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Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único

El Amor de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado por nosotros es el centro de nuestra Fe. Dios quiere que vivamos en la luz y esto significa que debemos mantenernos en el amor de Dios siempre.

Mantenernos en el orgullo, la soberbia, la lujuria, el odio, el resentimiento y la avaricia nos hace estar en la tinieblas. Los hijos de la Luz perdonamos a nuestros enemigos, nos reconciliamos con nuestros hermanos, despreciamos los bienes de este mundo y procuramos amar hasta nuestros enemigos.

Pidamos a Dios la gracia de ser sus hijos. Solo así seremos verdaderamente felices. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 3,16-21): En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios. Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios».

El que crea en mí no siga en las tinieblas

En la palabra de Dios se utilizan muchas figuras y ejemplos que nos permiten entender los misterios de Dios y también las realidades de nuestra alma. En algunas ocaciones tenemos problemas que nos hacen sentir que estamos en las tinieblas. Depresiones, tristezas, decepciones y soledades que nos hacen creer que Dios nos ha dejado solos. La buena noticia de hoy es que podemos salir de estas situaciones. 

Jesús, resucitado de la muerte, nos hace salir de las tinieblas y entrar en la luz. Nos devuelve la alegría de la salvación. Nos hace volver a creer que Dios nos ama muchísimo y que si alguna vez nos sentimos “en baja” es porque a lo mejor no estamos viendo que lo que sucede en nuestra vida Dios lo permite porque nos conviene vivirlo para ayudarnos en nuestra santificación. ¡Dios te ama! Nunca dudemos de su amor.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 12,44-50): En aquel tiempo, Jesús gritó y dijo: «El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; y el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas. Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien le juzgue: la Palabra que yo he hablado, ésa le juzgará el último día; porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me ha enviado me ha mandado lo que tengo que decir y hablar, y yo sé que su mandato es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo lo hablo como el Padre me lo ha dicho a mí».

El que obra la verdad, va a la luz

La resurrección es como una potente luz que se enciende en medio de una habitación a oscuras. Lo ilumina todo y no hay tinieblas que pueda resistir a su influjo y poder.

El misterio pascual de un Jesús que muere y resucita no se entiende por muchos. Inclusive es rechazado por varias personas especialmente los del pueblo de Israel.

En el evangelio se aprovecha esta realidad para llamar a la Fe a todos y todas. ¡Dichoso aquel que cree! Su vida quedaría iluminada.

Es buena obra creer en que nuestro Dios nos ha salvado y resucitado en Jesús. Abrir nuestro corazón a la resurrección para que la alegría pascual perdure siempre con el sol que sigue iluminado el día por millones de años.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 3,16-21): En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios. Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios».

El que obra la verdad, va a la luz

Los símbolos de la luz y la oscuridad han sido siempre recursos muy utilizados en tiempos litúrgicos como la Pascua. La oscuridad es imagen de lo malo, perverso, y mortal. La luz es símbolo de lo bueno, bondadoso y vital. 

La Pascua nos invita a salir de la oscuridad y acercarnos a la luz. Resucitar es aceptar la luz de Cristo en nuestros corazones. ¿Cómo eso se realiza en tu vida? Por la obras

Perdonar y amar hoy a tu esposo o esposa, hermano o hermana, primo o prima, compañero de trabajo o conocido es hacer obras de la Luz. Eso es “ir a la luz”. 

Te invito hoy a ser un verdadero hijo de la Luz, un verdadero hijo de Dios. ¿Estás dispuesto?

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 3,16-21):En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios. Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios».