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¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz!

Jesús subió a Jerusalén como signo de recorrido espiritual que concluye realzando la voluntad de Dios. La misión de Jesús es salvar al mundo entero. Por eso, se encarnó, murió y resucitó para con su resurrección llevarnos a todos a la vida eterna. Eso se realiza mediante la pasión, la subida a Jerusalén a morir por todos. La salvación pasa por la cruz.

El mundo necesita de Dios. Hoy más que nunca estamos necesitados del mensaje de salvación. La vida necesita tener el sentido que solo Dios puede dar. Esa es la buena noticia que anuncia el Señor en Jesucristo.

Hoy ha llegado la salvación a nuestra vida. Necesitamos del auxilio de Cristo para entrar Embaja Jerusalén sin miedo y seguros que Dios nunca nos deja en la muerte. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 19,41-44): En aquel tiempo, Jesús, al acercarse a Jerusalén y ver la ciudad, lloró por ella, diciendo: «¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, en que tus enemigos te rodearán de empalizadas, te cercarán y te apretarán por todas partes, y te estrellarán contra el suelo a ti y a tus hijos que estén dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de tu visita».

Os digo que a todo el que tiene, se le dará

Uno de los más grandes peligros en el camino de la fe es ser indiferentes a las llamadas que nos hace Dios día a día a poner en práctica su palabra. Es decir, escuchamos la palabra de Dios, vamos a los sacramentos, oramos pero ninguna de esas prácticas impacta nuestra vida. El Señor nos da gracias y dones que no llegan a fructificar.

Es por eso que somos llamados a conversión. Si tenemos rectitud de intención y queremos que Dios nos ayude, él nos regalará su gracia y experimentaremos los frutos de su amor. En cambio, si tenemos mala actitud y no valoramos lo que él nos ofrece, quedaremos fuera de su gracia sin nada en el alma.

¡Ánimo! Tengamos hoy y siempre el deseo de multiplicar con hechos las obras de amor de Dios.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 19,11-28): En aquel tiempo, Jesús estaba cerca de Jerusalén y añadió una parábola, pues los que le acompañaban creían que el Reino de Dios aparecería de un momento a otro. Dijo pues: «Un hombre noble marchó a un país lejano, para recibir la investidura real y volverse. Habiendo llamado a diez siervos suyos, les dio diez minas y les dijo: ‘Negociad hasta que vuelva’. Pero sus ciudadanos le odiaban y enviaron detrás de él una embajada que dijese: ‘No queremos que ése reine sobre nosotros’.

»Y sucedió que, cuando regresó, después de recibir la investidura real, mandó llamar a aquellos siervos suyos, a los que había dado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno. Se presentó el primero y dijo: ‘Señor, tu mina ha producido diez minas’. Le respondió: ‘¡Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo mínimo, toma el gobierno de diez ciudades’. Vino el segundo y dijo: ‘Tu mina, Señor, ha producido cinco minas’. Dijo a éste: ‘Ponte tú también al mando de cinco ciudades’. Vino el otro y dijo: ‘Señor, aquí tienes tu mina, que he tenido guardada en un lienzo; pues tenía miedo de ti, que eres un hombre severo; que tomas lo que no pusiste, y cosechas lo que no sembraste’. Dícele: ‘Por tu propia boca te juzgo, siervo malo; sabías que yo soy un hombre severo, que tomo lo que no puse y cosecho lo que no sembré; pues, ¿por qué no colocaste mi dinero en el banco? Y así, al volver yo, lo habría cobrado con los intereses’.

»Y dijo a los presentes: ‘Quitadle la mina y dádsela al que tiene las diez minas’. Dijéronle: ‘Señor, tiene ya diez minas’. ‘Os digo que a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y aquellos enemigos míos, los que no quisieron que yo reinara sobre ellos, traedlos aquí y matadlos delante de mí’».

Y habiendo dicho esto, marchaba por delante subiendo a Jerusalén.

Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa

Zaqueo era un gran pecador. Es imagen de todos mis funcionarios corruptos. Despreciado por todos. Un hombre repudiado por la sociedad y, seamos sinceros, con toda la razón. ¿Cómo es posible que Jesús visite a semejante lacra?

Jesús no vino por los sanos. El dio la vida por los enfermos. Vino a buscar lo que estaba perdido. Se encarnó en la tierra para perdonar todos los pecados.

El Señor miró a Zaqueo con ojos de misericordia. Lo amó y ese amor lo transformó al punto que vendió sus bienes y pagó sus deudas. Ese es el gran milagro. El milagro que produce Jesús en la vida de todos aquellos que abren su corazón.

Reconozcamos que muchas veces hemos sido como Zaqueo. Grandes pecadores que podemos acoger el perdón de Dios. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 19,1-10): En aquel tiempo, habiendo entrado Jesús en Jericó, atravesaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: «Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa». Se apresuró a bajar y le recibió con alegría.

Al verlo, todos murmuraban diciendo: «Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador». Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo». Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abraham, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido».

¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!

Cuando en las escrituras se mencionan a los ciegos, se intenta también hacer referencia a aquellos que padecen de ceguera espiritual. Todos hemos estados ciegos en el sentido de que no hemos visto claramente el amor de Dios. En que está ciego del espíritu vive en la oscuridad, siente que su vida no tiene sentido y padece de la peor de las enfermedades: piensa que nadie le ama.

El ciego debe gritar, que quiere decir orar, con mucha fe. Es importante que reconozca en Jesús el poder de curarle. Es fundamental no desfallecer en la búsqueda del amor de Dios.

Dios quiere que experimentemos su amor. El quiere sacarnos de la oscuridad y llevarnos a la luz. El camino de Jesús es una vía de sanación integral que nos hace criaturas nuevas. ¡Ánimo! ¡Dios nos ama!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 18,35-43): En aquel tiempo, sucedió que, al acercarse Jesús a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna; al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello. Le informaron que pasaba Jesús el Nazareno y empezó a gritar, diciendo: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!». Los que iban delante le increpaban para que se callara, pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!». Jesús se detuvo, y mandó que se lo trajeran y, cuando se hubo acercado, le preguntó: «¿Qué quieres que te haga?». Él dijo: «¡Señor, que vea!». Jesús le dijo: «Ve. Tu fe te ha salvado». Y al instante recobró la vista, y le seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, alabó a Dios.

Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará

Lo más sabio es vivir como si ya fuéramos seres celestes. Todo lo que vemos y tocamos es finito. Todo pasa. Nada es eterno. Solo Dios basta.

La raíz de muchos pecados y males está en el apego desordenado de las cosas de este mundo. El Señor nos invita a ordenar según su palabra esta relación. Somos invitados a tener nuestro corazón en el cielo.

Trataremos hoy y siempre de escuchar a Dios y quererle por encima de todas las cosas. Solo así seremos felices.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 17,26-37): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre. Comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca; vino el diluvio y los hizo perecer a todos. Lo mismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían; pero el día que salió Lot de Sodoma, Dios hizo llover fuego y azufre del cielo y los hizo perecer a todos. Lo mismo sucederá el Día en que el Hijo del hombre se manifieste.

»Aquel día, el que esté en el terrado y tenga sus enseres en casa, no baje a recogerlos; y de igual modo, el que esté en el campo, no se vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot. Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará. Yo os lo digo: aquella noche estarán dos en un mismo lecho: uno será tomado y el otro dejado; habrá dos mujeres moliendo juntas: una será tomada y la otra dejada». Y le dijeron: «¿Dónde, Señor?». Él les respondió: «Donde esté el cuerpo, allí también se reunirán los buitres».

El Reino de Dios viene sin dejarse sentir

Un aspecto fundamental del cristianismo es la espera de la segunda venida de Jesús. Es decir, que el Señor vino hace dos mil años, en humildad, para salvarnos y que volverá algún día para llevarnos a la felicidad plena en el cielo.

Lo propio de un cristiano es caminar por esta tierra en humildad, sabiendo que todo pasa y que tenemos nuestra morada definitiva en el cielo. Todos los cristianos proclamamos en el Credo que creemos en la vida eterna, en la vida futura, en la vida celeste.

Vivamos en coherencia total con nuestra fe. Desapegados de los bienes materiales y con los ojos y corazón puestos en el cielo. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 17,20-25): En aquel tiempo, los fariseos preguntaron a Jesús cuándo llegaría el Reino de Dios. Él les respondió: «El Reino de Dios viene sin dejarse sentir. Y no dirán: ‘Vedlo aquí o allá’, porque el Reino de Dios ya está entre vosotros».

Dijo a sus discípulos: «Días vendrán en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. Y os dirán: ‘Vedlo aquí, vedlo allá’. No vayáis, ni corráis detrás. Porque, como relámpago fulgurante que brilla de un extremo a otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día. Pero, antes, le es preciso padecer mucho y ser reprobado por esta generación».

Levántate y vete; tu fe te ha salvado

Los milagros físicos tienen la misión de suscitar la fe en aquellos beneficiarios del milagro y en aquellos que han contemplado dicha manifestación extraordinaria de Dios. Ciertamente, el Señor tiene misericordia y compasión de aquel que sufre, sin embargo, espera realizar en ellos el mayor de los milagros: la conversión.

El encuentro personal con Jesús vivo y resucitado es liberador. Al experimentar profundamente el amor de Dios se realiza en nosotros una sanación total. Ese es el proyecto de salvación que el Señor quiere realizar en nosotros.

Seamos agradecidos. Veamos los milagros que Dios ha hecho en nuestra vida. Pidamos la gracia de hacer siempre su voluntad. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 17,11-19): Un día, de camino a Jerusalén, Jesús pasaba por los confines entre Samaría y Galilea, y, al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz, dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!». Al verlos, les dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes».

Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz; y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. Tomó la palabra Jesús y dijo: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?». Y le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado».

Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer

Hacer el bien no debería ser una opción. El tema es que para que podamos experimentar el amor en nuestra vida, necesitamos la libertad. Es decir, ser libres para elegir el bien.

Dios quiere que hagamos muchas obras buenas. Esas obras de vida eterna son gracias que Dios hace a través de nosotros. Decía San Pablo que no es el que vive, que es “Cristo que vive en mi”. Es decir, lo bueno que podamos hacer viene del Señor.

Es por eso que no podamos buscar gratificación personal cuando hacemos lo que Dios nos regala realizar. Somos siervos de Dios y por tanto todos los días somos invitados a actuar como el Señor quiere. ¡Ánimo! Digamos que si al Señor.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 17,7-10): En aquel tiempo, el Señor dijo: «¿Quién de vosotros tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: ‘Pasa al momento y ponte a la mesa?’. ¿No le dirá más bien: ‘Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme hasta que haya comido y bebido, y después comerás y beberás tú?’. ¿Acaso tiene que agradecer al siervo porque hizo lo que le fue mandado? De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado, decid: ‘Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer’».

Si tu hermano peca, repréndele; y si se arrepiente, perdónale

Una de las misiones más importantes de un cristiano es velar por el hermano. Tenemos el deber de corregirnos mutuamente. Vivir la fe en comunidad implica que nos ayudemos mutuamente a través de la corrección fraternal. Solo así podemos actuar como verdaderos hermanos en la fe.

En el mundo tenemos muchos falsos respetos. Es decir, en un supuesto respeto al otro y miedo a perder la estima de los demás, no nos metemos con nadie. En la comunidad cristiana es diferente. No podemos hacernos los ciegos. Tenemos la misión de hacer un santo servicio al hermano que escandaliza mediante la corrección en el Señor. ¿Estás dispuesto a ejercer con misericordia y diligencia este santo servicio?

¡Adelante! ¡Dios nos ayuda!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 17,1-6): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Es imposible que no vengan escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen! Más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino y sea arrojado al mar, que escandalizar a uno de estos pequeños. Cuidaos de vosotros mismos.

»Si tu hermano peca, repréndele; y si se arrepiente, perdónale. Y si peca contra ti siete veces al día, y siete veces se vuelve a ti, diciendo: ‘Me arrepiento’, le perdonarás».

Dijeron los apóstoles al Señor; «Auméntanos la fe». El Señor dijo: «Si tuvierais fe como un grano de mostaza, habríais dicho a este sicómoro: ‘Arráncate y plántate en el mar’, y os habría obedecido».

Administrar según la voluntad de Dios

Los hijos de Dios estamos llamados a administrar correctamente los bienes que Dios no ha encargado. Todo lo que tenemos nos viene dado por gracia del Señor. De hecho, hasta los hijos son dones que nuestro Dios Padre nos ha regalado y que debemos asistir en su crecimiento en gracia y amor a él.

El Señor nos asiste para darnos sabiduría. La misma nos permite saber cómo actuar según los designios del creador. Nos da la gracia de hacer siempre su voluntad.

Pidamos a Dios la gracia de ser buenos administradores de sus gracias. Ser siempre fiel y leal a su mandato.

¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 16,1-8): En aquel tiempo, Jesús decía a sus discípulos: «Había un hombre rico que tenía un administrador a quien acusaron ante él de malbaratar su hacienda; le llamó y le dijo: ‘¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir administrando’. Se dijo a sí mismo el administrador: ‘¿Qué haré, pues mi señor me quita la administración? Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer, para que cuando sea removido de la administración me reciban en sus casas’.

»Y convocando uno por uno a los deudores de su señor, dijo al primero: ‘¿Cuánto debes a mi señor?’. Respondió: ‘Cien medidas de aceite’. Él le dijo: ‘Toma tu recibo, siéntate en seguida y escribe cincuenta’. Después dijo a otro: ‘Tú, ¿cuánto debes?’. Contestó: ‘Cien cargas de trigo’. Dícele: ‘Toma tu recibo y escribe ochenta’.

»El señor alabó al administrador injusto porque había obrado astutamente, pues los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz».