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Se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta

El Señor “acoge a los pecadores y come con ellos”. ¿Tú haces lo mismo?

Si somos humildes debemos reconocer que estamos constantemente despreciando a los demás. Etiquetamos a todos los que consideramos que no encajan según nuestros esquemas. Lo peor es que eso nos impide ver nuestros propios pecados. El gran pecado es considerarse superior a los demás.

Nuestro Dios nos enseña el camino de la
Misericordia. Nos muestra cómo debemos actuar. ¿Quién tiene la queridas para condenar a los demás? ¿Acaso no hemos hecho cosas peores? Amemos a todos, especialmente a los pecadores. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 15,1-10): En aquel tiempo, todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Éste acoge a los pecadores y come con ellos».

Entonces les dijo esta parábola. «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros; y llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: ‘Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido’. Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión.

»O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas, y dice: ‘Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido’. Del mismo modo, os digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».

El que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío

Estamos apegados a muchos bienes. Esa es la verdad. Bienes materiales, afectivos y sociales. Nos ocupa y preocupa todo lo de este mundo, ¿cuando vamos a poner nuestro corazón en las cosas de Dios?

La buena noticia es que Dios puede y quiere ayudarte. Nuestro Dios nos ha creado y a decretado la felicidad para todos nosotros. El tema es que nos distanciamos haciendo uso incorrecto de nuestra libertad.

Pidamos a Dios la ayuda adecuada para saber elegir cómo conviene. Un solo camino conduce a la vida y es renunciar a todo para seguir a Cristo. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 14,25-33): En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: «Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío.

»Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: “Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar”. ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.»

¡Dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios!

En diversas situaciones nos comportamos como si no quisiéramos entrar en el banquete al que Dios nos invita. No rezamos, no vamos a la iglesia y ni siquiera nos acordamos de nuestro Señor en el día a día. ¿Cuáles son las prioridades que tenemos?

En el día a día estamos pendientes de temas materiales. Nos afana el trabajo, los temas de los hijos, los bienes que quisiéramos tener, el afecto que exigimos de los demás, en fin, estamos pendientes de los material y lo de hoy. No nos damos cuenta que Dios nos invita a trascender y mirarle en cada acontecimiento de cada día.

Entremos en el banquete del Señor que significa que estemos en comunión permanente con Dios, contemplando su amor en cada cosa y en cada acontecimiento. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 14,15-24): En aquel tiempo, dijo a Jesús uno de los que comían a la mesa: «¡Dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios!». Él le respondió: «Un hombre dio una gran cena y convidó a muchos; a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los invitados: ‘Venid, que ya está todo preparado’. Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo: ‘He comprado un campo y tengo que ir a verlo; te ruego me dispenses’. Y otro dijo: ‘He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego me dispenses’. Otro dijo: ‘Me he casado, y por eso no puedo ir’.

»Regresó el siervo y se lo contó a su señor. Entonces, airado el dueño de la casa, dijo a su siervo: ‘Sal en seguida a las plazas y calles de la ciudad, y haz entrar aquí a los pobres y lisiados, y ciegos y cojos’. Dijo el siervo: ‘Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía hay sitio’. Dijo el señor al siervo: ‘Sal a los caminos y cercas, y obliga a entrar hasta que se llene mi casa’. Porque os digo que ninguno de aquellos invitados probará mi cena».

Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos

Felices son todos los santos. Felices son todos aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica. Felices son aquellos que buscan la santidad de Dios y son reflejo perfecto, aquí en la tierra, del amor de Dios.

Todos estamos llamados a ser santos. Ser verdaderos hijos de Dios que reproducen en sus vidas la imagen divina. Amar en la dimensión de la Cruz. Amar como Dios ama.

¡Ánimo! Es Dios que nos da la gracia de hacer la voluntad suya. Paciencia, El Señor te ama.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 5,1-12a): En aquel tiempo, viendo Jesús la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos».

Yo expulso demonios y llevo a cabo curaciones hoy y mañana, y al tercer día soy consumado

No matemos a nuestros profetas. Es decir, no cerremos nuestros oídos y corazón a la voz de Dios que se deja escuchar a través de cualquier persona que pueda acercarse. ¡Dios habla a través de los acontecimientos!

El profeta es aquel que nos dice algo de parte de Dios. Muchas veces, ese “algo” que nos dicen no nos gusta. Nos resulta incómodo que alguien nos llame a conversión. Nos sentimos señalados cuando alguien nos llama la atención sobre alguna debilidad o pecado.

Abramos nuestro corazón a las voces de los profetas que Dios ha suscitado en nuestra vida. Acotamos con alegría la fuerza de la palabra de Dios. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 13,31-35): En aquel tiempo, algunos fariseos se acercaron a Jesús y le dijeron: «Sal y vete de aquí, porque Herodes quiere matarte». Y Él les dijo: «Id a decir a ese zorro: ‘Yo expulso demonios y llevo a cabo curaciones hoy y mañana, y al tercer día soy consumado. Pero conviene que hoy y mañana y pasado siga adelante, porque no cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén’.

»¡Jerusalén, Jerusalén!, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados. ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina su nidada bajo las alas, y no habéis querido! Pues bien, se os va a dejar vuestra casa. Os digo que no me volveréis a ver hasta que llegue el día en que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!».

Luchad por entrar por la puerta estrecha

¿Cuál es la puerta estrecha a la que hace referencia las escrituras? A la cruz de cada día. Por eso es importante que todos los días nos preguntenos cuál es la Cruz que el Señor nos regala cada día.

La Cruz simboliza los acontecimientos o hechos que permite Dios para ayudarnos en nuestro proceso de santificación. La cruz es aquello que no podemos cambiar y que nos hace sufrir. La cruz purifica nuestra alma, da muerte al hombre viejo y hace nacer la naturaleza divina.

Aceptamos nuestra cruz. Entremos por la puerta estrecha. Vivamos en comunión con el Señor. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 13,22-30): En aquel tiempo, Jesús atravesaba ciudades y pueblos enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén. Uno le dijo: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?». El les dijo: «Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, os pondréis los que estéis fuera a llamar a la puerta, diciendo: ‘¡Señor, ábrenos!’. Y os responderá: ‘No sé de dónde sois’. Entonces empezaréis a decir: ‘Hemos comido y bebido contigo, y has enseñado en nuestras plazas’, y os volverá a decir: ‘No sé de dónde sois. ¡Retiraos de mí, todos los agentes de injusticia!’. Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abraham, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras a vosotros os echan fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios. Y hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos».

¿A qué es semejante el Reino de Dios?

El reino de Dios se ha manifestado en la tierra a través de Jesús. El Señor nos ha dado de su espíritu para que en nosotros pueda manifestarse la gloria de Dios. Las maravillas del Señor se visibilizan en el amor que perdona todos los pecados. En la misericordia infinita que transforma el corazón de todos los hermanos.

El reino de Dios se hace realidad en aquellos que dejan que actúe el señor en su corazón. En aquellos que en su libertad dicen que si a Dios y aman como jesús nos amó dejándonos matar por los demás, aceptando las injusticias y perdonando todas las ofensas.

Pidamos a Dios que nos permita manifestar con nuestras acciones su reino. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 13,18-21): En aquel tiempo, Jesús decía: «¿A qué es semejante el Reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Es semejante a un grano de mostaza, que tomó un hombre y lo puso en su jardín, y creció hasta hacerse árbol, y las aves del cielo anidaron en sus ramas». Dijo también: «¿A qué compararé el Reino de Dios? Es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo».

Jesús se fue al monte a orar, y se pasó la noche en oración con Dios

La oración es el medio para estar en comunión perfecta con Dios. Nuestro Señor nos dio ejemplo al pasar noches enteras orando. Antes de cada momento importante oraba para discernir mejor la voluntad de Dios. ¿Tú haces lo mismos?

La oración produce frutos de vida eterna. Nos hace contemplar los milagros que Dios hace todos los días de nuestra vida. Orar es una necesidad, el que no ora se muere.

¡Ánimo! Pidamos al Señor orar como conviene. Dios nos ama y quiere estar siempre en nosotros.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 6,12-19): En aquellos días, Jesús se fue al monte a orar, y se pasó la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles. A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor.

Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de Él una fuerza que sanaba a todos.

¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?

Lo justo es hacer la voluntad de Dios. Lo justo es tener una vida de extrema coherencia con la palabra del Señor. Todo lo demás es hipocresía y falsedad.

El amor en la dimensión de la Cruz es el centro de la buena noticia crisiana. Damos la vida por los demás y como concecuencia nos centramos en cumplir la ley de la misericordia.

¡Ánimo! Aprovechemos este tiempo en la tierra para hacer lo justo para que luego podamos disfrutar de la vida eterna. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 12,54-59): En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: «Cuando veis una nube que se levanta en el occidente, al momento decís: ‘Va a llover’, y así sucede. Y cuando sopla el sur, decís: ‘Viene bochorno’, y así sucede. ¡Hipócritas! Sabéis explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploráis, pues, este tiempo? ¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo? Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo».

Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos

¡Despierta! Esa es la llamada potente que hoy le hace el Señor. Muchas veces nos dormimos en nuestro pecados, en nuestras debilidades, en nuestras angustias y problemas. Cerramos nuestros ojos al amor de Dios y al amor de los demás. Nos desconectamos de la misericordia de Dios y empezamos a ver maldad en todos lados. ¡Despierta!

Nuestro Señor nos invita a estar despiertos. Nos invita a prácticar constantemente la caridad. Nos invita a estar activos en el amor de Dios. Esa es la vía cristiana, el único camino de la felicidad auténtica.

Estemos despiertos para Dios, despiertos para hacer siempre su voluntad. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 12,35-38): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Estén ceñidos vuestros lomos y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran. Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de ellos!».