Él te resucitará.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 12,18-27): En aquel tiempo, se le acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan que haya resurrección, y le preguntaban: «Maestro, Moisés nos dejó escrito que si muere el hermano de alguno y deja mujer y no deja hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su hermano. Eran siete hermanos: el primero tomó mujer, pero murió sin dejar descendencia; también el segundo la tomó y murió sin dejar descendencia; y el tercero lo mismo. Ninguno de los siete dejó descendencia. Después de todos, murió también la mujer. En la resurrección, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer».

Jesús les contestó: «¿No estáis en un error precisamente por esto, por no entender las Escrituras ni el poder de Dios? Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en los cielos. Y acerca de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en lo de la zarza, cómo Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? No es un Dios de muertos, sino de vivos. Estáis en un gran error».

Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios

¿Cuál es tu preocupación? ¿Qué te inquieta en el día de hoy? Si queremos saber dónde está nuestro corazón, pregúntate dónde está tu atención de día a día. Si estás preocupado por el dinero, que ganas poco, que de dónde vas a sacar dinero para page tus deudas; entonces tu preocupaciones son las cosas de este mundo.

¡Atentos! No es que sea algo antinatural eso. Lo que dice el evangelio es que debemos moderar dichas preocupaciones. Piensa en que todo pasará. Piensa que lo más importaste es Dios. Trabaja, gana y paga. Pídele al Señor esa gracia. Y que tu preocupación mayor de cada día sea hacer la voluntad de Dios. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 12,13-17): En aquel tiempo, enviaron a Jesús algunos fariseos y herodianos, para cazarle en alguna palabra. Vienen y le dicen: «Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios: ¿Es lícito pagar tributo al César o no? ¿Pagamos o dejamos de pagar?».

Mas Él, dándose cuenta de su hipocresía, les dijo: «¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea». Se lo trajeron y les dice: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?». Ellos le dijeron: «Del César». Jesús les dijo: «Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios». Y se maravillaban de Él.