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Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida

Jesús siempre ha dado un mensaje de esperanza. Nos asegura que el que crea en Él tendrá vida eterna y un lugar en su reino. Nos ofrece recorrer el camino de vida a través de Él y así vivir en la verdad desde hoy. La verdad es el amor.

Hoy nuestro Dios dice: no se turbe nuestro corazón. Tenemos la alegría de vivir un tiempo maravilloso donde vivimos la resurrección día a día en nuestra vida.

¿Cuál es el camino? El amor. Amemos a los nuestros y hasta nuestro enemigos. Resucitar significa que podamos amar a Dios, al prójimo y a nosotros mismos. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 14,1-6): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy sabéis el camino». Le dice Tomás: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?». Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí».

Quien pierda su vida por mí, ése la salvará

Todo ser humano tiene aspiraciones y anhelos. Nos sentimos inclinados a poner nuestras esperanzas en las cosas de este mundo. Pensamos que vivir plenamente es tener éxito económico, afectivo y sociales. Queremos tener casa, dinero, prestigio, fama y ser admirados por todos. ¿Esto satisface plenamente el alma?

En las ensañazas divinas se intenta no “satanizar” las cosas de este mundo. Lo que se trata de revelar al corazón de los hombres es que si ponemos nuestra confianza en las cosas materiales estamos engañados porque todo lo que existe pasa. 

El Señor nos invita a construir nuestra vida en lo que no perece que es el amor de Dios. Nos invita ha renunciar a toda forma de idolatría y acogernos al maravilloso plan de Dios.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 9,22-25): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día». Decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?».

El que ama su vida, la pierde

Parece una frase escandalosa pero es bíblica. Los seres humanos nos pasamos la vida construyendo nuestra fama, nuestra vida, nuestro patrimonio y nuestra legado. Eso no está mal. El tema es pensar que en esto consiste vivir plenamente.

Ponernos metas ambiciosas y luchar por ellas es bueno. Lo que no es correcto es ver en ellas un fin en sí mismo.

Dios quiere que seamos felices. Y el secreto de la felicidad es ver bendición en nuestra vida como es y como se va presentando.

¡Ánimo! Pongamos nuestra confianza solo en Dios.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 12,24-26): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará».

El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará

Las exigencias evangélicas parecen exageradas. La persona promedio diría que lo que pide Jesús es imposible de cumplir. En un mundo donde se promueve el disfrute personal y el éxito material las palabras del Señor nos suenan medievales, arcaicas y carentes de vigencia. ¿Cuál es el sentido hoy del mensaje de Jesús?

Muchos de nosotros hemos tenido una experiencia de amor un tanto desordenada. Hemos querido hacer un proyecto de felicidad basado en cosas pasajeras y perennes. Les pongo un ejemplo. Una joven se casa con la ilusión de que lo ha hecho con el hombre perfecto. Luego descubre que no lo es y empiezan los problemas. Ella construyó un proyecto de vida con alguien que no conocía bien y que no puede darle el amor como ella quiere. En otras palabras, le pidió la vida a algo que no se la puede dar.

El amor de Dios es mas grande y estable que cualquier otra forma de amar. No hay nadie ni nada en el mundo que supere al creador de todo lo que existe. Por tanto, lo correcto sería, ajustar nuestra vida a las indicaciones y mandatos del amor de Dios que está por encima de todo.

La propuesta evangélica de Jesús es poner en orden nuestra vida. Todo ser humano que quiere ser plenamente feliz debería asumir el proyecto divino. Buscar la vida en la voluntad de Dios es el camino de nuestra felicidad.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 10,34–11,1): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: «No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y enemigos de cada cual serán los que conviven con él. 
El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. Quien reciba a un profeta por ser profeta, recompensa de profeta recibirá, y quien reciba a un justo por ser justo, recompensa de justo recibirá. Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa».
Y sucedió que, cuando acabó Jesús de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.

Vengo de Él y Él es el que me ha enviado

El Señor Jesús vino a la tierra para cumplir una misión. Dios envían al Señor a mostrar algo nuevo. El mesías anuncia una gran noticia. Este mensaje de trascendencia es la victoria sobre la muerte y que en cada uno de nosotros se puede realizar de manera concreta el misterio de nuestra salvación.

La resurrección propuesta por el Señor no es solo física al final de los tiempos. La victoria sobre la muerte se realiza aquí todos los días en el corazón de los hombres y mujeres que se abren al amor de Dios.

Jesús enseña en el templo. Las autoridades de este centro de poder religoso y político quieren matarle. ¿El Señor se llena de miedo y calla? NO. ¿Por qué? Porque tiene la seguridad de la resurrección. Sabe que la vida eterna se realiza a través del sufrimiento. Un proceso de purificación siempre culmina en algo mucho mejor a lo anterior.

Les invito a todos en este viernes de cuaresma a ver la experiencia de Jesús y llenarse de valor. ¡No tengan miedo! Tu futuro es de Dios. Vivir el presente como Jesús que anuncia el Reino de Dios con su vida y no tiene miedo a nada ni a nadie porque sabe que Dios le salvará de todos los peligros. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 7,1-2.10.14.25-30): En aquel tiempo, Jesús estaba en Galilea, y no podía andar por Judea, porque los judíos buscaban matarle. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas. Después que sus hermanos subieron a la fiesta, entonces Él también subió no manifiestamente, sino de incógnito.


Mediada ya la fiesta, subió Jesús al Templo y se puso a enseñar. Decían algunos de los de Jerusalén: «¿No es a ése a quien quieren matar? Mirad cómo habla con toda libertad y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido de veras las autoridades que éste es el Cristo? Pero éste sabemos de dónde es, mientras que, cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde es». Gritó, pues, Jesús, enseñando en el Templo y diciendo: «Me conocéis a mí y sabéis de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta; sino que me envió el que es veraz; pero vosotros no le conocéis. Yo le conozco, porque vengo de Él y Él es el que me ha enviado». Querían, pues, detenerle, pero nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora.

Quien pierda su vida por mí, ése la salvará

La cuaresma inicia siempre con una invitación firme a conversión. Se nos invita a reafirmar en este tiempo litúrgico un aspecto importante de la vida cristiana que es el hecho de que en este mundo no debemos poner nuestras seguridades. La cuaresma es imagen del desierto. Desierto es un sitio inhóspito donde lo fundamental de la vida adquiere su mayor importancia.

Todos los seres humanos buscamos ser felices y entendemos que para lograr esto debemos realizar en nuestra vida acciones y actividades que nos lo puedan asegurar: ganar dinero, tener buen trabajo, constituir una familia perfecta, entre otras cosas. Sin embargo, dejamos de lado lo mas importante que es el amor de Dios y al prójimo.

Para salvar la vida debemos “perder” las cosas que hemos dado mas importancia que a Dios. Salvar la vida es amar a Dios con todo el corazón, el alma y las fuerzas; y al prójimo como a nosotros mismos. Haciendo esto, todo lo demás nos vendrá por añadidura.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 9,22-25): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día». Decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?».

No es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños

NO es voluntad de Dios que nos perdamos.

NO es voluntad de Dios que permanezcamos en la muerte.

NO es voluntad de Dios nuestra muerte y perdición.

NO es voluntad de Dios el odio.

NO es voluntad de Dios el asesinato.

NO es voluntad de Dios que estemos son esperanza.

LA VOLUNTAD DE DIOS ES LA VIDA!!! #SiALaVida

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 18,12-14): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada? Y si llega a encontrarla, os digo de verdad que tiene más alegría por ella que por las noventa y nueve no descarriadas. De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños».

Has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes

Este mundo está lleno de sabios. En República Dominicana decimos que alguien es un “sabio” no necesariamente porque tenga sabiduría sino porque se la “sabe buscar”. Hay tantos “sabios” que creen que pueden definir como debe ser la vida en este mundo. Ahí están los que crean leyes en contra el orden divino y lo más elemental de la razón.

¿Cómo piensan los pequeños? Como humildes hijos de Dios se ajustan a la ley del creador de todo el universo. Reconocen que la vida la da Él y solo Él la puede quitar. Dios ha creado el feto y ha puesto en él “aliento de vida” desde su concepción.

Hermanos y hermanas. Defender la vida es fundamental en la vida cristiana. No dejemos que la CULTURA DE LA MUERTE impere en el mundo. Alcemos nuestra voz a favor de la Vida! Esa es la voluntad de Dios.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 10,21-24): En aquel momento, Jesús se llenó de gozo en el Espíritu Santo, y dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar». Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron».

¿Qué es más importante, la ofrenda, o el altar que hace sagrada la ofrenda?

Llenamos nuestra vida de compromisos y obligaciones. Felicitar al amigo por su cumpleaños, dar el pésame al compañero de trabajo que acaba de perder a su abuela y llegar puntual a las reuniones, son sólo algunas de las reglas sociales que debemos o somos obligados a cumplir.

Mujeres que hablan mal de los maridos pero que van a misa todos los días, hombres que dicen ser bautizados y procuran no hacer “daño” a nadie pero son capaces de sobornar a un policía cuando los detiene. Cristianos que cumplen con la ley y su vida está muy lejos del espíritu de dicha ley. Ese es el centro del mensaje de Jesús.

Estamos acostumbrados a cumplir las leyes y pensamos que basta con un cumplimiento externo para sentirnos satisfechos. El Señor nos dice que no es suficiente.

Lo más importante es cumplir el espíritu de la Ley, no la norma escrita. Si sabes que estás enemistado con alguien, ¿cómo puedes tranquilamente ir a comulgar o rezar? Dios hoy nos dice que cumplir con las normas no basta. Hace falta que actuemos según el espíritu de las mismas.

Que en nuestra vida no haya divorcio entre Fe y Vida. Con la coherencia de nuestros hechos podemos ser felices y hacer felices a los demás.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 23,13-22): En aquel tiempo, Jesús dijo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros! ¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: ‘Si uno jura por el Santuario, eso no es nada; mas si jura por el oro del Santuario, queda obligado!’ ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante, el oro, o el Santuario que hace sagrado el oro? Y también: ‘Si uno jura por el altar, eso no es nada; mas si jura por la ofrenda que está sobre él, queda obligado’. ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda, o el altar que hace sagrada la ofrenda? Quien jura, pues, por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él. Quien jura por el Santuario, jura por él y por Aquel que lo habita. Y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por Aquel que está sentado en él».