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Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios

Para anunciar el reino de los Cielos es necesario que asumamos una posición de radicalizado. Esto quiere decir que la misión a la que Dios nos llama implica renunciar a cualquier comodidad y priorizar dicha misión por encima de todos nuestros proyectos.

Todos los cristianos somos misioneros. Por ser bautizados estamos enviados en misión y constituidos profetas de este tiempo. Estamos llamados a ser testigos del amor de Dios en todos los ambientes donde estemos. La experiencia de encuentro con el Señor nos llama a la misión. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 9,57-62): En aquel tiempo, mientras iban caminando, uno le dijo: «Te seguiré adondequiera que vayas». Jesús le dijo: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». A otro dijo: «Sígueme». El respondió: «Déjame ir primero a enterrar a mi padre». Le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios». También otro le dijo: «Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa». Le dijo Jesús: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios».

Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos

La palabra de Dios está llena de símbolos y signos. El Señor Jesús utiliza siempre un lenguaje sencillo para poner hacer entender su mensaje. Por ejemplo, la figura de una boda nos hace entender mejor el reino de los Cielos al que estamos invitados.

La boda es símbolo de la nueva vida a la que Cristo nos llama, pero que muchas veces despreciamos ocupándonos en las cosas de este mundo. En muchas ocasiones no valoramos la importancia que tiene la invitación que nos hace Dios.

¡Ánimo! Vistámonos con el traje de bodas. Renunciemos a nuestras preocupaciones terrenales. Ha llegado el momento de cambiar para mejor. ¡Dios nos ama!

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 22,1-14): En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a los grandes sacerdotes y a los notables del pueblo: «El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía a otros siervos, con este encargo: ‘Decid a los invitados: Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda’. Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad.

»Entonces dice a sus siervos: ‘La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda’. Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales. Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?’. Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: ‘Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos».

Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas

Las parábolas eran la forma sencilla y hermosa que utilizaba Jesús para enseñar y comunicar las maravillas de Dios. El Señor utilizaba un lenguaje cercano para hablar a los pequeños y humildes. Sus palabras, llenas de sabiduría, siempre producían frutos en aquellos que le escuchaban con rectitud de intención.

Su anuncio del Reino de los Cielos se hacía presente, justamente, mediante una presencia sencilla pero potente. Nuestro Señor inauguraba con su presencia en la tierra una nueva etapa. Dios se ha hecho cercano a través de Jesucristo.

Escuchemos la voz de Dios que hoy y siempre quiere hablarnos. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 4,26-34): En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: «El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega».

Decía también: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra». Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle; no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado.

Yo os aseguro que se perdonará todo a los hijos de los hombres

El perdón ofrecido por Dios en Jesucristo es universal. Todos nuestros pegados son perdonados en la cruz de Cristo. Su sangre ha sido derramada para que podamos alcanzar la salvación. Si es tan grande la misericordia de Dios, ¿Por qué algunos quedan fuera de su gracia? Porque se cierran a este regalo divino.

Dios ha venido a salvar a todos los hombres y mujeres de todos los tiempos. Su amor tiene como destinatarios a todos aquellos que quieren aceptar a Jesús en su vida. La única forma de que esté regalo no sea recibido es cuando nos cerramos conscientemente a la gracia divina.

Hoy, al comienzo de la semana, se nos invita a acoger con alegria y sinceridad el Amor de Dios en nuestras vidas. Que nada ni nadie nos aleje de Dios y su amor.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 3,22-30): En aquel tiempo, los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Está poseído por Beelzebul» y «por el príncipe de los demonios expulsa los demonios». Entonces Jesús, llamándoles junto a sí, les decía en parábolas: «¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir. Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá subsistir. Y si Satanás se ha alzado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, pues ha llegado su fin. Pero nadie puede entrar en la casa del fuerte y saquear su ajuar, si no ata primero al fuerte; entonces podrá saquear su casa. Yo os aseguro que se perdonará todo a los hijos de los hombres, los pecados y las blasfemias, por muchas que éstas sean. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca, antes bien, será reo de pecado eterno». Es que decían: «Está poseído por un espíritu inmundo».

¡Dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios!

En varias ocasiones Jesús utilizó la figura del banquete para explicar en qué consiste el reino de los Cielos. Es hermoso imaginar la realización del reino de Dios como una fiesta. ¿Todos los que somos invitados a participar de ella valoramos igual el significado de dicho encuentro?

Muchos de nosotros sabemos dar muy buenas excusas para faltar a la iglesia, no poner en práctica su palabra o simplemente no incluir a Dios en las decisiones importantes de nuestra vida. Nunca tenemos tiempo, estamos muy ocupados o tenemos tareas mucho más importantes que hacer las tareas de Dios.

El Señor nos invita a ponerle por encima de todas nuestras prioridades. ¡Somos invitados a una fiesta! ¿Cómo puedes perdértela? El reino de los Cielos es para tí. No te lo pierdas.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 14,15-24): En aquel tiempo, dijo a Jesús uno de los que comían a la mesa: «¡Dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios!». Él le respondió: «Un hombre dio una gran cena y convidó a muchos; a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los invitados: ‘Venid, que ya está todo preparado’. Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo: ‘He comprado un campo y tengo que ir a verlo; te ruego me dispenses’. Y otro dijo: ‘He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego me dispenses’. Otro dijo: ‘Me he casado, y por eso no puedo ir’.

»Regresó el siervo y se lo contó a su señor. Entonces, airado el dueño de la casa, dijo a su siervo: ‘Sal en seguida a las plazas y calles de la ciudad, y haz entrar aquí a los pobres y lisiados, y ciegos y cojos’. Dijo el siervo: ‘Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía hay sitio’. Dijo el señor al siervo: ‘Sal a los caminos y cercas, y obliga a entrar hasta que se llene mi casa’. Porque os digo que ninguno de aquellos invitados probará mi cena».

Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso

¿Crees en el paraíso? ¿De verdad piensas que si te portas mal iras al infierno? Son preguntas que debe responder con toda sinceridad.

La raíz de muchos pecado, para no decir todos, es pensar que nunca vamos a morir y rendir cuentas ante Dios. Con sinceridad debemos reconocer que muchas veces vivimos sin pensar en el paraíso o la vida futura. La gran verdad de esta existencia es que todos vamos a morir. Si mis queridos amigos y amigas, hermanos y hermanas. ¡Todos nos vamos a morir! Entonces, ¿En qué y cómo vas a invertir el tiempo que Dios te ha regalado en este mundo?

Todos tenemos familiares que nos preceden en la casa del Padre, en el cielo. Pidamos su intercesión para que sepamos vivir según Dios para poder morir en paz y experimentar las alegrías de la vida futura. ¡Amén!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 23,33.39-43): Cuando los soldados llegaron al lugar llamado Calvario, crucificaron allí a Jesús y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Uno de los malhechores colgados le insultaba: «¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!». Pero el otro le respondió diciendo: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino». Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso».

Si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos

¿Qué significa hacerse pequeño? Es una de las llamadas más importantes de Jesús. Él nos dio su ejemplo para poder en práctica esa palabra.

Jesucristo, siendo Dios, no retuvo ávidamente su dignidad, sino que renunciando a su condición divina se hizo “pequeño”… se humilló así mismo. Es el camino que nos muestra Jesús. Es el camino que conduce a la cruz.

Los pequeños confían plenamente en su Dios padre. Reconocen que Él lo ha hecho todo bien. Nunca dudan de su amor. Al ser pequeños no tiene más pretensiones que ser como su padre. Imitarle en todo. Ser pequeño implica reconocer que Dios es amor. Ser pequeño es estar siempre dispuestos a evangelizar.

¡Ánimo! Pidamos a Dios que nos haga pequeños, humildes y evangelizadores valientes que puedan anunciar la buena noticia siempre apoyados en Él.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 18,1-5.10.12-14): En una ocasión, los discípulos preguntaron a Jesús: «¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?». Él llamó a un niño, le puso en medio de ellos y dijo: «Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe. Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos. ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada? Y si llega a encontrarla, os digo de verdad que tiene más alegría por ella que por las noventa y nueve no descarriadas. De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños».

Vende todo lo que tiene y compra el campo aquel

El encuentro personal con Jesús, vivo y presente en nuestras vidas, es lo más importante que le puede pasar a un ser humano. Al punto que para aquellos que lo experimentan cambian radicalmente la vida.

En el evangelio leemos en diversos pasajes como las personas están dispuestas a venderlo todo por amor a Cristo. Esto significa la trascendencia de conocer a Dios y experimentar su amor. No hay nada que supere esa realidad.

Pidamos al Señor que podamos participar de su Reino. Que podamos vivir, desde ya, la vida eterna aquí en la tierra.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 13,44-46): En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: «El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.

»También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra».

No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos

Para saber en qué cree una persona, basta con mirar sus obras. Muchas veces las personas decimos cosas que no son acompañadas con los hechos. Nos falta integridad. Nos falta que la mente, el corazón y las acciones estén en comunión.

Los cristianos tenemos el peligro de caer en estas actitudes farisaicas. Podemos estar cumpliendo sacramentos y no tener el más mínimo amor hacia los demás. Debemos reconocer, yo el primero, que muchas veces hablamos muy bonito pero accionamos muy feo.

Ante esta realidad, Jesús nos invita a convertirnos. Nos llama a poner en práctica el evangelio. Las obras, muchas veces, son más importantes que las palabras. Pidamos la gracia a Dios para tener la gracia de cumplir su voluntad. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 7,21-29): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’. Y entonces les declararé: ‘¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!’.

»Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina».

Y sucedió que, cuando acabó Jesús estos discursos, la gente quedaba asombrada de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus escribas.

Pero muchos primeros serán últimos y los últimos, primeros

Los primeros en el Rieno de los cielos son aquellos que lo han dejado todo por amor a Cristo. Ellos son los qué haciendo la voluntad de Dios ponen su vida al servicio de la causa divina. ¿Quienes están invitados a dejar todo para ponerse al servicio de la misión? Todos.

El hecho de ser cristianos nos da el carácter de enviados. El bautismo nos envía al mundo a ser sal, luz y fermento de la tierra. El mundo necesita de nuestro servicio. Estamos llamados a dar por el Señor todos los bienes de la tierra.

¿Estás dispuesto? No te preocupes, todo aquel que trabaja para el Señor recibirá siempre el ciento por uno. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 10,28-31): En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». Jesús dijo: «Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora en el presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y los últimos, primeros».