¡Señor, sálvanos, que perecemos!

En nuestra vida tenemos momentos de sufrimiento, tensión y prueba. Todos experimentamos en algún momento de nuestras vidas miedo y tristeza. Son esos momentos especiales donde podemos experimentar de una forma admirable la presencia de Dios.

Jesús nos dio ejemplo. Cuando estaba en la cruz, símbolo de todos nuestros sufrimientos, gritó al Señor nuestro Dios y fue escuchado. La muerte no pudo vencerle porque su confianza absoluta era su Padre Divino que le daba garantía de su resurrección.

Así es con nosotros. ¿Estás pasando por un momento difícil? Espera en Dios que seguir volverás a alabarlo. ¿Hay viento y tormenta en tu vida? Tranquilo, Jesús calmará esa tempestad. Dios te ama y te salvará de la muerte. Ten Fe.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 8,23-27): En aquel tiempo, Jesús subió a la barca y sus discípulos le siguieron. De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas; pero Él estaba dormido. Acercándose ellos le despertaron diciendo: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!». Díceles: «¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?». Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza. Y aquellos hombres, maravillados, decían: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?».

Señor mío y Dios mío

Vivimos en un mundo de mentalidad científica y tecnológica, ¿qué significa eso? Que luego de tantos avances sociales, económicos y científicos, la humildad entiende que todo lo que es verdadero debe ser sometido a la prueba empírica o evidencia física. Los hombres y mujeres de este tiempo solo creen lo que pueden ver o comprobar por el método científico. 

Es por eso que ha muchos ya les parece absurda la Fe. Piensan que la religión es algo de incultos y hace referencia a una época medieval oscura y retrógrada.  Por ejemplo, países nórdicos de Europa proclaman como un logro la gran cantidad de ateos de sus países. Mucho hablan de la primera generación joven de la historia en no creer en Dios.

Para iluminar esta realidad, Dios permitió que Tomás, el apóstol que acompañó a Jesuús, pudiera darnos su experiencia de hace dos mío años. Este discípulo de Jesús no estuvo presente el día de la aparición del Señor a los apóstoles luego de la resurrección. Es decir, no vió ni tocó al Señor. Al contarle la experiencia sus demás colegas en lo quiso creer. Lo mismo que en estos tiempos. Oímos el testimonio de algunos cristianos y no le creemos. Nos parecen fanáticos carentes de toda racionalidad. Pero, oh sorpresa! Jesús se le parece mostrándole sus llagas e invitándole a tocarle. Esto es símbolo de lo que hace todavía hoy Jesús. Nos muestra, de diversas maneras, su amor infinito. Nos invita a tocarle en los sacramentos, los acontecimientos diarios y en el testimonio de hermanos que han experimentado su presencia en sus vidas. 

Hoy el Señor te invita a verlo y tocarle. Hoy se nos aparece vivo y cercano. Hoy Jesús te dice te amo y muero nuevamente para que tú puedas creer y tener vida eterna. ¡Ánimo! ¡Dios te ama!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 20,24-29): Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré». 
Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros». Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente». Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío». Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído».

Quiero, queda limpio

Muchas veces nos calcomen las enfermedades del alma. Dice la psicología profunda que todos los seres humanos desarrollan a lo largo de su existencia traumas, complejos y fobias. La buena noticia es que Dios puede curar todo tipo de enfermedad.

En un momento de la vida de Jesús le preguntan porque anda con publicanos y pecadores. Si respuesta fue que como médico de almas a venido por los enfermos y no por lo sanos. Lo cierto es que todo necesitamos ser dañados o curados de algo.

Es fundamental estar contentos porque en Jesús podemos encontrar paz y sanación interior. Solo debemos pedírselo. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 8,1-4): En aquel tiempo, cuando Jesús bajó del monte, fue siguiéndole una gran muchedumbre. En esto, un leproso se acercó y se postró ante Él, diciendo: «Señor, si quieres puedes limpiarme». Él extendió la mano, le tocó y dijo: «Quiero, queda limpio». Y al instante quedó limpio de su lepra. Y Jesús le dice: «Mira, no se lo digas a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio».

Por sus frutos los reconoceréis

Las personas que han teñido experiencia rural saben muy bien cómo hacer producir la tierra. Sin su valioso trabajo la humanidad no podría vivir. El campo nos alimenta y mantiene vivos.

Cuando se tiene una buena cosecha se benefician los agricultores y a todos nos ayuda comer del fruto de su trabajo. Es por eso que Jesús toma esta figura y da una fuerte palabra para nuestras vidas.

Dice el Señor que seamos como el árbol bien plantado, sano y que produce un buen fruto. Si estos es así el árbol cumple con su cometido y todos los demás nos beneficiamos de lo que da.

Seamos árboles buenos que dan frutos buenos. El fruto bueno es el amor a todos y todas que se hace presente a través de las obras de vida eterna que Dios nos concede realizar por medio de su gracia.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 7,15-20): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los reconoceréis».

No juzguéis, para que no seáis juzgados

Conocerse a uno mismo es uno de elementos fundamentales en nuestro camino a la felicidad. Dios nos permite descubrir quiénes somos en realidad a través de acontecimientos y personas que actúan como un espejo. Para poder conocer el Amor de Dios debemos descubrir cómo y qué tan profundo nos ama nuestro Señor.

¿Cuál es la verdad? Que somos unos grandes pecadores. Todos los días experimentamos nuestras incapacidades, limitaciones, precariedades y pecados. Precisamente descubir esa realidad y gran verdad es el fundamento de nuestra Fe.

¿Cómo juzgar a los demás si somos tan precarios y pecadores? Es imposible mirar las debilidades de los demás si tenemos tantas faltas y pecados. Esa realidad es la fuente del amor a Dios y sobre todo a nuestros prójimos. Amemos y no juzguemos. La ley es el Amor y Dios nos dará la gracia de cumplirla.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 7,1-5): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu ojo? ¿O cómo vas a decir a tu hermano: ‘Deja que te saque la brizna del ojo’, teniendo la viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano».

No resistáis al mal

Jesús hace nueva todas las cosas y lleva a su plenitud la ley dada por Dios al pueblo de Israel en la antigüedad. Un punto central de la enseñanza del Señor es el amor, ¿a quién deberíamos amar? Dice el Señor que amemos incluyendo a nuestros enemigos.

Es normal, y hasta legal, que en el mundo se castigue al culpable, al que nos hizo algún mal o ha hecho daño a la sociedad. Es por eso sorprendente para los hombres y mujeres de sentido común que Jesús pida que ante el mal que nos haga nuestro prójimo respondamos con bien.

¡Oh admirable hermosura! En Dios se rompe el círculo vicioso de muerte, odio y rencor. Se nos invita a ser verdaderos hijos de Dios quien ama a los justos e injustos y hace salir el sol sobre buenos y malos. ¡Amar como Dios ama! Ese es el camino de la vida que nos propone el Señor. ¿Estás dispuesto a seguirle? ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 5,38-42): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda».

No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento

Cuando a Jesús le preguntaron cuál era el mandamiento más importante, su respuesta fue muy clar: amar a Dios con todo el corazón, la mente y fuerzas y al prójimo como a uno mismo. En otras palabras, la ley más importante es la ley del amor. 

Jesús no viene a destruir nada. Viene a llevar la al siguiente nivel. El Señor nos quiere dar vida plena y que experimentemos dicha vida en paz, alegría y amor. 

Amemos a todos y todas, incluyendo a nuestros enemigos. Este es el camino de la vida. Es el fundamento de nuestra salvación. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 5,17-19): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos».

Para que vean vuestras buenas obras

Jesús nos invita a ser sal y luz de la tierra. Con frecuencia utiliza símbolos para expresar misterios más profundos. Uno de ellos es la misión que tenemos por el hecho de ser cristianos.

Lo primero es que ningún hombre o mujer es llamado por Dios para ser cristiano como un proyecto de superación personal. Es decir, todos tenemos el encargo de dar lo que gratis hemos recibido, y ¿qué hemos recibido? El amor de Dios.

Somos testigos del amor de Dios. Es por eso que estamos llamados a dar amor a todos nuestros prójimos incluyendo a nuestros enemigos. ¿Cómo se puede ser luz y sal? Reflejando la luz de Cristo como la luna refleja la luz del sol; y disolviéndonos en el mundo como lo hace la sal en los alimentos para darles gusto y buen sabor. Esa es la misión suprema de la Iglesia y sus miembros los cristianos. 

¡Amar! Esa es la buena obra que debemos realizar todos los días de nuestra vida. ¡Ánimo!
Leer:

Texto del Evangelio (Mt 5,13-16): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos».

¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?

Los escriba y fariseos le hacían muchas preguntas a Jesús. Esto lo hacían por dos razones fundamentales. Algunos porque necesitaban entender mejor algunas cuestiones y otros porque quería hacerle algún daño mediante una declaración “inapropiada”. En el primer caso, se puede entender que Jesús contaba con un aprecio importante. Para muchos eran un profeta de Dios.

Cuando alguien de estos le preguntó sobre el más importante de los mandamientos, Él respondió de una forma maravillosa. Dijo que uno resume todos los demás. ¡Fantástico! Esto quiere decir que cumpliendo ese puedo cumplir la enseñanza total de Dios. 

Este mandamiento fundamental es el Amor. Decía un santo: “ama y haz lo que quieras. Si, tan simple, profundo y trascendente como se oye. Amar es lo más importante porque haciéndolo de verdad es imposible incumplir la ley de Dios. El que ama no peca contra Dios, contra sí mismo y mucho menos contra el prójimo. Ese es el camino de la felicidad verdadera. La vía de la santificación plena. Con la ayuda de Dios, podemos hacerlo una realidad en nuestra vida.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 12,28-34): En aquel tiempo, se llegó uno de los escribas y le preguntó: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?». Jesús le contestó: «El primero es: ‘Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No existe otro mandamiento mayor que estos». 
Le dijo el escriba: «Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios». 
Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios». Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.

No es un Dios de muertos, sino de vivos

Una de las esperanzas fundamentales de la fe cristiana es la creencia en la resurrección de los muertos. Es decir, que todos los que creemos en Cristo también estamos seguros que luego de nuestra muerte física iremos con Él al cielo (si así es la voluntad de Dios). ¿Esto tiene alguna dificultad?

Algunas veces, cuando estamos en duda, tentación o sufrimiento, nos puede venir una crisis de Fe. El ser humano del siglo XXI solo quiere creer en lo que ve y toca. Pensamos que algo es verdadero si se puede comprobar científicamente. También hace siglos se daban las mismas dudas y creencias distintas entre los que creen en Dios. ¿Cómo podemos creer en algo que nunca hemos visto?

El Señor nos ha permitido experimentar la resurrección desde ahora. Muchos hemos estado muertos ontologicamente. Es decir, hemos estado muertos por nuestros pescados y experimentado en algún momento tristeza, odio, rechazó, soledad o algún tipo de vacío existencial. De esa realidad Dios nos ha sacado. Nos ha liberado de la muerte fruto del pecado y hoy podemos decir que Dios nos ama. ¿Cómo puede alguien amarnos y dejarnos en la muerte? Pues Dios jamás permitirá que nuestro ser termine en la nada sin fin. 

Hermanos, ¡Cristo ha resucitado! Y nos hace partícipes de su resurrección. ¡Victoria! ¡Victoria! ¡Victoria! La muere ha sido vencida. ¡Resucitó!

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 12,18-27): En aquel tiempo, se le acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan que haya resurrección, y le preguntaban: «Maestro, Moisés nos dejó escrito que si muere el hermano de alguno y deja mujer y no deja hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su hermano. Eran siete hermanos: el primero tomó mujer, pero murió sin dejar descendencia; también el segundo la tomó y murió sin dejar descendencia; y el tercero lo mismo. Ninguno de los siete dejó descendencia. Después de todos, murió también la mujer. En la resurrección, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer».
Jesús les contestó: «¿No estáis en un error precisamente por esto, por no entender las Escrituras ni el poder de Dios? Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en los cielos. Y acerca de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en lo de la zarza, cómo Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? No es un Dios de muertos, sino de vivos. Estáis en un gran error».