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Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre

Las sagradas escrituras tienen muchos pasajes que nos resultan extraños si los leemos literalmente. Hay uno en particular que nos puede dar la impresión que le da una mala respuesta a su madre. Los exégetas y estudiosos de la Biblia no interpretan este pasaje de esa manera.

La intención central de ese pasaje es la de mostrar que lo que importa en la vida es hacer la voluntad de Dios. Sus palabras son dirigidas a nosotros hoy. 

No basta con ser miembro de una comunidad, amigo del párroco o ir a misa todos los domingos. Lo más importante no es la cercanía jurídica a la Iglesia. Lo que hoy quiere Jesús decirnos es que hagamos siempre la voluntad de Dios y pongamos en práctica su palabra. Hagamos esto hoy y seremos también familia de Jesús.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 3,31-35): En aquel tiempo, llegan la madre y los hermanos de Jesús, y quedándose fuera, le envían a llamar. Estaba mucha gente sentada a su alrededor. Le dicen: «¡Oye!, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan». Él les responde: «¿Quién es mi madre y mis hermanos?». Y mirando en torno a los que estaban sentados en corro, a su alrededor, dice: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».

Jesús subió al monte y llamó a los que Él quiso; y vinieron donde Él

La llamada de Jesús se hace hoy presente en medio de nuestras vidas. Hoy, una vez más, el Señor nos llama a la misión como lo hizo hace dos mil años con sus apóstoles. ¿Cómo es esto posible?

El mundo en general y nosotros en particular necesitamos de una presencia más viva de Dios. Esto se hace con palabras y obras. Así como los apóstoles fueron llamados a compartir la misión de Jesús y fueron enviados así somos nosotros invitados a dar la vida por esta generación. 

Hagamos presente el espíritu cristiano en nuestra familia, trabajo, barrio y en todos los ambientes que nos toque vivir. Hoy más que nunca el mundo necesita de un cristianismo amoroso, misericordioso y cercano. Hoy más que nunca las personas necesitan de ti, del amor de Dios vivo en ti.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 3,13-19): En aquel tiempo, Jesús subió al monte y llamó a los que Él quiso; y vinieron donde Él. Instituyó Doce, para que estuvieran con Él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los demonios. Instituyó a los Doce y puso a Simón el nombre de Pedro; a Santiago el de Zebedeo y a Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso por nombre Boanerges, es decir, hijos del trueno; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote, el mismo que le entregó.

La fiebre la dejó y ella se puso a servirles

La enfermedad es algo terrible que rompe con el orden natural. Cuando algo nos aqueja nos limita en todos los sentidos de la palabra. El sufrimiento del enfermo es símbolo de muchos malestares incluyendo el espiritual. 

El centro del mensaje de Jesús está precisamente en que su Reino ya está entre nosotros actuando porque en Él podemos sanar todas nuestras enfermedades. 

Abrir el corazón y dejarse ayudar por Dios son las vías para que su acción se sienta en plenitud.

Leer:
Texto del Evangelio (Mc 1,29-39): En aquel tiempo, Jesús, saliendo de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles. 
Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían. 
De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración. Simón y sus compañeros fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: «Todos te buscan». El les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido». Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.

Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego

Necesitamos ser “bautizados” hoy y siempre. El mismo Jesús, según el evangelio, da ejemplo al dejarse bautizar por Juan. ¿Qué significa bautizarse hoy?.

Lo primero es decir que el bautismo es uno y se vive una vez. Es el sacramento que permite ser verdaderos hijos de Dios al dejar en las aguas nuestro hombre viejo.

Lo que necesitamos realmente es revivir todos los días nuestro bautismo. Hacerlo presente todos los días significa convertirnos y manifestar el amor de Dios en todos los aspectos de nuestra vida.

Hoy tenemos un fuerte llamado a hacer realidad nuestro bautismo en nuestra relación con Dios y con nuestro prójimo. Seamos felices! Seamos cristianos.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 3,15-16.21-22): En aquel tiempo, como el pueblo estaba a la espera, andaban todos pensando en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo; respondió Juan a todos, diciendo: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego».
Sucedió que cuando todo el pueblo estaba bautizándose, bautizado también Jesús y puesto en oración, se abrió el cielo, y bajó sobre Él el Espíritu Santo en forma corporal, como una paloma; y vino una voz del cielo: «Tú eres mi hijo; el Amado, en ti me he complacido».

Haced penitencia, porque el Reino de los cielos está cerca

Hoy se hace realidad el evangelio. Hoy todos somos invitados a hacer penitencia. ¿Por qué? Porque lo más importante es preparar el corazón al Señor. Abrir nuestro mente y nuestra alma al amor de Dios y su acción.

Jesucristo se manifiesta con poder sanando y dando amor a todos los hombres y mujeres de todas las generaciones.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 4,12-17.23-25): En aquel tiempo, cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, se retiró a Galilea. Y dejando la ciudad de Nazaret, fue a morar en Cafarnaún, ciudad marítima, en los confines de Zabulón y de Neftalí. Para que se cumpliese lo que dijo Isaías el profeta: «Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino de la mar, de la otra parte del Jordán, Galilea de los gentiles. Pueblo que estaba sentado en tinieblas, vio una gran luz, y a los que moraban en tierra de sombra de muerte les nació una luz». 
Desde entonces comenzó Jesús a predicar y a decir: «Haced penitencia, porque el Reino de los cielos está cerca». Y andaba Jesús rodeando toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos y predicando el Evangelio del Reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia del pueblo. Y corrió su fama por toda Siria, y le trajeron todos los que tenían algún mal, poseídos de varios achaques y dolores, y los endemoniados, y los lunáticos y los paralíticos, y los sanó. Y le fueron siguiendo muchas gentes de Galilea y de Decápolis y de Jerusalén y de Judea, y de la otra ribera del Jordán.

Porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel

La clave para entender la fiesta de la manifestación del Señor o como se llama popularmente dia de los Reyes Magos está en tener plena confianza de que nacerá en nosotros el Señor. ¿Qué quiere decir esto?

Ciertamente debemos alegrarnos porque Dios se hizo carne hace dos mil años y nació de una virgen llamada Marí. Más sin embargo, debemos alegrarnos mucho más al tener la certeza de que nuestro Señor Jesús quiere nacer en nuestros corazones mediante su Espíritu Santo. Este es el centro de nuestra fiesta de Navidad.

Hoy puedes ser también hijo de Dios. Déjate ayudar por Él. Abre tu corazón al amor. Es importante que seamos en este mundo testigos fieles de su amor.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 2,1-12): Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle». En oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta: ‘Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel’». 

Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: «Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle». 
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el Niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al Niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino.