Pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás

La señal que nos muestra el amor de Dios es Jesucristo que muere y resucita por todos nosotros. La buena noticia es que la muerte ha sido vencida. Qué podemos experimentar una vida nueva gracias a la misericordia de nuestro Dios.

En innumerables momentos nos cerramos a la acción Dios. Buscamos al Señor donde no está. Nos perdemos en medio de tantas preocupaciones diarias. ¡Cambiemos de actitud! ¡Que nuestro anhelo sea solamente el Señor! ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 11,29-32): En aquel tiempo, habiéndose reunido la gente alrededor de Jesús, Él comenzó a decir: «Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás. Porque, así como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará: porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás».

Ha llegado a vosotros el Reino de Dios

Por el dedo de Dios, Jesús ha expulsado los demonios. Es el Espíritu Santo que le asiste. Jesucristo es quien logra vencer todas nuestras dificultades y pecados.

Para que el Rieno de Dios se manifieste en nosotros es fundamental reconocer el poder de Dios en nosotros, en nuestras vidas. ¿Has experimentado la victoria de Jesús sobre tus pecados? Pídele que te conceda esa gracia para poder cantar las maravillas de su amor.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 11,15-26): En aquel tiempo, después de que Jesús hubo expulsado un demonio, algunos dijeron: «Por Beelzebul, Príncipe de los demonios, expulsa los demonios». Otros, para ponerle a prueba, le pedían una señal del cielo.

Pero Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae. Si, pues, también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino?, porque decís que yo expulso los demonios por Beelzebul. Si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces. Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios.

»Cuando uno fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro; pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos. El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama. Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda vagando por lugares áridos, en busca de reposo; y, al no encontrarlo, dice: ‘Me volveré a mi casa, de donde salí’. Y al llegar la encuentra barrida y en orden. Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí, y el final de aquel hombre viene a ser peor que el principio».

María ha elegido la mejor parte

La mejor parte siempre es el Señor. Amarle con todo el corazón es el camino de la felicidad. Nuestro Dios nos lo ha dado todo, ¿cómo no tenerle en el centro de nuestra vida?

Las distracciones de la vida nos llevan a tener puesta nuestra atención en muchas cosas sin importancia. Nos pasamos toda la vida buscando en las cosas materiales un suspiro de amor y felicidad. La realidad es que debemos buscar donde realmente está la vida, que es en el Señor.

Seamos como María, elijamos la mejor parte. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 10,38-42): En aquel tiempo, Jesús entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude». Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada».

El que practicó la misericordia con él

La ley divina más importante es el amor al prójimo. Es la base de todo el cristianismo. Solo aquel que ama puede experimentar vida eterna.

¿Cómo podemos saber quién es el prójimo? Es sencillo. Todos son nuestro prójimo, incluyendo a nuestros enemigos. Dios es misericordia y nos invita a ejercer misericordia con todos los que nos rodean. ¿Quieres ser feliz? Ama a todos y todas. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 10,25-37): En aquel tiempo, se levantó un maestro de la Ley, y dijo para poner a prueba a Jesús: «Maestro, ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?». Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?». Respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo». Díjole entonces: «Bien has respondido. Haz eso y vivirás».

Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «Y ¿quién es mi prójimo?». Jesús respondió: «Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva. ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?». Él dijo: «El que practicó la misericordia con él». Díjole Jesús: «Vete y haz tú lo mismo».

Los envió de dos en dos delante de sí

Todos estamos llamados a evangelizar. Por el bautismo hemos sido enviados por el Espíritu Santo a llevar la buena noticia a todos los pueblos de la tierra. ¿Cómo se realiza la misión? En la precariedad,

Nosotros no somos los protagonistas de la misión. El centro de toda evangelización es Jesús. El mundo necesita conocer el amor de Dios encarnado en Jesucristo. Es por eso que evangelizar es lo más importante que podemos hacer, ¿estás dispuesto a ir evangeliar? ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 10,1-12): En aquel tiempo, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir. Y les dijo: «La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino.

»En la casa en que entréis, decid primero: ‘Paz a esta casa’. Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: ‘El Reino de Dios está cerca de vosotros’.

»En la ciudad en que entréis y no os reciban, salid a sus plazas y decid: ‘Hasta el polvo de vuestra ciudad que se nos ha pegado a los pies, os lo sacudimos. Pero sabed, con todo, que el Reino de Dios está cerca’. Os digo que en aquel día habrá menos rigor para Sodoma que para aquella ciudad».

Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios

Para anunciar el reino de los Cielos es necesario que asumamos una posición de radicalizado. Esto quiere decir que la misión a la que Dios nos llama implica renunciar a cualquier comodidad y priorizar dicha misión por encima de todos nuestros proyectos.

Todos los cristianos somos misioneros. Por ser bautizados estamos enviados en misión y constituidos profetas de este tiempo. Estamos llamados a ser testigos del amor de Dios en todos los ambientes donde estemos. La experiencia de encuentro con el Señor nos llama a la misión. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 9,57-62): En aquel tiempo, mientras iban caminando, uno le dijo: «Te seguiré adondequiera que vayas». Jesús le dijo: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». A otro dijo: «Sígueme». El respondió: «Déjame ir primero a enterrar a mi padre». Le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios». También otro le dijo: «Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa». Le dijo Jesús: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios».

Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?

Jesús sube a Jerusalén para mostrar al mundo una nueva forma de amar. Él entra en casa de samaritanos, publícanos y pecadores para mostrar que ha venido sa salvar a todos. Su misión consiste en perdonar los pecados de los que se han alejado de Dios.

Nosotros muchas veces actuamos de forma diferente. Respondemos con ira y violencia. Nos creemos superiores a los demás y por eso juzgamos a nuestros prójimos. Ese no es el camino de Jesús.

Amemos y perdonemos al prójimo. Mostremos la naturaleza de Dios amando a todos sin excepción. Esa es la naturaleza divina. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 9,51-56): Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, Él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén, y envió mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada; pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén. Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?». Pero volviéndose, les reprendió; y se fueron a otro pueblo.

El más pequeño de entre vosotros, ése es mayor

¿Quién es el más pequeño? Muchas son las interpretaciones sobre esa figura que utiliza Jesucristo para hacer referencia a los que evangelizan en su nombre. Es decir, los pequeños pueden ser los más pobres o los humildes de corazón pero la interpretación más certera es la que tiene que ver con la evangelización.

Todos los cristianos somos enviados. Nuestro bautismo nos constituye en profetas. Nuestra misión es hacer presente en todos los ambientes y de todas las maneras el amor de Dios. Los pequeños son aquellos que van sin seguridades humanas por todas partes anunciando la buena noticia de que el Señor ha enviado a la tierra a su único hijo Jesucristo para que muriera y resucitara por todos nosotros.

¿Estás dispuesto a evangelizar? ¡Ánimo! ¡Dios lo quiere!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 9,46-50): En aquel tiempo, se suscitó una discusión entre los discípulos sobre quién de ellos sería el mayor. Conociendo Jesús lo que pensaban en su corazón, tomó a un niño, le puso a su lado, y les dijo: «El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, recibe a Aquel que me ha enviado; pues el más pequeño de entre vosotros, ése es mayor».

Tomando Juan la palabra, dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo, porque no viene con nosotros». Pero Jesús le dijo: «No se lo impidáis, pues el que no está contra vosotros, está por vosotros».

¿Quién dice la gente que soy yo?

Cuando te toca hablar de Jesús, ¿qué dices de Él? Muchas veces ni siquiera hablamos de nuestra experiencia de fe con los amigos, familiares o personas con quien nos encontramos en nuestra vida diaria.

Aquel que ha experimentado profundamente en su vida el amor de Dios tiene celo por anunciar la buena noticia de que Jesús ha venido a salvarnos a todos y mostramos el amor de Dios.

¡Proclamemos en todo momento y en todas partes las maravillas de Dios! Demos testimonio valiente de lo que Dios ha hecho en nuestra vida. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 9,18-22): Sucedió que mientras Jesús estaba orando a solas, se hallaban con Él los discípulos y les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?». Ellos respondieron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que un profeta de los antiguos había resucitado». Les dijo: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Pedro le contestó: «El Cristo de Dios». Pero les mandó enérgicamente que no dijeran esto a nadie. Dijo: «El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día».

¿Quién es, pues, éste de quien oigo tales cosas?

Jesús suscitó admiración en su tiempo. Rápidamente, por sus obras, las personas le reconocían importancia y trascendencia. Nuestro Señor extendió su fama por todas las comarcas de la época por las maravillas que realizaba a través de su predicación y milagros. ¿Todos los reconocieron como mesías?

A pesar de todo lo que distinguió a Jesús en su paso por la tierra, nos corresponde a nosotros al igual que los que le conocieron, reconócele como mesías y salvador. Nuestro Señor no fue solo un profeta importante. Él vino a salvarnos, curarnos y perdónanos.

Hoy podemos reconocer a Jesús como nuestro Señor. Acogamos al Señor como nuestro mesías. Recibamos a nuestro mesías en el corazón. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 9,7-9): En aquel tiempo, se enteró el tetrarca Herodes de todo lo que pasaba, y estaba perplejo; porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos; otros, que Elías se había aparecido; y otros, que uno de los antiguos profetas había resucitado. Herodes dijo: «A Juan, le decapité yo. ¿Quién es, pues, éste de quien oigo tales cosas?». Y buscaba verle.