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Llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra

En la Iglesia Católica estamos por iniciar un tiempo litúrgico importante llamado Adviento. Ya las lecturas hacen referencia al tema central de este tiempo preparatorio a la navidad. Adviento hace hincapié en algo fundamental en el cristiano: TODO PASA.

Las cosas presentes, con sus virtudes y vicios, son pasajeras. Llegará el día en que el Señor venga y nos lleve con Él.

Esto debe ser una actitud cristiana fundamental. Esperar la 2da venida del Señor es un rasgo clave en el cristianismo.

¿Cómo vives en este mundo? Aferrado a las cosas materiales como si nunca fueran a terminar, como si nunca fueras a morir. Esto, mis hermanos, nos es cristiano. No hay mayor libertad que aquella que da estar desprendido de todo lo material con el corazón puesto en las cosas del cielo. Eso nos ha enseñado Jesús a través de su Iglesia. Seamos fieles a este llamado.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 21,5-11): En aquel tiempo, como dijeran algunos acerca del Templo que estaba adornado de bellas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: «Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida».

Le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?». Él dijo: «Estad alerta, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: ‘Yo soy’ y ‘el tiempo está cerca’. No les sigáis. Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato». Entonces les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo».

Ha echado de lo que necesitaba

Es famosa la frase de la Madre Teresa de Calcuta diciendo: “debemos dar hasta que nos duela”. De una forma sencilla, actual y ejemplificadora nos despierta la conciencia sobre un aspecto fundamentalmente cristiano que es la solidaridad y nuestra relación con el dinero.

En el evangelio hay unos ricos que dan en “cantidad” más de lo que da una viuda. Esta viuda sólo da unas monedas. Ella da más en “calidad”. ¿Por qué? Porque para Dios lo más importante es que puedas darle TODO.

Este “TODO” evangélico es muy importante. Significa que estamos muy “agarrados” de las cosas materiales y esto nos impide poner nuestro corazón en las cosas espirituales.

Dios nos invita al desprendimiento y a darle TODO lo que “supuestamente” necesitamos para vivir. Sólo una cosa es importante para VIVIR, y esto es ¡DIOS! Hagamos hoy, por favor, realidad este evangelio.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 21,1-4): En aquel tiempo, alzando la mirada, Jesús vio a unos ricos que echaban sus donativos en el arca del Tesoro; vio también a una viuda pobre que echaba allí dos moneditas, y dijo: «De verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos. Porque todos éstos han echado como donativo de lo que les sobraba, ésta en cambio ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir».

Mi casa será casa de oración

¿Por qué buscaban matar a Jesús? Parecería que era una cuestión doctrinal o una diferencias meramente teológicas. Tiene algo de “eso” pero no tanto.

Jesús rompe esquemas. Va contra corriente. Es un líder revolucionario. Alguien que con sus palabras y obras denuncia lo que no va bien e invita a enmendar la vida.

El templo es símbolo de poder. Es el centro político y religioso de Israel. Representa el “stablishment” judío. Precisamente ahí es donde Jesús predica el amor al enemigo, la adoración solamente a Dios y el anuncio de que el reino de Dios es para todos! no sólo para unos pocos privilegiados.

La buena noticia es que Jesús se interesa por la oración. A Él no le importa lo externo. Lo material debe ser simplemente un medio para alcanzar un vida interior mucho más cercana a Dios.

En este día Dios quiere convertir tu vida en “casa de oración”. Quiere que crezcamos interiormente. Que seamos felices por dentro para proyectar por fuera la bondad de Dios. Quiere que nuestros “bandidos interiores” sean eliminados. Seamos HOY casa de Oración de Dios.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 19,45-48): En aquel tiempo, entrando Jesús en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían, diciéndoles: «Está escrito: ‘Mi casa será casa de oración’. ¡Pero vosotros la habéis hecho una cueva de bandidos!». Enseñaba todos los días en el Templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y también los notables del pueblo buscaban matarle, pero no encontraban qué podrían hacer, porque todo el pueblo le oía pendiente de sus labios.

¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz!

Las malas noticias nunca serán bien recibidas. Nos mete en depresión contemplar el futuro de forma incierta. Al portador de mensajes catastróficos se le rechaza. Jesús en algunas ocasiones asumió ese rol.

Para el Señor lo más importante no es que Jerusalén se hunda y quede desolada. Su mensaje es de paz, amor y salvación. ¿Por qué habla “tan duro” en algunas ocasiones? Porque como un padre corrige a su hijo así Dios nos recuerda que vamos por mal camino y las consecuencias devastadoras de nuestros actos.

Jerusalén es la “ciudad preferida de Dios”. Tú, al igual que Jerusalén, es ¡su hijo predilecto! ¿Cómo no indicarte el final que puedes tener si HOY no te conviertes a Él. Cambiar de vida es descubrir su amor y vivir en consecuencia. Una persona que haya hecho encuentro personal con el Señor jamás vuelve hacer igual. Su amor transforma, cura y salva.

Te invito hermano y hermana a que HOY puedas ser la diferencia. Eres “Jerusalén”, actúa como tal. Si ella es la llamada “ciudad tres veces santa” que tu también lo seas.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 19,41-44): En aquel tiempo, Jesús, al acercarse a Jerusalén y ver la ciudad, lloró por ella, diciendo: «¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, en que tus enemigos te rodearán de empalizadas, te cercarán y te apretarán por todas partes, y te estrellarán contra el suelo a ti y a tus hijos que estén dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de tu visita».

Negociad hasta que vuelva

Las parábolas de las escrituras se nos presentan muchas veces como enigmáticas. En algunas ocasiones se presenta a Dios como un ser lleno bondad y en otras como severo y vengativo.

Jesús dice que el Reino de los Cielos es como un noble que marcha y le entrega una “minas” a siervos para que la pongan a “producir”. Parece que dicho noble no era muy querido entre su pueblo. La realidad es que dos de tres pusieron a producir sus minas. Sólo uno no lo hizo. ¿Cuál es la enseñanza?

Las “minas” son símbolo de lo que Dios nos ha dado, y ¿cuál es el bien más importante que el Señor no has dado? ¡Al mismísimo Jesucristo! Y ¿cómo se pone uno a negociar con esa “mina”? Perdonando, excusando, sirviendo; en definitivamente, ¡amando! Estos frutos del espíritu son los frutos de estas “negociaciones con las minas”. Hemos recibido amor, devolvemos amor. El gran amor, que es Jesús, produce mucho más amor. Es el “negocio del siglo”.

Hoy el Señor nos invita al amor. El que ha sido amado mucho, está hoy invitado a amar mucho. ¡Ese es el centro del evangelio!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 19,11-28): En aquel tiempo, Jesús estaba cerca de Jerusalén y añadió una parábola, pues los que le acompañaban creían que el Reino de Dios aparecería de un momento a otro. Dijo pues: «Un hombre noble marchó a un país lejano, para recibir la investidura real y volverse. Habiendo llamado a diez siervos suyos, les dio diez minas y les dijo: ‘Negociad hasta que vuelva’. Pero sus ciudadanos le odiaban y enviaron detrás de él una embajada que dijese: ‘No queremos que ése reine sobre nosotros’.

»Y sucedió que, cuando regresó, después de recibir la investidura real, mandó llamar a aquellos siervos suyos, a los que había dado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno. Se presentó el primero y dijo: ‘Señor, tu mina ha producido diez minas’. Le respondió: ‘¡Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo mínimo, toma el gobierno de diez ciudades’. Vino el segundo y dijo: ‘Tu mina, Señor, ha producido cinco minas’. Dijo a éste: ‘Ponte tú también al mando de cinco ciudades’. Vino el otro y dijo: ‘Señor, aquí tienes tu mina, que he tenido guardada en un lienzo; pues tenía miedo de ti, que eres un hombre severo; que tomas lo que no pusiste, y cosechas lo que no sembraste’. Dícele: ‘Por tu propia boca te juzgo, siervo malo; sabías que yo soy un hombre severo, que tomo lo que no puse y cosecho lo que no sembré; pues, ¿por qué no colocaste mi dinero en el banco? Y así, al volver yo, lo habría cobrado con los intereses’.

»Y dijo a los presentes: ‘Quitadle la mina y dádsela al que tiene las diez minas’. Dijéronle: ‘Señor, tiene ya diez minas’. ‘Os digo que a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y aquellos enemigos míos, los que no quisieron que yo reinara sobre ellos, traedlos aquí y matadlos delante de mí’».

Y habiendo dicho esto, marchaba por delante subiendo a Jerusalén.

Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador

¿Quién es hoy el símbolo de la corrupción y amor desordenado al dinero? Al hacernos esta pregunta nos vienen nombres a la cabeza. Ahora puedes sustituir ese nombre por el de Zaqueo.

Toda palabra de Dios es buena para instruir, amonestar y llamar a conversión. Lo maravilloso de las escrituras es que pueden cumplirse hoy en nuestras vidas. Que nos dicen “algo” a nuestro corazón. Iluminan nuestra existencia en la tierra.

Cuando en las escrituras escuchamos nombres propios inmediatamente pensamos que esa figura bíblica está pasando por situaciones iguales a las que vivimos hoy y por tanto nos ayudan a salir de nuestras crisis y a iluminar nuestra vida.

Por tanto, Zaqueo, como figura bíblica y palabra de Dios de cumple hoy en nuestra vida, ¿en qué se parece Zaqueo a ti? ¿Tiene algo que “decirte” la experiencia de Zaqueo a tu vida? Pues esta es la clave del evangelio de hoy.

Zaqueo es símbolo del corrupto, del perverso, que hombre capaz de hacer cualquier cosa por dinero. Si al pensar en este personaje buscamos en nuestra mente algún individuo de hoy que se le parezca podemos fácilmente saber el nivel de maldad de este caballero. ¡Oh sorpresa! Es a este precisamente que Jesús visita, perdona y ama. Es es un encuentro que cambió totalmente la vida de Zaqueo. ¿Has tenidos alguna experiencia similar?

Somos hombres y mujeres pecadores que necesitamos hacer la experiencia de Zaqueo. Necesitamos hoy sentirnos perdonados y amados por Dios. Jesús es el amor encarnado que nos dice hoy: “Zaqueo baja pronto que HOY conviene que entre en tu casa”. Cambia el nombre de Zaqueo por el tuyo y te darás cuente el inmenso AMOR que Dios te tiene. Abre las puertas de tu corazón a este amor. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 19,1-10): En aquel tiempo, habiendo entrado Jesús en Jericó, atravesaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: «Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa». Se apresuró a bajar y le recibió con alegría.

Al verlo, todos murmuraban diciendo: «Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador». Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo». Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abraham, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido».

Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!

Cuando alguien grita es porque está molesto o necesita algo. El Niño grita porque quiere leche o le duele algo y quiere que le ayuden. El grito en las sagradas escrituras muchas veces hacen referencia a la oración.

Nuestra realidad existencial se asemeja a la de un ciego. No podemos ver nuestra vida y los acontecimientos diarios que en ella ocurren como Dios quiere. Vivimos viendo lo malo que sucede, no aceptamos la historia, estamos tristes muchas veces. Tenemos ceguera espiritual. No vemos el amor de Dios presente en nuestras vidas. Esa es nuestra realidad.

La buena noticia de hoy es que podemos pedirle… Mejor dicho GRITARLE al Señor para que nos ayude. ¡Grita! Y hazlo fuerte para que nuestro Jesús pueda oírnos y bendecirnos. El quiere escucharnos, pero también quiere que el gritemos. Nos hace bien en la Fe y sobretodo en los “galillos”. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 18,35-43): En aquel tiempo, sucedió que, al acercarse Jesús a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna; al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello. Le informaron que pasaba Jesús el Nazareno y empezó a gritar, diciendo: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!». Los que iban delante le increpaban para que se callara, pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!». Jesús se detuvo, y mandó que se lo trajeran y, cuando se hubo acercado, le preguntó: «¿Qué quieres que te haga?». Él dijo: «¡Señor, que vea!». Jesús le dijo: «Ve. Tu fe te ha salvado». Y al instante recobró la vista, y le seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, alabó a Dios.

Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre

El problema del ser humano es que vive como si nunca fuera a morir. Comemos, bebemos y andamos por la vida haciendo lo que nos da la gana sin medir consecuencias o pensar con trascendencia. ¿Qué nos dice el evangelio respecto a eso?

Un aspecto importante de la vida cristiana es vivir “atentos” en estado de “vigilia continua”. Esto significa que es fundamental para el cristiano estar conscientes de que no sabemos ni el día ni la hora en que vendrá el momento de Dios.

Todos los días podemos encontrarnos con el Señor. En un inconveniente laboral, en un consejo de un amigo o en una situación con algún familiar podemos descubrir que el Señor nos visita y pide de nosotros una respuesta.

También el día de nuestra muerte. Si algo es seguro es que todos un día moriremos. ¿Cómo te estás preparando para ese día? Es una pregunta que busca una respuesta todos los días.

Es cierto que vendrá “el día del Señor” donde todo lo que existe dejará de existir. No sabemos cuando. Nadie lo puede saber. Lo que sí podemos hacer es vivir cada día como sí fuera hoy. Eso nos dará la oportunidad, si lo hacemos desde la Fe, de vivir con trascendencia y alegría. Viviendo cada día con intensidad y valorando cada segundo de nuestra existencia.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 17,26-37): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre. Comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca; vino el diluvio y los hizo perecer a todos. Lo mismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían; pero el día que salió Lot de Sodoma, Dios hizo llover fuego y azufre del cielo y los hizo perecer a todos. Lo mismo sucederá el Día en que el Hijo del hombre se manifieste.

»Aquel día, el que esté en el terrado y tenga sus enseres en casa, no baje a recogerlos; y de igual modo, el que esté en el campo, no se vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot. Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará. Yo os lo digo: aquella noche estarán dos en un mismo lecho: uno será tomado y el otro dejado; habrá dos mujeres moliendo juntas: una será tomada y la otra dejada». Y le dijeron: «¿Dónde, Señor?». Él les respondió: «Donde esté el cuerpo, allí también se reunirán los buitres».

Vedlo aquí o allá

Es común encontrar en las calles letreros que hacen referencia al Juicio Final o día inminente de la 2da Venida del Señor. Muchos predicadores de nuestro tiempo anuncian que en esta generación se dará tan esperado acontecimiento. Las escrituras dicen que nadie puede saber “ni el día ni la hora”. ¿Cuál es la actitud que debemos tener los cristianos?

Los discípulos de Cristo llamados a ser hijos de Dios estamos invitados a vivir todos los días en el “El Reino de Dios”. Ya estamos viviendo el tiempo de Jesús. Hemos sido salvados por el Señor y podemos vivir hoy los frutos de su amor. ¡

¡HOY es el día del amor de Dios! Hoy es el día en que estamos invitados a perdonar, excusar, entender y amar a todos nuestros prójimos incluyendo a los enemigos. Dejemos la tristeza y depresión. Miremos a nuestro alrededor y descubramos la presencia de Dios en todas las cosas.

¡Ánimo! Dios nos ama y quiere. Ya el está con nosotros. En lo profundo de huestes corazón habita y quiere habitar mucho más.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 17,20-25): En aquel tiempo, los fariseos preguntaron a Jesús cuándo llegaría el Reino de Dios. Él les respondió: «El Reino de Dios viene sin dejarse sentir. Y no dirán: ‘Vedlo aquí o allá’, porque el Reino de Dios ya está entre vosotros».

Dijo a sus discípulos: «Días vendrán en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. Y os dirán: ‘Vedlo aquí, vedlo allá’. No vayáis, ni corráis detrás. Porque, como relámpago fulgurante que brilla de un extremo a otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día. Pero, antes, le es preciso padecer mucho y ser reprobado por esta generación».

Postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias

Mucho hemos recibido de tantas personas. La persona que diga que se ha hecho sola es una mentirosa. Aunque seamos huérfanos de padre y madre siempre hay una persona que en algún momento nos dio de comer, beber o nos extendió una mano amiga. Esa es la realidad de nuestra vida. ¿Cuál debe ser nuestra actitud entonces?

A Jesús le pasó igual que a muchos de nosotros. Un día curó a 10 leprosos. Imagínate, 10 personas que recibieron el milagro de sanar de una dolencia terrible. El Señor en su inmensa misericordia le cambió la vida curando su enfermedad. ¿Y qué pasó entonces? Qué de 10 enfermos sólo hubo uno agradecido y quedaron 9 malagradecidos!

Ser leproso es como ser hoy un desempleado, pobre o sin estudios formales. Por tanto, quién da una beca o un empleo a una persona le está haciendo uno de los mayores favores que hoy se puede hacer. ¿Y qué pasa? Que hay muchos malagradecidos.

Lo bueno del evangelio es que a Jesús esto no le afecta. Lo que quiere es que nos demos cuenta del error. Recompensa al agradecido con la salvación. Los demás se pierden lo más importante. Hermanos y hermanas, por favor, seamos agradecidos.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 17,11-19): Un día, de camino a Jerusalén, Jesús pasaba por los confines entre Samaría y Galilea, y, al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz, dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!». Al verlos, les dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes».

Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz; y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. Tomó la palabra Jesús y dijo: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?». Y le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado».