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¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo? 

Hoy es un buen día para reconocer que tenemos una tendencia a ser justicieros. Cuando alguien se equivoca y nos enteramos le hacemos un juicio inmediato. No aceptamos las equivocaciones de los demás. Hay personas que no son capaces de perdonar a los que se equivocan. ¿A qué nos llama el Señor?

Lo que es justo según Dios no lo es según la mentalidad de nuestro tiempo. Para nuestro Dios la justicia es la misericordia. Lo justo es darle a todos y todas el amor y perdón que hemos recibido de parte de Dios. Por tanto, ¿por qué persiste en tu enojo? ¿Por qué tienes tantos días sin hablarle a esa persona? ¿Por qué tienes tanto tiempo con ese rechazo, odio o rencor en tu corazón?

Esta vida es un tiempo oportuno para ponernos “a buenas con nuestro adversario”. ¡Ánimo! El Señor te envía hoy, si… hoy… a perdonar y pedir perdón. Él te da la gracia y la fuerza para hacerlo.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 12,54-59): En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: «Cuando veis una nube que se levanta en el occidente, al momento decís: ‘Va a llover’, y así sucede. Y cuando sopla el sur, decís: ‘Viene bochorno’, y así sucede. ¡Hipócritas! Sabéis explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploráis, pues, este tiempo? ¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo? Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo».

Él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén

En nuestro diario vivir tenemos la tendencia de querer reafirmar nuestra voluntad. En la familia, en el trabajo, en las relaciones laborares y prácticamente en todos nuestros espacios queremos que primen nuestras ideas y nuestros criterios. ¿Nos hace bien esta inclinación a la auto afirmación?

El Señor dio ejemplo muchas veces de que lo importante para ser feliz es que en nosotros se cumpla la voluntad de Dios. Jesús sube a Jerusalén sabiendo que la misión que tiene en el mundo es la de mostrar la resurrección y victoria sobre la muerte mendiante un amor que es capaz de dar la vida hasta por sus enemigos.

Los apóstoles, al igual que nosotros, se confunden y no entiende. Su misión no es la de mostrar su poder e imponerse. Su objetivo de vida cristiana es la de amar y dar la vida por todos. Esto es lo que Dios quiere realizar en nosotros.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 9,51-56): Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, Él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén, y envió mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada; pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén. Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?». Pero volviéndose, les reprendió; y se fueron a otro pueblo.

Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen

Hay fragmentos del evangelio que no entendemos si no comprendemos el contexto y propósito del mismo. ¿Acaso Jesús responde mal o maltrata a sus cercanos? Claro que no.

Muchas veces los directores espirituales hablan con dureza a sus hijos en la Fe. Lo hacen porque ven de Dios que es importante llamarles la atención. Aprovecha una situación para mostrarle a sus hijos espirituales lo que realmente es importante.

El Señor aprovecha una visita de su madre y sus hermanos, a los que quiere mucho, para dar una palabra a sus discípulos sobre su obra. Él quiere que todos sean sus hermanos y que esto se evidencie mediante la obediencia a su Padre común. 

Todo aquel que escuche la voz de Dios y la cumpla se convierte en hermano de Cristo e hijo de Dios. La filiación divina nos viene dada por nuestra respuesta afirmativa a la voluntad de Dios. ¡Ánimo! Dios nos llama a ser sus hijos y esto es lo más grande que puede tener una persona.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 8,19-21): En aquel tiempo, se presentaron la madre y los hermanos de Jesús donde Él estaba, pero no podían llegar hasta Él a causa de la gente. Le anunciaron: «Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte». Pero Él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen».

Todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre

Nos afanamos mucho con los títulos y honores de la vida. También sucede así en la Iglesia. Que si somos catequistas, sacristanes, evangelizadores, amigos del cura, hermanos de una monja, súper amigos del obispo, en fin, estamos siempre en búsqueda de espacios y títulos de honor. ¿Esto es importante para nuestra salvación?

Jesús, previendo este peligro, le dio una palabra a sus discípulos. Les dijo que los importante no es un parentesco biológico o cercanía a Él. Que lo más importante para que seamos felices y así alcanzar vida eterna es cumplir la palabra de Dios, es decir, ponerla en práctica.

En nuestra vida debemos acompañar nuestras palabras con obras de caridad y paz. Un cristiano no es alguien por sus títulos o posiciones sociales. Un cristiano lo es cuando cumple la voluntad de Dios con la ayuda del Espíritu Santo.

Leer:
Texto del Evangelio (Mt 12,46-50): En aquel tiempo, mientras Jesús estaba hablando a la muchedumbre, su madre y sus hermanos se presentaron fuera y trataban de hablar con Él. Alguien le dijo: «¡Oye! ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte». Pero Él respondió al que se lo decía: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?». Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».

Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia

La misericordia es una de las caras más hermosas del amor de Dios. Si empezáramos a contar los hechos donde hemos sido testigos del amor de Dios nunca acabaríamos. El Señor ha sido bueno con nosotros y estamos alegres.

Una de las maravillas de Dios es que nos ha elegido. Esta elección es un don gratuito. Así como eligió a Juan El Bautista desde antes de su nacimiento así lo ha hecho con nosotros para manifestar su amor. 

Abrir nuestro corazón a la misericordia nos hace crecer en gracia y sabiduría . Nos convierte en testigos fieles de su amor. En este día celebremos el poder de Dios que hace el milagro de hacernos nacer a una vida nueva.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 1,57-66.80): Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo. Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella. Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, pero su madre, tomando la palabra, dijo: «No; se ha de llamar Juan». Le decían: «No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre». Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. Él pidió una tablilla y escribió: ‘Juan es su nombre’. Y todos quedaron admirados. 
Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios. Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo: «Pues ¿qué será este niño?». Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él. El niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.

Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti

La ley de Dios cumplida en plenitud en Jesús nos invita al amor. Toda la intención de del Señor es que podamos actuar bajo la luz de su palabra porque esto implica la felicidad plena para todos y todas.

Sin embargo, hay cosas que nos impiden hacer la voluntad de Dios y cumplir su palabra. Pecados, vicios, malos hábitos, y nuestra inclinación al mal nos hacen la guerra y nos invitan a alejarnos del plan divino.

El Señor nos invita a renunciar para vivir. Si el trabajo, una amistad, un hábito o alguna otra cosa nos aleja de la voluntad de Dios, es mejor renunciar a eso si nos hace ser felices en Dios. ¡Ánimo! Todo se puede en Jesús que nos consuela.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 5,27-32): En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘No cometerás adulterio’. Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehenna.
»También se dijo: ‘El que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio’. Pues yo os digo: Todo el que repudia a su mujer, excepto el caso de fornicación, la hace ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio».

No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros

La elección de Dios es un misterio de misericordia y amor. Nos han enseñado que hemos sido nosotros los que elegimos ser buenos y cristianos. Que hicimos una opción por Dios y a partir de esta decisión nuestra no entendemos porque otros no hacen lo mismo.

La verdad es que Dios, en su plan de salvación con cada uno de nosotros, es que nos elegido. La iniciativa de amor ha sido de Él. 

Con sorpresa leí ayer que en Islandia todas las personas menores de 25 años se han declarado ateos. ¡Impresionante! Informan, como si fuera un avance, que son el primer país del mundo en contar con una generación entera de ateos. ¿Por qué ellos no han elegido a Dios? ¿Por qué Dios con ellos no ha tenido la iniciativa? Es un misterio.

Lo que sí es cierto es que Dios nos pide que amemos a esa generación y a todas las que como ellos a lo mejor ni creen en Dios. Estamos invitados a amarnos y amar a todos los hombres y mujeres del mundo. Hemos sidos elegidos por Dios para el amor en todas sus dimensiones. ¿Estás dispuesto?

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 15,12-17): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Éste es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros».

Permaneced en mi amor

El amor es la fuerza que mueve todo. En todas las cosas que hacemos diariamente buscamos amar y ser amados. Sin amor nadie puede vivir. 

En el Señor podemos encontrar la expresión plena del amor. Nadie nos ha amado o puede amarnos como Dios. El nos ama hasta el extremo. Nos ha amado tanto que nos ha dado a su hijo unigénito para que en Él pudiéramos tener vida eterna. 

Abrir nuestro corazón al amor de Dios es fundamental. Hoy volvemos a tener esa oportunidad. Ama a todos, incluyendo a tus enemigos. Ámate y manifesta ese amor en todo lo que hagas. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 15,9-11): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado».

Quien acoja al que yo envíe me acoge a mí

En el mundo hay muchas religiones. De hecho, un porcentaje alto de los seres humanos que habitamos este planeta estamos en una religión. Nosotros somos cristianos. ¿Qué significa serlo?

Nuestro Jesús nos dio ejemplo. Ser cristiano es ser otro Cristo aquí en la tierra. Y, ¿qué hace Él para que podamos imitarlo? 

Jesús es uno con Dios. En Él conocemos la naturaleza de Dios. Nuestro Señor muestra el amor misericordioso del Padre. Nos hace ver que el mismo Dios que ha creado todo es capaz de hacerse “pequeño” para que nosotros podamos experimentar la grandeza. 

Realicemos día a día con nuestras obras las maravillas de Dios. Seamos humildes, siervos, los más pequeños entre los grandes. Solo así vamos a disfrutar de la vida eterna en Dios.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 13,16-20): Después de lavar los pies a sus discípulos, Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía. Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís. No me refiero a todos vosotros; yo conozco a los que he elegido; pero tiene que cumplirse la Escritura: el que come mi pan ha alzado contra mí su talón. Os lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis que Yo Soy. En verdad, en verdad os digo: quien acoja al que yo envíe me acoge a mí, y quien me acoja a mí, acoge a Aquel que me ha enviado».

Serán todos enseñados por Dios

En mucha ocasiones queremos saber el porqué de las cosas. Vivimos cuestionando y reflexionando. Tenemos dentro un germen de lógica y razón. Es por eso que algunas veces caemos en crisis existencial.

Los acontecimientos de hoy deben ser explicados, o mejor dicho, iluminados por aquel que puede. Y ese es nuestro Dios y Padre.

No seamos necios queriendo entender el porqué Dios permite ciertas cosas. Comamos todos los días el “pan bajado del cielo”. Alimentate todos los días de la voluntad de Dios. El nos ensaña el camino del Maná. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 6,44-51): En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: «Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; éste es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo».