Con la medida con que midáis se os medirá

Si quisiéramos resumir el centro del mensaje evangélico, entre otros puntos, podríamos decir que es consistiría en: no juzgues.

El que hace juicio o murmura al prójimo se considera superior a él. En el fondo, es tan soberbio y orgulloso, que tomando la misma ley divina como excusa, se cree capaz de condenar a todos los que le rodean. En el fondo, se posiciona a si mismo por encima de los demás. Esto, mis queridos hermanos, no es cristiano.

La actitud cristiana es ser humildes, ser los últimos, reconocer nuestros pecados y debilidades. Nadie puede decir que está libre de pecado. Nadie puede considerarse por encima de los demás. Perdonemos y amemos. Ese es el centro del mensaje evangélico.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 6,36-38): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá».

Ponte enseguida a buenas con tu adversario

Todos tenemos en algún momento algún tipo de adversario. Hay algunos que son enemigos permanentes y otro son coyunturales. En definitiva, siempre tenemos alguien que nos molesta, exige, reclama o difama. ¿Cuál es la actitud cristiana ante esta realidad?

El Señor nos invita a amar a nuestros enemigos. Nos llama a no responder mal con mal. En definitiva, el cristianismo es la manifestación del amor de Dios y el amor al prójimo incluyendo a nuestros enemigos. Ese es el mensaje central del sermón pronunciado por Jesús en la montaña.

Si quieres ser verdaderamente hijo de Dios, es necesario que ames a tus enemigos, ¿tu lo haces? Tranquilo, el Señor te lo da en su momento por medio de su gracia santificante: el Espíritu Santo.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 5,20-26): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antepasados: ‘No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal’. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano “imbécil”, será reo ante el Sanedrín; y el que le llame “renegado”, será reo de la gehenna de fuego. 
»Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo».

¡Cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!

La oración es poderosa. El mismo Jesús oró incesantemente y enseñó a sus discípulos que hicieran lo mismo. Si algo es propio de un cristiano es orar. ¿Por qué?

La oración es comunicación e intimidad con Dios. Nos permite acercarnos, en la humildad y sencillez, a Dios Padre en la seguridad que seremos escuchados. Es en la oración donde más se manifiesta el rostro paterno de Dios.

Hoy es un buen día para reafirmarnos en la oración. Si queremos ser santos y felices debemos orar siempre, en la humildad y Fe, seguros de que Dios nos escucha y nos ama.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 7,7-12): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan! Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas».

La señal de Jonás

¿Te gustaría ver una señal física de la existencia de Dios? ¿Te encantaría que se obrará algún milagro en tu presencia para fortalecer tu Fe? ¿Te haría feliz ver alguna señal concreta donde lo invisible se hiciera visible?

En todos los tiempos los seres humanos han pedido y buscado prueba de la existencia de Dios y su influencia en nuestras vidas. Te digo que esta señal ya se manifestó y la misma ha sido que Jesús, hijo de Dios, ha venido a la tierra y nos ha salvado de todos nuestros pecados y dolencias.

La señal de Jonás es que Cristo ha muerto y resucitado por ti y por mi. Pídele a Dios que te permita creer y participe de esta manifestación gloriosa de Dios. Cristo te ama y te hace partícipe del amor de Dios. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 11,29-32): En aquel tiempo, habiéndose reunido la gente, Jesús comenzó a decir: «Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás. Porque, así como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará: porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás».

Vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo

Una de las enseñanzas de las escrituras es hacernos descubrir a Dios como Padre. Es decir, en el cristianismo tenemos a un Dios cercano, que se hace presente en nuestra vida y que nos ama de forma particular y concreta.

Cuando hablamos con Dios, le oramos en nuestro corazón, en la confianza de que Dios nos ama y quiere lo mejor para nosotros. La oración es la relacion íntima con un Dios que nos ama y lleva nuestra vida. 

Al orar no hace falta pedir muchas cosas como si estuviéramos hablando con un mago o secretario que nos concede lo que pidamos. Pidamos al Señor el Espíritu Santo y la gracia de hacer siempre su voluntad.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 6,7-15): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo. 
»Vosotros, pues, orad así: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal’. Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».

En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis

En este tiempo de Cuaresma estamos invitados al amor. El Señor nos invita a ayunar, dar limosna y orar con el corazón y que estas prácticas cuaresmales den un fruto muy concreto: el amor.

Estamos llamados a contemplar el prójimo que tiene hambre, sed, desnudez o que padece alguna precariedad o sufrimiento. En el juicio definitivo seremos juzgados precisamente por las obras de misericordia que hemos hecho.

El amor solo podemos practicarlo en la dimensión de Jesús si nos dejamos ayudar por Él. Solo un hijo de Dios puede amar como Dios ama que hace salir su sol sobre justo e injustos. Seamos hoy ejemplo e imagen viva del amor de Dios.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 25,31-46): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de Él todas las naciones, y Él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: ‘Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme’. Entonces los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?’. Y el Rey les dirá: ‘En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis’. 
»Entonces dirá también a los de su izquierda: ‘Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis’. Entonces dirán también éstos: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?’. Y él entonces les responderá: ‘En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo’. E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna».

Entonces ayunarán

Con el tiempo de Cuaresma inicia uno de los espacios litúrgicos más hermosos que tiene la Iglesia. Es la oportunidad para subrayar o resaltar uno de los aspectos de la vida cristiana más importantes: morir al hombre viejo.

El ayuno nos permite mortificar el cuerpo, que aún siendo una obra de Dios, debemos mantenerlo ajustado a la ley de Dios. Siempre estamos buscando gratificarnos, pero podemos excedernos en esa búsqueda de placer y confort.

Todo pasa en este mundo. Es por eso, que los más sabio es poner nuestro corazón en las cosas celeste, no en las de la tierra. Esa es la clave de la bendición y felicidad.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 9,14-15): En aquel tiempo, se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?». Jesús les dijo: «Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán».

Pero muchos primeros serán últimos y los últimos, primeros

Seguimos con el tema de los primeros. Todos queremos ser los número uno en algo. En el corazón de alguien, en el reconocimiento laboral o Profesional, o en diversión y gozo. En definitiva, el mundo nos dice que para ser feliz debemos luchar por los primeros puestos de la sociedad.

Jesús en el evangelio habla de que el camino de la perfecta felicidad es la renuncia a todo. Este nos es un acto tonto y de locura. 

Los que deciden no poner su seguridad en las cosas materiales, obtienen el cuento por uno y la vida eterna. Es decir, son recompensados con lo mismo que han despreciado. Viven la vida como si fueran millonarios. Todo es bendición. Todo es regalo. Todo es una manifestación del amor de Dios.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 10,28-31): En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». Jesús dijo: «Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora en el presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y los últimos, primeros».

Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos

Una de las grandes frases de Jesús que contradicen todo comportamiento humano y innumerables ideologías, filosofías y literaturas, es que debemos querer ser los últimos. La verdad es que todos queremos gobernar, mandar, imponernos, que nos tomen en cuenta, ser amados, queridos, admirados y venerados. Es lo normal en TODA la naturaleza humana.

El Señor nos invita por un camino muy distinto al que se nos vende hoy en día. Nos invita a ser los últimos en el sentido de servicio. Nos invita a imitarle. Él, siendo hijo de Dios, se encarnó en era tierra, pasó todas las penurias y calamidades de cualquier ser humano, fue juzgado, condenado y muerto injustamente. ¿Cuál es la enseñanza desde su experiencia? Que quien se humilla y ocupa el último lugar se salva a sí mismo y a los demás. Solo imaginen la discusión en un matrimonio. Si uno de los dos cede y le da la razón al otro en nombre del amor que se profesan, se acaba automáticamente el pleito. Es el mensaje de amor y servicio que nos da Jesús.

¿Quién de los que lee este mensaje está dispuesto a ocupar el último lugar? Espero que se escuche un grito unánime que diga: YO. Dios les ama y en él podemos hacer como Jesús, amar en el servicio a los demás incluyendo a nuestros enemigos.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 9,30-37): En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos iban caminando por Galilea, pero Él no quería que se supiera. Iba enseñando a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres; le matarán y a los tres días de haber muerto resucitará». Pero ellos no entendían lo que les decía y temían preguntarle. 
Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntaba: «¿De qué discutíais por el camino?». Ellos callaron, pues por el camino habían discutido entre sí quién era el mayor. Entonces se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: «Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos». Y tomando un niño, le puso en medio de ellos, le estrechó entre sus brazos y les dijo: «El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, no me recibe a mí sino a Aquel que me ha enviado».

¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida?

Las librerías están llenas de libros de superación personal. Gran parte de toda esa literatura está orientada a ensañarnos cómo ganar “el mundo entero”. Su títulos suenan así: “cómo hacerse rico”, “el camino de la felicidad”, “rebajar 50 libras en 21 días”, entre varios. Es una interminable lista de títulos que sugieren un camino fácil y seguro a la felicidad plena. ¿Qué tan ciertas son estas fórmulas mágicas de la felicidad instantánea”.

El camino cristiano es distinto a la propuesta que ofrecen los grandes “gurús” de superación personal de nuestro tiempo. Lo primero es presentar la verdad clara y cruda. El camino de la vida supone la aceptación de la realidad tal cual es y partiendo de esto, poner nuestra seguridad en Dios, creador y dueño de todo lo que existe y nuestro padre que cuida y guía.

Nos enseñan a conquistar el mundo pero no nos dicen que este mundo acaba. Nos dicen que busquemos fama y dinero pero nadie nos explica porqué personas que lo tienen en demasía se suicidan. 

La vida está en Dios. Busquemos la respuesta en donde podemos encontrarla. La realidad celeste es el camino de la felicidad plena. En Cristo podemos descubrir y vivir esta verdad. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 8,34-9,1): En aquel tiempo, Jesús llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? Pues, ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida? Porque quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles». Les decía también: «Yo os aseguro que entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean venir con poder el Reino de Dios».