Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad

Jesucristo denunció insistentemente el pecado de la hipocresía. Por la predicación de Jesús parecería que era el más terrible de todos. Los fariseos y escribas eran el modelo de dicha falta. ¿En qué consiste?

El hipócrita es aquel que muestra por fuera una apariencia que no corresponde con la realidad. El hipócrita es alguien falso, mentiroso y manipulador. En su exterior da la impresión de hombre justo pero en su interior está lleno de pecado contrarios a lo que habla o hace por fuera.

Jesús nos invita a tener integridad y coherencia de vida. Nos llama a buscar cumplir la ley como fruto de la gracia de Dios. Nos da el camino de la santidad y de la verdad basado no en el cumplimiento de una ley externa.

¡Ánimo! Seamos sinceros y verdaderos ante los ojos de Dios. Busquemos siempre la verdad en Dios. Amén

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 23,27-32): En aquel tiempo, Jesús dijo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia! Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis los monumentos de los justos, y decís: ‘Si nosotros hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos tenido parte con ellos en la sangre de los profetas!’. Con lo cual atestiguáis contra vosotros mismos que sois hijos de los que mataron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!».

Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar

El Amor es más que una ley escrita. Las enseñanzas de Jesús no son un moralismo ni legalismo. Jesucristo no ha venido a exigir el cumplimiento de una norma externa. Lo que nos ofrece es el camino de una liberación gratuita mediante la transformación de nuestro corazón. ¿Cómo lo hace el Señor?

Jesús nos invita a entrar en la Iglesia y en algunos casos volver a entrar. Nos invita a profundizar en nuestra Fe hasta hacerla crecer. Nos invita a recibir el Amor de Dios en nuestros corazones para poder compartir el mismo con los demás. Esa es la ley que quiere Dios. ¿Estás dispuesto?

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 23,13-22): En aquel tiempo, Jesús dijo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros! ¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: ‘Si uno jura por el Santuario, eso no es nada; mas si jura por el oro del Santuario, queda obligado!’ ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante, el oro, o el Santuario que hace sagrado el oro? Y también: ‘Si uno jura por el altar, eso no es nada; mas si jura por la ofrenda que está sobre él, queda obligado’. ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda, o el altar que hace sagrada la ofrenda? Quien jura, pues, por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él. Quien jura por el Santuario, jura por él y por Aquel que lo habita. Y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por Aquel que está sentado en él».

Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?

La biblia está llena de mandamientos. En el antiguo testamento hay libros enteros dedicados a las diversas normativas de la ley de Dios. Es natural que alguien que quiera verdaderamente ser una persona justa se pregunte sobre las mejores formas de serlo. En consecuencia puede preguntarse: ¿Cuál es el más importante de ellos?

La respuesta que da Jesús a esa misma pregunta es maravillosa. Dice que el Amor es lo más importante. Amar es la base de toda las leyes. Si amas, cumples la ley entera. Es por eso que cada día tenemos la oportunidad de cumplir la ley. Cada día estamos llamados a amar a los demás, incluyendo a nuestros enemigos. ¿Estás dispuesto? Dios te ha amado primero, y esto significa que podemos responder a ese amor dando amor a los demás.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 22,34-40): En aquel tiempo, cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo, y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?». Él le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas».

Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos

La palabra de Dios está llena de símbolos y signos. El Señor Jesús utiliza siempre un lenguaje sencillo para poner hacer entender su mensaje. Por ejemplo, la figura de una boda nos hace entender mejor el reino de los Cielos al que estamos invitados.

La boda es símbolo de la nueva vida a la que Cristo nos llama, pero que muchas veces despreciamos ocupándonos en las cosas de este mundo. En muchas ocasiones no valoramos la importancia que tiene la invitación que nos hace Dios.

¡Ánimo! Vistámonos con el traje de bodas. Renunciemos a nuestras preocupaciones terrenales. Ha llegado el momento de cambiar para mejor. ¡Dios nos ama!

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 22,1-14): En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a los grandes sacerdotes y a los notables del pueblo: «El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía a otros siervos, con este encargo: ‘Decid a los invitados: Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda’. Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad.

»Entonces dice a sus siervos: ‘La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda’. Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales. Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?’. Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: ‘Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos».

Los últimos serán primeros y los primeros, últimos

¿Qué los últimos serán primeros? ¿Cómo así? De hecho, un dominicano no entiende para nada esa afirmación. Luchamos por llegar primero a la fila y defender con “uñas y dientes” nuestro espacio. ¿Cómo es posible que Dios le dé prioridad al último que llego?

Es importante entender el sentido de esta palabra. Lo que se quiere decir es que no tenemos meritorios para ganar lo que Dios nos quiere dar gratuitamente. La paga, el salario, la recompensa que nos da no tiene nada que ver con lo que podamos hacer. Más bien es un don de Dios que se regala a todo aquel que trabaja para el Señor, es decir, que hace su voluntad.

¡Ánimo! Trabajemos en la viña de Dios. Seamos sus humildes seguidores haciendo siempre su voluntad. Hoy es un buen día para poner en práctica la palabra de Dios.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 20,1-16): En aquel tiempo, Jesús dijo a los discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados, les dijo: ‘Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo’. Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo. Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontrar a otros que estaban allí, les dice: ‘¿Por qué estáis aquí todo el día parados?’. Dícenle: ‘Es que nadie nos ha contratado’. Díceles: ‘Id también vosotros a la viña’.

»Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: ‘Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros’. Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno. Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, diciendo: ‘Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor’. Pero él contestó a uno de ellos: ‘Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?’. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros

Los últimos del Señor son aquellos que renuncian a todo lo material para seguir a Jesús. Alguno puede preguntarse, ¿eso también aplica a todos los cristianos laicos que no hemos hecho voto de pobreza o algo parecido? La respuesta es si.

El desprendimiento radical de las cosas de este mundo y poner nuestro corazón en las cosas del cielo es la verdadera experiencia cristiana. Todos los cristianos estamos llamados a tener a Dios como único Señor de nuestra vida. ¿Tú lo tienes? Pues demuéstralo con obras.

El Cristiano vende los bienes, no busca su propio interés, no sacrifica todo con tal de tener dinero. El cristiano es aquel que tiene una relación libre con el dinero y los demás bienes materiales.

Hoy es un día oportuno para pedir la gracia de poner en práctica la palabra de Dios. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 19,23-30): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos. Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos». Al oír esto, los discípulos, llenos de asombro, decían: «Entonces, ¿quién se podrá salvar?». Jesús, mirándolos fijamente, dijo: «Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible».

Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?». Jesús les dijo: «Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros».

¿Qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?

La fuente del amor es Dios. No existe la posibilidad de amar verdaderamte si no amamos a Dios con todo el corazón, con toda el almas y con todas las fuerzas. Es por eso que el camino de la vida plena pasa por renunciar a los ídolos de este mundo y acogernos al Señor.

La búsqueda de la felicidad es lo más importante. Nadie quiere vivir es un sin sentido y tristeza constante. Es correcto preguntarle al que todo lo puede que nos muestra el camino de la verdadera felicidad. Dicho camino se fundamenta en tener a Dios como nuestro único amor.

¡Ánimo! Pidamos al Señor la gracia de amarle profundamente. Amén.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 19,16-22): En aquel tiempo, un joven se acercó a Jesús y le dijo: «Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?». Él le dijo: «¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos». «¿Cuáles?» —le dice él—. Y Jesús dijo: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo». Dícele el joven: «Todo eso lo he guardado; ¿qué más me falta?». Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme». Al oír estas palabras, el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.

Y se entristecieron mucho

Dios no quiere que estemos tristes. Nuestro Señor quiere que vivamos en plenitud. Él desea nuestra felicidad. ¿Por qué a veces no nos sentimos así como Dios quiere?

La realidad es que vivimos en el mundo pero no podemos ser del mundo. Es decir, cumplimos con todas las leyes, normas y exigencias de la tierra pero sabemos muy bien que nuestra felicidad verdadera consiste en hacer la voluntad de Dios, aún cuando ésta suponga renunciar a algo que queremos o nos gusta.

No estemos triste. Podamos nuestra confianza en el Señor y el nunca nos defraudará. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 17,22-27): En aquel tiempo, yendo un día juntos por Galilea, Jesús dijo a sus discípulos: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le matarán, y al tercer día resucitará». Y se entristecieron mucho.

Cuando entraron en Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los que cobraban el didracma y le dijeron: «¿No paga vuestro Maestro el didracma?». Dice él: «Sí». Y cuando llegó a casa, se anticipó Jesús a decirle: «¿Qué te parece, Simón?; los reyes de la tierra, ¿de quién cobran tasas o tributo, de sus hijos o de los extraños?». Al contestar él: «De los extraños», Jesús le dijo: «Por tanto, libres están los hijos. Sin embargo, para que no les sirvamos de escándalo, vete al mar, echa el anzuelo, y el primer pez que salga, cógelo, ábrele la boca y encontrarás un estárter. Tómalo y dáselo por mí y por ti».

¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David!

Todos somos pecadores. No somos dignos de las gracias de Dios. Hemos incumplido la ley de Dios. Hemos, muchas veces, hecho con nuestra vida lo que nos da la gana. ¿Quién podrá salvarnos?

Precisaste Jesús vino por los débiles y pecadores. Nos ama profundamente. Nos perdona sin condiciones. Nos regala lo que podría darse a los buenos, a las personas mejores que nosotros.

Hoy podemos entrar en la felicidad de Dios porque él siempre nos acoge y nos abre su camino de salvación. Nunca dudemos del amor de Dios. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 15,21-28): En aquel tiempo, Jesús se retiró hacia la región de Tiro y de Sidón. En esto, una mujer cananea, que había salido de aquel territorio, gritaba diciendo: «¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está malamente endemoniada». Pero Él no le respondió palabra. Sus discípulos, acercándose, le rogaban: «Concédeselo, que viene gritando detrás de nosotros». Respondió Él: «No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel». Ella, no obstante, vino a postrarse ante Él y le dijo: «¡Señor, socórreme!». Él respondió: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». «Sí, Señor -repuso ella-, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos». Entonces Jesús le respondió: «Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas». Y desde aquel momento quedó curada su hija.

Maestro, bueno es estarnos aquí

Ciertamente es bueno estar con el Señor. Estar en su presencia es una bendición. La oración nos permite estar en comunicación constante con nuestro creador y Señor.

El Señor es verdaderamente hijo de Dios, con la misma naturaleza que el padre. Y la buena noticia es que nos quiere dar participación de su misma naturaleza. Con su transfiguración nos anuncia nuestra propia transfiguración que nos permite amar a todos especialmente a aquellos que nos hacen algún mal.

Seremos transfigurados en el amor. Un amor que nos reconciliará con todos y con todo. Esto lo hará el Señor. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 9,28-36): En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago, y subió al monte a orar. Y sucedió que, mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó, y sus vestidos eran de una blancura fulgurante, y he aquí que conversaban con Él dos hombres, que eran Moisés y Elías; los cuales aparecían en gloria, y hablaban de su partida, que iba a cumplir en Jerusalén.

Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero permanecían despiertos, y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con Él. Y sucedió que, al separarse ellos de Él, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías», sin saber lo que decía. Estaba diciendo estas cosas cuando se formó una nube y los cubrió con su sombra; y al entrar en la nube, se llenaron de temor. Y vino una voz desde la nube, que decía: «Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle». Y cuando la voz hubo sonado, se encontró Jesús solo. Ellos callaron y, por aquellos días, no dijeron a nadie nada de lo que habían visto.