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Lo que os mando es que os améis los unos a los otros

El que ama cumple la ley entera. Los mandamientos de Dios se resumen en la disponibilidad que tenemos de amar como Dios nos ama. ¿Y cómo nos ama Dios?

Dios ama dando la vida. Envía a la tierra a su hijo Jesucristo para que nuestra su verdadera naturaleza que es el amor en la dimensión de la Cruz. El que ama como Cristo le ama está dispuesto a perdonarlo todo, excusarlo todo, olvidarlo todo. Y cuando digo todo, hablo hasta de las más graves faltas.

Pidamos a Dios que nos de la gracia de amar como Él nos ama. Esa es la clave de la felicidad plena. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 15,12-17): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Éste es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros».

Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor

Somos invitados a permanecer en el amor de Dios. Son muchos los mandamientos del Señor. El mayor de todos ellos es el amor. Dios es amor y por tanto su naturaleza es amarnos hasta que nos lo creamos.

Es por eso que envió a Jesús a dar la vida por nosotros. El morir de Cristo es un morir al pecado. Amar es cumplir los mandamientos y por tanto iniciar una vida nueva.

El gozo del espíritu es el primer fruto del amor. Cuando perdonamos y olvidamos los daños que otros nos han hecho, dañamos nuestras heridas y podemos experimentar paz y gozo. Cumplamos los mandamientos de Dios y seamos siempre felices en el amor. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 15,9-11): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado».

Lo que os mando es que os améis los unos a los otros

El Amor es la columna del universo. Todo lo que existe fue creado por amor. Dios es amor y por tanto para descubrir su presencia debemo vivir en el amor.

El tema es que muchas veces se actúa contrario al amor. Hemos caído en el odio, rechazo, deseos de venganza, soberbia y demás pecados que nos hacen actuar de manera contraria al mandamiento de Dios.

Hoy estamos en una buena oportunidad para actuar según la voluntad de Dios. Amemos y dejemos que nos amen. Esa es la Gracia que Dios nos quiere dar hoy: el amor.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 15,9-17): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.

»Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado. Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

»No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros».

Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí

Muchas personas piensan que ser cristianos consiste en cumplir una serie de normas y preceptos. Es decir, que reducen la práctica cristiana a ir al templo, participar en la misa o cumplir con la ofrenda.

Ciertamente, todo ello es muy bueno y necesario, pero si lo vivimos de externa y sin vivirlas desde adentro, corremos el riesgo de que todo sea un cumplimento externo y que no toque el corazón.

La ley puede ser resumida, toda ella, en el precepto del amor. El amor cristiano mira lo primero el bien del prójimo. Lo excusa y perdona todo. Incluso, ama al enemigo. Si amamos de esa manera, como Cristo nos amó, entonces cumplimos la ley. Ánimo, sabemos que humanamente no podemos. Por eso podemos apoyarnos en Jesús y en su gracia cumplir los mandamientos de Dios.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 7,1-13): En aquel tiempo, se reunieron junto a Jesús los fariseos, así como algunos escribas venidos de Jerusalén. Y vieron que algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir no lavadas, -es que los fariseos y todos los judíos no comen sin haberse lavado las manos hasta el codo, aferrados a la tradición de los antiguos, y al volver de la plaza, si no se bañan, no comen; y hay otras muchas cosas que observan por tradición, como la purificación de copas, jarros y bandejas-.

Por ello, los fariseos y los escribas le preguntan: «¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras?». Él les dijo: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: ‘Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres’. Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres». Les decía también: «¡Qué bien violáis el mandamiento de Dios, para conservar vuestra tradición! Porque Moisés dijo: ‘Honra a tu padre y a tu madre y: el que maldiga a su padre o a su madre, sea castigado con la muerte’. Pero vosotros decís: ‘Si uno dice a su padre o a su madre: Lo que de mí podrías recibir como ayuda lo declaro “Korbán” -es decir: ofrenda-’, ya no le dejáis hacer nada por su padre y por su madre, anulando así la Palabra de Dios por vuestra tradición que os habéis transmitido; y hacéis muchas cosas semejantes a éstas».

¿Qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?

Estamos apegados a tantos bienes. Buscamos seguridad en el dinero, los afectos, el trabajo, la buena reputación y una cantidad grande de realidades buenas pero que nosotros, por nuestros pecados, hacemos uso desordenado de ellas.

Un joven pregunta qué tiene que hacer para tener vida eterna. Es decir, pregunta sobre la felicidad que solo puede dar Dios. La respuesta en clara y contundente. Se le invita a tener una relación con Dios en la libertad. Se le dice que no basta con cumplir externamente con una serie de ritos o devociones. Hace falta tener radicalidad evangélica. Se nos invita al amor a Dios con todo el corazón, la mente y las fuerzas. Es la misma invitación que nosotros tenemos.

¡Ánimo! Respondamos que si a Dios. Digámosles que si a la vida eterna que se le ofrece a todos aquellos que están dispuestos a renunciar a todos sus bienes para tener el gran buen!

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 19,16-22): En aquel tiempo, un joven se acercó a Jesús y le dijo: «Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?». Él le dijo: «¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos». «¿Cuáles?» —le dice él—. Y Jesús dijo: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo». Dícele el joven: «Todo eso lo he guardado; ¿qué más me falta?». Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme». Al oír estas palabras, el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.

¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?

Muchos eran los mandamientos a los que se sometía el pueblo de Israel. Ciertamente, algunos eran inventos de hombres. Es por eso que los expertos en la ley vivían indicando cuál podía ser el más importante. Cumplir la ley significaba estar en salvación. Era vital para aquellos que querían salvarse.

Jesucristo aclaró esta duda de muchas maneras. Siempre dijo que la mejor forma de cumplir todas las leyes y mandamientos era AMAR. Si desde lo profundo de nuestro corazón amamos a Dios, a nuestro prójimo y a nosotros mismos, seremos felices y por tanto, verdaderos hijos de Dios. El amor es la clave. El amor de Dios. Abre tu corazón. Siéntelo y recíbelo en tu corazón. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 12,28-34): En aquel tiempo, se llegó uno de los escribas y le preguntó: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?». Jesús le contestó: «El primero es: ‘Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No existe otro mandamiento mayor que estos».

Le dijo el escriba: «Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».

Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios». Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.

Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios

Estamos apegados a los bienes. Esa es la verdad. Si reconocemos nuestros pecados, debemos asegurar que uno de los principales es la idolatría. Lo único que conocemos es lo material. Por eso, es natural que nos pasemos la vida queriendo acumular riquezas. El dinero nos da estatus social y nos hace importantes ante los ojos de los demás. Queremos ser amados mediante la posesión de bienes que nos aseguren la felicidad aquí en la tierra.

Ante esta realidad Jesús da una palabra. Sabe muy bien que esto no es duradero. No es algo que podamos decir que es seguro. Todo pasa. Todo es precario. Todo es perecedero. El Señor nos invita a buscar la felicidad y la vida donde está.

A nosotros nos resulta difícil creer esto. Constantemente nos hacemos ídolos. Pero Dios hace posible lo que es imposible para nosotros.

¡Vendamos los bienes! Vivamos desprendidos de este mundo qué pasa. Nuestro destino final es el cielo. ¿Te has preparado para pasar de este mundo a la casa del Padre? ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 10,17-27): Un día que Jesús se ponía ya en camino, uno corrió a su encuentro y arrodillándose ante Él, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?». Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre». Él, entonces, le dijo: «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud». Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: «Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme». Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.

Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos: «¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!». Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: «¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios». Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros: «Y ¿quién se podrá salvar?». Jesús, mirándolos fijamente, dice: «Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios».

¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?

Me parece que casi todos los cristianos, y una gran cantidad de personas en el mundo, conocen las historia de los Diez Mandamientos. Esa historia de Dios grabando en tablas de piedra sus mandatos o enseñanzas, es conocida universalmente. Hay pinturas, esculturas y diversas formas de arte que representan la historia en la que Dios la ley a Moisés en el monte Sinaí. Dios les muestra a su pueblo el camino de la felicidad a través de palabras de vida. Les dice y nos dice que amar a Dios y amar al prójimo es el camino de la vida eterna. ¿Cuál es la paradoja de este regalo del Señor?

La verdad es que no hemos podido cumplir esta ley. Jesucristo ha mostrado la incapacidad que tenemos todos de amar al prójimo cómo Él nos ha amado. Dice que aquel que desee a la mujer de su hermano en el corazón ya ha cometido adulterio o si le ha dicho algo “descompuesto” ya le ha matado en el corazón… es como la ley de Moisés al cuadrado. ¡Tremendo!

La buena noticia en la Cuaresma es que sepamos que por esa razón que Jesús vino al mundo, para darnos las gracias necesarias para realizar su nueva ley en nuestra vida. Como dice San Pablo, ciertamente hacer el bien no está a nuestro alcance, pero con la gracia de Jesús si podemos hacerlo. ¡Ánimo! No te desanimes. Dios está con nosotros y nunca nos deja solos. Él siempre nos da la ayuda adecuada en el momento adecuado. Bendiciones,

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 12,28b-34): En aquel tiempo, uno de los maestros de la Ley se acercó a Jesús y le hizo esta pregunta: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?». Jesús le contestó: «El primero es: ‘Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No existe otro mandamiento mayor que éstos».

Le dijo el escriba: «Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios». Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios». Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.

Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él

La palabra de Dios puede habitar en nuestros corazones. ¿Cómo es posible? A través del Espíritu Santo. Es decir, que la esencia misma de Dios puede habitar en nuestro corazones y hacernos hijos de Dios.

Los mandamientos de Dios son palabras de vida. Escuchar la voz de Dios y hacer lo que los diga nos pone en el camino de la santidad y de la vida. No vamos a la Iglesia a sentirnos mejores que los demás. Vamos a la Iglesia porque necesitamos el alimento que da vida, su palabra, que cumplida en nosotros, nos convierte en verdaderos cristianos.

El Espíritu Santo es enviado por Dios para darnos a participar de su naturaleza. Necesitamos de la ayuda de nuestro Señor para poner en práctica su palabra. ¡No te desanimes! Dios nos da las fuerzas necesarias para cumplir su voluntad.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 14,21-26): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él». Le dice Judas, no el Iscariote: «Señor, ¿qué pasa para que te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?». Jesús le respondió: «Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado. Os he dicho estas cosas estando entre vosotros. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho».

Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?

La búsqueda incansable de la felicidad ha sido una constante en la vida de los seres humanos. Las filosofías, ideologías y religiones tienen eso en común. ¿Cual es el camino de la felicidad? Todos queremos una respuesta a esta interrogante fundamental.

Hoy en día hay una respuesta generalizada a la búsqueda de la felicidad. El mundo nos presenta que la riqueza y la fama son las claves para una vida plena y realizada. La publicidad, los libros y lo que nos dicen los líderes mundiales es que si tienes mucho dinero y gloria entonces serás feliz y admirado por todo el mundo.

La paradoja consiste en que por ejemplo muchos artistas tienen todo lo que uno podría desear pero aún así de drogan o suicidan, ¿cuál es la razón de este fenómeno? Pues que no solo de “pan vive el hombre”. Esto quiere decir que tenemos que saber que no solo de dinero o abundancia de bienes consiste la felicidad.

Busquemos la felicidad con trascendencia. Disfrutemos lo que tenemos y tengamos ambición sana. Que todo en esta vida pasa. Lo único que no pasa es el amor que podamos tener a nuestro a prójimo y a Dios.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 19,16-22): En aquel tiempo, un joven se acercó a Jesús y le dijo: «Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?». Él le dijo: «¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos». «¿Cuáles?» —le dice él—. Y Jesús dijo: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo». Dícele el joven: «Todo eso lo he guardado; ¿qué más me falta?». Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme». Al oír estas palabras, el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.