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¡Ánimo!, hija, tu fe te ha salvado

La fe se suscita en el momento en que tenemmos un encuentro personal con el Señor. Este encuentro se concretiza cuando nos convertimos en testigos del amor de Dios. En el mismo instante cuando en nuestra vida se realiza el milagro de la conversión.

¡Hemos resucitado! Nos hemos levantado de la muerte. Con el perdón de nuestros pecados, Dios nos ha hecho hijos suyos. Semejantes a su hijo Jesucristo que lo sana todo y lo transformar todo.

Dejemos que Jesús nos ayude a salir del pecado y seamos introducidos en la vida que no acaba nunca.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 9,18-26): En aquel tiempo, Jesús les estaba hablando, cuando se acercó un magistrado y se postró ante Él diciendo: «Mi hija acaba de morir, pero ven, impón tu mano sobre ella y vivirá». Jesús se levantó y le siguió junto con sus discípulos. En esto, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años se acercó por detrás y tocó la orla de su manto. Pues se decía para sí: «Con sólo tocar su manto, me salvaré». Jesús se volvió, y al verla le dijo: «¡Ánimo!, hija, tu fe te ha salvado». Y se salvó la mujer desde aquel momento.

Al llegar Jesús a casa del magistrado y ver a los flautistas y la gente alborotando, decía: «¡Retiraos! La muchacha no ha muerto; está dormida». Y se burlaban de Él. Mas, echada fuera la gente, entró Él, la tomó de la mano, y la muchacha se levantó. Y la noticia del suceso se divulgó por toda aquella comarca.

¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!

El sufrimiento es algo que no podemos entender. Nos escandaliza ver el sufrimiento en el mundo. ¿Cómo es posible que exista un Dios bueno que permite guerras, enfermedades, desates naturales que maniatan a millones de personas? Nos escandaliza, al momento de razonar, que exista el mal siendo Dios el bien y con poder de hacer lo que quiera. Aquí hay un error de fondo.

Ciertamente, existe el sufrimiento. Algunos son permitidos por Dios, y otros son fruto de nuestros pecados, de nuestras debilidades humanas. En relación a los sufrimientos permitidos por Dios, en cristo, tienen un valor salvífico. Por ejemplo, si un ser querido tiene una enfermedad incurable, creemos qué hay algo equivocado en ese acontecimiento. La verdad es que este tipo de sufrimiento nos hace ver que somos simples creaturas y que debemos ser humildes y sencillos. El sufrimiento se hace cruz gloriosa cuando tenemos iluminado el porque Dios lo ha permitido para nosotros.

¡Ánimo! Si crees y aceptas el sufrimiento tendrás la cruz iluminada y nunca dudarás del amor de Dios.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 16,13-23): En aquellos días, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?». Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas». Díceles Él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos». Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que Él era el Cristo.

Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que Él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día. Tomándole aparte Pedro, se puso a reprenderle diciendo: «¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!». Pero Él, volviéndose, dijo a Pedro: «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!».

Que no pierda nada de lo que él me ha dado

La voluntad de un hombre o mujer con poder siempre se lleva a cabo. Los españoles dicen que “va a misa” para indicar que algo se hace seguró sin importar obstáculos.

Hay en el mundo muchísimos ejemplos de cómo el poder de un presidente o jefe de gobierno así como el dinero de un hombre rico hacen que sus voluntades y deseos se lleven al cabo por encima de la voluntad de personas e instituciones. ¿Quién es el más poderoso de todos los poderosos?

Dios es el creador de toda la tierra. No hay en nuestro planeta un solo átomo o molécula que no haya sido creada por Dios. Dios tiene el poder de cambiar todo a su antojo. Él es el rey de todo lo que existe, ¡¿quién como Dios?!

¿Sabes cual es la voluntad de Dios? ¡Que tu tengas Vida Eterna! ¡Que seas feliz! ¡Que resucites de la muerte! ¡Que vivas en la luz! Hoy es el día en que debes abrir tu corazón a su voluntad. Deja el llanto, el dolor y las lágrimas: ¡RESUCITO!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 6,35-40):En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed. Pero ya os lo he dicho: Me habéis visto y no creéis. Todo lo que me dé el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera; porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Y esta es la voluntad del que me ha enviado; que no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite el último día. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en Él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día».

Venid y comed

Los discípulos, después de la muerte tan aparatosa y cruel de Jesús, estaban desconcertados y muertos de miedo. Hay varios pasajes de la Biblia donde se muestra su situación post-muerte de Jesús que retratan diferentes estados de ánimo de los apóstoles. Algunas veces aparecen muertos de miedo, en otros momentos desanimados y decepcionados y por otro lado cada uno a vuelto a los suyo.

Hay un momento en que Jesús encuentra a los discípulos en lo “suyo”. Están pescando y no logran atrapar peces. Se parece mucho al pasaje de cuando Jesús los encuentra pescado y los llama a ser “pescadores de hombre”. Aquí pareciera que los discípulos han renunciado a esa llamada. Han abandonado la misión. Se han olvidado de las maravillas que Dios ha hecho en su vida y han vuelto a los “ajos y cebollas” de Egipto.

Muchos de nosotros, cuando pasamos por un sufrimiento o estamos viviendo algo en nuestra vida que no entendemos, dudamos de Dios y nos alejamos de Él. Tendemos a dudar del amor de Dios. Volvemos a nuestras “cosas del mundo”. Nos escandaliza la vida con sus “cruces” y con sus “muertes”, tal como Dios nos la permite y eso se traduce en alejamiento. ¡Eso es un grave error!

La buena noticia es que el Señor vuelve a nuestro encuentro y precisamente en la Pascua. Entra nuevamente en el mar con los discípulos y es como si le hiciera nuevamente el llamado. Antes no pescaban nada y ahora pesca 153 peces símbolo de las naciones de la tierra. Pedro se pone el “vestido” nuevamente. Se podría decir que se convierte al hacer de nuevo encuentro personal con Jesús y se pone la “túnica blanca” del bautismo. Es otra persona. Ya puede comer “pan y pez”, hacer Eucaristía con el Señor y dar al mundo entero de lo que le sobra: amor de Dios.

Que hermoso es descubrir el inmenso amor de Dios en nuestras vidas. Dios nos ha amado en Jesús y quiere que prediquemos este amor a todas las naciones de la tierra. Nos envía nuevamente a esta misión de “pescar hombres”. ¿Estás dispuesto?

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 21,1-14):En aquel tiempo, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dice: «Voy a pescar». Le contestan ellos: «También nosotros vamos contigo». Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. 


Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Díceles Jesús: «Muchachos, ¿no tenéis pescado?». Le contestaron: «No». Él les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: «Es el Señor». Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se puso el vestido —pues estaba desnudo— y se lanzó al mar. Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos. 


Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. Díceles Jesús: «Traed algunos de los peces que acabáis de pescar». Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Venid y comed». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», sabiendo que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez. Ésta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.

El Hijo da la vida a los que quiere

La iglesia está viviendo en este tiempo la cuaresma. Podríamos decir que estamos en la “hora” de Dios. Es un tiempo oportuno de conversión y de reencuentro con nuestro Padre Dios.

La voluntad de Dios no es que nos quedemos en el ayuno, oración y limosna como práctica cuaresmal ascética. La cuaresma es muy bonita pero mucho más importante es su finalidad. La cuaresma está en función de la Pascua. El querer de Dios es que TODOS tengamos vida en abundancia.

Hermanos y hermanas. ¡La gran noticia es que Dios quiere resucitarte! Alégrate, porque este misterio que debe darse todos los días lo vamos a celebrar en breve. Nunca te desanimes.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 5,17-30):En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo» Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios. 


Jesús, pues, tomando la palabra, les decía: «En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace Él, eso también lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre quiere al Hijo y le muestra todo lo que Él hace. Y le mostrará obras aún mayores que estas, para que os asombréis. Porque, como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie; sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo ha enviado. En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida. 


»En verdad, en verdad os digo: llega la hora (ya estamos en ella), en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán. Porque, como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en sí mismo, y le ha dado poder para juzgar, porque es Hijo del hombre. No os extrañéis de esto: llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz y saldrán los que hayan hecho el bien para una resurrección de vida, y los que hayan hecho el mal, para una resurrección de juicio. Y no puedo hacer nada por mi cuenta: juzgo según lo que oigo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado».