Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo

Todos las casas tienen puerta. Es el punto de entrada y salida a cualquier recinto o edificación construido por los seres humanos. Es un punto fundamental si se quiere participar de lo que está en el interior de lugar en donde queremos entrar.

Jesús ha dicho que Él es la puerta. Esto quiere decir que para tener vida eterna en nosotros, es importante pasar por la puerta del Señor. ¿En donde podemos ver de manera más clara el significado de la puerta? En la Cruz.

La cruz es símbolo de todo lo que nos hace sufrir, no aceptamos o nos cuesta trabajo aceptar. Es decir, la Cruz es la realidad de día a día, que a veces va en contra de nuestros deseos, pero Dios la permite para nuestra santificación.

¡Ánimo! Entremos por la puerta que nos regala Dios. Ella nos conduce a la felicidad verdadera. Nos hace bendecir a Dios en todo momento y lugar. ¡Adelante!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 10,1-10): En aquel tiempo, Jesús habló así: «En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños». Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no comprendieron lo que les hablaba.

Entonces Jesús les dijo de nuevo: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les escucharon. Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto. El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia».

El que coma este pan vivirá para siempre

Todos necesitamos comer para poder vivir. Dicen los científicos que nadie puede pasar más de 40 días sin comer o beber nada. Morirá deshidratado en pocos días.

Es por eso que nuestro Señor utiliza esa realidad física para iluminar una realidad espiritual. Es decir, que así como nadie puede sobrevivir físicamente sin alimento ni bedida; de esa misma manera nadie que no se alimente espiritual mente puede tener felicidad o vida plena. ¿Cuáles son estos alimentos espirituales que tanto necesitamos?

El principal es la Eucaristía, fuente de vida y madre de todas las liturgias. Es la Pascua del Señor que nos entregó mediante su cuerpo y su sangre. Nadie puede experimentar la vida eterna si no hace comunión con Jesús en el verdadero pan del cielo.

¡Ánimo! Celebremos todos los días el amor de Dios manifestado en su hijo Jesucristo que se entrega todos los días para que tengamos vida y vida en abundancia.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 6,52-59): En aquel tiempo, los judíos se pusieron a discutir entre sí y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?». Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre». Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm.

Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo

El Señor ofrece su carne y su sangre todos los días en la eucaristía. Nos muestra, de forma permanente, cuando nos ama. El alimento que nos da, nos quita el hambre y la sed espiritual. En Él tenemos vida, y vida en abundancia. ¿Cómo puede esto realizarse en nuestras vidas?

Recuerdo que en algunos momentos de vida, cuando era un joven universitario, sentía que lo que el mundo me ofrecía no me llenaba. Necesitaba algo más. Sentía el llamado a una vida trascendente.

Esperaba con ansias la Eucaristía porque en ella, con sus palabras, oraciones y exultaciones, encontraba vida. Una palabra, un canto, la monicion de un hermano, la homilia del Padre; siempre había algo que tocaba profundamente mi corazón. Esa es la vida que viene del cielo y que nos da el Señor.

¡Ánimo! Que nuestros corazones salten de gozo en el Señor por su inmenso amor y misericordia.

Leer:

Jn 6,44-51: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo.

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

- «Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado.

Y yo lo resucitaré el último día.

Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios.”

Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí.

No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre.

Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna.

Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.

Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

Y esta es la voluntad del que me ha enviado; que no pierda nada de lo que él me ha dado

Jesús vino a salvar, no ha condenar. Este rostro misericordioso de Dios se manifiesta de forma admirable a través del Señor. Es un rostro de pastor amoroso que cuida de sus ovejas. ¿Alguna vez has experimentado esa protección diligente de Jesús?

Nuestro Señor está siempre presente aunque no lo sintamos o no lo veamos. A veces nos pasan acontecimientos que nos hacen pensar que Dios se olvidó de nosotros. Creemos que el Señor nos ha abandonado, que nos ha tratado mal o simplemente no le interesa nuestra precariedad o dolor. Todo eso es falso! Dios nos ama y nunca nos deja solos! Ánimo!

En esos momentos de dolor, está a nuestro lado sufriendo con nosotros y esperando que podamos crecer aprendiendo de esos acontecimiento que el permite.

Nuestro Jesús ha venido para que tengamos vida! Vida en abundancia! Nunca lo dudes! Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 6,35-40): En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed. Pero ya os lo he dicho: Me habéis visto y no creéis. Todo lo que me dé el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera; porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Y esta es la voluntad del que me ha enviado; que no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite el último día. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en Él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día».

El pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo

Es un gran misterio. Dios mismo se hace presente en la tierra mediante el cuerpo y sangre de Jesús en la eucaristía. En ella tenemos la gracia de comer del pan que ha bajado del cielo: Jesucristo.

¿Alguna vez has tenido dudas de esta realidad? Desde que los católicos hacemos la primera comunión empezamos un camino de santificación haciendo comunión con el Señor mediante la santa eucaristía. La misma es acción de Gracias y comunión con la santidad de Dios. En ella nos hacemos una sola cosa con el Señor. Decimos con nuestro amén que estamos dispuesto a hacernos una sola cosa con Dios.

¿Qué significa estar en comunión? Es que estamos dispuesto a amar como Jesús amó, dando la vida por los demás, haciéndonos una sola carne con Jesucristo.

¡Ánimo! Todos los días recordemos que el único pan que sacia es el cuerpo de Cristo.

Leer:

Evangelio según San Juan 6,30-35.
La gente dijo a Jesús: “¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas?
Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio de comer el pan bajado del cielo”.
Jesús respondió: “Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo;
porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo”.
Ellos le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”.
Jesús les respondió: “Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed.

Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna

¡Cuanto afán! Todos los días nos levantamos con la tensión de salir a la calle a buscar “el peso”. Con razón dicen que los lunes, según las estadísticas, es el día de mayores suicidios de la semana. Se inicia, muchas veces, sin ganas y con el pesar de saber que “hay que buscar el pan con el sudor de su frente”. Este mundo supone muchos desencantos, decepciones y traiciones. ¿Qué nos dice Jesús al respecto?

Busquemos las cosas de arriba, jamás las de la tierra. Acerquémonos al Señor buscando tener un encuentro personal con Él. Tengamos la seguridad de que Jesús está siempre presente en nuestra vida y quiere que seamos felices, que tengamos vida eterna!

No busquemos el pan de esta tierra. Hoy es un buen día para alimentarnos con lo que viene del cielo. Es nuestro Señor Jesús el pan que se nos ofrece hoy y siempre. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 6,22-29): Después que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos le vieron caminando sobre el agua. Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos. Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan. Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús.

Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: «Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello». Ellos le dijeron: «¿Qué hemos de hacer para realizar las obras de Dios?». Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado».

¿Dónde vamos a comprar panes para que coman éstos?

El alimento que baja del cielo es Jesús que se entrega por nosotros y nos lleva a la vida eterna. Nos da un alimento que sacia definitivamente nuestro hambre de amor. El Señor se manifiesta con potencia dando a la gente lo que necesita: amor.

Muchos seguían a Jesús por sus milagros y en la esperanza de que le cambiara la vida, es decir, le sanara de alguna enfermedad o dolencia. Seguían a Jesús pero interiormente huían de la Cruz. La buena noticia es que en Jesús podemos calmar nuestra hambre y sed de justicia, amor y perdón.

¡Ánimo! El Cristo se nos abre un abanico de gracias y dones. Dios nos provee un alimento, el cuerpo y sangre de su hijo, que muere y da la vida para que nosotros podamos tener vida en Él.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 6,1-15): En aquel tiempo, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades, y mucha gente le seguía porque veían las señales que realizaba en los enfermos. Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos. Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos. Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia Él mucha gente, dice a Felipe: «¿Dónde vamos a comprar panes para que coman éstos?». Se lo decía para probarle, porque Él sabía lo que iba a hacer. Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco». Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?».

Dijo Jesús: «Haced que se recueste la gente». Había en el lugar mucha hierba. Se recostaron, pues, los hombres en número de unos cinco mil. Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda». Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. Al ver la gente la señal que había realizado, decía: «Éste es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo». Dándose cuenta Jesús de que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte Él solo.

El que cree en el Hijo tiene vida eterna

¿Qué significa que alguien viene del Cielo? ¿Estamos llamados los cristianos a ser personas venidas del cielo?

Ser celestes consiste en que nuestras aspiraciones no están en las cosas de este mundo pasajero. En nuestro tiempo se hace mucho incapié en que para ser plenamente feliz debemos acumular riquezas y fama. Todo eso es pasajero y por tanto, una fuente irreal de felicidad.

Creamos en el amor de Dios. Pongamos nuestra confianza en Él. Esta es la clave de la vida, la clave de la experiencia de la resurrección. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 3,31-36): El que viene de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo, da testimonio de lo que ha visto y oído, y su testimonio nadie lo acepta. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él.

Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único

Ayer estuve en una Eucaristía de la cincuentena Pascual. Me impresionó mucho la insistencia del Presbítero celebrante sobre el tema del amor. Nos anunciaba una y otra vez, que Dios nos amaba y nos invitaba a creerlo. ¡Qué maravilla!

Es que la resurrección consiste precisamente en eso. Aquellos que ábrenos su corazón al amor y son transformados por Dios tiene un cambio radical. El amor todo lo cambia, lo sana todo.

¡Cristo está resucitado y nos invita a una vida nueva! ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 3,16-21): En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios. Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios».

Para que todo el que crea tenga por él vida eterna

Jesús dice a Nicodemo que debemos nacer de lo alto. ¿Qué significa esto? Es la pregunta que todavía hoy se hacen muchos al contemplar lo precarios y pecadores que somos.

Hoy somos invitados a contemplar al que ha sido levantado, el hijo del Hombre, el Señor que ha dado la vida por nosotros, que ha entrado en la muerte para destruir con su resurrección a nuestra muerte.

Todos nosotros hemos tenido sufrimientos o situaciones de tristezas y miedos. En medio de esas precariedad aparece el Señor con todo su amor y perdón. Nacer de nuevo es abrirnos a ese perdón e iniciar una vida nueva coherente a esa realidad. ¡Ánimo! Cristo nos ama y nos vivifica con su amor.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 3,7-15): En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: «No te asombres de que te haya dicho: ‘Tenéis que nacer de lo alto’. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu». Respondió Nicodemo: «¿Cómo puede ser eso?». Jesús le respondió: «Tú eres maestro en Israel y ¿no sabes estas cosas? En verdad, en verdad te digo: nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero vosotros no aceptáis nuestro testimonio. Si al deciros cosas de la tierra, no creéis, ¿cómo vais a creer si os digo cosas del cielo? Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por él vida eterna».