Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre

Hace la voluntad de Dios es la clave de toda acción cristiana. Jesús es el primero que frente a la pasión y cruz prefiere que se haga la voluntad de Dios antes de evitar ese calvario. ¿Tenemos nosotros ese mismo espíritu?

Hoy a lo mejor te has levantado con pesadez. Has pensado en las cosas que te tocan hacer este año y te has llenado de cansancio y malestar. No quieres ir a trabajar o educar a tus hijos, te cuesta trabajo aceptar a tu pareja o entender a tus padres. Piensa en la cosas que hoy no aceptas en tu vida y a lo mejor en esas cosas está la voluntad de Dios.

La voluntad de Dios siempre es el amor, la bendición y la donación. Si los hechos de tu vida en lo que no te apetece mucho entrar te llevan al amor y perdón entonces esa es la voluntad de Dios. El AMOR siempre es el camino de Dios. ¿Estás dispuesto a hacer hoy su voluntad?

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 3,31-35): En aquel tiempo, llegan la madre y los hermanos de Jesús, y quedándose fuera, le envían a llamar. Estaba mucha gente sentada a su alrededor. Le dicen: «¡Oye!, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan». Él les responde: «¿Quién es mi madre y mis hermanos?». Y mirando en torno a los que estaban sentados en corro, a su alrededor, dice: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».

Jesús subió al monte y llamó a los que Él quiso; y vinieron donde Él

Uno de los deberes más importantes de un buen líder es formar su equipo. Es un talento que todo aquel que aspire a dirigir debe desarrollar. La conformación del equipo debe ser en base a criterios muy claros para que esas personas puedan hacer un aporte extraordinario al logro del objetivo final.

Jesús, podríamos decir, también fue un líder. De hecho, si hablamos desde la óptica secular, Jesús ha sido uno de los más grandes líderes de la historia humana. Después de dos mil años de su muerte, más de mil millones de habitantes de este planeta profesan Fe en Él.

¿Cuáles son las cosas que hace el Señor para asegurarse un buen equipo? Entre ellas, una se destaca por su importancia: la oración. Dice la escritura que Jesús sube al monte, donde acostumbraba a orar, y desde la reflexión y meditación profunda invita a hombres de diversos niveles sociales y oficios a la misión que le asignaba.

El Señor le entrega una misión y eso cambia la vida todos y para lograr su objetivo hace uso efectivo del arma más poderosa, la oración. Dios nos invita a decirle SI a la misión que nos quiere dar, ¿cuál es esta? Es importante que la descubras y la vivas como los apóstoles lo hicieron. Ellos renunciaron a todo y le siguieron.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 3,13-19): En aquel tiempo, Jesús subió al monte y llamó a los que Él quiso; y vinieron donde Él. Instituyó Doce, para que estuvieran con Él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los demonios. Instituyó a los Doce y puso a Simón el nombre de Pedro; a Santiago el de Zebedeo y a Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso por nombre Boanerges, es decir, hijos del trueno; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote, el mismo que le entregó.

Tú eres el Hijo de Dios

Las palabras y acciones de Jesús le dieron fama por todo el territorio en el que ejerció su misión aquí en la tierra. Su predicación era sellada constantemente por hechos y prodigios confirmados por muchedumbres e innumerables discípulos. ¿Para qué sirven los milagros de Jesús?

En nuestras oraciones, de forma consciente o no, pedimos milagros al Señor. Cuando queremos sanación para un ser querido o para algún padecimiento personal elevamos plegarias a Dios y esperamos su respuesta. Requerimos del Señor su intervención en las situaciones más difíciles de nuestra vida para que nos haga el milagro de salvarnos.

Para Jesús el milagro físico tiene el propósito de apoyar el milagro social o moral. El Señor llama a cambiar la vida y para demostrar que esto es posible hace cosas que parecen o son imposibles. El milagro nos dice, cuando acontece, que nuestro Dios Padre lo puede todo y que nos quiere liberar del mal físico y espiritual.

A todos los que hemos sido testigos de su amor manifestado por estos hechos extraordinarios sabemos que estas acciones divinas procurar despertar en nosotros la llama de la Fe y suscitar un corazón agradecido que abra nuestra vida a la conversión a Dios.

Hermanos y hermanas, Jesús nos invita a reconocerle como hijo de Dios y hermano nuestro. Todo un Dios encarnado que nos ama y quiere que seamos felices. ¡Abre tu corazón al amor de Dios!

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 3,7-12): En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos hacia el mar, y le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, de los alrededores de Tiro y Sidón, una gran muchedumbre, al oír lo que hacía, acudió a Él. Entonces, a causa de la multitud, dijo a sus discípulos que le prepararan una pequeña barca, para que no le aplastaran. Pues curó a muchos, de suerte que cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarle. Y los espíritus inmundos, al verle, se arrojaban a sus pies y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero Él les mandaba enérgicamente que no le descubrieran.

El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado

Jesús insiste en el evangelio que lo importante no es cumplir la ley. Toda norma, mandato o legislación existen por una razón. El propósito o espíritu de la ley es mas importante que la ley misma.

El pueblo de Israel recibió de parte de Dios unos mandamientos o palabras de vida. La intención de esta revelación divina era darle a los judíos el camino que les condujera a la felicidad o vida eterna. Es decir, para Dios lo importante es que seamos felices como se lo indicó al pueblo elegido de Dios.

El peligro radica en convertir la “letra” de la ley en una esclavitud o manifestación externa religiosa. Por ejemplo, podemos caer en el engaño de preocupamos mas por rezar el rosario que perdonar a nuestros enemigos. Pensamos que ir misa el domingo en un cumpli-miento que debo hacer para con Dios y que luego puedo comportarme en mi vida como me de la gana.

El amor siempre está por encima de todo. Es la maravilla del anuncio del Reino de los Cielos. Se inaugura una nueva economía que consiste en la gracia y el espíritu de Dios grabado en lo profundo de nuestro corazón.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 2,23-28): Un sábado, cruzaba Jesús por los sembrados, y sus discípulos empezaron a abrir camino arrancando espigas. Decíanle los fariseos: «Mira ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?». Él les dice: «¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y él y los que le acompañaban sintieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios, en tiempos del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió los panes de la presencia, que sólo a los sacerdotes es lícito comer, y dio también a los que estaban con él?». Y les dijo: «El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. De suerte que el Hijo del hombre también es señor del sábado».

El vino nuevo se echa en pellejos nuevos

Jesús, en su sermón de la Montaña, declara que no ha venido a abolir la ley, mas bien a darle fiel cumplimiento. En nuestro Señor se realiza plenamente el mandato de Dios revelado al pueblo de Israel. ¿Qué tiene que ver eso con nosotros?

En nuestra actividad religiosa nos acostumbramos a los ritos y liturgias. Reducimos la práctica cristiana a la asistencia mecánica de los sacramentos y el cumplimiento de normas externas. Esto está bien pero nuestro Señor Jesucristo quiere darnos algo nuevo que nos lleve a la plenitud.

La ley de Dios quiere ser grabada en lo profundo de nuestro corazón. Jesús nos da la novedad del evangelio grabado en nuestra alma y que nos capacita para amar. Abrir nuestro corazón a su palabra es poner “vino nuevo en odres nuevos”. ¡Ánimo! Inicia esta semana con todo el entusiasmo teniendo la seguridad que el Señor nos quiere y nos da lo mejor de Él para que seamos felices.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 2,18-22): Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vienen y le dicen a Jesús: «¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?». Jesús les dijo: «¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar. Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día.

»Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echaría a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos».

A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa

Muchos hombres y mujeres padecen enfermedades o tienen accidentes. Cuando vemos a un ser querido en una situación difícil le pedimos a Dios que lo salve o cure. Muchas veces el decimos a la persona en desgracia que no se preocupe, que Dios le ayudará, ¿qué pasa si esa persona en peligro de muerte o enfermedad no sana y muere?

Jesús ciertamente tiene poder para curar cualquier enfermedad y expulsar demonios. De hecho, pasó su vida en la tierra curando de toda dolencia a aquellos que se acercaban. ¿Por qué Jesús así esto?

El Señor cura no porque lo importante sea que no tengamos enfermedades. Si fuera así, nadie tendría que padecer ninguna afección de salud. Jesús sana como signo de su mayor poder que es perdonar lo pecados.

El milagro físico siempre ocurre para apoyar el milagro moral. El Señor sana el cuerpo para poder sanar el alma. Realiza un hecho extraordinario para suscitar la Fe en nuestros corazones.

Pidamos al Señor el perdón de nuestros pecados. Lo demás vendrá por añadidura.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 2,1-12): Entró de nuevo en Cafarnaum; al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa. Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y Él les anunciaba la Palabra.

Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro. Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde Él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados».

Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones: «¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?». Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: «¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate, toma tu camilla y anda?’ Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice al paralítico-: ‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’».

Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: «Jamás vimos cosa parecida».

Quiero; queda limpio

Hermanos y hermanas, ¡qué buena noticia! ¡Jesús quiere sanarnos! ¡Jesús te quiere sanar! ¡Jesús nos está sanando!

La lepra es símbolo de las enfermedades que muchas veces afectan nuestra alma. Estas enfermedades son nuestros odios, mentiras, lujurias, idolatrías y demás pecados que como dice la escritura todos tenemos.

La lepra deforma, afea, mutila y traumatiza. Lo mismo hacen los pecados en nuestra vida. Un alma fea es aquella que no se abre al amor. Que no se deja amar de Dios y que no transmite dicho amor a los demás.

Hermanos y hermanas. ¡Hemos sido sanados por Dios! Nuestras “fealdades” han sido “embellecidas” en el Amor de nuestro Señor. Este es el camino de la felicidad. Esta es la oferta que nos hace Dios que nos convierte en proclamado res y testigos de su Amor. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 1,40-45): En aquel tiempo, vino a Jesús un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: «Si quieres, puedes limpiarme». Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio». Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. Le despidió al instante prohibiéndole severamente: «Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio».

Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a Él de todas partes.

La fiebre la dejó y ella se puso a servirles

La enfermedad y dolencia es parte de la vida diaria. Todos tenemos un conocido o ser querido que ha tenido o padece alguna afección de salud. Nosotros enfermamos y sanamos varias veces a lo largo de nuestra existencia en esta tierra.

La fiebre es muy común. Todos hemos la hemos tenido en algún momento. El evangelio lleva esto a otro nivel. Las dolencias del evangelio son signo de algo mucho más profundo.

Simón Pedro tenía la suegra con fiebre. Contrario a lo que muchos quisieran, Pedro se preocupó e hizo posible que Jesús solucionara el tema. Es interesante que se dice “y ella se puso a servirle”.

Muchos tenemos “fiebre espiritual”. Esto quiere decir que tenemos en el alma como un impedimento para servir a los demás. Estamos viviendo para nosotros mismo y nuestros temas. No pensamos en los que necesitan de nuestra ayuda en el trabajo, iglesia, familia o sector donde vivimos. Decimos “no tengo tiempo” o “que cada quien se encargue de su tema”. Con estas excusas nos cerramos al servicio.

Amar es servir y todo lo que impide que practiquemos esta forma de amar es una “enfermedad” que solo Jesús puede sanar. Pidamos al Señor que nos conceda servir amando y amar el servicio. Ese es el verdadero camino cristiano.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 1,29-39): En aquel tiempo, Jesús, saliendo de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.

Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían.

De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración. Simón y sus compañeros fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: «Todos te buscan». El les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido». Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.

¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad!

La palabra de Jesús tenía fuerza y poder. Con solo un gesto o palabra cambiaba la vida de la gente. Su fama se extendió por toda la Región de aquel tiempo.

Vivimos actualmente en un mundo sin autoridad. Los jóvenes no respetan a los mayores, los mayores olvidan la tradición, las instituciones son atacadas y difamadas, se pierde el respeto a la sabiduría y al vivir bien según reglas y normas. Parece que la palabra libertad significa hacer lo que quieras con tu vida. Lamentablemente eso no conduce a nada bueno.

Jesús tenía una legitimidad inquebrantable porque encarnaba en su vida lo que su palabra predicaba. Él es la encarnación del Amor de Dios y por tanto cuando hablaba sus palabras sanaban, resucitaban y cambiaban la vida de todos aquellos que le escuchaban. Esa es la AUTORIDAD de Jesús. Amor convertido en acción. ¿Lo has experimentado en su vida?

La Iglesia, cuerpo visible de Cristo, tiene autoridad sobre nosotros y sobre los hombres y mujeres de este tiempo porque su palabra, que es en definitiva la Palabra de Dios, cambia el corazón de las personas, las hace mejores, les devuelve el sano juicio y les hace felices.

¡Ánimo! Dios te ama y quiere que tengas vida! Abre tu corazón a su palabra, a su autoridad.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 1,21-28): Llegó Jesús a Cafarnaum y el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios». Jesús, entonces, le conminó diciendo: «Cállate y sal de él». Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él.

Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen». Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea.

Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres

Jesús ha anunciado el Reino de Dios. Su misión es hacer presente la buena noticia de que Dios nos salva y nos quiere tanto que nos introduce en su reino de amor, paz y perdón. La misión de Jesús también es nuestra misión.

Para hacer nuestro el llamado que hizo Jesús a sus discípulos tenemos que tener disponibilidad. Cuando Padro, Santiago o Juan escuchan la llamada dejan sus “temas” y siguen a Jesús. Hacer nuestra la misión de anunciar el Reino de los Cielos hace falta renunciar a nuestros temas para seguir a Jesús y cumplir su enseñanzas y mandatos. ¿Estás dispuesto?

Todo cristiano tiene la misma llamada. Todos los cristianos estamos llamados a evangelizar. Por eso, lo mas importante para nosotros es esta misión. Abrir nuestro corazón a esta llamada es la clave de nuestra felicidad. ¡Ánimo! El Señor nos llama, ¿cuál es tu respuesta?

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 1,14-20): Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva». Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: «Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres». Al instante, dejando las redes, le siguieron. Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes; y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras Él.