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Pídeme lo que quieras y te lo daré

Jesús tuvo mucha fama cuando le tocó caminar sobre esta tierra. Su fama se había extendido por toda Galilea y esto atemorizaba a los poderosos de su tiempo. Le comparaban con Juan El Bautista, su primo, que murió en manos de Herodes.

Este líder y poderoso de su tiempo le dijo a la hija de su esposa (concubina de su hermano) que “le pidiera lo que quisiera”. Piensa que tiene poder para todo. Es el gran engaño de los que tienen poder temporal. Con esta frase “pídeme lo que quieras” demuestra su gran engaño. Solo Dios puede dar al hombre lo que realmente necesita: vida. Herodes solo puede dar muerte.

Estamos invitados a ser hoy ha renunciar a nuestras actitudes “herodianas”. Tenemos el orgullo y soberbia de pensar que podemos hacer lo que nos de la gana. Al hacerlo, no nos damos cuenta, que nos auto condenamos. Seamos como Juan El Bautista. Dejemos que sea Dios el que lleve nuestra vida con humildad y amor. Solo así seremos más grandes y poderosos que mis líderes y fuertes de este mundo.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 6,14-29): En aquel tiempo, se había hecho notorio el nombre de Jesús y llegó esto a noticia del rey Herodes. Algunos decían: «Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas». Otros decían: «Es Elías»; otros: «Es un profeta como los demás profetas». Al enterarse Herodes, dijo: «Aquel Juan, a quien yo decapité, ése ha resucitado». Es que Herodes era el que había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado. Porque Juan decía a Herodes: «No te está permitido tener la mujer de tu hermano». Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto. 
Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea. Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré». Y le juró: «Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino». Salió la muchacha y preguntó a su madre: «¿Qué voy a pedir?». Y ella le dijo: «La cabeza de Juan el Bautista». Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: «Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista». El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales. Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre. Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.

Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos

Jesús, nuestro Señor y Mesías, fue enviado a la tierra con una misión muy concreta: salvarnos. Dios en su inmensa misericordia nos envió a su hijo para que en Él pudiéramos alcanzar salvación y perdón. 

El Señor no hizo este trabajo solo. Después de transformar la vida de sus más cercanos los envió a predicar y así participar también de su misión.

Hoy el Señor también nos envía a nuestra familia, amigos, compañeros y todos aquellos que encontremos en nuestro camino. ¡Ánimo! Sonó enviados por Jesús con su poder y espíritu.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 6,7-13): En aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: «Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas». Y les dijo: «Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos». Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio

El profetismo es importante para la relación nuestra con Dios. Todos los que tenemos Fe o estamos abiertos a tenerla necesitan de un profeta que le hable o anuncie de parte de Dios. Es gracias al profeta que se siente la presencia del Señor entre nosotros.

El gran dilema es que mucho pueden caer en el error de rechazar al profeta. Esto se debe a que como el profeta anuncia y denuncia puede hacerse incómodo para aquellos que les gusta el anuncio pero no la denuncia.

Aceptemos lo que el profeta que Dios ha puesto en nuestra vida (presbítero, catequista, padre o madre, amigo) nos tiene que decir. Dejemos aún lado nuestros bloqueos y dejemos que la acción de Dios senadora actúe a través de sus siervos.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 6,1-6): En aquel tiempo, Jesús salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguen. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: «¿De dónde le viene esto?, y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?». Y se escandalizaban a causa de Él. Jesús les dijo: «Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio». Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos. Y se maravilló de su falta de fe. Y recorría los pueblos del contorno enseñando.

Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz

Jesús, como buen judío, cumplió fielmente la ley del Señor. Esto lo aprendió de sus padres aquí en la tierra. Ellos, como dictan las prescripciones dadas al pueblo de Dios, presentaron a Jesús en el templo. Este hecho se convirtió en uno de gran trascendencia.

Contemplar la palabra de Dios cumplida de nuestra vida es una de las más hermosas visiones. Es un hecho de altísimo valor. Es lo que le pasó a Simeón y por eso su expresión de que ya estaba listo para morir.

Nosotros hoy también somos invitados a contemplar la palabra de Dios cumplida en nuestra vida. Dios nos ha dado familia, trabajo, momentos de alegría y también momentos de prueba que nos demuestran su amor y presencia. 

Hoy es un día propicio para hacer como Simeón: contemplar al Salvador presente en nuestra vida de día a día.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 2,22-40): Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor» y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor. 
Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre Él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel». Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de Él. 
Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción —¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!— a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones». 
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del Niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El Niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre Él.

Vete a tu casa, donde los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo

Hoy empezamos el día con una maravillosa palabra del Señor. Nuestra vida ha tendido un antes y después de conocer a Jesús. Es bueno recordar el antes para saber valorar el después.

Cuando estábamos fuera de la gracia del Señor nuestra vida era como alguien que camina entre los muertos. La vida no tenía sentido. Estábamos encadenados a nuestras pasiones y pecados. Vivíamos en la oscuridad.

El encuentro personal con Jesús nos hace cambiar radicalmente. Empezamos a vivir una vida de salud física y mental. El Señor rompe las cadenas de nuestras esclavitudes y nos hace ser libres. ¿Qué debemos hacer?

Pues empezemos con dar testimonio todos los días de la obra de misericordia que el Señor hizo con nosotros. Somos testigos del amor de Dios. No nos cansemos de hablar de las maravillas que ha hecho en nuestra vida.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 5,1-20): En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron al otro lado del mar, a la región de los gerasenos. Apenas saltó de la barca, vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo que moraba en los sepulcros y a quien nadie podía ya tenerle atado ni siquiera con cadenas, pues muchas veces le habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarle. Y siempre, noche y día, andaba entre los sepulcros y por los montes, dando gritos e hiriéndose con piedras. Al ver de lejos a Jesús, corrió y se postró ante Él y gritó con gran voz: «¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes». Es que Él le había dicho: «Espíritu inmundo, sal de este hombre». Y le preguntó: «¿Cuál es tu nombre?». Le contesta: «Mi nombre es Legión, porque somos muchos». Y le suplicaba con insistencia que no los echara fuera de la región. 
Había allí una gran piara de puercos que pacían al pie del monte; y le suplicaron: «Envíanos a los puercos para que entremos en ellos». Y se lo permitió. Entonces los espíritus inmundos salieron y entraron en los puercos, y la piara -unos dos mil- se arrojó al mar de lo alto del precipicio y se fueron ahogando en el mar. Los porqueros huyeron y lo contaron por la ciudad y por las aldeas; y salió la gente a ver qué era lo que había ocurrido. Llegan donde Jesús y ven al endemoniado, al que había tenido la Legión, sentado, vestido y en su sano juicio, y se llenaron de temor. Los que lo habían visto les contaron lo ocurrido al endemoniado y lo de los puercos. Entonces comenzaron a rogarle que se alejara de su término. 
Y al subir a la barca, el que había estado endemoniado le pedía estar con Él. Pero no se lo concedió, sino que le dijo: «Vete a tu casa, donde los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido compasión de ti». Él se fue y empezó a proclamar por la Decápolis todo lo que Jesús había hecho con él, y todos quedaban maravillados.

Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre

Las sagradas escrituras tienen muchos pasajes que nos resultan extraños si los leemos literalmente. Hay uno en particular que nos puede dar la impresión que le da una mala respuesta a su madre. Los exégetas y estudiosos de la Biblia no interpretan este pasaje de esa manera.

La intención central de ese pasaje es la de mostrar que lo que importa en la vida es hacer la voluntad de Dios. Sus palabras son dirigidas a nosotros hoy. 

No basta con ser miembro de una comunidad, amigo del párroco o ir a misa todos los domingos. Lo más importante no es la cercanía jurídica a la Iglesia. Lo que hoy quiere Jesús decirnos es que hagamos siempre la voluntad de Dios y pongamos en práctica su palabra. Hagamos esto hoy y seremos también familia de Jesús.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 3,31-35): En aquel tiempo, llegan la madre y los hermanos de Jesús, y quedándose fuera, le envían a llamar. Estaba mucha gente sentada a su alrededor. Le dicen: «¡Oye!, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan». Él les responde: «¿Quién es mi madre y mis hermanos?». Y mirando en torno a los que estaban sentados en corro, a su alrededor, dice: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».

Jesús subió al monte y llamó a los que Él quiso; y vinieron donde Él

La llamada de Jesús se hace hoy presente en medio de nuestras vidas. Hoy, una vez más, el Señor nos llama a la misión como lo hizo hace dos mil años con sus apóstoles. ¿Cómo es esto posible?

El mundo en general y nosotros en particular necesitamos de una presencia más viva de Dios. Esto se hace con palabras y obras. Así como los apóstoles fueron llamados a compartir la misión de Jesús y fueron enviados así somos nosotros invitados a dar la vida por esta generación. 

Hagamos presente el espíritu cristiano en nuestra familia, trabajo, barrio y en todos los ambientes que nos toque vivir. Hoy más que nunca el mundo necesita de un cristianismo amoroso, misericordioso y cercano. Hoy más que nunca las personas necesitan de ti, del amor de Dios vivo en ti.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 3,13-19): En aquel tiempo, Jesús subió al monte y llamó a los que Él quiso; y vinieron donde Él. Instituyó Doce, para que estuvieran con Él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los demonios. Instituyó a los Doce y puso a Simón el nombre de Pedro; a Santiago el de Zebedeo y a Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso por nombre Boanerges, es decir, hijos del trueno; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote, el mismo que le entregó.

La fiebre la dejó y ella se puso a servirles

La enfermedad es algo terrible que rompe con el orden natural. Cuando algo nos aqueja nos limita en todos los sentidos de la palabra. El sufrimiento del enfermo es símbolo de muchos malestares incluyendo el espiritual. 

El centro del mensaje de Jesús está precisamente en que su Reino ya está entre nosotros actuando porque en Él podemos sanar todas nuestras enfermedades. 

Abrir el corazón y dejarse ayudar por Dios son las vías para que su acción se sienta en plenitud.

Leer:
Texto del Evangelio (Mc 1,29-39): En aquel tiempo, Jesús, saliendo de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles. 
Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían. 
De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración. Simón y sus compañeros fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: «Todos te buscan». El les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido». Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.

Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego

Necesitamos ser “bautizados” hoy y siempre. El mismo Jesús, según el evangelio, da ejemplo al dejarse bautizar por Juan. ¿Qué significa bautizarse hoy?.

Lo primero es decir que el bautismo es uno y se vive una vez. Es el sacramento que permite ser verdaderos hijos de Dios al dejar en las aguas nuestro hombre viejo.

Lo que necesitamos realmente es revivir todos los días nuestro bautismo. Hacerlo presente todos los días significa convertirnos y manifestar el amor de Dios en todos los aspectos de nuestra vida.

Hoy tenemos un fuerte llamado a hacer realidad nuestro bautismo en nuestra relación con Dios y con nuestro prójimo. Seamos felices! Seamos cristianos.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 3,15-16.21-22): En aquel tiempo, como el pueblo estaba a la espera, andaban todos pensando en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo; respondió Juan a todos, diciendo: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego».
Sucedió que cuando todo el pueblo estaba bautizándose, bautizado también Jesús y puesto en oración, se abrió el cielo, y bajó sobre Él el Espíritu Santo en forma corporal, como una paloma; y vino una voz del cielo: «Tú eres mi hijo; el Amado, en ti me he complacido».

Porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel

La clave para entender la fiesta de la manifestación del Señor o como se llama popularmente dia de los Reyes Magos está en tener plena confianza de que nacerá en nosotros el Señor. ¿Qué quiere decir esto?

Ciertamente debemos alegrarnos porque Dios se hizo carne hace dos mil años y nació de una virgen llamada Marí. Más sin embargo, debemos alegrarnos mucho más al tener la certeza de que nuestro Señor Jesús quiere nacer en nuestros corazones mediante su Espíritu Santo. Este es el centro de nuestra fiesta de Navidad.

Hoy puedes ser también hijo de Dios. Déjate ayudar por Él. Abre tu corazón al amor. Es importante que seamos en este mundo testigos fieles de su amor.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 2,1-12): Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle». En oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta: ‘Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel’». 

Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: «Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle». 
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el Niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al Niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino.