Ha puesto los ojos en la humildad de su esclava

María es ejemplo para todos los cristianos. Nos da, con sus acciones, las claves para realizar en nosotros la vocación cristiana. ¿Qué ha hecho ella que merece ser imitado?

María, madre de Jesús y madre nuestra, ha reconocido lo que ha muchos nos cuesta reconocer: Somos “esclavos”, débiles y orgullosos. Tenemos siempre una actitud contraria a la de María. Nos creemos “gran cosa”.

Pensamos que somos el centro de nuestro matrimonio, de nuestra familia, del trabajo, de los amigos, en fin, de todo lo que nos rodea. María es todo lo contrario. Ella reconoce que no es mas que la “esclava del Señor” siempre dispuesto a hacer la voluntad de Dios porque sabe que como creatura es lo que corresponde.

Jesús nace en María gracias a que ella resume la actitud sumisa de estar dispuesta a hacer la voluntad de Dios. ¿Tú estas dispuesto hoy? ¿Quieres ser feliz haciendo la voluntad de Dios? ¡Ánimo! Haz como María, que se humilla y el Señor le hace madre de Jesús y madre nuestra.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 1,46-56): En aquel tiempo, dijo María: «Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia —como había anunciado a nuestros padres— en favor de Abraham y de su linaje por los siglos».

María permaneció con Isabel unos tres meses, y se volvió a su casa.

Esto es lo que ha hecho por mí el Señor

La esterilidad en la antigüedad era sinónimo de maldición. Esterilidad significaba un futuro incierto, que algo salió muy mal en nuestras vidas o que no se ha tenido el favor de Dios.

Los seres humanos tenemos nuestras propias “esterilidades”. Momentos difíciles que nos hacen sentir abandonados de Dios o incapaces de ser felices en esta vida. ¿Para qué Dios ha permitido esos momentos oscuros? Precisamente para manifestar su gloria.

Dios es aquel que da la vida y la muerte. Esta dinámica natural de la vida sirve para que recordemos que somos criaturas no dioses. La felicidad es tener la seguridad de que Dios siempre aparece y nos saca de la oscuridad, de nuestras “esterilidades”.

¡Ánimo! Ya viene el Señor! Seremos el pesebre donde el mismo Jesús nacerá. Pasaremos de ser “estériles” de obras buenas a padres y madres del mismo Jesús naciendo en nuestros corazones.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 1,5-25): Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote, llamado Zacarías, del grupo de Abías, casado con una mujer descendiente de Aarón, que se llamaba Isabel; los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin tacha en todos los mandamientos y preceptos del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos de avanzada edad.

Sucedió que, mientras oficiaba delante de Dios, en el turno de su grupo, le tocó en suerte, según el uso del servicio sacerdotal, entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso. Toda la multitud del pueblo estaba fuera en oración, a la hora del incienso. Se le apareció el Ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verle Zacarías, se turbó, y el temor se apoderó de él. El ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Juan; será para ti gozo y alegría, y muchos se gozarán en su nacimiento, porque será grande ante el Señor; no beberá vino ni licor; estará lleno del Espíritu Santo ya desde el seno de su madre, y a muchos de los hijos de Israel, les convertirá al Señor su Dios, e irá delante de Él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y a los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto».

Zacarías dijo al ángel: «¿En qué lo conoceré? Porque yo soy viejo y mi mujer avanzada en edad». El ángel le respondió: «Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena nueva. Mira, te vas a quedar mudo y no podrás hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, porque no diste crédito a mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo».

El pueblo estaba esperando a Zacarías y se extrañaban de su demora en el Santuario. Cuando salió, no podía hablarles, y comprendieron que había tenido una visión en el Santuario; les hablaba por señas, y permaneció mudo. Y sucedió que cuando se cumplieron los días de su servicio, se fue a su casa. Días después, concibió su mujer Isabel; y se mantuvo oculta durante cinco meses diciendo: «Esto es lo que ha hecho por mí el Señor en los días en que se dignó quitar mi oprobio entre los hombres».

La generación de Jesucristo fue de esta manera

El nacimiento de Jesucristo es indudablemente el evento más importante de nuestra era. Ha marcado un antes y un después en la historia de la humanidad. Toda una revolución universal.

Al centro de este acontecimiento hay un protagonista importante y este es el Espíritu Santo. Dice el evangelio que esto se hará por “obra y gracia del Espíritu Santo”.

Es importante que celebremos el nacimiento de Jesús, pero mucho más importante para nosotros es que celebremos su “nacimiento” en nuestros corazones. ¿Cómo puede ser esto posible? ¿Cómo puede una persona egoísta, ocupada, pecadora y con tantas debilidades “parir” al Señor? Hermanos y hermanas, esto es OBRA del Espíritu Santo. ¡No te preocupes! El lo hará todo.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 1,18-24): La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto.

Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en Ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: «Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: “Dios con nosotros”». Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer.

Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham

Era muy importante en la cultura antigua la descendencia. Saber quien era tu padre o abuelo; es decir, a que dinastía pertenecías determinaba tu presente o futuro.

Aún en el pasado reciente, decir que eras de los “Martinez” de Santiago era algo que merecía la pena saber. Eso le daba el indicativo al que lo preguntaba de si una persona venía de “buena familia”.

¿Cuál es la “descendencia” a la que Dios quiere que pertenezcamos? A la misma de su Hijo Jesús. Estamos siendo llamados por Dios a ser hijos suyos. Hijos de Dios y coherederos de Cristo es nuestra vocación. Esta filiación divina se da por gracia. Se da como un don gratuito.

Oremos en el día de hoy para que esta naturaleza de hijos se haga realidad cada vez más en nuestra vida.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 1,1-17): Libro de la generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos, Judá engendró, de Tamar, a Fares y a Zara, Fares engendró a Esrom, Esrom engendró a Aram, Aram engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naassón, Naassón engendró a Salmón, Salmón engendró, de Rajab, a Booz, Booz engendró, de Rut, a Obed, Obed engendró a Jesé, Jesé engendró al rey David.

David engendró, de la que fue mujer de Urías, a Salomón, Salomón engendró a Roboam, Roboam engendró a Abiá, Abiá engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Joram, Joram engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatam, Joatam engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amón, Amón engendró a Josías, Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando la deportación a Babilonia.

Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliakim, Eliakim engendró a Azor, Azor engendró a Sadoq, Sadoq engendró a Aquim, Aquim engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Mattán, Mattán engendró a Jacob, y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. Así que el total de las generaciones son: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.

Hijo, vete hoy a trabajar en la viña

Somos invitados todos los días a trabajar en la viña del Señor. La clave está en nuestra respuesta. ¿Cómo lo haces tú?

Amar a todos y todas. ¿Lo haces?
Perdonar al que te ofende. ¿Lo haces?
Defender de manera activa y pasiva la vida. ¿Lo haces?
Perseverar en la oración y en la enseñanza de los apóstoles. ¿Lo haces?

Dios nos envía y por eso es importante hacer lo que decimos que vamos hacer. En nuestra cultura muchas veces nos inclinamos mucho al “cuenta conmigo”, “eso va”, “estamos trabajando en eso…”. Con Jesús eso no funciona. Es cierto que somos muy precarios y débiles pero tenemos el apoyo del Señor para hacer lo que nos manda.

¡Ánimo! DIGAMOS QUE SI Y HAGAMOS LO QUE DECIMOS QUE VAMOS HACER.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 21,28-32): En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: ‘Hijo, vete hoy a trabajar en la viña’. Y él respondió: ‘No quiero’, pero después se arrepintió y fue. Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió: ‘Voy, Señor’, y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?». «El primero», le dicen. Díceles Jesús: «En verdad os digo que los publicanos y las rameras llegan antes que vosotros al Reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros por camino de justicia, y no creísteis en él, mientras que los publicanos y las rameras creyeron en él. Y vosotros, ni viéndolo, os arrepentisteis después, para creer en él».

¿Con qué autoridad haces esto?

En estos días los cristianos de República Dominicana hemos librado una gran batalla. Los ataques han sido sistemáticos y muchas veces dolorosos. Nos acusan de que nos “inmiscuimos” en temas que no son nuestros. Dicen: “este no es un tema religioso”.

También a Jesús intentaron descalificar. No hay persecución, ataque o sufrimiento que Jesús no haya vivido primero. Él ha sido el primero en recibir y sufrir en su carne la incomprensión de la gente. Él se constituye así en el camino que debemos seguir. ¡Él es la verdad y la vida!

Que nos dicen que somos estúpidos, ignorantes, fanáticos y locos; bendito sea el Señor.

Que nos cuestionan y nos impiden hablar de la vida; bendito sea el Señor.

Que nos piden que no nos metamos en las cosas de este mundo y nos obligan a relegarnos al ámbito espiritual; bendito sea el Señor.

Si en aquel tiempo quisieron “desautorizar” a Jesús… Imagínate que van hacer hoy con nosotros. ¡ANIMO! Sigamos la lucha en favor de la vida, con amor y respeto a todos y todas.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 21,23-27): En aquel tiempo, Jesús entró en el templo. Mientras enseñaba se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo diciendo: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Y quién te ha dado tal autoridad?». Jesús les respondió: «También yo os voy a preguntar una cosa; si me contestáis a ella, yo os diré a mi vez con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan, ¿de dónde era?, ¿del cielo o de los hombres?». Ellos discurrían entre sí: «Si decimos: ‘Del cielo’, nos dirá: ‘Entonces, ¿por qué no le creísteis?’. Y si decimos: ‘De los hombres’, tenemos miedo a la gente, pues todos tienen a Juan por profeta». Respondieron, pues, a Jesús: «No sabemos». Y Él les replicó asimismo: «Tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto».

Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado

El mundo de hoy está lleno de contradicciones. Se habla de vida y las personas interpretan lo contrario. La lucha por los derechos de la mujer parecen estar separados de los del niño. Hay confusión y caos en nuestros discursos y posiciones. ¿Por qué?

Esto se debe a la actitud de las personas que escuchan o participan d debate de los temas nacionales. Defender la vida es algo que nadie puede rebatir, pero cambian este discurso por otro distorsionado. ¿Sabes por qué? Porque en el fondo no quiere oír ni entender.

A Jesús les pasó exactamente igual. Si comía decían que era un comilón, si bebía decían que era un borracho. En otras palabras, por mas que queramos argumentar con los “inteligentes” de esta generación no entienden porque en realidad no quieren entender. Esa es la triste verdad. ¿Qué debemos hacer entonces? Acreditarnos por nuestras obras.

La Iglesia tiene legitimidad no tanto por sus palabras. Se “acredita” ante el mundo por su obras. ¿Cuál es la obra del cristiano? ¡El AMOR! Es verdad que somos radicales, pero lo somos en lo que todos debemos serlo, en el AMOR. Perdonamos a los que los hacen mal, bendecimos a quienes nos maldicen, excusamos a aquellos que con sus palabras nos destruyen u ofenden.

Defender la vida es el mayor signo de AMOR posible. Poner en práctica el amor cristiano es transformar la vida del mundo entero. Sigamos en nuestra lucha.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 11,13-19): En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: «¿Pero, con quién compararé a esta generación? Se parece a los chiquillos que, sentados en las plazas, se gritan unos a otros diciendo: ‘Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado, os hemos entonado endechas, y no os habéis lamentado’. Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: ‘Demonio tiene’. Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: ‘Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores’. Y la Sabiduría se ha acreditado por sus obras».

El que tenga oídos, que oiga

Dios nos ha dado mucho, mas bien TODO. El don de la vida es el resumen, si se quiere, de todas las maravillas de la creación. De todo lo que el Señor nos ha dado, lo más trascendental, es el anuncio del amor de Dios.

Todos hemos tenido una persona que siendo instrumento de Dios nos habló por primera vez de Dios. Nuestra madre o padre, un catequista o sacerdote, el amigo o amiga, en su momento se convirtieron en verdaderos “Juan el Bautista”.

La verdad es que lo importante no es quien nos ha dado el mensaje de Dios. Lo que sí importa es recibir a Dios. Descubrir que no hay nada mas importante en el mundo que acoger al Señor en nuestro corazón.

¡Animo! Bendigamos a Dios por los “Juan el Bautista” que nos ha regalado. Instrumentos de Dios a través de los cuales nos llegó el Señor.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 11,11-15): En aquel tiempo, dijo Jesús a las turbas: «En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan. Pues todos los profetas, lo mismo que la Ley, hasta Juan profetizaron. Y, si queréis admitirlo, él es Elías, el que iba a venir. El que tenga oídos, que oiga».

Yo os daré descanso

Estamos viviendo días de sobresaltos y tensiones. El “stress” es la enfermedad del nuevo milenio. Experimentamos afán sin descanso. ¿Qué nos dice Dios al respecto?

Jesús ha venido al mundo para traer paz. Es una maravillosa noticia saber que estas “cargas” de la vida diaria son más ligeras cuando las vivimos según Dios. ¿En qué consiste eso?

Descansar es aceptar la historia de vida, descubrir que los acontecimientos diarios son una bendición y tener la seguridad de que nuestro Dios es bueno y siempre cuida de nosotros.

¡Celebra la vida! El Señor viene a darte el descanso que tanto necesitas. Él es nuestro “lecho de amor” donde podemos descansar de nuestras fatigas y ocupaciones.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 11,28-30): En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».

No es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños

NO es voluntad de Dios que nos perdamos.

NO es voluntad de Dios que permanezcamos en la muerte.

NO es voluntad de Dios nuestra muerte y perdición.

NO es voluntad de Dios el odio.

NO es voluntad de Dios el asesinato.

NO es voluntad de Dios que estemos son esperanza.

LA VOLUNTAD DE DIOS ES LA VIDA!!! #SiALaVida

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 18,12-14): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada? Y si llega a encontrarla, os digo de verdad que tiene más alegría por ella que por las noventa y nueve no descarriadas. De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños».