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Si alguno guarda mi Palabra, no probará la muerte jamás

Jesucristo vino a cumplir la misión encomendada por su Padre: salvar a todos. ¿De qué tiene que salvarnos? ¿Acaso necesitamos hoy la salvación?

Quizás no estamos en un peligro de muerte física, pero todos los días tenemos la amenaza de la muerte del ser. Cuando tenemos algún sufrimiento o tristeza, cuando nos despiden del trabajo o reprobamos alguna evaluación, cuando alguien nos traiciona o nos enfermamos gravemente. En todas esas situaciones podemos experimentar una muerte interior que nos parece que el cielo ya no está abierto.

La buena noticia es que Jesús abrió el cielo con su resurrección. Ya no tenemos que temer a ningún tipo de muerte. Ha sido vencida en Jesús. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 8,51-59): En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «En verdad, en verdad os digo: si alguno guarda mi Palabra, no verá la muerte jamás». Le dijeron los judíos: «Ahora estamos seguros de que tienes un demonio. Abraham murió, y también los profetas; y tú dices: ‘Si alguno guarda mi Palabra, no probará la muerte jamás’. ¿Eres tú acaso más grande que nuestro padre Abraham, que murió? También los profetas murieron. ¿Por quién te tienes a ti mismo?». Jesús respondió: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada; es mi Padre quien me glorifica, de quien vosotros decís: ‘Él es nuestro Dios’, y sin embargo no le conocéis, yo sí que le conozco, y si dijera que no le conozco, sería un mentiroso como vosotros. Pero yo le conozco, y guardo su Palabra. Vuestro padre Abraham se regocijó pensando en ver mi día; lo vio y se alegró». Entonces los judíos le dijeron: «¿Aún no tienes cincuenta años y has visto a Abraham?». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: antes de que Abraham existiera, Yo Soy». Entonces tomaron piedras para tirárselas; pero Jesús se ocultó y salió del Templo.

El que viene del cielo, da testimonio de lo que ha visto y oído

Repetimos: la resurrección es una experiencia de la que podemos dar testimonio. Alguno preguntará, ¿y cómo se puede dar testimonio de algo que ocurre después de morir? Si no hemos muerto jamás, ¿cómo podemos dar testimonio de la resurrección?

Cuando en la Iglesia se dice que somos testigos de su muerte y resurrección es porque en alguna medida hemos dado muerte al hombre viejo y hemos dado paso al hombre nuevo nacido del Espíritu Santo. Por el bautismo, los sacramentos, las experiencias divinas y otras cosas más, tenemos la oportunidad de experimentar un pedacito de cielo aquí en la tierra.

Seamos espirituales. Hombres y mujeres que tienen su corazón puesto en las cosas del cielo, no es las de la tierra.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 3,31-36): El que viene de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo, da testimonio de lo que ha visto y oído, y su testimonio nadie lo acepta. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él.

Y yo le he visto y doy testimonio

Si somos llamados por Dios a ser cristianos eso quiere decir que tenemos la vocación de ser testigos del Señor. Muchos profetas, hombres y mujeres de todos los siglos, ha sido elegidos por Dios para la misión más importante: profetizar  en su nombre. ¿Cuál es la función más importante de un profeta? Dar testimonio de la verdad.

Seamos conscientes o no de eso, todos somos elegidos por Dios. Algunos a carísimas y misiones muy concretas. Otros a ser beneficiarios de esas gracias especiales otorgadas a otros. En el caso específico de los que estamos en la Iglesia tenemos una misión parecida a la de Juan Bautista: dar testimonio del cordero de Dios. Bendecir a Dios con nuestras obras y hablar de las inmensas maravillas que Él ha realizado en nuestras vidas.

El tiempo de Navidad es tiempo de bendición. Entremos en la alegría de sabernos escogidos por Dios para una misión tan grande: ser testigos de su amor.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 1,29-34): Al día siguiente Juan ve a Jesús venir hacia él y dice: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es por quien yo dije: ‘Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo’. Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel». Y Juan dio testimonio diciendo: «He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre Él. Y yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo’. Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios».

Él dio testimonio de la verdad

En tiempo de navidad esperamos renovar el nacimiento de Jesús en nuestros corazones. Esperamos la venida del Señor a nuestra vida, ¿para qué es importante vivir en plenitud estos tiempos litúrgicos?

El Señor, por nuestro bautismo, nos constituye en testigos de su amor. María, la humilde esclava de Dios, cantaba las maravillas de Dios. ¡Qué grande es el Amor de Dios! ¡Qué maravillosa su obra en nosotros! Vivamos en alegría y felicidad plena. No es tiempo para la tristeza. Este es el momento de vivir según la voluntad de Dios.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 5,33-36): En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos: «Vosotros mandasteis enviados donde Juan, y él dio testimonio de la verdad. No es que yo busque testimonio de un hombre, sino que digo esto para que os salvéis. Él era la lámpara que arde y alumbra y vosotros quisisteis recrearos una hora con su luz. Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan; porque las obras que el Padre me ha encomendado llevar a cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado. Y el Padre, que me ha enviado, es el que ha dado testimonio de mí».

Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos

¿Quién dijo que es fácil ser cristiano en este tiempo? Constantemente vemos como todavía hoy muchos cristianos son perseguidos, torturados y hasta asesinados por el solo hecho de ser cristianos. Y en los paises donde se vive en relativa calma y paz las persecución se realiza a un nivel intelectual, leyes y en casos extremos calumnias y difamaciones. ¿Qué significa todo esto?

La iglesia ha sido construida sobre los cimientos de la Fe de los mártires. Somos invitados a realizar actos heroicos de Fe. Dar testimonio valiente de lo que creemos es nuestro desafío actualmente. ¿Estás dispuesto? 

El Señor nos llama a dar testimonio en la familia, con los amigo, en el trabajo e inclusive públicamente. Muchas veces se burlaran de nosotros o no nos entenderán. Ese es el pago de aquellos que aman al Señor y dan testimonio de Él. A cambio, nuestro Señor nos da La Paz y la alegría inmensa de saber que no hay cosa más grande que dar testimonio de nuestra Fe.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 10,16-23): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas. Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros. 
Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará. Cuando os persigan en una ciudad huid a otra, y si también en ésta os persiguen, marchaos a otra. Yo os aseguro: no acabaréis de recorrer las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del hombre».