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Él dará testimonio de mí

El Espíritu Santo se nos regala para ayudarnos en nuestro camino de Fe. Nuestro Señor Jesucristo nos entrega un don preciosso que nos mantiene firmes en la vía de la salvación. ¿Cómo podemos sentir su poder e influjo?

En la vida tendremos muchas persecuciones y tentaciones. Hoy viviremos momentos de todo tipo, algunos serán agradables y acordes a nuestros deseos, pero también tendremos algunos que no nos van a gustar. En todos los casos necesitamos de los siete dones del Espíritu Santo para poder discernirlos y entender que Dios nos quiere decir con ellos.

Que en este lunes, comienzo de semana, podamos abrir nuestro corazón a la acción del Espíritu Santo que da sentido a nuestro vida y con su gracia lo ilumina todo. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 15,26—16,4): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí. Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio. Os he dicho esto para que no os escandalicéis. Os expulsarán de las sinagogas. E incluso llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho».

El Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo

El Amor es la ley de Dios. Él ha creado todo por amor y especialmente a todos nosotros. Somos la expresión más maravillosa del amor de Dios. ¿Te lo crees?

El Espíritu Santo es el Amor de Dios derramado en los corazones de todos. Este espíritu es el que testifica a nuestro espíritu de que verdaderamente Dios nos ama en Jesucristo, nuestro Señor.

Abrir nuestro corazón al amor es clave para la felicidad. Todo lo que nos pase hoy, mañana y siempre es manifestación de su bondad y misericordia, ¿te lo crees? Si te lo crees hoy serás feliz. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 14,21-26): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él». Le dice Judas, no el Iscariote: «Señor, ¿qué pasa para que te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?». Jesús le respondió: «Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado. Os he dicho estas cosas estando entre vosotros. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho».

Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo

La Virgen María es modelo de todo Cristiano. En este tiempo estamos invitados a seguirle e imitarle. Nos muestra el camino de la Fe. Nos enseña a obedecer a su hijo, a ser dócil a la voluntad de Dios y a no tener miedo a la historia que se nos presenta.

La Virgen si que Si. Nosotros también deberíamos decirle que Si todos los días al Señor. Ella es la madre del Salvador. Nosotros nos beneficiamos de su Si y así podemos experimentar el amor de Dios presente en toda nuestra vida.

Tengamos siempre la apertura de la Virgen María que recibe en su seno al salvador del mundo entero. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 1,26-38): Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin».

María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?». El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios». Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel dejándola se fue.

Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy

Jesú es el mesías y el salvador. Ha sido enviado por su Padre Dios a liberar a todos los cautivos de sus cadenas. Es una obra de salvación universal. Es la fuerza del Espíritu Santo actuando con potencia en nuestras vidas. ¿Cómo este proyecto salvifico se puede realizar en nosotros?

Las personas que escuchaban a Jesús tenían dos opciones: le escuchaban o le rechazaban. Los que escuchaban con buen ánimo y rectitud de intención participaban del mensaje que Él predicaba por todas partes. Los que oían lo que decís y lo rechazaban se excluían así mismos de las maravillas de la salvación que venía con el Señor.

Podemos escuchar la voz de Dios todos los días. En los acontecimientos diarios. En la palabra de un hermano que te corrige. En un hecho que parece permitido por Dios. En fin, es fundamental escuchar verdaderamente a Jesús que todavía hoy predica de diversas maneras y espera un corazón dispuesto a hacer su voluntad. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 4,14-22): En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea por la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la región. Él iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos.

Vino a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor».

Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en Él. Comenzó, pues, a decirles: «Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy». Y todos daban testimonio de Él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca.

Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios

Vivimos en tiempos donde la mayoría pone su confianza en la razón. Los avances científicos y tecnológicos han cambiado radicalmente la forma de pensar de los seres humanos. Antes las personas tenían un alto sentido espiritual. Ahora la mayoría solo confía en lo que puede ver o tocar.

La ciencia no es mala. De hecho, es un don de Dios. El problema es poner una confianza absoluta en ella. Solo en Dios podemos poner nuestra Fe. Para aquellos que no creen esta afirmación resulta extraña. Es cierto, ¿cómo puedo creer en salgo que no puedo ver?

Juan El Bautista nos muestra la forma en que podemos ver a Jesús en nuestra vida. A Dios se le conoce por su obra, por sus acciones. Contemplamos la naturaleza, el orden del universo, el origen de todo lo que existe y algo en lo profundo de nuestra alma nos dice que alguien debió crearlos.

La realidad es que todos aquellos que tenemos Fe hemos experimentado la acción salvífica de Jesús en nuestra vida. Le hemos visto sanar nuestras heridas, nos ha hecho reconciliarnos con nuestra historia, nos ha mostrado su amor.

¡Ánimo! En este nuevo año necesitamos que Dios nos ayude a conocerle más. Ver cómo su Espíritu lo invade todo, lo penetra todos. ¿Estás dispuesto a recibir el Espíritu Santo? Dios nos lo quiere dar. ¡Alégrate!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 1,29-34): Al día siguiente Juan ve a Jesús venir hacia él y dice: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es por quien yo dije: ‘Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo’. Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel». Y Juan dio testimonio diciendo: «He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre Él. Y yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo’. Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios».

Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros

Al recibir el Espíritu Ssnto ya no somos del mundo, somos del cielo. Nuestra naturaleza pecadora ha sido transformada en una naturaleza divina. Nos convertimos en hijos e hijas de Dios. ¿Cómo sucede esto?

Esas palabras muy bonitas nos suenan extrañas cuando vemos todos los días la precariedad de nuestra vida. Nos molestamos cuando alguien no habla mal, nos resentimos cuando nos hacen alguna injusticia, nos quejamos cuando las cosas no marchan como quisiéramos, nos sentimos mal cuando pensamos que las personas nos traicionan. ¿Cómo experimentar esta pertenencia a Dios si con frecuencia sentimos los contrario? Reconociendo humildemente nuestra debilidad y pidiéndole a Dios misericordia y perdón. No hay de otra.

Ser una sola cosa con Dios en el amor consiste en eso. Es saber que todo nos viene de Dios. Que no hay nada que podamos hacer más que recibir de Él las gracias especiales que nos ayudarán en la vida. Abrir nuestro corazón al Espíritu Santo es la condición fundamental para experimentar hoy las maravillas del amor de Dios y su acción en nuestras vidas. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 17,11b-19): En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura.

»Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad».

Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver

El tiempo es de Dios. Su acción se hace presente en todos los siglos de la historia. Nuestro Señor, en un acto de amor supremo, se hizo carne en el espacio y tiempo mediante su hijo Jesucristo. Al hacerse cercano, quiso morir y resucitar para que nosotros podemos morir al pescado y vivir para Él. Esta es la experiencia de la que somos testigos.

Este descender del Señor se hace presente todos los días mediante su Espíritu. Hoy y siempre se presentarán oportunidades para que podamos experimentar su presencia amorosa. ¡Dios nos ama!

Ahora, de la misma forma en que Jesús descendió de la casa del Padre para caminar entre nosotros, así tiene que subir, retornando a la derecha del Padre y desde haya cuidarnos enviando su Espíritu Santo. No podemos ver a Jesús físicamente, pero si experimentamos su preeencia en el Espíritu.

¡Ánimo! No tengamos miedo. Un día volverá y estaremos con Él para siempre.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 16,16-20): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver». Entonces algunos de sus discípulos comentaron entre sí: «¿Qué es eso que nos dice: ‘Dentro de poco ya no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver’ y ‘Me voy al Padre’?». Y decían: «¿Qué es ese ‘poco’? No sabemos lo que quiere decir». Se dio cuenta Jesús de que querían preguntarle y les dijo: «¿Andáis preguntándoos acerca de lo que he dicho: ‘Dentro de poco no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver?’. En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo».

Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa

¿Cuál es la verdad completa? Que Dios nos ama, que Dios te ama. Hemos recibido el anuncio del amor de Dios manifestado en la muerte y resurrección de Jesús. Lo hemos creído profundamente en nuestro corazón. Esto ha sido posible gracias al Espíritu Santo derramado en nuestros corazones.

Los apóstoles estaban muertos de miedo. Habían matado a su maestro y pensaban que lo mismo le iba a pasar a sus seguidores. Se ocultaban en lugares cerrados. Sin embargo, en medio de tanta confusión, apareció Jesús, les dio La Paz y les entregó un don del cielo: el Espíritu Santo. La gracia santificante que los transformó en verdaderos testigos del amor de Dios, llenos de valentía y coraje.

El Señor también hoy envía sobre nosotros su espíritu. Solo necesita un corazón dispuesto a acogerle. Pidamos al Señor que nos dé el Espíritu Santo que habitando en nuestros corazones nunca dudemos del amor de Dios.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 16,12-15): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros».

Ahora me voy al que me envió

El mundo necesita un aliento. Desde que nos levantamos escuchamos y vemos escándalos y malas noticias. Un gran ambiente negativo se esparce en la atmósfera. ¿Quién nos salvará?

Jesús dijo que tenía que irse al Padre. Nos prometió que nos prepararía una mansión. Nos dijo que era necesario que partiera pero que no nos va a dejar solos. Que nos enviaría una ayuda. Ahí está la clave.

El Espíritu Santo es el don que viene del cielo. Es el regalo de nuestro Padre Dios que nunca está lejos. Siempre cercano. Siempre presente. Jesucristo se fue pero volverá. Él se queda entre nosotros mediante su espíritu. ¡Qué alegria saberlo!

Pidamos al Señor su ayuda y asistencia. Cristo nos ama y quiere habitar nuestros corazones mediante su espíritu. ¡Ánimo!

Leer:

Jn 16,5-11: Si no me voy, no vendrá a vosotros el Defensor.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

- «Ahora me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: “¿Adónde vas?” Sino que, por haberos dicho esto, la tristeza os ha llenado el corazón. Sin embargo, lo que os digo es la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Defensor. En cambio, si me voy, os lo enviaré.

Y cuando venga, dejará convicto al mundo con la prueba de un pecado., de una justicia, de una condena. De un pecado, porque no creen en mí; de una justicia, porque me voy al Padre, y no me veréis; de una condena, porque el Príncipe de este mundo está condenado.»

Él dará testimonio de mí

Dios nunca nos deja solos. Podemos sentirnos abandonados en algún momento pero ese sentimiento no corresponde a un cristiano que sabe, por su experiencia, que el Señor está siempre presente en su vida.

Tras la muerte y resurrección de Jesús, se nos envió una ayuda adecuada, un defensor, una asistencia celestial; que fue el Espíritu Santo que funge como nuestro abogado y defensor ante los ataques del demonio. Hoy podemos decir con toda la Iglesia que no estamos solos. Tenemos la ayuda que viene de Dios. La fuerza para enfrentar todos los problemas que tendremos hoy. El Espíritu de Dios nos cuida y vivifica. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 15,26—16,4): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí. Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio. Os he dicho esto para que no os escandalicéis. Os expulsarán de las sinagogas. E incluso llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho».