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El que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado

Jesús es la encarnación de Dios. Como Dios Hijo, hace presente a nuestro Dios Padre en la tierra a través de sus obras y acciones. Quien ve a Jesús ve la naturaleza misma de Dios: ¿Cuál es la naturaleza divina? El Amor.

Creer en Jesús es creer que Dios nos ama. Es descubrir que en todos los acontecimientos de la historia, nos gusten o no, está presente el amor de Dios. ¡Nunca dudemos de su amor!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 12,44-50): En aquel tiempo, Jesús gritó y dijo: «El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; y el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas. Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien le juzgue: la Palabra que yo he hablado, ésa le juzgará el último día; porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me ha enviado me ha mandado lo que tengo que decir y hablar, y yo sé que su mandato es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo lo hablo como el Padre me lo ha dicho a mí».

Vio y creyó

En el evangelio hay un pasaje interesante. San Juan dice que corrió al sepulcro un discípulo a quien Jesús quería. ¿Acaso el Señor no quería a todos por igual? Me parece que esa frase nos muestra la relación que todos estamos llamados a tener con Jesucristo.

Juan sentía en su corazón el amor inmenso de su Señor. Había caminado, comido y vivido con Él tantas cosas. Era testigo del amor de Dios. Se le había manifestado la misericordia divina y por eso creía que era “querido” por Jesús. Ese el sentimiento más grande y puro que se pueda experimentar sobre la tierra.

En este tiempo de manifestación gloriosa del Señor Jesús a través de su nacimiento estamos llamados a reconocer su amor. Jesús nació para morir en la Cruz y luego resucitar para que nosotros seamos testigos de su amor. Esto es el centro de nuestra Fe. Cree que Dios te ama. ¡Nunca lo dudes!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 20,2-8): El primer día de la semana, María Magdalena fue corriendo a Simón Pedro y a donde estaba el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó.

El que cree en el Hijo tiene vida eterna

¿Qué significa que alguien viene del Cielo? ¿Estamos llamados los cristianos a ser personas venidas del cielo?

Ser celestes consiste en que nuestras aspiraciones no están en las cosas de este mundo pasajero. En nuestro tiempo se hace mucho incapié en que para ser plenamente feliz debemos acumular riquezas y fama. Todo eso es pasajero y por tanto, una fuente irreal de felicidad.

Creamos en el amor de Dios. Pongamos nuestra confianza en Él. Esta es la clave de la vida, la clave de la experiencia de la resurrección. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 3,31-36): El que viene de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo, da testimonio de lo que ha visto y oído, y su testimonio nadie lo acepta. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él.

Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres

¿Cuál es la verdad? La verdad es que Dios ha enviado a Jesús para salvarlos. El único problema que esto lo podemos creer o no. Está en nosotros el acoger esta buena noticia o rechazarla.

En tiempo de Jesús muchos no entendieron su mensaje y por tanto no creyeron que Él fuera hijo de Dios. Al contrario, veían su apariencia y todo les daba a entender que no era cierto el mensaje de Jesús.

Lo mismo puede pasarnos. Podemos estar pendientes de milagros extraordinarios o manifestaciones según nuestros esquemas de felicidad. La verdad es que el Señor ha querido salvarnos a través de la muerte y resurrección de su hijo. Esto es lo que vamos a celebrar dentro de poco.

Es por eso que te digo: ¡Alégrate, porque has creído en lo anunciado por el Señor!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 8,31-42): En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos que habían creído en Él: «Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres». Ellos le respondieron: «Nosotros somos descendencia de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Os haréis libres?». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es un esclavo. Y el esclavo no se queda en casa para siempre; mientras el hijo se queda para siempre. Si, pues, el Hijo os da la libertad, seréis realmente libres. Ya sé que sois descendencia de Abraham; pero tratáis de matarme, porque mi Palabra no prende en vosotros. Yo hablo lo que he visto donde mi Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído donde vuestro padre».

Ellos le respondieron: «Nuestro padre es Abraham». Jesús les dice: «Si sois hijos de Abraham, haced las obras de Abraham. Pero tratáis de matarme, a mí que os he dicho la verdad que oí de Dios. Eso no lo hizo Abraham. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre». Ellos le dijeron: «Nosotros no hemos nacido de la prostitución; no tenemos más padre que a Dios». Jesús les respondió: «Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais a mí, porque yo he salido y vengo de Dios; no he venido por mi cuenta, sino que Él me ha enviado».

¿Cómo vais a creer en mis palabras?

Jesucristo vino al mundo a hacer presente la gloria y el amor de Dios, su padre. Quien experimenta el perdón y el amor de Jesús, experimenta el amor de Dios. El señor nos ha amado tanto que se hizo cercano a toda nuestra humanidad mediante su hijo Jesucristo, nuestro Señor. ¿Tú te lo crees?

Día a día, minuto a minuto, segundo a segundo; nuestro Señor se hace presente, la mayoría de la veces, de manera velada. Una palabra de un familiar, la corrección de algún compañero de trabajo, alguna noticia positiva o negativa; en fin, son muchas las maneras que la que Dios dialoga con nosotros mediante la historia. Él nos ama y quiere salvarnos, pero “necesita” que tú te lo creas. Todas las maravillas que hace en tu vida es para que tu te creas su amor y puedas así ser feliz.

La resurrección de empieza a experimentar desde aquí. La pascua, el paso de la muerte a la vida, se alcanza desde esta vida presente. Pensamos pues en la vida futura en la seguridad de que Dios nos ama y nunca nos dejará en la muerte. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 5,31-47): En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería válido. Otro es el que da testimonio de mí, y yo sé que es válido el testimonio que da de mí. Vosotros mandasteis enviados donde Juan, y él dio testimonio de la verdad. No es que yo busque testimonio de un hombre, sino que digo esto para que os salvéis. Él era la lámpara que arde y alumbra y vosotros quisisteis recrearos una hora con su luz. Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan; porque las obras que el Padre me ha encomendado llevar a cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado. Y el Padre, que me ha enviado, es el que ha dado testimonio de mí. Vosotros no habéis oído nunca su voz, ni habéis visto nunca su rostro, ni habita su palabra en vosotros, porque no creéis al que Él ha enviado.

»Vosotros investigáis las escrituras, ya que creéis tener en ellas vida eterna; ellas son las que dan testimonio de mí; y vosotros no queréis venir a mí para tener vida. La gloria no la recibo de los hombres. Pero yo os conozco: no tenéis en vosotros el amor de Dios.

»Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viene en su propio nombre, a ése le recibiréis. ¿Cómo podéis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros, y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que os voy a acusar yo delante del Padre. Vuestro acusador es Moisés, en quién habéis puesto vuestra esperanza. Porque, si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque él escribió de mí. Pero, si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?».

He venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas

Todo en la vida debería hacerse por un propósito claro. Si estudiamos, trabajamos o nos divertimos, debemos ser lo más conscientes posibles del porqué estamos realizando dichas actividades. Una vida con sentido es la clave de la felicidad.

Jesús vino al mundo con una misión muy clara: salvar a todos los hombres y mujeres de todas las generaciones. Dios envió a su hijo para que todo el que crea en Él tenga vida eterna. Esa es la clave de nuestra felicidad.

Lo que da sentido a nuestra vida y la llena de propósito es reconocer que en Jesús podemos tener una vida nueva. Trabajamos, estudiamos y nos divertimos en el Señor. Cuando tenemos plena conciencia que todo obra para bien, podemos encontrar bendición en toda nuestra vida. Todo es bueno, santo y útil. Hasta el sufrimiento tiene sentido, porque Dios lo permite para seamos buenos y santos. En Dios sabemos que podemos tener futuro y un futuro lleno de vida y felicidad.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 12,44-50): En aquel tiempo, Jesús gritó y dijo: «El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; y el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas. Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien le juzgue: la Palabra que yo he hablado, ésa le juzgará el último día; porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me ha enviado me ha mandado lo que tengo que decir y hablar, y yo sé que su mandato es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo lo hablo como el Padre me lo ha dicho a mí».

El que cree en el Hijo tiene vida eterna

Dios ha querido revelarse a toda la humanidad mediante tu Hijo. ¿Qué podemos ver de Dios Padre en Jesús? La naturaleza divina.

Los seres humanos experimentamos día a día el cansancio de vivir. Estamos en un sin fin de actividades que agitan y nos hacen pensar que la existencia debería ser algo más. Es por eso que con el tiempo de ocio queremos hacer siempre cosas extraordinarias. Llenar nuestro tiempo de actividades que nos permiten “disfrutar” un poco del gozo de vivir.

La clave en este tiempo de Resurrección es acoger a Jesús Vivo en nuestro corazones y así participar de la vida eterna que él nos ofrece. ¿Cómo se logra esto? Pues pídeselo al Señor. Pídele humildemente que te permita vivir aquí en la tierra un pedacito del Cielo. Él te escuchará.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 3,31-36): El que viene de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo, da testimonio de lo que ha visto y oído, y su testimonio nadie lo acepta. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él.

¡Ánimo!: yo he vencido al mundo

Cuando la escritura se refiere al mundo de habla de nuestra existencia física. Esto quiere decir que Dios nos llama a una vocación espiritual que se debe vivir en un mundo físico. ¿Qué tenenemos que hacer con respecto a esto?

Vivir es enfrentar las situaciones que se presentan en nuestra vida. Las enfermedades, el cansancio, las humillaciones y situaciones contrarias a nuestro querer son comunes en la vida de cualquier ser humano. La existencia humana está marcada por diversas situaciones que nos llevan al desánimo o a la duda.

Buscamos en la religión refugio. Pensamos que teniendo mediante devociones a Dios de nuestro lado podemos evitar lo inevitable. La vida es eso. Lo que Dios ha querido que sea.

Jesús, nuestro Señor, ha dicho que ¡ÁNIMO! Que es verdad que tendrás pruebas pero que él HA VENCIDO AL MUNDO. Confía en Él. Nada malo pasará. Para los que confían en el Señor TODO obra para bien. 

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 16,29-33): En aquel tiempo, los discípulos dijeron a Jesús: «Ahora sí que hablas claro, y no dices ninguna parábola. Sabemos ahora que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por esto creemos que has salido de Dios». Jesús les respondió: «¿Ahora creéis? Mirad que llega la hora (y ha llegado ya) en que os dispersaréis cada uno por vuestro lado y me dejaréis solo. Pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo».

El que come mi pan ha alzado contra mí su talón

A pesar de que estamos en fiesta todavía ya que seguimos en la cincuentena pascual es importante recordar un punto importante del misterio pascual: no hay resurrección si no hay pasión.

Todos los seres humanos nos resistimos al sufrimiento. Nos hacemos la imagen de una felicidad plena lograda a través de la ausencia de sufrimiento. Jesús nunca propuso eso. Todo lo contrario. Jesús hizo “glorioso” el sufrimiento dándole sentido en su muerte de cruz. Ilumino algo muy profundo de la vida humana. Nos hizo entender que vivir el sufrimiento desde la Fe nos hace resucitar.

Entrar en las dificultades del matrimonio, la educación de los hijos, las relaciones con vecinos y amigos desde la Fe es aceptar que siempre tendremos dificultades y problemas pero que siempre el Señor nos librará de la muerte.

Acojamos a Jesús plenamente en nuestra vida. Esto significa hoy aceptar nuestra historia de vida con todo lo que Dios a permitido. Vivamos en una nueva dimensión. Vivamos en la Fe de aquel que nos ama y nos libra de todos nuestros pecados.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 13,16-20): Después de lavar los pies a sus discípulos, Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía. Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís. No me refiero a todos vosotros; yo conozco a los que he elegido; pero tiene que cumplirse la Escritura: el que come mi pan ha alzado contra mí su talón. Os lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis que Yo Soy. En verdad, en verdad os digo: quien acoja al que yo envíe me acoge a mí, y quien me acoja a mí, acoge a Aquel que me ha enviado».

El Hijo da la vida a los que quiere

La iglesia está viviendo en este tiempo la cuaresma. Podríamos decir que estamos en la “hora” de Dios. Es un tiempo oportuno de conversión y de reencuentro con nuestro Padre Dios.

La voluntad de Dios no es que nos quedemos en el ayuno, oración y limosna como práctica cuaresmal ascética. La cuaresma es muy bonita pero mucho más importante es su finalidad. La cuaresma está en función de la Pascua. El querer de Dios es que TODOS tengamos vida en abundancia.

Hermanos y hermanas. ¡La gran noticia es que Dios quiere resucitarte! Alégrate, porque este misterio que debe darse todos los días lo vamos a celebrar en breve. Nunca te desanimes.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 5,17-30):En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo» Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios. 


Jesús, pues, tomando la palabra, les decía: «En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace Él, eso también lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre quiere al Hijo y le muestra todo lo que Él hace. Y le mostrará obras aún mayores que estas, para que os asombréis. Porque, como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie; sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo ha enviado. En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida. 


»En verdad, en verdad os digo: llega la hora (ya estamos en ella), en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán. Porque, como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en sí mismo, y le ha dado poder para juzgar, porque es Hijo del hombre. No os extrañéis de esto: llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz y saldrán los que hayan hecho el bien para una resurrección de vida, y los que hayan hecho el mal, para una resurrección de juicio. Y no puedo hacer nada por mi cuenta: juzgo según lo que oigo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado».