De manera que ya no son dos, sino una sola carne

La ciencia ha avanzado mucho. La ingeniería genética puede hacer modificaciones al código genético que un ser vivo y alterar el diseño original de dicha especie. Lo que nunca podrá lograse es hacer de dos personas una misma cosa.

En nuestros días hay mucha descomunión a diversos niveles. La norma del mundo es la separación y la guerra. ¿Qué hace Jesús frente a esta situación? Crear comunión.

Para que un hombre y una mujer vivan en comunión hace falta la fuerza que viene de lo alto. Solo Dios puede unir lo que el ser humano no puede. El matrimonio es imposible si no hay alguien que nos ayude a mantenernos unidos y ese solo es nuestro adiós Padre.

¿Quieres comunión en tu matrimonio? Apóyate en el Señor. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 10,1-12): En aquel tiempo, Jesús, levantándose de allí, va a la región de Judea, y al otro lado del Jordán, y de nuevo vino la gente donde Él y, como acostumbraba, les enseñaba. Se acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, preguntaban: «¿Puede el marido repudiar a la mujer?». Él les respondió: «¿Qué os prescribió Moisés?». Ellos le dijeron: «Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla». Jesús les dijo: «Teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón escribió para vosotros este precepto. Pero desde el comienzo de la creación, El los hizo varón y hembra. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y los dos se harán una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre».

Y ya en casa, los discípulos le volvían a preguntar sobre esto. Él les dijo: «Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquélla; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio».

Tened sal en vosotros y tened paz unos con otros

Los cristianos somos llamados a ser sal, luz y fermento de la tierra. Con nuestras acciones somos invitados a mostrar la naturaleza divina. Los hijos de Dios mostramos al mundo el amor. Cuando no hacemos eso, ¿qué pasa? Escandalizamos.

El pecado de un cristiano tiene un efecto devastador porque las personas esperan de nosotros algo más. En el fondo quieren ser felices y quieren descubrir en nosotros qué podemos ofrecerles para lograr esa meta común a todos: la felicidad verdadera.

Pidamos a Dios la gracia de no faltar nunca a nuestra misión. Esperamos recibir de nuestro Señor la gracia de ser verdaderos cristianos y así mostrar lo puramente divino, el amor a los demás.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 9,41-50): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, os aseguro que no perderá su recompensa. Y al que escandalice a uno de estos pequeños que creen, mejor le es que le pongan al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y que le echen al mar. Y si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela. Más vale que entres manco en la Vida que, con las dos manos, ir a la gehenna, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo. Más vale que entres cojo en la Vida que, con los dos pies, ser arrojado a la gehenna. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo. Más vale que entres con un solo ojo en el Reino de Dios que, con los dos ojos, ser arrojado a la gehenna, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga; pues todos han de ser salados con fuego. Buena es la sal; mas si la sal se vuelve insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros y tened paz unos con otros».

Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos

El mayor entre los hombres es el que sirve. Dios nos llama a ser pequeños ante los demás. El ADN cristiano es morir para que otros tengan vida. ¿Estás dispuesto?

Necesitamos un mundo donde los cristianos sean como la sal que se pierde en la “enorme” masa de la “sopa” del mundo. Un mundo donde los cristianos iluminen con la claridad de Cristo.

Seamos los últimos y dejemos los primeros lugares a quienes servimos. Solo así seremos verdaderos cristianos. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 9,30-37): En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos iban caminando por Galilea, pero Él no quería que se supiera. Iba enseñando a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres; le matarán y a los tres días de haber muerto resucitará». Pero ellos no entendían lo que les decía y temían preguntarle.

Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntaba: «¿De qué discutíais por el camino?». Ellos callaron, pues por el camino habían discutido entre sí quién era el mayor. Entonces se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: «Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos». Y tomando un niño, le puso en medio de ellos, le estrechó entre sus brazos y les dijo: «El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, no me recibe a mí sino a Aquel que me ha enviado».

Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo

Dios elige a unos pocos para que sean “sal, luz y fermento de la tierra”. Nos llama a ser testigos suyos. Nos invita a reconocer a Jesús como nuestro Señor y Mesías. ¿Quién es para ti Cristo?

Cuando podemos observar nuestra vida con los ojos de la Fe, nos damos cuenta que nuestro Padre Dios está presente siempre. Al abrir nuestro corazón a su palabra nos constituimos en una especie de presencia suya aquí en la tierra. Él quiere actuar a través de nosotros, pobres pecadores.

Pidamos al Señor que nos permite ser como Pedro, para que pueda el Señor edificar su iglesia a través de nosotros. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 16,13-19): En aquel tiempo, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?». Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas». Díceles Él: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo».

Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

Comenzó a ver perfectamente y quedó curado

La curación de un ciego es un milagro que impresiona siempre. Devolver la vista a una persona tiene un significado espiritual muy importante. Muchos estamos como ciegos y no podemos ver con claridad las realidades invisibles.

La ceguera espiritual consiste en la incapacidad que tenemos de ver la acción de Dios en nuestra vida diaria. Dichas acciones son la expresión del amor divino. En definitiva, Dios nos ama y quiere que veamos sus demostraciones de amor todos los días.

Levantemos nuestros ojos al cielo y pidamos que el amor de Dios se haga presente siempre frente a nuestros ojos espirituales y físicos. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 8,22-26): En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegan a Betsaida. Le presentan un ciego y le suplican que le toque. Tomando al ciego de la mano, le sacó fuera del pueblo, y habiéndole puesto saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntaba: «¿Ves algo?». Él, alzando la vista, dijo: «Veo a los hombres, pues los veo como árboles, pero que andan». Después, le volvió a poner las manos en los ojos y comenzó a ver perfectamente y quedó curado, de suerte que veía claramente todas las cosas. Y le envió a su casa, diciéndole: «Ni siquiera entres en el pueblo».

Abrid los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes

Ni fariseos ni Herodes. Los que hemos sido llamados por Dios a ser cristianos somos invitados a cuidarnos de reducir la Fe a un moralismo o vivir en un “relax ético” sin dar signos de conversión. El cristianismo no es ni una cosas ni la otra.

Jesús dijo claramente que vino por todos los hombres y mujeres de todos los tiempos sin importar que sean judíos o gentiles. La salvación es universal. ¡Qué buena noticia!

Pidamos al Señor tener un corazón bien dispuesto que permita seguirle a donde quiera. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 8,14-21): En aquel tiempo, los discípulos se habían olvidado de tomar panes, y no llevaban consigo en la barca más que un pan. Jesús les hacía esta advertencia: «Abrid los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes». Ellos hablaban entre sí que no tenían panes. Dándose cuenta, les dice: «¿Por qué estáis hablando de que no tenéis panes? ¿Aún no comprendéis ni entendéis? ¿Es que tenéis la mente embotada? ¿Teniendo ojos no veis y teniendo oídos no oís? ¿No os acordáis de cuando partí los cinco panes para los cinco mil? ¿Cuántos canastos llenos de trozos recogisteis?». «Doce», le dicen. «Y cuando partí los siete entre los cuatro mil, ¿cuántas espuertas llenas de trozos recogisteis?» Le dicen: «Siete». Y continuó: «¿Aún no entendéis?».

¿Por qué esta generación pide una señal?

Las diversas generaciones del pasado, incluyendo la presente, se caracterizan por la incredulidad. Si, así mismo. Los seres humanos vivimos dudando de todo. Pedimos a Dios señales que demuestren que existe. Por eso tantas solicitudes de milagros. Hacemos pactos con Dios a cambio de algún favor divino.

Jesús dice que no habrá para las generaciones o, mejor dicho, las personas que pidan señales con intención malvada. La señal es que Cristo ha muerto y resucitado por todos. Todo lo que sea otro tipo de señal, no viene de Dios.

Seamos humildes. Reconozcamos a Dios en todas las manifestaciones diarias de su amor. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 8,11-13): En aquel tiempo, salieron los fariseos y comenzaron a discutir con Jesús, pidiéndole una señal del cielo, con el fin de ponerle a prueba. Dando un profundo gemido desde lo íntimo de su ser, dice: «¿Por qué esta generación pide una señal? Yo os aseguro: no se dará a esta generación ninguna señal». Y, dejándolos, se embarcó de nuevo, y se fue a la orilla opuesta.

Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos

Hemos conocido predicadores que tienen el don de sanación, que quiere decir que curan las enfermedades a través de la gracia que viene de Dios. Muchas son las personas que han sido liberadas de una dolencia física por la fuerza del Espíritu Santo. ¿Existe alguna otra liberación que Dios realiza en nosotros?

En el mundo hay muchas personas mudas y sordas. Esto no hace referencia a algún tipo de discapacidad física. Lo que quiero decir es qué hay personas que no pueden escuchar la voz de Dios que se comunica a través de diversos hechos. Tampoco pueden hablar de lo bueno que es Dios porque no han visto ni oído sus maravillas.

Pidamos a Dios que nos cure de la sordera y mudez espiritual. Que nos de la gracia de ver, oír y hablas las maravillas divinas. Que podamos gritar al mundo entero que Él nos ama y transforma nuestras vidas. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 7,31-37): En aquel tiempo, Jesús se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. Él, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: «Effatá», que quiere decir: “¡Ábrete!”.

Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente. Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban. Y se maravillaban sobremanera y decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

Todo lo que de fuera entra en el hombre no puede contaminarle, pues no entra en su corazón

El corazón es la sede de todo los sentimientos, afectos e intenciones. Es en lo profundo del corazón donde nos encontramos con Dios. Es con el corazón que podemos amar pero también odiar. Si, así es. Del corazón puede salir lo mejor del ser humano pero también lo peor.

En la antigüedad existía la costumbre de pensar que habían alimentos puros y otros impuros. Se basaban en criterios puramente humanos para afirmar que las cosas externas podían definir la pureza o impureza de las cosas. Obviamente, estaban equivocados.

Pero también hoy podemos caer en la tentación de pensar que por mi condición de cristiano estoy fuera de toda culpa. Es con ir a misa tengo licencia para juzgar a todos. Repito, no podemos reducir el cristianismo a una serie de prácticas externas.

Pidamos al Señor que nos ayude. Pidamos que Dios purifique nuestro corazón y así pueda sacar del mismo obras de vida eterna.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 7,14-23): En aquel tiempo, Jesús llamó a la gente y les dijo: «Oídme todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Quien tenga oídos para oír, que oiga».

Y cuando, apartándose de la gente, entró en casa, sus discípulos le preguntaban sobre la parábola. Él les dijo: «¿Así que también vosotros estáis sin inteligencia? ¿No comprendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre no puede contaminarle, pues no entra en su corazón, sino en el vientre y va a parar al excusado?» —así declaraba puros todos los alimentos—. Y decía: «Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre».

Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí

Muchas personas piensan que ser cristianos consiste en cumplir una serie de normas y preceptos. Es decir, que reducen la práctica cristiana a ir al templo, participar en la misa o cumplir con la ofrenda.

Ciertamente, todo ello es muy bueno y necesario, pero si lo vivimos de externa y sin vivirlas desde adentro, corremos el riesgo de que todo sea un cumplimento externo y que no toque el corazón.

La ley puede ser resumida, toda ella, en el precepto del amor. El amor cristiano mira lo primero el bien del prójimo. Lo excusa y perdona todo. Incluso, ama al enemigo. Si amamos de esa manera, como Cristo nos amó, entonces cumplimos la ley. Ánimo, sabemos que humanamente no podemos. Por eso podemos apoyarnos en Jesús y en su gracia cumplir los mandamientos de Dios.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 7,1-13): En aquel tiempo, se reunieron junto a Jesús los fariseos, así como algunos escribas venidos de Jerusalén. Y vieron que algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir no lavadas, -es que los fariseos y todos los judíos no comen sin haberse lavado las manos hasta el codo, aferrados a la tradición de los antiguos, y al volver de la plaza, si no se bañan, no comen; y hay otras muchas cosas que observan por tradición, como la purificación de copas, jarros y bandejas-.

Por ello, los fariseos y los escribas le preguntan: «¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras?». Él les dijo: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: ‘Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres’. Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres». Les decía también: «¡Qué bien violáis el mandamiento de Dios, para conservar vuestra tradición! Porque Moisés dijo: ‘Honra a tu padre y a tu madre y: el que maldiga a su padre o a su madre, sea castigado con la muerte’. Pero vosotros decís: ‘Si uno dice a su padre o a su madre: Lo que de mí podrías recibir como ayuda lo declaro “Korbán” -es decir: ofrenda-’, ya no le dejáis hacer nada por su padre y por su madre, anulando así la Palabra de Dios por vuestra tradición que os habéis transmitido; y hacéis muchas cosas semejantes a éstas».