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Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida

El camino es Jesús. Solo por él podemos llegar al Padre. Él nos muestra el verdadero rostro de Dios que es pura misericordia y amor.

La verdad es que Dios nos ama aún cuando muchas veces nos hemos portado muy mal. Si ayer nos hemos equivocado mucho, nos hemos enemistado con alguien o no aceptamos alguna humillación, hoy tenemos la oportunidad de reencontrarnos con Dios siguiendo el camino de vida y verdad que nos ofrece Jesús.

¡Ánimo! No te sientas mal. Dios te ama verdaderamente.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 14,1-6): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy sabéis el camino». Le dice Tomás: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?». Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí».

Si alguno guarda mi Palabra, no probará la muerte jamás

Jesucristo vino a cumplir la misión encomendada por su Padre: salvar a todos. ¿De qué tiene que salvarnos? ¿Acaso necesitamos hoy la salvación?

Quizás no estamos en un peligro de muerte física, pero todos los días tenemos la amenaza de la muerte del ser. Cuando tenemos algún sufrimiento o tristeza, cuando nos despiden del trabajo o reprobamos alguna evaluación, cuando alguien nos traiciona o nos enfermamos gravemente. En todas esas situaciones podemos experimentar una muerte interior que nos parece que el cielo ya no está abierto.

La buena noticia es que Jesús abrió el cielo con su resurrección. Ya no tenemos que temer a ningún tipo de muerte. Ha sido vencida en Jesús. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 8,51-59): En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «En verdad, en verdad os digo: si alguno guarda mi Palabra, no verá la muerte jamás». Le dijeron los judíos: «Ahora estamos seguros de que tienes un demonio. Abraham murió, y también los profetas; y tú dices: ‘Si alguno guarda mi Palabra, no probará la muerte jamás’. ¿Eres tú acaso más grande que nuestro padre Abraham, que murió? También los profetas murieron. ¿Por quién te tienes a ti mismo?». Jesús respondió: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada; es mi Padre quien me glorifica, de quien vosotros decís: ‘Él es nuestro Dios’, y sin embargo no le conocéis, yo sí que le conozco, y si dijera que no le conozco, sería un mentiroso como vosotros. Pero yo le conozco, y guardo su Palabra. Vuestro padre Abraham se regocijó pensando en ver mi día; lo vio y se alegró». Entonces los judíos le dijeron: «¿Aún no tienes cincuenta años y has visto a Abraham?». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: antes de que Abraham existiera, Yo Soy». Entonces tomaron piedras para tirárselas; pero Jesús se ocultó y salió del Templo.

Mirad y guardaos de toda codicia

Todos aspiran a acumular riqueza. Parece que el enfoque de toda la humanidad está en tener dinero y disfrutar de placeres mundanos. El problema es que por más quebrada busquemos la vida en lo material, tendremos felicidades pasajeras, pero no eternas o permanentes.

Jesús, nuestro Señor, ofrece otro camino. Nos advierte que la vida no está asegurada en los bienes y nos invita a vivir en libertad. El hombre o mujer verdaderamente libre tiene una felicidad interior que no puede quitársela nadie. Ni la abundancia ni la escasez. Ni la guerra ni la paz. Es decir, nada externo puede intranquilizar su alma.

Pongamos nuestra seguridad solo en Dios. Lo demás nos vendrá por añadidura. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 12,13-21): En aquel tiempo, uno de la gente le dijo: «Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo». Él le respondió: «¡Hombre! ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?». Y les dijo: «Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes».

Les dijo una parábola: «Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; y pensaba entre sí, diciendo: ‘¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha?’. Y dijo: ‘Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, y edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea’. Pero Dios le dijo: ‘¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?’. Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios».

Salvar una vida en vez de destruirla

Debemos reconocer que para que exista una sociedad civilizada y ordenada necesitamos las leyes. El conjunto de normas y reglas brindan un servicio extraordinario a los seres humanos. Si no existiera un sistema de consecuencias viviríamos todavía en la barbarie.

Debemos procurar que los sistema legales estén siempre al servicio del bien. Las leyes deben crearse para construir paz, orden y defender la vida. Los seres humanos podemos equivocarnos y legislar en contra de esos principios. Por eso es importante reconocerlo e intentar prevenirlo.

Pongamos en práctica el ejemplo de Jesús que siempre predicó que el amor está por encima de la ley, la vida por encima de la muerte. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 6,6-11): Sucedió que entró Jesús otro sábado en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha seca. Estaban al acecho los escribas y fariseos por si curaba en sábado, para encontrar de qué acusarle. Pero Él, conociendo sus pensamientos, dijo al hombre que tenía la mano seca: «Levántate y ponte ahí en medio». Él, levantándose, se puso allí. Entonces Jesús les dijo: «Yo os pregunto si en sábado es lícito hacer el bien en vez de hacer el mal, salvar una vida en vez de destruirla». Y mirando a todos ellos, le dijo: «Extiende tu mano». Él lo hizo, y quedó restablecida su mano. Ellos se ofuscaron, y deliberaban entre sí qué harían a Jesús.

¿Qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?

Estamos apegados a tantos bienes. Buscamos seguridad en el dinero, los afectos, el trabajo, la buena reputación y una cantidad grande de realidades buenas pero que nosotros, por nuestros pecados, hacemos uso desordenado de ellas.

Un joven pregunta qué tiene que hacer para tener vida eterna. Es decir, pregunta sobre la felicidad que solo puede dar Dios. La respuesta en clara y contundente. Se le invita a tener una relación con Dios en la libertad. Se le dice que no basta con cumplir externamente con una serie de ritos o devociones. Hace falta tener radicalidad evangélica. Se nos invita al amor a Dios con todo el corazón, la mente y las fuerzas. Es la misma invitación que nosotros tenemos.

¡Ánimo! Respondamos que si a Dios. Digámosles que si a la vida eterna que se le ofrece a todos aquellos que están dispuestos a renunciar a todos sus bienes para tener el gran buen!

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 19,16-22): En aquel tiempo, un joven se acercó a Jesús y le dijo: «Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?». Él le dijo: «¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos». «¿Cuáles?» —le dice él—. Y Jesús dijo: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo». Dícele el joven: «Todo eso lo he guardado; ¿qué más me falta?». Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme». Al oír estas palabras, el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.

El que pierda su vida por mí, la encontrará

Todos los bautizados estamos llamados a vivir plenamente nuestra Fe. Es imposible llamarse cristiano y no tener un estilo de vida de radicalidad evangélica. El “sígueme” de Jesús es una llamada a dejarlo todo y considerar a los bienes de esta tierra como nada con tal de ganar a Cristo.

La Paz verdadera es fruto de un desprendimiento radical de los ídolos de este mundo. La felicidad consiste en una acogida radical del mensaje que Jesús predicó. La vida eterna se experimenta en el corazón de alguien que está dispuesto a cumplir siempre la voluntad de Dios.

¡Ánimo! Lo que nos ofrece el Señor es el verdadero camino de la realización plena aquí en esta tierra y de preparación para vivir la vida en la patria futura.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 10,34–11,1): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: «No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y enemigos de cada cual serán los que conviven con él.

El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. Quien reciba a un profeta por ser profeta, recompensa de profeta recibirá, y quien reciba a un justo por ser justo, recompensa de justo recibirá. Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa».

Y sucedió que, cuando acabó Jesús de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.

Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios

Estamos apegados a los bienes. Esa es la verdad. Si reconocemos nuestros pecados, debemos asegurar que uno de los principales es la idolatría. Lo único que conocemos es lo material. Por eso, es natural que nos pasemos la vida queriendo acumular riquezas. El dinero nos da estatus social y nos hace importantes ante los ojos de los demás. Queremos ser amados mediante la posesión de bienes que nos aseguren la felicidad aquí en la tierra.

Ante esta realidad Jesús da una palabra. Sabe muy bien que esto no es duradero. No es algo que podamos decir que es seguro. Todo pasa. Todo es precario. Todo es perecedero. El Señor nos invita a buscar la felicidad y la vida donde está.

A nosotros nos resulta difícil creer esto. Constantemente nos hacemos ídolos. Pero Dios hace posible lo que es imposible para nosotros.

¡Vendamos los bienes! Vivamos desprendidos de este mundo qué pasa. Nuestro destino final es el cielo. ¿Te has preparado para pasar de este mundo a la casa del Padre? ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 10,17-27): Un día que Jesús se ponía ya en camino, uno corrió a su encuentro y arrodillándose ante Él, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?». Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre». Él, entonces, le dijo: «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud». Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: «Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme». Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.

Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos: «¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!». Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: «¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios». Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros: «Y ¿quién se podrá salvar?». Jesús, mirándolos fijamente, dice: «Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios».

Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero

Dios ha mostrado el camino de la vida en Jesucristo. Cuando Cristo fue alzado en la cruz, mucho quedaron escandalizados. Los que entendieron, por obra del Espíritu Santo, se dieron cuenta que nuestro Señor nos mostró el camino que lleva a la vida eterna. ¿Cuál es? Aceptar nuestra historia.

Me imagino que hoy tienes muchos motivos para estar triste o cansado de muchas cosas. Escuchas la radio, ves la televisión o lees la prensa y encuentras que muchas noticias son negativas, pesimistas, sin sentido. Ha llegado el momento de cambiar de actitud. Ha llegado el momento de que te creas definitivamente que Jesús es el rey de reyes que nos da su mismo Espíritu para que tengamos vida en abundancia. ¿En qué consiste esa vida? Es que aceptes tu historia. En qué descubras el amor de Dios en tu vida. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 17,1-11a): En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar.

»Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese. He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu Palabra. Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de ti; porque las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado.

»Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos; y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti».

Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo

Ayer escuchaba el testimonio de alguien que sufría depresión. Contaba con claridad y sinceridad como su situación le llevaba a la tristeza y al pensar lo difícil que es aceptar la voluntad de Dios, sobre todo cuando se tata de la enfermedad de algún ser querido. La historia de vida muchas veces está matizada con sufrimientos y pruebas. ¿Cuál debe ser la actitud del Cristiano de frente a esta realidad?

En el cristianismo se nos anuncia una buena noticia. Se da el testimonio mas hermosos de todos. Se nos dice qué hay uno que tiene poder de sacarnos de la muerte y llevarnos a la vida. Llevarnos de la oscuridad a la luz, pasarnos de la tristeza a la alegría verdadera que solo se puede experimentar en el encuentro personal y profundo con el amor de Dios.

¿Estás triste? ¡Ánimo! ¡Alégrate! Son pruebas que permite Dios para tu santificación. ¡Él ama! ¡Nunca lo dudes!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 16,20-23a): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar. Aquel día no me preguntaréis nada».

Yo soy el camino, y la verdad, y la vida

¡Hay tantas propuestas de felicidad en este mundo! Expertos, profetas e innumerables personas que dicen conocer el secreto de la felicidad. Lo que sí es cierto, es que esto produce una cierta ansiedad en las personas. ¿Cuál es el camino verdadero que debemos tomar? ¿A quien debemos hacer caso frente a tantas alternativas que podemos tomar?

Jesús nos dice que no tengamos miedo. Él nos muestra el camino de la verdad para darnos la vida mediante su amor. No hagamos caso a tantas propuestas falsas que se ven en los medios de comunicación y en los ambientes donde nos movemos. ¡Ánimo! Miremos a Cristo y expertos experimentos su acogida y protección.

Leer:

Jn 14,1-6: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

- «Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, «estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.»

Tomás le dice:

- «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»

Jesús le responde:

- «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí.»