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El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado

Jesús insiste en el evangelio que lo importante no es cumplir la ley. Toda norma, mandato o legislación existen por una razón. El propósito o espíritu de la ley es mas importante que la ley misma.

El pueblo de Israel recibió de parte de Dios unos mandamientos o palabras de vida. La intención de esta revelación divina era darle a los judíos el camino que les condujera a la felicidad o vida eterna. Es decir, para Dios lo importante es que seamos felices como se lo indicó al pueblo elegido de Dios.

El peligro radica en convertir la “letra” de la ley en una esclavitud o manifestación externa religiosa. Por ejemplo, podemos caer en el engaño de preocupamos mas por rezar el rosario que perdonar a nuestros enemigos. Pensamos que ir misa el domingo en un cumpli-miento que debo hacer para con Dios y que luego puedo comportarme en mi vida como me de la gana.

El amor siempre está por encima de todo. Es la maravilla del anuncio del Reino de los Cielos. Se inaugura una nueva economía que consiste en la gracia y el espíritu de Dios grabado en lo profundo de nuestro corazón.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 2,23-28): Un sábado, cruzaba Jesús por los sembrados, y sus discípulos empezaron a abrir camino arrancando espigas. Decíanle los fariseos: «Mira ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?». Él les dice: «¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y él y los que le acompañaban sintieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios, en tiempos del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió los panes de la presencia, que sólo a los sacerdotes es lícito comer, y dio también a los que estaban con él?». Y les dijo: «El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. De suerte que el Hijo del hombre también es señor del sábado».

El vino nuevo se echa en pellejos nuevos

Jesús, en su sermón de la Montaña, declara que no ha venido a abolir la ley, mas bien a darle fiel cumplimiento. En nuestro Señor se realiza plenamente el mandato de Dios revelado al pueblo de Israel. ¿Qué tiene que ver eso con nosotros?

En nuestra actividad religiosa nos acostumbramos a los ritos y liturgias. Reducimos la práctica cristiana a la asistencia mecánica de los sacramentos y el cumplimiento de normas externas. Esto está bien pero nuestro Señor Jesucristo quiere darnos algo nuevo que nos lleve a la plenitud.

La ley de Dios quiere ser grabada en lo profundo de nuestro corazón. Jesús nos da la novedad del evangelio grabado en nuestra alma y que nos capacita para amar. Abrir nuestro corazón a su palabra es poner “vino nuevo en odres nuevos”. ¡Ánimo! Inicia esta semana con todo el entusiasmo teniendo la seguridad que el Señor nos quiere y nos da lo mejor de Él para que seamos felices.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 2,18-22): Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vienen y le dicen a Jesús: «¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?». Jesús les dijo: «¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar. Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día.

»Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echaría a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos».

Mujer, quedas libre de tu enfermedad

Hacer el bien en todo tiempo es siempre bueno. Eso es lo que se asume normalmente. De todas maneras, hay personas que no viven según este criterio.

Muchos hemos vivido el cristianismo de una forma externa. Reducimos la práctica cristiana a cumplir unas leyes y normas. Pensamos que con ir a misa y hacer dos o tres oraciones cumplimos fielmente con lo que Dios quiere de nosotros. Nada más lejos de la verdad.

Este domingo, orando en familia, le preguntaba a mi hijo: “¿cómo se ama a Dios con todo el corazón, el alma y las fuerzas?” El me dijo: “participando en la misa, portándose bien”. Le dije que todo eso era muy bueno, pero es mucho mejor amar al prójimo que cumplir estás normas y leyes.

Podemos ser buenas personas y ser malos cristianos. El hombre de Fe ama como Dios ha amado. Perdonando, excusando, hablando bien de todos… Ese es el cumplimiento de “la ley entera”. Amarle con todo el ser es amar al prójimo como Jesús nos ama. ¿Estás dispuesto? ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 13,10-17): En aquel tiempo, estaba Jesús un sábado enseñando en una sinagoga, y había una mujer a la que un espíritu tenía enferma hacía dieciocho años; estaba encorvada, y no podía en modo alguno enderezarse. Al verla Jesús, la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad». Y le impuso las manos. Y al instante se enderezó, y glorificaba a Dios.

Pero el jefe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiese hecho una curación en sábado, decía a la gente: «Hay seis días en que se puede trabajar; venid, pues, esos días a curaros, y no en día de sábado». Le replicó el Señor: «¡Hipócritas! ¿No desatáis del pesebre todos vosotros en sábado a vuestro buey o vuestro asno para llevarlos a abrevar? Y a ésta, que es hija de Abraham, a la que ató Satanás hace ya dieciocho años, ¿no estaba bien desatarla de esta ligadura en día de sábado?». Y cuando decía estas cosas, sus adversarios quedaban confundidos, mientras que toda la gente se alegraba con las maravillas que hacía.

Esto es lo que había que practicar aunque sin omitir aquello

Leer algunos fragmentos del evangelio a veces nos resulta un tanto complicado. Parece que Jesús da “palo si boga” y “palo si no boga”. Para nuestra mentalidad occidental muchas cosas nos parecen confusas y difíciles de entender.

Por ejemplo, la parte en la que se dice que cuando en el Juicio Final se nos interrogue, nada de lo que hicimos vale para nuestra salvación porque es gratuita pero en otros pasajes nos llaman a realizar una serie de actos de misericordia y obras de evangelización como requisito para entrar en el Reino de los Cielos. ¿Qué significa todo esto?

Simple. Jesús no ha venido a “abolir la ley”, mas bien a darle un cumplimiento pleno. Las leyes y obras son buenas, válidas y necesarias. Lo que nos invita el Señor es a que no la cumplamos externamente. Más importante que la “letra” es el espíritu de ella.

Amar es cumplir la ley. Si por amor, dejamos de cumplir algún artículo… estamos cumpliéndola como quiera. Por amor damos limosna, oramos, vamos a las celebraciones litúrgicas, nos reunimos en comunidad, hacemos peregrinación, visitamos enfermos y ayudamos con nuestros bienes al necesitado. AMAR es el cumplimiento pleno del espíritu de la ley. ¿Estás dispuesto a amar HOY? ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 11,42-46): En aquel tiempo, el Señor dijo: «¡Ay de vosotros, los fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios! Esto es lo que había que practicar aunque sin omitir aquello. ¡Ay de vosotros, los fariseos, que amáis el primer asiento en las sinagogas y que se os salude en las plazas! ¡Ay de vosotros, pues sois como los sepulcros que no se ven, sobre los que andan los hombres sin saberlo!». Uno de los legistas le respondió: «¡Maestro, diciendo estas cosas, también nos injurias a nosotros!». Pero Él dijo: «¡Ay también de vosotros, los legistas, que imponéis a los hombres cargas intolerables, y vosotros no las tocáis ni con uno de vuestros dedos!».

Dad más bien en limosna lo que tenéis

Existe una tendencia muy marcada en nuestra naturaleza y sobre todo en la mentalidad occidental que es la de cumplir leyes y normas. Es cierto que la constitución y las leyes tienen importancia capital, pero ¿qué es más importante? ¿Cumplir la ley o el espíritu de la ley? Veamos.

En tiempos de Jesús se llevó el cumplimiento de la Ley a un nivel exagerado. Era más importante lavarse las manos que atender a las viudas y a los huérfanos. Se estaba pendiente de los ritos y no se daba importancia a la caridad.

El amor es la medida de todas las leyes. Amar es cumplir la ley entera y es la gran enseñanza que quiere darnos el Señor en el día de hoy.

Dar limosna, si se hace con el corazón y dándolo TODO es la más grande demostración de amor. En un tiempo donde el amor al dinero domina el corazón de todos los hombres dar dinero a cambio de nada es símbolo de que realmente es más importante amar que acumular.

¿Cómo puedes ir a la iglesia, orar y participar en las diversas liturgias y no puedes perdonar o pedir perdón? Hoy la palabra de Dios nos invita a realizar esta experiencia. Dios nos ama y nos invita a dar de este amor recibido gratuitamente a todos los que nos rodean. Mis hermanos y hermanas, AMAR ES CUMPLIR LA LEY ENTERA.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 11,37-41): En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, un fariseo le rogó que fuera a comer con él; entrando, pues, se puso a la mesa. Pero el fariseo se quedó admirado viendo que había omitido las abluciones antes de comer. Pero el Señor le dijo: «¡Bien! Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad. ¡Insensatos! el que hizo el exterior, ¿no hizo también el interior? Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros».

Maestro, ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?

Tenemos tantos estereotipos en la vida. Pensamos que ser un buen cristiano es cumplir una serie de reglas y compromisos. Vivimos la “religión” de una forma muy superficial y externa. Nunca ha sido así la enseñanza de Jesús.

Siempre vemos personas que reducen la experiencia cristiana a una serie de ritos y “cumplimientos”. Van a misa los domingos (mientras más corta, mejor). Hacen el rezo del Rosario los viernes por la tarde. Vamos a la funeraria a dar el pésame puntualmente y nunca hacemos algo “malo” a nadie. Pensamos que si no hemos matado o robado a nadie cumplimos plenamente con nuestro deber cristiano. Eso no es cristianismo… por favor. ¿Qué es por tanto ser cristiano?

Ser cristiano es tener dentro VIDA ETERNA. ¿Y cómo se logra eso? Ya el Señor respondió en la Cruz. Se tiene VIDA ETERNA cuando se ama hasta el extremo. Amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas y al prójimo como ti mismo.

¿Tienes a Dios como centro de tu vida? ¿Respiras, comes y caminas con Dios y en Dios? ¿Has puesto a Dios por encima de tu familia, de tus amigos, de tu trabajo, de tu dinero? ¿Estás dispuesto a amar a los enemigos? Esto es ser cristiano: RADICALIDAD EVANGÉLICA.

Dios nos quiere dar su vida. Nos ha creado para que seamos felices y ese camino sólo es posible cuando, como dice San Agustín, “descansamos en Dios”.

Jesús invitó en su momento al “maestro de la Ley” a vivir la ley… No ha cumplirla. ¡Ánimo! En poner en práctica esta palabra está la clave de tu felicidad.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 10,25-37): En aquel tiempo, se levantó un maestro de la Ley, y dijo para poner a prueba a Jesús: «Maestro, ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?». Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?». Respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo». Díjole entonces: «Bien has respondido. Haz eso y vivirás».

Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «Y ¿quién es mi prójimo?». Jesús respondió: «Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva. ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?». Él dijo: «El que practicó la misericordia con él». Díjole Jesús: «Vete y haz tú lo mismo».

¿Podéis acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos

En los seres humanos hay una fascinación por lo nuevo y diferente. Nos llama la atención las últimas invenciones como teléfonos inteligentes, gafas y relojes de última generación, televisores con alta resolución; en fin, la innovación es algo que atrae y entretiene.

En los tiempos de Jesús existía una tradición o una vieja escuela. Las cosas se hacían según una ley dada por Moises pero abultada por los fariseos y escribas. Se normaba hasta la forma de sonarse la nariz (eso último es broma, obviamente).

Nuestro Señor viene con aires nuevos. Con su palabra nos invita a no preocuparnos tanto por el cumplimiento externo de la ley. Nos pide que centremos nuestro accionar en lo más importante. ¿Cuál es el punto central de la Ley de Dios?

Toda Ley revelada por Dios tiene su punto más importante y este es el AMOR. Tenemos al novio entre nosotros por tanto debemos estar en ¡fiesta!. Esto es símbolo de amor. Una novia está enamorada del novio. El amor es lo que más le preocupa. No ve sus defectos ni tampoco hay reglas que regulen dicho comportamiento amoroso.

Vivamos el día de hoy enamorados de Dios. Recordemos cuanto Él nos ama y seamos ¡felices! Eso es cumplir la Ley entera. ¡Shemá Israel!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 5,33-39): En aquel tiempo, los fariseos y los maestros de la Ley dijeron a Jesús: «Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y recitan oraciones, igual que los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben». Jesús les dijo: «¿Podéis acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán en aquellos días».

Les dijo también una parábola: «Nadie rompe un vestido nuevo para echar un remiendo a uno viejo; de otro modo, desgarraría el nuevo, y al viejo no le iría el remiendo del nuevo. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino nuevo reventaría los pellejos, el vino se derramaría, y los pellejos se echarían a perder; sino que el vino nuevo debe echarse en pellejos nuevos. Nadie, después de beber el vino añejo, quiere del nuevo porque dice: ‘El añejo es el bueno’».

¿Qué es más importante, la ofrenda, o el altar que hace sagrada la ofrenda?

Llenamos nuestra vida de compromisos y obligaciones. Felicitar al amigo por su cumpleaños, dar el pésame al compañero de trabajo que acaba de perder a su abuela y llegar puntual a las reuniones, son sólo algunas de las reglas sociales que debemos o somos obligados a cumplir.

Mujeres que hablan mal de los maridos pero que van a misa todos los días, hombres que dicen ser bautizados y procuran no hacer “daño” a nadie pero son capaces de sobornar a un policía cuando los detiene. Cristianos que cumplen con la ley y su vida está muy lejos del espíritu de dicha ley. Ese es el centro del mensaje de Jesús.

Estamos acostumbrados a cumplir las leyes y pensamos que basta con un cumplimiento externo para sentirnos satisfechos. El Señor nos dice que no es suficiente.

Lo más importante es cumplir el espíritu de la Ley, no la norma escrita. Si sabes que estás enemistado con alguien, ¿cómo puedes tranquilamente ir a comulgar o rezar? Dios hoy nos dice que cumplir con las normas no basta. Hace falta que actuemos según el espíritu de las mismas.

Que en nuestra vida no haya divorcio entre Fe y Vida. Con la coherencia de nuestros hechos podemos ser felices y hacer felices a los demás.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 23,13-22): En aquel tiempo, Jesús dijo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros! ¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: ‘Si uno jura por el Santuario, eso no es nada; mas si jura por el oro del Santuario, queda obligado!’ ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante, el oro, o el Santuario que hace sagrado el oro? Y también: ‘Si uno jura por el altar, eso no es nada; mas si jura por la ofrenda que está sobre él, queda obligado’. ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda, o el altar que hace sagrada la ofrenda? Quien jura, pues, por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él. Quien jura por el Santuario, jura por él y por Aquel que lo habita. Y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por Aquel que está sentado en él».

Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?

Vivimos en mundo lleno de leyes, reglamentos y normas. Las naciones tienes sus constituciones desde las cuales emanan cuerpos legislativos que regulan la vida en los país. Sin ese conjunto de instrumentos legales sería muy difícil la vida en sociedad.

Israel era una nación que también cumplía con esta realidad. En su caso, las leyes adquirían carácter divino. Eran el mismo Dios y su enviado Moisés los autores fundamentales de la ley y sus mandatos.

En su afán de regular la vida, los fariseos y demás grupos, añadieron leyes, mandamientos y normas que hacían casi imposible su cumplimiento sobretodo para las personas más pobres y marginadas. Para que se considerara que una persona era justa según la ley mosaica había que cumplir con más de 600 preceptos.

Por todo esto, tiene mucho sentido el “gancho” que los fariseos, expertos en la ley, le “tiran” a Jesús. Él, como siempre, da una respuesta genial.

Amar a Dios y al prójimo son el centro del mensaje divino, el camino de la felicidad y las palabras de vida dadas a Moisés, que hoy quieren hacerse realidad en nuestras vidas.

Nuestro corazón, mente y fuerzas deben centrarse en el Señor más que las cosas pasajeras de este mundo. Amarle a Él y en este amor, amar a nuestro esposo o esposa, hijo o hija, padre o madre, amigo o amiga, incluyendo hasta nuestros enemigos es la perfecta felicidad. Esto sólo podemos hacerlo por gracia de Dios. ¡Ánimo! Dios nos ha dado esta ley fundamental cumplida ya en Jesucristo. En Él se puede, por pura gracia, cumplir en nosotros.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 22,34-40): En aquel tiempo, cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo, y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?». Él le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas».

Misericordia quiero y no sacrificio

A todos nos enseñan desde muy temprana edad que es importante portarse bien. Nuestros padres insistían en este tema diciendo: “Los niños que se portan bien van al cielo”. ¿En qué consiste eso de “portarse bien”?

Existe en la sociedad un conjunto de reglas que debemos seguir. Esto no es malo, de hecho, es necesario. Sin las normas de comportamiento no podríamos vivir en una sociedad civilizada.

Es necesario cumplir con las leyes pero lo más importante es poner en práctica el espíritu de la Ley. Las normas no sirven para definir quién es bueno o malo. Los reglamentos, procedimientos y leyes, sirven para garantizar mejores condiciones de vida procurando la armonía de todos los seres humanos.

Jesús siempre ha querido llevarnos al fondo de la cuestión. Lo importante no es cumplir ciertas normas, lo realmente vital es cumplir el espíritu de dichas reglas. La escritura nos dijo: “Amar es cumplir la ley entera”. Ama y has lo que quieras. Más importante que cumplir es vivir, más importante que los “sacrificios y ofrendas” es el Amor. Al momento de hacer algo pregúntate, ¿con esto estoy amando a Dios o a mi prójimo?. Si la respuesta es sí, has cumplido la ley en plenitud. Lo demás es… “paja de coco”.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 12,1-8): En aquel tiempo, Jesús cruzaba por los sembrados un sábado. Y sus discípulos sintieron hambre y se pusieron a arrancar espigas y a comerlas. Al verlo los fariseos, le dijeron: «Mira, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en sábado». Pero Él les dijo: «¿No habéis leído lo que hizo David cuando sintió hambre él y los que le acompañaban, cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la Presencia, que no le era lícito comer a él, ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes? ¿Tampoco habéis leído en la Ley que en día de sábado los sacerdotes, en el Templo, quebrantan el sábado sin incurrir en culpa? Pues yo os digo que hay aquí algo mayor que el Templo. Si hubieseis comprendido lo que significa aquello de: ‘Misericordia quiero y no sacrificio’, no condenaríais a los que no tienen culpa. Porque el Hijo del hombre es señor del sábado».