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¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida!

Los santo es de Dios. Todo lo contrario, es del demonio. El camino de Dios nos lleva a la vida, otros caminos nos conducen a la perdición. Tú eres los más precioso para Dios. No quiere perderte entre las suciedades que pueden presentarse en la vida.

La puerta estrecha es la cruz. Es la aceptación de la historia con todas sus dificultades. Es la transformación profunda de nuestro ser que nos permite bendecir en todo momento. Es la renuncia a todo lo que nos impide vivir bien.

Entremos por la puerta estrecha. Aceptemos nuestra cruz. Escoger a Dios es acogernos a la vida. ¡Ánimo!

Leer:

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; las pisotearán y luego se volverán para destrozaros. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la ley y los profetas. Entrad por la puerta estrecha. Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos».

Palabra del Señor.

Luchad por entrar por la puerta estrecha

¿Cuál es la puerta estrecha? La cruz. Y, ¿qué significa la Cruz? Todo aquello que quisieras cambiar en tu vida y nos hace sufrir. ¿Por qué debemos entrar por ella? Porque eso implica aceptar la historia y descubrir que ha sido todo una bendición.

La puerta estrecha nos hace humildes porque para entrar por ella tenemos que hacernos pequeños y dejar toda soberbia. Es reconocer que no somos dioses, que solo hay un solo Dios y que Él lo ha hecho todo bien. Todo aquel que acepte enfermedad, vejez, perdona que te humilla o cualquier otra cosas que te hace sufrir aprende que la historia es lo que es y nos toca descubrir la presencia del amor de Dios en nuestra vida.

¡No estes triste! ¡Se feliz! Dios te invita a entra por una puerta estrecha que conduce a la vida. ¡Nunca lo olvides! ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 13,22-30): En aquel tiempo, Jesús atravesaba ciudades y pueblos enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén. Uno le dijo: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?». El les dijo: «Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, os pondréis los que estéis fuera a llamar a la puerta, diciendo: ‘¡Señor, ábrenos!’. Y os responderá: ‘No sé de dónde sois’. Entonces empezaréis a decir: ‘Hemos comido y bebido contigo, y has enseñado en nuestras plazas’, y os volverá a decir: ‘No sé de dónde sois. ¡Retiraos de mí, todos los agentes de injusticia!’. Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abraham, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras a vosotros os echan fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios. Y hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos».

Entrad por la entrada estrecha

La puerta estrecha es la cruz. Entrar por ella es aceptar la historia que Dios permite cada día de nuestra vida. Aceptar la Cruz es bendecir a Dios en medio del sufrimiento. Es reconocer que Dios es Señor de toda la historia y de nuestra historia particular. Somos sus creativas.

¿Aceptas hoy tu cruz? Pidamos al Señor la gracia de no murmurar contra Él. Alguno se escandaliza con esa frase. Dice que nunca haría una cosas semejante. ¿Y cuando estás “refunfuñando” todo el día pensando en tu interior que no tienes la familia, el trabajo, el dinero, la casa y la vida que quieras? Entrar por la puerta estrecha no es una resignación, es más bien una aceptación gozosa de la historia maravillosa que Dios está haciendo en ti y en mi.

Así que… ¡ánimo! Adelante. No te desanimes. Que a través de la puerta estrecha es que se encuentra la verdadera felicidad. Nunca lo dudes.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 7,6.12-14): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen. Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas. Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que lo encuentran».

Luchad por entrar por la puerta estrecha

¿Qué significa ser cristiano? Muchos son los que se llaman a sí mismo cristianismo porque han sido bautizados de pequeños en la iglesia católica o porque en otra denominación cristiana han acogido el mensaje del evangelio. ¿Con eso basta para decir que hemos alcanzado la categoría de cristianos?

Jesús siempre ponía las cosas en orden. Con sus palabras ayudaba a los que le escuchaban a entender plenamente la voluntad de Dios en la vida de cada uno. En ese sentido, el Señor dijo que, para ser discípulo de Él, había que entrar por una puerta estrecha que simboliza la historia que Dios nos ha regalado. La cruz es signo de puerta estrecha. Simboliza todos los acontecimientos que permite Dios en orden de nuestra santidad que a veces nos son difíciles de entender.

La cruz es la vida que tenemos, con su bajas y altas, alegrías y penas, aciertos y desaciertos. Esta puerta estrecha es la entrada alegre en la voluntad de Dios que se manifiesta en la historia de cada uno. Los que no quieren entrar, y por eso protestan y se quejan de todo lo que les pasa, nunca conocerán el amor de Dios. No podrán disfrutar de su amor y misericordia.

Solo invitados a entrar por la puerta estrecha. A realizar en nuestras vidas el amor de Dios. A qué nuestras obras estén en perfecta comunión con la voluntad divina. Solo así seremos felices. Este es el proyecto de Dios.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 13,22-30): En aquel tiempo, Jesús atravesaba ciudades y pueblos enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén. Uno le dijo: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?». El les dijo: «Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, os pondréis los que estéis fuera a llamar a la puerta, diciendo: ‘¡Señor, ábrenos!’. Y os responderá: ‘No sé de dónde sois’. Entonces empezaréis a decir: ‘Hemos comido y bebido contigo, y has enseñado en nuestras plazas’, y os volverá a decir: ‘No sé de dónde sois. ¡Retiraos de mí, todos los agentes de injusticia!’. Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abraham, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras a vosotros os echan fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios. Y hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos».

¡Qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!

Muchas veces estamos cargados de muchas cosas. Vivimos en un afán diario. Que la universidad, el trabajo, los hijos, las metas, los compromisos; en fin, un sin fin de temas que nos agobian y nos roban el descanso. ¿Cómo podemos tener Vida en medio de tanto ajetreo?

La propuesta evangélica es que podamos soltar. Esto quiere decir que podamos dejar nuestras idolatrías diarias y enfocar nuestro corazón a lo que realmente importa. ¿No tienes tiempo para orar? Pues ha llegado el momento de dejar cosas para hacer ese tiempo de oración. ¿No encuentras a quien dar limosna? Fíjate bien en las personas y ocasiones en las que Dios te visita en la persona de algún pobre. Ahí tienes la oportunidad de hacer el bien y haciéndolo, recibir la vida

¡Ánimo! Angosto es el camino que conduce a la vida porque debemos dejar muchas cosas que nos cargan y nos hacen mal para poder entrar por el. ¿Estás dispuesto?

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 7,6.12-14): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen. Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas. Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que lo encuentran».