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Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor

Somos invitados a permanecer en el amor de Dios. Son muchos los mandamientos del Señor. El mayor de todos ellos es el amor. Dios es amor y por tanto su naturaleza es amarnos hasta que nos lo creamos.

Es por eso que envió a Jesús a dar la vida por nosotros. El morir de Cristo es un morir al pecado. Amar es cumplir los mandamientos y por tanto iniciar una vida nueva.

El gozo del espíritu es el primer fruto del amor. Cuando perdonamos y olvidamos los daños que otros nos han hecho, dañamos nuestras heridas y podemos experimentar paz y gozo. Cumplamos los mandamientos de Dios y seamos siempre felices en el amor. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 15,9-11): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado».

¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!

¡Feliz el que ha creido! Parece simple la expresión, pero así mismo es. El Señor nos ha regalado dicha porque hemos creido que lo prometido por Él en Jesucristo se cumplirá. ¿Cuáles son estas promesas?

Cuando el ángel se le aparece a Zacarías y luego a María, lo primero que dice es que aquello que ellos consideran imposible se podrá realizar. Eso es principio de dicha y felicidad en el Señor. ¿Cuántos imposibles tienes hoy?

La historia muchas veces se nos hace imposible de asumir. Son muchas las pruebas, sufrimientos y acontecimientos que nos hacen dudar e inclusive pedir explicaciones de Dios. Sin embargo, hoy el Señor nos invita a creer. ¡Dichoso el que cree! ¿En qué consiste esta creencia? Es que Dios da sentido a todo y su amor ilumina nuestras precariedades.

¡Ánimo! Que todos tengamos abundante luz en nuestras vidas y la confianza absoluta de que el Señor nos ama ciertamente.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 1,39-45): En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».

Proclama mi alma la grandeza del Señor 

¿Cuál es la grandeza de Dios? Que ama al pecador, al débil, al enemigo. Si mis queridos hermanos, Dios ha mostrado en Cristo su naturaleza divina qué consiste, como dice el evangelio, en hacer salir su sol sobre justos e injustos, sobre buenos y malos. ¡Oh admirable misterio! 

Maria, siendo su criatura, por misericordia del mismo Dios pasó a ser madre de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre. ¡Oh admirable misterio!

Pues esta virgen María, madre Jesús y madre nuestra, testigo de la crucifixión, siempre ha estado y está con su hijo, tanto en la muerte como en su resurrección. ¿Por qué no creer que el hijo quiera tener a su madre siempre cerca? ¡Oh admirable misterio!

Este misterio nos revela una gran verdad. El mismo Dios que ha hecho tantas maravillas en la siempre Virgen María, quiere también hacer lo mismo con cada uno de nosotros. ¡Oh admirable misterio! El misterio de nuestra salvación.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 1,39-56): En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».
Y dijo María: «Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos». María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.

Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo

Es posible que algunos días o momentos del día nos sintamos tristes o cansados del agobio del día a día. Estamos sometidos constantemente a las preocupaciones normales de la vida. ¿Cómo pagaré las deudas? ¿Cómo le daré mejores condiciones de vida a mi gente querida? ¿Por qué me pasan cosas que no me gustan o me hacen sufrir? En fin, una sería de temas que si no las aceptamos nos pueden hundir en la tristeza y angustia.

Es por eso que necesitamos la visita de Dios todos los días. Cuando el Señor se aparece a través de la oración, la liturgia o una palabra de algún profeta quedamos como llenos del Espíritu Santo. Es decir, el gozo y la alegría de sentirnos amados de Dios y experimentar que todo es bueno nos hace saltar de gozo y en entrar en la paz del Señor.

Abrir nuestro corazón a la visita de Dios es la clave de nuestro camino hacia la vida eterna ofrecida por Dios a través de la Iglesia. Este es el ejercicio espiritual diario que nos da el máximo bien: el Espíritu Santo.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 1,39-56): En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».

Y dijo María: «Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos». María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.

Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo

El gozo que nos promete el Señor es la promesa más grande que se nos puede hacer. Dios quiere que seamos felices y tengamos gozo en nuestro corazón. ¿Se puede ser feliz en este mundo?

Ciertamente no hay muchas alegrías en el mundo, en el sentido que no podemos esperar que las vanidades, cosas materiales y demás ídolos nos den la vida. Todas estas cosas pueden separarnos de Dios y su amor.

El gozo viene de Dios y se nos da mediante el Espíritu Santo. Podemos experimentar esto desde ahora y alcanzar la plenitud en el cielo. Pongamos nuestro corazón en las cosas del cielo y nuestra vida transcurrirá de gozo en gozo. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 16,20-23a): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar. Aquel día no me preguntaréis nada».

Vuestra tristeza se convertirá en gozo

A veces amanecemos tristes y cansados de tantas cosas que nos son adversas y contrarias. La vida se nos hace pesada. Nos suceden acontecimientos que no aceptamos y entendemos. ¿Qué nos dice el Señor al respecto? “Vuestra tristeza se convertirá en gozo”.

¡Animo! Si estás triste o cansado el Señor te dice hoy que el volverá siempre a tu vida todos los días. Él se va a hacer presente hoy y siempre. Dios nos tiene preparado un futuro mejor.

El requisito para pasar de la tristeza a la alegría hoy es abrir tu corazón al Señor. ¡Ánimo! Él te ama.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 16,20-23a): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar. Aquel día no me preguntaréis nada».