Archivo de la etiqueta: autoridad

Quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad

La palabra de Dios tiene poder. La misma puede cambiar la vida, de forma radical, de aquellos que la escuchan y la ponen en práctica.

Dios nos invita a escuchar las palabras de Jesús. Ellas curan todas las enfermedades, expulsan todos los demonios, reconcilian todo conflicto y transforma el corazón de todos aquellos que la escuchan con rectitud de intención.

Su palabra es fuerza divina aquí en la tierra. Bendigamos a Dios por eso. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 4,31-37): En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba. Quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad. Había en la sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo, y se puso a gritar a grandes voces: «¡Ah! ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios». Jesús entonces le conminó diciendo: «Cállate, y sal de él». Y el demonio, arrojándole en medio, salió de él sin hacerle ningún daño. Quedaron todos pasmados, y se decían unos a otros: «¡Qué palabra ésta! Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos y salen». Y su fama se extendió por todos los lugares de la región.

¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad!

La sola palabra de Jesús tiene poder. Al escuchar su voz los espíritus inmundos salían de los cuerpos de las personas poseídas. Su palabra tiene la fuerza de curarlo todo, de transformarlo todo. ¿Has escuchado alguna vez la voz de Dios?

Todos los días, créeme, Dios se manifiesta a los que ha elegido. El problema es que muchas de esas veces estamos como “mirando para otro lado”. Nuestra mente y corazón están centrados en otras cosas: dinero, fama, placer.

Hoy tenemos la invitación divina a centrarnos en el Señor. Aprendamos a descubrir todos los días la presencia maravillosa de nuestro Dios en cada aspecto de nuestra vida. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 1,21-28): Llegó Jesús a Cafarnaum y el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios». Jesús, entonces, le conminó diciendo: «Cállate y sal de él». Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él.

Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen». Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea.

Quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad

Hablaba con autoridad. De la boca de Jesús salían palabras de vida eterna que tenían el poder de exorcizar demonios, sanar enfermos y resucitar muertos. Pero lo más importante de todo era que Jesús tiene y tenía poder de cambiar el corazón de las personas.

Rápidamente se hizo famoso Jesús. Ciertamente porque le proveía de cosas concretas a las personas pero su mensaje iba más allá. Nuestro Jesús anunciaba que el amor de Dios había llegado al corazón de todos y todas. Ese es el centro del mensaje de salvación.

Hoy es un día para reconocer en Jesús su autoridad. Abrir nuestro corazón para que su palabra transforme nuestra vida. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 4,31-37): En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba. Quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad. Había en la sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo, y se puso a gritar a grandes voces: «¡Ah! ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios». Jesús entonces le conminó diciendo: «Cállate, y sal de él». Y el demonio, arrojándole en medio, salió de él sin hacerle ningún daño. Quedaron todos pasmados, y se decían unos a otros: «¡Qué palabra ésta! Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos y salen». Y su fama se extendió por todos los lugares de la región.

Les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades

En nuestros tiempos, donde el cristianismo representa el 18% de la población mundial, todo el mundo reconoce en Jesús autoridad y poder. Es decir, que la mayoría sabe que Jesucristo existió y que fue una figura de trascendencia global. Dicen hasta los musulmanes y judios que fue un gran profeta y un maestro rabino extraordinario. Si todo se hubiera quedado en Él, no pudiéramos vivir lo que experimentamos hoy.

En la Iglesia hemos tenido la gracia de seguir beneficiándonos de ese poder y autoridad venida de Dios a través de Jesús. ¿Cómo ha sido eso? Gracias a que el Señor le concedió los mismos privilegios a sus apóstoles. Hoy el Señor sigue salvando a través de sus enviados y elegidos. La Iglesia siempre ha tenido en más de 20 siglos hombres y mujeres que han bendecido y amado a las personas de su tiempo mediante la acción salvífica del Señor.

Pidamos a Dios que nos siga concediendo profetas que con la autoridad que les confiere nuestro Dios nos ayuden a encontrarnos con el inmenso amor de nuestro Señor.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 9,1-6): En aquel tiempo, convocando Jesús a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades; y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar. Y les dijo: «No toméis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengáis dos túnicas cada uno. Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de allí. En cuanto a los que no os reciban, saliendo de aquella ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos». Saliendo, pues, recorrían los pueblos, anunciando la Buena Nueva y curando por todas partes.

Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos y salen

Vivimos en un mundo lleno de doctrinas, ideologías y filosofías. La llamada nueva era ha multiplicado la cantidad de creencias esotéricas y de superación personal. Ahora las personas creen en piedras de cuarzo, olores de oriente, yoga y demás ejercicios corporales. Todo el mundo está en la cultura del Fit y los alimentos orgánicos. En medio de todo eso, ¿existe alguna verdad firme en la que podamos simentar nuestra vida?

También en los tiempos de Jesús existían muchos Mesías y profetas, pero el Señor se distinguió porque hablaba como quien tiene autoridad. Su poder se manifestaba mediante la expulsión de demonios. Es decir, su autoridad venia de que se realizaba lo que su palabra prometía. Esa es la fuerza de la acción de Dios. 

Hoy somos invitados a creer únicamente en la autoridad de Jesús. Solo Él tiene palabras de vida eterna. Abrasemos la Fe con más fuerza que antes. Solo el Señor tiene autoridad para expulsar nuestros demonios. Creamos en Él.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 4,31-37): En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba. Quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad. Había en la sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo, y se puso a gritar a grandes voces: «¡Ah! ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios». Jesús entonces le conminó diciendo: «Cállate, y sal de él». Y el demonio, arrojándole en medio, salió de él sin hacerle ningún daño. Quedaron todos pasmados, y se decían unos a otros: «¡Qué palabra ésta! Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos y salen». Y su fama se extendió por todos los lugares de la región.

¿Con qué autoridad haces esto?

En todo el continente americano, se celebra hoy el día de la Virgen de Guadalupe. Ciertamente es una advocación de la virgen en México, pero es un patrimonio universal. María, madre de Cristo, es también madre nuestra.

Dios actuó y actúa mediante personas concretas. Por ejemplo, Juan El Bautista, voz que clamaba en el desierto y preparaba el camino del Señor, fue extraordinario instrumento en manos de Dios.

María, madre de Jesús, nuestro Señor, es la imagen perfecta de todo cristiano y por tanto un modelo a seguir ideal. Miremos hoy a Maria y pidamos que nos bendiga con la gracia de hacer siempre la voluntad de su Hijo, salvador del mundo entero.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 21,23-27): En aquel tiempo, Jesús entró en el templo. Mientras enseñaba se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo diciendo: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Y quién te ha dado tal autoridad?». Jesús les respondió: «También yo os voy a preguntar una cosa; si me contestáis a ella, yo os diré a mi vez con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan, ¿de dónde era?, ¿del cielo o de los hombres?». Ellos discurrían entre sí: «Si decimos: ‘Del cielo’, nos dirá: ‘Entonces, ¿por qué no le creísteis?’. Y si decimos: ‘De los hombres’, tenemos miedo a la gente, pues todos tienen a Juan por profeta». Respondieron, pues, a Jesús: «No sabemos». Y Él les replicó asimismo: «Tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto».

Mujer, quedas libre de tu enfermedad

La enfermedad física muchas veces en la escritura es símbolo de un mal mayor. Jesús utilizaba el milagro físico para anunciar un milagro mayor: el moral. El Señor muestra su poder a través de las curaciones que realizaba. Esta actuación del Señor también es para nosotros.

En tiempos de Jesús había mucho que se apegaban a la ley. Eran aquellos que pensaban que con cumplir una serie de normas y procesos se hacía la voluntad de Dios. El Señor cambia eso y con autoridad pone énfasis en lo que realmente es importante: el amor.

Hoy es un buen día para hacer carne el mensaje de salvación de Jesús. Saber que Dios tiene el poder de “enderezar” nuestra vida. Hacerla nueva mediante el poder de sanación que actúa mediante su hijo Jesús.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 13,10-17): En aquel tiempo, estaba Jesús un sábado enseñando en una sinagoga, y había una mujer a la que un espíritu tenía enferma hacía dieciocho años; estaba encorvada, y no podía en modo alguno enderezarse. Al verla Jesús, la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad». Y le impuso las manos. Y al instante se enderezó, y glorificaba a Dios. 
Pero el jefe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiese hecho una curación en sábado, decía a la gente: «Hay seis días en que se puede trabajar; venid, pues, esos días a curaros, y no en día de sábado». Le replicó el Señor: «¡Hipócritas! ¿No desatáis del pesebre todos vosotros en sábado a vuestro buey o vuestro asno para llevarlos a abrevar? Y a ésta, que es hija de Abraham, a la que ató Satanás hace ya dieciocho años, ¿no estaba bien desatarla de esta ligadura en día de sábado?». Y cuando decía estas cosas, sus adversarios quedaban confundidos, mientras que toda la gente se alegraba con las maravillas que hacía.

Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos y salen

Jesús hablaba con una autoridad superior a la del mundo. Muchos líderes nos gobiernan y disponen sobre nosotros con una autoridad delegada. En cambio, el Señor tiene la autoridad que viene de su condición divina. Él es el hijo de Dios hecho hombre. ¿Por qué dudas de Él?

Muchos de ustedes que leen estas líneas puede ser que estén triste o atormentados por algún conflicto o problema particular. Piensan que nadie puede ayudarles. Hoy es bueno que sepas que Jesús tiene el poder y autoridad de sanarte, curarte, expulsar esos “demonios” que te hacen creer que tu vida no tiene futuro. 

¡Ánimate! Que la palabra de Jesús tiene poder de devolverte la vida y la alegría perdida. Dios te ama y te cuida siempre.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 4,31-37): En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba. Quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad. Había en la sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo, y se puso a gritar a grandes voces: «¡Ah! ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios». Jesús entonces le conminó diciendo: «Cállate, y sal de él». Y el demonio, arrojándole en medio, salió de él sin hacerle ningún daño. Quedaron todos pasmados, y se decían unos a otros: «¡Qué palabra ésta! Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos y salen». Y su fama se extendió por todos los lugares de la región.

¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad!

La palabra de Jesús tenía fuerza y poder. Con solo un gesto o palabra cambiaba la vida de la gente. Su fama se extendió por toda la Región de aquel tiempo.

Vivimos actualmente en un mundo sin autoridad. Los jóvenes no respetan a los mayores, los mayores olvidan la tradición, las instituciones son atacadas y difamadas, se pierde el respeto a la sabiduría y al vivir bien según reglas y normas. Parece que la palabra libertad significa hacer lo que quieras con tu vida. Lamentablemente eso no conduce a nada bueno.

Jesús tenía una legitimidad inquebrantable porque encarnaba en su vida lo que su palabra predicaba. Él es la encarnación del Amor de Dios y por tanto cuando hablaba sus palabras sanaban, resucitaban y cambiaban la vida de todos aquellos que le escuchaban. Esa es la AUTORIDAD de Jesús. Amor convertido en acción. ¿Lo has experimentado en su vida?

La Iglesia, cuerpo visible de Cristo, tiene autoridad sobre nosotros y sobre los hombres y mujeres de este tiempo porque su palabra, que es en definitiva la Palabra de Dios, cambia el corazón de las personas, las hace mejores, les devuelve el sano juicio y les hace felices.

¡Ánimo! Dios te ama y quiere que tengas vida! Abre tu corazón a su palabra, a su autoridad.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 1,21-28): Llegó Jesús a Cafarnaum y el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios». Jesús, entonces, le conminó diciendo: «Cállate y sal de él». Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él.

Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen». Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea.

¿Con qué autoridad haces esto?

En estos días los cristianos de República Dominicana hemos librado una gran batalla. Los ataques han sido sistemáticos y muchas veces dolorosos. Nos acusan de que nos “inmiscuimos” en temas que no son nuestros. Dicen: “este no es un tema religioso”.

También a Jesús intentaron descalificar. No hay persecución, ataque o sufrimiento que Jesús no haya vivido primero. Él ha sido el primero en recibir y sufrir en su carne la incomprensión de la gente. Él se constituye así en el camino que debemos seguir. ¡Él es la verdad y la vida!

Que nos dicen que somos estúpidos, ignorantes, fanáticos y locos; bendito sea el Señor.

Que nos cuestionan y nos impiden hablar de la vida; bendito sea el Señor.

Que nos piden que no nos metamos en las cosas de este mundo y nos obligan a relegarnos al ámbito espiritual; bendito sea el Señor.

Si en aquel tiempo quisieron “desautorizar” a Jesús… Imagínate que van hacer hoy con nosotros. ¡ANIMO! Sigamos la lucha en favor de la vida, con amor y respeto a todos y todas.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 21,23-27): En aquel tiempo, Jesús entró en el templo. Mientras enseñaba se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo diciendo: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Y quién te ha dado tal autoridad?». Jesús les respondió: «También yo os voy a preguntar una cosa; si me contestáis a ella, yo os diré a mi vez con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan, ¿de dónde era?, ¿del cielo o de los hombres?». Ellos discurrían entre sí: «Si decimos: ‘Del cielo’, nos dirá: ‘Entonces, ¿por qué no le creísteis?’. Y si decimos: ‘De los hombres’, tenemos miedo a la gente, pues todos tienen a Juan por profeta». Respondieron, pues, a Jesús: «No sabemos». Y Él les replicó asimismo: «Tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto».