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Jesús iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios

¿Cuáles son los espíritus malignos que habitan dentro de tí? Es decir, ¿cuáles son tus esclavitudes y debilidades? Es importante conocerse uno mismo para saber que pedir o esperar de Jesús.

Lo que reconocemos es que Jesús tiene poder de salvarnos y curarnos. Hoy podemos experimentar la acción maravillosa de su amor mediante la palabra de Dios y los sacramentos. A través de la predicación viene el Señor a nuestras vidas. El poder sanador de Jesús se manifiesta en nuestra vida siempre. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 8,1-3): En aquel tiempo, Jesús iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.

El que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende

Todos los días escuchamos la palabra de Dios. Son como semillas diarias que buscan una tierra donde dar frutos. El Señor se manifiesta de muchas maneras. En acontecimientos, a través de ángeles, y situaciones que permite para santificarnos.

Nosotros podemos pedir a Dios que nos de la gracia de ser tierra buena. Una tierra buena donde puedan crecer las semillas de Dios. Tierra buena donde pueden darse los frutos de vida eterna. Tierra buena donde Jesús pueda crecer.

Pidamos al Señor la gracia de escuchar y poner en práctica la palabra. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 13,18-23): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador. Sucede a todo el que oye la Palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo del camino. El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la Palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumbe enseguida. El que fue sembrado entre los abrojos, es el que oye la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta».

Les enviaré profetas y apóstoles, y a algunos los matarán y perseguirán

Son muchas las vías a través de las cuales Dios nos habla y nos llama a conversión. Los acontecimientos de cada día, personas que nos hablan de parte de Dios, y algunos inconvenientes que debemos sufrir cada día. En fin, el Dios que humilla y enaltece, nos hace experimentar su presencia mediante diversas formas.

El Señor envía profetas a nuestra vida. Son personas normales, pecadoras, con muchas fallas pero vienen de parte de Dios. Traen la palabra de Dios para nuestra conversión, ¿qué haces cuando les escuchas? ¿Los asesinas? ¿Dices que no tienen derecho a meterse con tu vida?

Pidamos a Dios reconocer a sus enviados y hacer lo que dicen. Solo así dará fruto el mensaje divino en nuestras vidas.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 11,47-54): En aquel tiempo, el Señor dijo: «¡Ay de vosotros, porque edificáis los sepulcros de los profetas que vuestros padres mataron! Por tanto, sois testigos y estáis de acuerdo con las obras de vuestros padres; porque ellos los mataron y vosotros edificáis sus sepulcros. Por eso dijo la Sabiduría de Dios: ‘Les enviaré profetas y apóstoles, y a algunos los matarán y perseguirán’, para que se pidan cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, el que pereció entre el altar y el Santuario. Sí, os aseguro que se pedirán cuentas a esta generación. ¡Ay de vosotros, los legistas, que os habéis llevado la llave de la ciencia! No entrasteis vosotros, y a los que están entrando se lo habéis impedido».

Y cuando salió de allí, comenzaron los escribas y fariseos a acosarle implacablemente y hacerle hablar de muchas cosas, buscando, con insidias, cazar alguna palabra de su boca.

Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende

La semilla es imagen de la palabra de Dios que busca una buena tierra donde ser sembrada y dar el correspondiente fruto. Todos estamos llamado a ser buena tierra y dar frutos en la medida de nuestras capacidades y disposiciones.

¿Qué podemos hacer para que nuestro corazón, como tierra buena, pueda acoger con alegría la palabra y ponerla en práctica? El conuco, finca o ferramos de siembre se prepara con arados y maquinaria especializada. Se le hecha abono y se le cuida para que no pierda sus elementos nutritivos. El Señor nos regala sacramentos, comunidad, liturgias, oraciones, ayunos, limosnas; en fin, un conjunto de herramientas o ayudas que nos permiten preparar nuestra alma para recibir la palabra y que ella de frutos en nosotros.

Hagamos hoy uso de esas armas espirituales que Dios nos dio para hacer posible me nosotros el milagro de la conversión. Dios nos ama y quiere que seamos tierra buena.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 13,18-23): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador. Sucede a todo el que oye la Palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo del camino. El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la Palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumbe enseguida. El que fue sembrado entre los abrojos, es el que oye la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta».

Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él

La palabra de Dios puede habitar en nuestros corazones. ¿Cómo es posible? A través del Espíritu Santo. Es decir, que la esencia misma de Dios puede habitar en nuestro corazones y hacernos hijos de Dios.

Los mandamientos de Dios son palabras de vida. Escuchar la voz de Dios y hacer lo que los diga nos pone en el camino de la santidad y de la vida. No vamos a la Iglesia a sentirnos mejores que los demás. Vamos a la Iglesia porque necesitamos el alimento que da vida, su palabra, que cumplida en nosotros, nos convierte en verdaderos cristianos.

El Espíritu Santo es enviado por Dios para darnos a participar de su naturaleza. Necesitamos de la ayuda de nuestro Señor para poner en práctica su palabra. ¡No te desanimes! Dios nos da las fuerzas necesarias para cumplir su voluntad.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 14,21-26): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él». Le dice Judas, no el Iscariote: «Señor, ¿qué pasa para que te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?». Jesús le respondió: «Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado. Os he dicho estas cosas estando entre vosotros. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho».

Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre

Las sagradas escrituras tienen muchos pasajes que nos resultan extraños si los leemos literalmente. Hay uno en particular que nos puede dar la impresión que le da una mala respuesta a su madre. Los exégetas y estudiosos de la Biblia no interpretan este pasaje de esa manera.

La intención central de ese pasaje es la de mostrar que lo que importa en la vida es hacer la voluntad de Dios. Sus palabras son dirigidas a nosotros hoy. 

No basta con ser miembro de una comunidad, amigo del párroco o ir a misa todos los domingos. Lo más importante no es la cercanía jurídica a la Iglesia. Lo que hoy quiere Jesús decirnos es que hagamos siempre la voluntad de Dios y pongamos en práctica su palabra. Hagamos esto hoy y seremos también familia de Jesús.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 3,31-35): En aquel tiempo, llegan la madre y los hermanos de Jesús, y quedándose fuera, le envían a llamar. Estaba mucha gente sentada a su alrededor. Le dicen: «¡Oye!, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan». Él les responde: «¿Quién es mi madre y mis hermanos?». Y mirando en torno a los que estaban sentados en corro, a su alrededor, dice: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».

Hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola

Estamos siempre metidos en muchos afanes. La cantidad de cosas que tenemos pendientes en un día muchas veces sobrepasan nuestras posibilidades de cumplirlas. La vida es un solo “corre corre”.

Los seres humanos necesitamos priorizar nuestro tiempo. Es importante saber que es lo más importante en el día para dedicarle a eso la mayor de las atenciones. ¿Cómo podemos definir esta importante decisión?

Marta y María nos invitan hoy a poner toda nuestra vida en el Señor. ¿Cuál es la “mejor parte” que eligió María? Poner toda nuestra vida en manos de Dios. La palabra y la oración son caminos que conducen a la Vida. Sólo una cosa es necesaria: amar a Dios con todo el corazón, el alma y las fuerzas y al prójimo como a nosotros mismo.

Queridos hermanos y hermanas. Seamos fieles a la llamada de Dios. El quiere lo mejor para nosotros. Dejemos nuestro enfoque en las preocupaciones de este mundo. Dios provee y dará a cada uno lo oportuno. Tú en cambio pon todo tu corazón en Él.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 10,38-42): En aquel tiempo, Jesús entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude». Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada».

Oír la palabra de Dios y ponerla en práctica

¿Acaso no es hacer la voluntad de Dios , profetizar en su nombre, expulsar demonios y hacer milagros? Sólo imagina que cuando vayas al cielo el Señor te diga: “lo que has hecho en favor de la Iglesia, dando catequesis, asistiendo a misa, colaborando en la Parroquia, ayudando con tu dinero a causas buenas, y otras cosas similares, no tienen valor para mí”

Es curioso que Jesús no niega el argumento de aquellos que han profetizado, expulsado demonios y han hecho milagros. Simplemente dice “no les conozco”. ¿Por qué Jesús dice “no les conozco”? Porque oyen la palabra de Dios y no la ponen en práctica.

Es decir, los más importante, “construir sobre roca”, la clave para entender que quiere decirnos Jesús está en saber cuál es la palabra de Dios y ponerla en práctica.

Ayer en la celebración de palabra de mi comunidad leíamos una lectura del Nuevo Testamento que decía: “amar al prójimo es cumplir la ley en plenitud”. Si quieres poner en práctica la PALABRA de Dios, AMA! Si quieres hacer su voluntad, AMA! Si quieres construir sobre roca, AMA!

Amar es cumplir la ley entera. Podemos hacer “cosas” externamente, e inclusive extraordinarias, pero nunca amar verdaderamente al destinatario de esas obras. Lo más importante no es la profecía en sí misma. El centro del quehacer cristiano es AMAR. Dice el himno a la caridad: “Aunque tuviera el donde de profecía, si no tengo amor… NADA!” Amar como Dios ama en hacer su voluntad. Amar dando la vida por los demás hasta el extremo de morir por ellos si es necesario, eso es hacer la voluntad de Dios.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 7,21-29): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’. Y entonces les declararé: ‘¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!’.

»Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina».

Y sucedió que, cuando acabó Jesús estos discursos, la gente quedaba asombrada de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus escribas.