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Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy

Jesú es el mesías y el salvador. Ha sido enviado por su Padre Dios a liberar a todos los cautivos de sus cadenas. Es una obra de salvación universal. Es la fuerza del Espíritu Santo actuando con potencia en nuestras vidas. ¿Cómo este proyecto salvifico se puede realizar en nosotros?

Las personas que escuchaban a Jesús tenían dos opciones: le escuchaban o le rechazaban. Los que escuchaban con buen ánimo y rectitud de intención participaban del mensaje que Él predicaba por todas partes. Los que oían lo que decís y lo rechazaban se excluían así mismos de las maravillas de la salvación que venía con el Señor.

Podemos escuchar la voz de Dios todos los días. En los acontecimientos diarios. En la palabra de un hermano que te corrige. En un hecho que parece permitido por Dios. En fin, es fundamental escuchar verdaderamente a Jesús que todavía hoy predica de diversas maneras y espera un corazón dispuesto a hacer su voluntad. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 4,14-22): En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea por la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la región. Él iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos.

Vino a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor».

Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en Él. Comenzó, pues, a decirles: «Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy». Y todos daban testimonio de Él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca.

Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido

¿Para que ha venido Jesús a la tierra? ¿Por qué se ha encarnado, muerto y resucitado? Para que también nosotros podamos resucitar con Él.

Cuando el Señor pasa por la vida de una persona, “le cura la fiebre”. Esto quiere decir que le libera de las ataduras que le impiden amar y servir. El Señor ha venido a salvar y curar. Y esto es anunciado a todos los hombres y mujeres del mundo. ¡Tú también eres parte de este misterio de salvación! ¡Alégrate! ¡Dios te ama!

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 1,29-39): En aquel tiempo, Jesús, saliendo de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.

Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían.

De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración. Simón y sus compañeros fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: «Todos te buscan». El les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido». Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.

¡CRISTO HA RESUCITADO!

Somos testigos. La tumba está vacía. Cristo, nuestro Señor, HA RESUCITADO! Es el grito de la Iglesia hoy y también es nuestra experiencia.

La buena noticia es que la muerte ha sido vencida. Lo que los cristianos celebramos no es solamente un hecho del pasado. Hoy también podemos ser como aquellas mujeres que fueron testigos oculares del gran acontecimiento. La muerte no pudo retener a la vida y de esa victoria de Jesús participamos hoy.

Estemos alegres. Participemos con alegría de esa victoria que nos regala Jesús. No más lutos ni llantos ni pesares. ¡Resucitó!

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 28,8-15): En aquel tiempo, las mujeres partieron a toda prisa del sepulcro, con miedo y gran gozo, y corrieron a dar la noticia a sus discípulos. En esto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «¡Dios os guarde!». Y ellas se acercaron a Él, y abrazándole sus pies, le adoraron. Entonces les dice Jesús: «No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán». 
Mientras ellas iban, algunos de la guardia fueron a la ciudad a contar a los sumos sacerdotes todo lo que había pasado. Estos, reunidos con los ancianos, celebraron consejo y dieron una buena suma de dinero a los soldados, advirtiéndoles: «Decid: ‘Sus discípulos vinieron de noche y le robaron mientras nosotros dormíamos’. Y si la cosa llega a oídos del procurador, nosotros le convenceremos y os evitaremos complicaciones». Ellos tomaron el dinero y procedieron según las instrucciones recibidas. Y se corrió esa versión entre los judíos, hasta el día de hoy.

Una gran muchedumbre, al oír lo que hacía, acudió a Él

Los seres humanos somo frágiles. Tenemos todos heridas físicas pero también espirituales. Lo que algunos llaman heridas en el alma. Necesitamos consuelo y paz. Jesús nos ofrece todo eso. 

Desde los inicios de la acción liberadora de Jesús, las personas le siguieron en gran cantidad. ¿Por qué sucedía esto? Pues porque Jesús atendía sus necesidades, curaba sus heridas, sanaba sus dolencias. En definitiva, les mostraba la acción concreta del amor de Dios.

Nosotros también podemos decir que en algún momento Jesús hizo los mismo. Nos amó y nos curó. ¿Puedes dar testimonio de eso? Si es así, bendito sea el Señor. 

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 3,7-12): En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos hacia el mar, y le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, de los alrededores de Tiro y Sidón, una gran muchedumbre, al oír lo que hacía, acudió a Él. Entonces, a causa de la multitud, dijo a sus discípulos que le prepararan una pequeña barca, para que no le aplastaran. Pues curó a muchos, de suerte que cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarle. Y los espíritus inmundos, al verle, se arrojaban a sus pies y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero Él les mandaba enérgicamente que no le descubrieran.

ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación

Durante mucho tiempo se creyó que el envío a la misión o predicación correspondía solamente a un tipo específico de religiosos o personas consagradas para tale fines.

Si reflexionamos en el evangelio respecto a este tema nos damos cuenta que el mismo Jesús los envió a todos y todas a la misión. Eso quiere decir que por el hecho de ser sus discípulos todos eran partícipes de este envío que hacía. Ciertamente hay siempre en la comunidad cristiana algunos que hacen visible este carácter profético del bautismo. Son aquellos que se dedican a tiempo completo a la misión. Sin embargo, esto no quita que estemos todos llamados a ser testigos del amor de Dios.

En tiempo de Pascua es fundamental que podamos, con nuestras palabras y obras, anunciar el amor de Dios a todos los que nos rodean. ¡Ánimo!

Leer:

Mc 16,15-20: Proclamad el Evangelio a toda la creación.
En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: 
«ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos.»
Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban

No temáis

La crucifixión y muerte de Jesús había sido un trauma para los discípulos. Estaban todos muertos de miedo. A pesar de esta situación de confusión y temor, las mujeres fueron al sepulcro muy temprano del primer día de la semana, demostrando así lo mucho que le querían y se encuentran con la más grande sorpresa de la historia: ¡Jesús está vivo! ¡Ha resucitado!

Es importante contemplar hoy que el Señor Jesús convierte sus temores en paz. Al resucitar comunica un espíritu de paz y calma a los testigos de su resurrección. Hoy nos quiere hacer experimentar lo mismo.

¿A qué temes hoy? ¿Tienes alguna duda hoy todavía de que Jesús no pueda ayudarte en tus problemas concretos? ¡Ánimo! ¡No temáis! El Señor lo hará. Ten Fe. ¡No dudes más!

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 28,8-15): En aquel tiempo, las mujeres partieron a toda prisa del sepulcro, con miedo y gran gozo, y corrieron a dar la noticia a sus discípulos. En esto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «¡Dios os guarde!». Y ellas se acercaron a Él, y abrazándole sus pies, le adoraron. Entonces les dice Jesús: «No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán». 
Mientras ellas iban, algunos de la guardia fueron a la ciudad a contar a los sumos sacerdotes todo lo que había pasado. Estos, reunidos con los ancianos, celebraron consejo y dieron una buena suma de dinero a los soldados, advirtiéndoles: «Decid: ‘Sus discípulos vinieron de noche y le robaron mientras nosotros dormíamos’. Y si la cosa llega a oídos del procurador, nosotros le convenceremos y os evitaremos complicaciones». Ellos tomaron el dinero y procedieron según las instrucciones recibidas. Y se corrió esa versión entre los judíos, hasta el día de hoy.