Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo

Dios nos quiere dar vida eterna. ¿Cómo podemos tenerla? Si tenemos Fe, si creemos verdaderamente que Dios ha sido glorificado en Jesucristo. Esa es la clave, creer que Jesús ha muerto y resucitado para que también nosotros podamos morir al pecado y vivir para Dios. En esta experiencia pascual queda glorificado Dios Padre.

¿Por qué a veces no tenemos vida eterna? Porque no glorificamos a Dios con nuestras acciones. Cuando alguien nos trata mal buscamos venganza, cuando tenemos algún bien nos hacemos un ídolo de él y cuando alguien nos quiere aquí en la tierra nos olvidamos del verdadero amor que viene de Dios.

Renunciemos a nuestras malas acciones. Vivamos para Dios. Dejemos que el amor del Señor manifestado en Jesucristo penetre toda nuestra vida. Solo así podremos experimentar desde ya la vida eterna que se nos ofrece. ¡Ánimo!

Leer:
Texto del Evangelio (Jn 17,1-11a): En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar.

»Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese. He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu Palabra. Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de ti; porque las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado.

»Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos; y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti».

¡Ánimo! yo he vencido al mundo

Nunca te sientas solo y sin protección. Dios está pendiente de nosotros y nos defiende del mal. Envía al Espíritu Santo para que nos defienda del maligno y de sentido a nuestra vida, ¿tú te lo crees?

A pesar de lo bueno que nos ofrece Dios, en muchas ocasiones preferimos otras cosas. En el fondo no queremos cambiar y nos sentimos cómodos en nuestros apegos y egoísmos. Pensamos que la felicidad es estar “light” sin muchas preocupaciones haciendo lo que pensamos está bien. De tal menta que estamos como dispersados en nuestras preocupaciones materiales.

Lo que nos ofrece Dios es mucho mejor. De hecho, es el verdadero camino que conduce a la vida. Solo en Dios podemos seguir una vía segura a la felicidad plena. Él nos defiende cada día de los peligros del alma y nos conduce hacia aguas tranquilas donde se puede beber de una fuente que brota para la vida eterna. ¡Vamos a beber en ese manantial de vida que es Dios! ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 16,29-33): En aquel tiempo, los discípulos dijeron a Jesús: «Ahora sí que hablas claro, y no dices ninguna parábola. Sabemos ahora que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por esto creemos que has salido de Dios». Jesús les respondió: «¿Ahora creéis? Mirad que llega la hora (y ha llegado ya) en que os dispersaréis cada uno por vuestro lado y me dejaréis solo. Pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo».

Vuestra alegría nadie os la podrá quitar

¡Vivid alegres! ¡El Señor está cerca!. Este es el anuncio que hace la Iglesia a toda la humanidad. Los cristianos somos aquellos que damos testimonio de que Dios es aquel que convierte la oscuridad en luz, la tristeza en alegría y la muerte en vida. La experiencia pascual es fuente de alegría plena.

Lamentablemente, vivimos en el mundo en combate espiritual. Todos los días, si nos dejamos engañar, se nos presentan acontecimientos que nos hacen dudar o nos meten en la tristeza. Siempre hay algo inesperado que nos saca de la paz o tranquilidad. La clave no está en cambiar las vidas y pretender una felicidad utópica sin sufrimientos. Las cruces de cada día o momentos de adversidad son parte de la vida. No los rechaces. Acéptalos y vívelos como pruebas que te hacen crecer en la fe.

¡Vivíamos alegres! ¡Cristo ha resucitado! Ya la muerte no tiene más poder sobre nosotros. Jesús nos enseña a subirnos a la cruz y desde ella vivir una vida de amor y comunión perfecta con nuestro Dios. Así sea.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 16,20-23a): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar. Aquel día no me preguntaréis nada».

Vuestra tristeza se convertirá en gozo

Todos nosotros hemos perdido algún ser querido o cercano. Nos ha tocado despedir algún familiar en su lecho de muerte. ¡Que tristeza tan grande ver morir a alguien que amas!

Es normal que lloremos al que muere. Somos seres afectivos que nos da nostalgia la separación física. ¡Hasta Jesús lloró a su amigo Lázaro! Sin embargo, la buena noticia es que dicha partida no es una separación definitiva. ¡Existe el cielo! Y nuestro Señor Jesús resucitado ha vencido la muerte y nos abre de par en par las puertas de nuestra morada celeste.

Como un amigo querido se despedía Jesús de sus discípulos en la última cena. Les anunciaba lo que iba a pasar. Les decía que no estuvieran tristes porque lo volverían a ver. Esa es la esperanza y nuestra alegría. Dios es un dios de vivos no de muertos. Quiere que estemos alegres y que vivamos hoy la esperanza de un futuro mejor. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 16,16-20): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver». Entonces algunos de sus discípulos comentaron entre sí: «¿Qué es eso que nos dice: ‘Dentro de poco ya no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver’ y ‘Me voy al Padre’?». Y decían: «¿Qué es ese ‘poco’? No sabemos lo que quiere decir». Se dio cuenta Jesús de que querían preguntarle y les dijo: «¿Andáis preguntándoos acerca de lo que he dicho: ‘Dentro de poco no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver?’. En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo».

Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa

El cristianismo se presentaba en la Iglesia primitiva como un camino. Es decir, los cristianos emprendían una vía que les conducía a Dios. Este camino es Jesús que les llevaba a conocer al Dios Padre que nos ama y nos ha elegido para una misión importante. El salmo 16 dice “me enseñarás el camino de la vida”. ¿Cómo podemos seguir ese camino? Si andamos con la fuerza del Espíritu.

Existen otros caminos que no son buenos. Ellos nos conducen a la tristeza, al agobio y la desesperación. Nos llevan a pelear con nuestro prójimo, a guardar rencor, a apegarnos de las cosas materiales. El camino que conduce a la vida nos lleva a una liberación total sobre la base del amor de Dios.

El Espíritu Santo nos manifestará el amor de Dios todos los días. Nos dará luz para entender que Dios todo lo ha hecho bien en nuestra vida. Necesitamos recorrer este camino ayudados por el Espíritu de la verdad. Verdad que consiste en el amor gratuito del Señor. ¡Nunca dudes del amor de Dios! ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 16,12-15): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros».

Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito

En la antigüedad se tenía una preocupación especial por los huérfanos y las viudas. Llegar a ser huérfano o viuda era signo de quedar sin protección alguna, desamparados en la vida. Es por eso que en el pueblo de Israel y hasta en la práctica de la comunidad cristiana primitiva se les ayudaba de manera muy especial.

También nosotros, en algunas ocasiones, nos sentimos como huérfanos. No en el sentido literal de la palabra. Nos sentimos que frente a las situaciones diarias de luchas y combates no tenemos una ayuda interior adecuada. Nos sentimos desprotegidos contra la adversidad. Nadie nos puede proteger del sufrimiento.

Jesucristo no nos deja huérfanos. Nos envía, si lo deseamos, un paráclito o defensor que nos ayuda día a día. Es el Espíritu Santo que viene a nuestro corazón y da sentido a toda nuestra existencia. Este Espíritu de la verdad testifica a nuestro espíritu que el juicio de Dios contra nosotros ha sido la misericordia, el perdón y el amor. ¡Nunca dudemos del amor de Dios! El Señor nos ama ciertamente. ¡Ánimo!

Leer:
Texto del Evangelio (Jn 16,5-11): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Pero ahora me voy a Aquel que me ha enviado, y ninguno de vosotros me pregunta: ‘¿Adónde vas?’. Sino que por haberos dicho esto vuestros corazones se han llenado de tristeza. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré: y cuando Él venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio; en lo referente al pecado, porque no creen en mí; en lo referente a la justicia porque me voy al Padre, y ya no me veréis; en lo referente al juicio, porque el Príncipe de este mundo está juzgado».

Él dará testimonio de mí

Los expertos en comunicación social han declarado que estamos en la era del FakeNews o noticias falsas. Los WhatsApp, las redes sociales, las páginas de Internet y los demás medios muchas veces difunden noticias, artículos y datos que distorsionan la realidad, difaman a inocentes y confunden a la población. ¿Cómo podremos encontrar la verdad entre tantas mentiras? A través del testimonio.

Los testigos son aquellas personas que con sus palabras y acciones comprueban que algo es verdad, cierto, real. Hablan porque han visto y oído. Se supone, a menos que den “falso testimonio”, hablan de algo porque los han visto y oído. ¿Quienes son los que hoy dan resto mío de la verdad? Los cristianos.

La verdad mas grande de todas las verdades es que Dios nos ama. Su amor es tan grande que da sentido a toda nuestra existencia. Es una verdad que ilumina nuestras tribulaciones y las convierte en momentos de gracias. ¡Oh maravillosa verdad la del amor de Dios manifestado en su hijo Jesucristo!

¿Qué necesita el mundo inmerso en el fakenews? Verdaderos testigos de la verdad. ¿Cómo podemos dar testimonio de la verdad? Si abrimos nuestro corazón a la influencia del Espíritu Santo que testifica a nuestro espíritu que todo lo que hemos recibido de Dios es cierto, es verdadero, es vida eterna. Digamos si al Señor y podemos ser liberados por la Verdad de Cristo. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 15,26—16,4): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí. Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio. Os he dicho esto para que no os escandalicéis. Os expulsarán de las sinagogas. E incluso llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho».

Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando

¡Es una gran bendición tener un amigo! Los libros sapienciales hablan del valor de la amistad y de la importancia de tener alguien a quien uno pueda amar y confiar. Se dice en la Palabra de Dios que “el amigo fiel no tiene precio” Eclo 6,15. Pero claro, la relación de amistad humana es un simple reflejo de la más grande amistad que podemos establecer: ser amigos de Dios.

Nuestro Dios, en Jesucristo, ha querido estar cerca de nosotros. Ya no es un Dios lejano, aprendido en la escuela o en la casa, que vive en el cielo y está ajeno a nuestros problemas. No, no es así en el cristianismo. Nuestro Dios se manifiesta en la historia, se hace presente amorosamente en nuestra vida, con él podemos dialogar todos los días a través de la oración.

Seamos amigos de Dios. ¿Cómo puede ser esto? Amándonos como Él nos ama. Perdonando todos los días a los que nos ofenden y amando a todos como a nosotros mismos. Hermanos, quien ama es un verdadero amigo de Dios. ¿Estás dispuesto? ¡Pues adelante!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 15,12-17): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Éste es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros».

Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor

¿Cuál es el principal mandamiento de Dios? Amarle a Él con todo el corazón, el alma y las fuerzas; y al prójimo como a uno mismo. Es decir, toda la ley y preceptos del Señor se resumen en una palabra: amar.

No podemos reducir el cristianismo a un moralismo o algún tipo de estilo de vida ético. El cristianismo es un acontecimiento, un encuentro personal y profundo con el amor de los amores: Dios. Somos transformados es hijos de Dios sobre la base del gran amor y misericordia que él nos muestra día a día. Podemos amar, si abrimos nuestro corazón al Señor, cuando nos sentimos amados por Dios. Su amor lo cura todo, lo sana todo.

¡Ánimo! Vamos a permanecer en el amor. No cumplamos ritos pensando que hasta ahí llega el mandato de Dios. ¡Amemos! Piensa de que manera puedes amar más a los que te rodean y ya verás que con la ayuda de Dios, serás más feliz, tendrás vida eterna. Amén.

Leer:
Texto del Evangelio (Jn 15,9-17): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.

»Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado. Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

»No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros».

Yo soy la vid; vosotros los sarmientos

Si buscamos en un diccionario bíblico, podemos entender mejor la palabra vid y sarmientos que Jesús utiliza para explicarnos cuál es la relación entre nosotros y él. Se dice en el diccionario que “en su única Iglesia, Jesús es el tronco, la vid. y los cristianos somos las ramas, los sarmientos”. Es decir que así como una rama permanece unida al tronco, así deberíamos estar unidos al Señor. A eso se refiere nuestro Salvador cuando nos dice que “lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí”.

¿Qué significa permanecer en la vid? Un sarmiento o rama se seca si es separado del tronco de la vid. La savia, la energía vital de la planta, que la hace crecer fuerte y dar frutos, no le llega. Así nos pasa cuando nos separamos de Jesús. Nos pasa así cuando en el día estamos centrados en nuestras preocupaciones y afanes. Cuando pensamos que todo lo podemos lograr con nuestras fuerzas. Nos secamos cuando en nuestra soberbia no aceptamos la historia que Dios nos regala día a día. Es por eso que este llamado es hermoso. Dios nos dice ¡permanece en la mí!

Permanezcamos firmes en el Señor. Vendrán los problemas y situaciones pero si estamos firmes en Dios nada ni nadie podrá separarnos de su amor. ¡Ánimo! ¡Nunca dudes del amor de Dios!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 15,1-8): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos».