Archivo de la categoría: Evangelio

Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti

Nuestro Señor Jesús se hizo hombre, vivió, murió, resucitó y subió al cielo para que nosotros podamos tener vida eterna. La voluntad de Dios es que vivamos y seamos felices. Él quiere que experimentemos el cielo ya desde aquí y así podamos sentir que es nuestro Padre y Señor.

Jesús fue enviado para dar gloria a Dios.¿cómo se manifiesta la gloria del Señor? En el amor y el perdón. Hoy el Señor te ama y perdona nuevamente. Y te invita a participar de este amor y perdón. Si estás resucitado con Cristo perdona y pide perdón. ¿Hay alguien a quien le debes perdonar o amar? Hazlo. 

La obra que Dios encomendó a Jesús es una obra de amor. Participa hoy de ese amor. Con la asistencia del Espíritu puedes hacerlo. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 17,1-11a): En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar. 
»Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese. He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu Palabra. Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de ti; porque las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado. 
»Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos; y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti».

Yo he vencido al mundo

Nos enfrentamos día a día a muchos desafíos y tribulaciones. Nos parecen imposibles de vencer. Nos da miedo la emfermedad, el sufrimiento que mal produce un ser querido o situación y el mismo hecho de vivir. 

En medio de tanta cosas tenemos la garantía de que Dios nos cuida y nos va a salvar. Él ha enviado a Jesús para que sepamos que aunque nosotros no tengamos fuerza para luchar o vencer nos podemos apoyar en nuestro Señor.

¡Ánimo! Jesús ha vencido al mundo y nos hace partícipe de su victoria.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 16,29-33): En aquel tiempo, los discípulos dijeron a Jesús: «Ahora sí que hablas claro, y no dices ninguna parábola. Sabemos ahora que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por esto creemos que has salido de Dios». Jesús les respondió: «¿Ahora creéis? Mirad que llega la hora (y ha llegado ya) en que os dispersaréis cada uno por vuestro lado y me dejaréis solo. Pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo».

Vuestra tristeza se convertirá en gozo

A veces amanecemos tristes y cansados de tantas cosas que nos son adversas y contrarias. La vida se nos hace pesada. Nos suceden acontecimientos que no aceptamos y entendemos. ¿Qué nos dice el Señor al respecto? “Vuestra tristeza se convertirá en gozo”.

¡Animo! Si estás triste o cansado el Señor te dice hoy que el volverá siempre a tu vida todos los días. Él se va a hacer presente hoy y siempre. Dios nos tiene preparado un futuro mejor.

El requisito para pasar de la tristeza a la alegría hoy es abrir tu corazón al Señor. ¡Ánimo! Él te ama.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 16,20-23a): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar. Aquel día no me preguntaréis nada».

Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo

La presencia de Jesús resucitado entre nosotros se siente mendiante su acción salvadora. Los discípulos estuvieron tristes porque sentía que su Señor partía y ya no iban a disfrutar de su presencia cercana. Jesús los invita a no estar tristes.

Ciertamente hay momentos en los que sentimos que nuestro Señor se nos va. Pensamos que Él nos ha dejado solos. En momentos de prueba, enfermedad, desgracia o tribulación.

Es por eso que las escrituras nos hablan de que jamás el Señor nos dejará solos. Su ascensión al cielo no es un adiós. Nunca nos dejará solos. Siempre estará con nosotros “hasta el fin del mundo”.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 16,16-20): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver». Entonces algunos de sus discípulos comentaron entre sí: «¿Qué es eso que nos dice: ‘Dentro de poco ya no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver’ y ‘Me voy al Padre’?». Y decían: «¿Qué es ese ‘poco’? No sabemos lo que quiere decir». Se dio cuenta Jesús de que querían preguntarle y les dijo: «¿Andáis preguntándoos acerca de lo que he dicho: ‘Dentro de poco no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver?’. En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo».

Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa

¡Gracias a Dios no estamos solos! El Señor Jesús nos ha dejado, vuelve al final de los tiempos, pero en este espacio intermedio nos da su Espíritu Santo.

Podemos sentir la presencia de Dios todos los días gracias a la maravillosa acción del Espíritu. El nos conduce a la verdad que es el amor de Dios que nos perdona y acoje siempre. Necesitamos que el mismo Espíritu Santo nos haga cristianos. Sin Él no podemos hacer lo que el Señor nos manda.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 16,12-15): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros».

Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré

La fuerza de Dios se manifesta en Jesucristo. Él ha mostrado el camino a Dios y también nos hace una promesa importante: él estará con nosotros siempre.

En los momentos en que nos sentimos solos y sin fuerzas para seguir luchando debemos saber que en Jesús podemos encontrar consuelo. Ora y pídele a Dios en el nombre de Jesús y verás que él siempre está a tu lado.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 14,6-14): En aquel tiempo, Jesús dijo a Tomás: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto». Le dice Felipe: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta». Le dice Jesús: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré».

No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros

La elección de Dios es un misterio de misericordia y amor. Nos han enseñado que hemos sido nosotros los que elegimos ser buenos y cristianos. Que hicimos una opción por Dios y a partir de esta decisión nuestra no entendemos porque otros no hacen lo mismo.

La verdad es que Dios, en su plan de salvación con cada uno de nosotros, es que nos elegido. La iniciativa de amor ha sido de Él. 

Con sorpresa leí ayer que en Islandia todas las personas menores de 25 años se han declarado ateos. ¡Impresionante! Informan, como si fuera un avance, que son el primer país del mundo en contar con una generación entera de ateos. ¿Por qué ellos no han elegido a Dios? ¿Por qué Dios con ellos no ha tenido la iniciativa? Es un misterio.

Lo que sí es cierto es que Dios nos pide que amemos a esa generación y a todas las que como ellos a lo mejor ni creen en Dios. Estamos invitados a amarnos y amar a todos los hombres y mujeres del mundo. Hemos sidos elegidos por Dios para el amor en todas sus dimensiones. ¿Estás dispuesto?

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 15,12-17): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Éste es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros».

Permaneced en mi amor

El amor es la fuerza que mueve todo. En todas las cosas que hacemos diariamente buscamos amar y ser amados. Sin amor nadie puede vivir. 

En el Señor podemos encontrar la expresión plena del amor. Nadie nos ha amado o puede amarnos como Dios. El nos ama hasta el extremo. Nos ha amado tanto que nos ha dado a su hijo unigénito para que en Él pudiéramos tener vida eterna. 

Abrir nuestro corazón al amor de Dios es fundamental. Hoy volvemos a tener esa oportunidad. Ama a todos, incluyendo a tus enemigos. Ámate y manifesta ese amor en todo lo que hagas. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 15,9-11): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado».

La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos

Jesús siempre toma ejemplos de la naturaleza y las costumbres de la época para hablarles y predicarles a los hijos de Israel y a los hombres y mujeres de su tiempo. En contacto permanente con la naturaleza encuentra siempre elementos que pueden aplicarse a la vida de Fe. Uno de ellos es el de la Viña, los frutos y el Viñador.

El Señor nos invita a permanecer en Él como el Sarmiento a la vid. Solo así podemos dar frutos de vida eterna. Solo así podemos ser verdaderamente felices.

Nadie se salva solo. Ciertamente nuestra experiencia de Dios es individual pero debemos saber que también los hermanos y los prójimos que Dios pone en nuestra vida son necesarios para nuestra salvación. Permanecer en la Vid también es igual a permanecer en la Iglesia. 

Hoy el Señor nos invita a eso: Dar frutos. Eso solo es posible si estamos siempre en la gracia de Dios. Con su ayuda podemos hacerlo.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 15,1-8): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos».

Os dejo la paz, mi paz os doy

 Qué maravillosa es la escritura que contiene el mensaje de nuestro Señor para nosotros. Jesús habla a sus discípulos y les da un mensaje de paz y amor.

Hoy, ¿tú corazón está turbado? ¿Te sientes preocupado o cansado? ¿Sientes que algo te falta o que tu vida podría ser mejor? En el Señor podemos encontrar descanso, paz y consuelo.

El centro del mensaje de nuestro Dios es que Él nos ama y quiere que seamos verdaderamente felices. ¡Ánimo! Ha llegado el momento de que te lo puedas creer.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 14,27-31a): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Habéis oído que os he dicho: ‘Me voy y volveré a vosotros’. Si me amarais, os alegraríais de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Y os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis. Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque llega el Príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder; pero ha de saber el mundo que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado».