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El que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor

En tiempos electorales se hace más importante el llamado al servicio que los hace Jesús. Las aspiraciones a puestos de poder siempre han existido en el corazón de los seres humanos en todos los tiempos. ¿Qué nos dice Jesús al respecto?

El Señor muestra con hechos lo que quiere de nosotros. Dice que para debemos buscar los últimos puesto para servir mejor. Que la vocación de poder implica sufrir para la salvación de todos. El mundo necesita de hombres y mujeres que den la vida por los demás.

El liderazgo no es para satisfacer proyectos o ambiciones personales. Jesús mostró con sus acciones que significa ocupar “el primer lugar”.

¡Ánimo! Aquellos que hemos sido llamados a puestos de Vida Pública debemos entender que somos simples servidores llamados a dar la vida por los demás.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 20,17-28): En aquel tiempo, cuando Jesús iba subiendo a Jerusalén, tomó aparte a los Doce, y les dijo por el camino: «Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles, para burlarse de Él, azotarle y crucificarle, y al tercer día resucitará».

Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo. Él le dijo: «¿Qué quieres?». Dícele ella: «Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino». Replicó Jesús: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?». Dícenle: «Sí, podemos». Díceles: «Mi copa, sí la beberéis; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre».

Al oír esto los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos. Mas Jesús los llamó y dijo: «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos».

El más pequeño de entre vosotros, ése es mayor

Es una tendencia en el ser humano buscar siempre los primeros puestos. Hay personas que son capaces de hacer lo que sea con tal de alcanzar la meta de ser el primero. Se busca dinero y poder para alcanzar esa primacía sobre los demás. ¿Qué dice Jesús?

En el cristianismo encontramos una invitación formal para combatir esa tendencia. Es decir, somos invitados a buscar lugares de servicio más que de poder. El último lugar, ser pequeños o servidores, es el espacio donde los cristianos pueden mostrar la verdadera naturaleza de Dios.

Busquemos ser servidores en todo: en el matrimonio, en la familia, el trabajo y demás lugares donde Dkos nos ha llamado a mostrar su amor.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 9,46-50): En aquel tiempo, se suscitó una discusión entre los discípulos sobre quién de ellos sería el mayor. Conociendo Jesús lo que pensaban en su corazón, tomó a un niño, le puso a su lado, y les dijo: «El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, recibe a Aquel que me ha enviado; pues el más pequeño de entre vosotros, ése es mayor».

Tomando Juan la palabra, dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo, porque no viene con nosotros». Pero Jesús le dijo: «No se lo impidáis, pues el que no está contra vosotros, está por vosotros».

Os digo que ni en Israel he encontrado una fe tan grande

Una de los hechos que llamaban más la atención de Jesús era su capacidad de obrar milagros. Su fama había recorrido todas las aldeas y pueblos por muchas cosas realizadas por Él y entre ellas se destacaba su capacidad de sanar.

Un hombre de Roma, centurión y con siervos a su cargo, quiere un favor de aquel famoso de Israel. Se agencia el apoyo de los ancianos para obtener dicho favor: “que sane su siervo”.

Ciertamente los exégetas o expertos de las escrituras tiene muchas interpretaciones de este relato pero quiérenos señalar uno muy particular. Al igual que el Centurión, muchas veces nosotros tenemos el “siervo” enfermo. Esto quiere decir que en algunos momentos no queremos servir, ayudar, trabajar o colaborar con los demás o con Dios. 

En una sociedad llena de egoísmos y falta de cooperación, nuestro “siervo interior” está a punto de morir por una enfermedad muy concreta: pereza, burguesía y egoísmos. En definitiva, el amor se disminuye en nuestro corazón y por eso nos cuesta servir a los demás.

La buena noticia es que hoy el Señor tiene el poder de sanar nuestras heridas y curar nuestro “siervo”. El tiene el poder, si realmente los queremos, de sacarnos de nuestros egoísmos y hacer que nos pongamos al servicio de los demás. Pidamos al Señor está gracia especial. Él nos quiere conceder este don.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 7,1-10): En aquel tiempo, cuando Jesús hubo acabado de dirigir todas estas palabras al pueblo, entró en Cafarnaúm. Se encontraba mal y a punto de morir un siervo de un centurión, muy querido de éste. Habiendo oído hablar de Jesús, envió donde Él unos ancianos de los judíos, para rogarle que viniera y salvara a su siervo. Éstos, llegando donde Jesús, le suplicaban insistentemente diciendo: «Merece que se lo concedas, porque ama a nuestro pueblo, y él mismo nos ha edificado la sinagoga». 

Jesús iba con ellos y, estando ya no lejos de la casa, envió el centurión a unos amigos a decirle: «Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres bajo mi techo, por eso ni siquiera me consideré digno de salir a tu encuentro. Mándalo de palabra, y quede sano mi criado. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: ‘Vete’, y va; y a otro: ‘Ven’, y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto’, y lo hace». 

Al oír esto Jesús, quedó admirado de él, y volviéndose dijo a la muchedumbre que le seguía: «Os digo que ni en Israel he encontrado una fe tan grande». Cuando los enviados volvieron a la casa, hallaron al siervo sano.

Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos

El servicio es una esencia una fundamental del cristianismo. En mundo donde todos buscan ser los primeros y gobernar a los demás con poder y dominio absoluto el Señor nos presenta un camino distinto.

La aspiración de todo cristiano debe ser servir hasta dar la vida por los demás. Jesús siempre puso ejemplo en este sentido. Acojamos también con alegría al que viene a hacernos el más grande de todos los servicios: anunciarnos el amor de Dios.

Hermanos y hermanas, seamos servidores todos. Que el espíritu de servicio la gente reconozca que somos de Dios.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 9,30-37): En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos iban caminando por Galilea, pero Él no quería que se supiera. Iba enseñando a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres; le matarán y a los tres días de haber muerto resucitará». Pero ellos no entendían lo que les decía y temían preguntarle. 
Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntaba: «¿De qué discutíais por el camino?». Ellos callaron, pues por el camino habían discutido entre sí quién era el mayor. Entonces se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: «Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos». Y tomando un niño, le puso en medio de ellos, le estrechó entre sus brazos y les dijo: «El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, no me recibe a mí sino a Aquel que me ha enviado».

Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer

Muchas veces al leer algunos pasajes de la Biblia nos escandalizamos. Su lenguaje parece fuera de actualidad. Nos escandalizamos de algunas cosas y es por eso que tenemos siempre la tentación suavizar su contenido.

Por ejemplo, con respecto al tema del servicio nos damos cuenta de la radicalidad positiva del evangelio. Servir es la base de las relaciones humanas según el cristianismo. Es el servicio la forma más pura del amor. Si amamos a alguien lo primero que debemos hacer es servirle.

Jesús dio ejemplo de servicio. Él, siendo hijo de Dios, amó a todos hasta el extremo. No solo muriendo por nuestro pecados. Jesucristo ha servido a todos los hombres y mujeres representados en sus apóstoles y los hombres y mujeres de su tiempo.

Amemos a todos a través del servicio. Eso es lo que le toca o es propio del cristiano. Hoy tengamos la disposición de servir a todos y todas. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 17,7-10): En aquel tiempo, el Señor dijo: «¿Quién de vosotros tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: ‘Pasa al momento y ponte a la mesa?’. ¿No le dirá más bien: ‘Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme hasta que haya comido y bebido, y después comerás y beberás tú?’. ¿Acaso tiene que agradecer al siervo porque hizo lo que le fue mandado? De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado, decid: ‘Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer’».

Levantándose al punto, se puso a servirles

Una de las características de la obra de Jesús en la tierra fueron sus milagros. Pasaba de pueblo en pueblo sanando y expulsando demonios de las personas aquejadas de dichos males. Jesús vino a salvar y liberar al ser humano de todas sus dolencias.

La enfermedad física puede utilizarse como símbolo de algo mucho más profundo. El que está enfermo no puede operar bien. Se ve limitado de muchas maneras. No puede trabajar o desempeñar regularmente sus tareas diarias. 

Muchas veces nos encontramos aquejados de males “del alma”. Tenemos rechazos, odios, rencores, pereza, ira, entre otros males que paralizan nuestra capacidad de amar o servir.

La buena noticia es que Jesús tiene el poder de sanarnos de todas esas cosas que nos impiden ser felices. ¿Hoy te sientes sin ganas de nada? Tranquilo, órale al Señor que el te sanará.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 4,38-44): En aquel tiempo, saliendo de la sinagoga, Jesús entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre, y le rogaron por ella. Inclinándose sobre ella, conminó a la fiebre, y la fiebre la dejó; ella, levantándose al punto, se puso a servirles. A la puesta del sol, todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias se los llevaban; y, poniendo Él las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero Él, conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que él era el Cristo. 
Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar solitario. La gente le andaba buscando y, llegando donde Él, trataban de retenerle para que no les dejara. Pero Él les dijo: «También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado». E iba predicando por las sinagogas de Judea.

La fiebre la dejó y ella se puso a servirles

La enfermedad y dolencia es parte de la vida diaria. Todos tenemos un conocido o ser querido que ha tenido o padece alguna afección de salud. Nosotros enfermamos y sanamos varias veces a lo largo de nuestra existencia en esta tierra.

La fiebre es muy común. Todos hemos la hemos tenido en algún momento. El evangelio lleva esto a otro nivel. Las dolencias del evangelio son signo de algo mucho más profundo.

Simón Pedro tenía la suegra con fiebre. Contrario a lo que muchos quisieran, Pedro se preocupó e hizo posible que Jesús solucionara el tema. Es interesante que se dice “y ella se puso a servirle”.

Muchos tenemos “fiebre espiritual”. Esto quiere decir que tenemos en el alma como un impedimento para servir a los demás. Estamos viviendo para nosotros mismo y nuestros temas. No pensamos en los que necesitan de nuestra ayuda en el trabajo, iglesia, familia o sector donde vivimos. Decimos “no tengo tiempo” o “que cada quien se encargue de su tema”. Con estas excusas nos cerramos al servicio.

Amar es servir y todo lo que impide que practiquemos esta forma de amar es una “enfermedad” que solo Jesús puede sanar. Pidamos al Señor que nos conceda servir amando y amar el servicio. Ese es el verdadero camino cristiano.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 1,29-39): En aquel tiempo, Jesús, saliendo de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.

Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían.

De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración. Simón y sus compañeros fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: «Todos te buscan». El les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido». Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.