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He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel

Estamos llamados a ser hijos de Dios. La salvación que el Señor no ofrece en Jesús consiste en hacernos semejantes a él en todo. Nuestro Dios nos muestra en Jesucristo la obra de salvación que quiere realizar en todos nosotros.

Hay una genealogía según la carne. Todos hemos tenido un padre y una madre según la carne. El Señor nos invita a tener un padre y una madre según el espíritu. Gracias al bautismo podemos llevar a ser hijos de Dios y coherederos con Cristo de la gloria divina.

En este día, estamos invitados a celebrar el amor de Dios y a parecernos a nuestro padre Dios mediante las obras de misericordia que estamos llamados a realizar. Un verdadero descendiente tiene la misma naturaleza que su progenitor. Seamos perfectos como nuestro padre Dios es perfecto, perfecto en el amor. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 1,1-16.18-23): Libro de la generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos, Judá engendró, de Tamar, a Fares y a Zara, Fares engendró a Esrom, Esrom engendró a Aram, Aram engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naassón, Naassón engendró a Salmón, Salmón engendró, de Rahab, a Booz, Booz engendró, de Rut, a Obed, Obed engendró a Jesé, Jesé engendró al rey David.

David engendró, de la que fue mujer de Urías, a Salomón, Salomón engendró a Roboam, Roboam engendró a Abiá, Abiá engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Joram, Joram engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatam, Joatam engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amón, Amón engendró a Josías, Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando la deportación a Babilonia.

Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliakim, Eliakim engendró a Azor, Azor engendró a Sadoq, Sadoq engendró a Aquim, Aquim engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Mattán, Mattán engendró a Jacob, y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. Así que el total de las generaciones son: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.

La generación de Jesucristo fue de esta manera: su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto. Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en Ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: «He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel», que traducido significa: “Dios con nosotros”.

Yo os pregunto si en sábado es lícito hacer el bien en vez de hacer el mal, salvar una vida en vez de destruirla

El amor está por encima de cualquier ley humana. Muchas veces pensamos que ser cristianos es aplicar a todos unos mandamientos y normas que nadie puede cumplir siempre y en plenitud. El cristianismo no es un moralismo. El cristianismo es amor a todos.

Jesús nos mostró el camino correcto. Nos enseñó que podía incumplir la “ley humana” con tal de hacer el bien al prójimo. ¿Hacemos lo mismo?

Miremos al otro con amor. Perdonemos siempre a nuestro prójimo. La mayor curación ocurre cuando amamos a los demás incluyendo a nuestro enemigos, a aquellos que nos han hecho un mal. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 6,6-11): Sucedió que entró Jesús otro sábado en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha seca. Estaban al acecho los escribas y fariseos por si curaba en sábado, para encontrar de qué acusarle. Pero Él, conociendo sus pensamientos, dijo al hombre que tenía la mano seca: «Levántate y ponte ahí en medio». Él, levantándose, se puso allí. Entonces Jesús les dijo: «Yo os pregunto si en sábado es lícito hacer el bien en vez de hacer el mal, salvar una vida en vez de destruirla». Y mirando a todos ellos, le dijo: «Extiende tu mano». Él lo hizo, y quedó restablecida su mano. Ellos se ofuscaron, y deliberaban entre sí qué harían a Jesús.

Dejándolo todo, le siguieron

En Jesús podemos encontrar sentido a nuestra vida. Él nos da una misión y nuestro deber en cumplirla a lo largo de nuestra existencia. Una clave importante de la felicidad es realizar el proyecto que Dios ha diseñado para nosotros.

Jesús vino al mundo a cumplir la misión que Dios le había encomendado. La clave era salvar a todos de la esclavitud del pecado. Pero el Señor no lo hizo solo. Invitó a sus apóstoles a participar en dicha misión. Les encomendó lo mismo: pescar almas.

Digamos si al llamado de Dios. Dejemos nuestras preocupaciones superficiales y nuestras idolatrías falsas. Entreguemos nuestra vida al Señor para que en nosotros se realice su proyecto de salvación. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 5,1-11): En aquel tiempo, estaba Jesús a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios, cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar». Simón le respondió: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes». Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían. Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador». Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres». Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.

También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado

¿Para qué existes? ¿Cuál es tu misión en esta vida? Responder a esas preguntas existenciales es fundamental para tener sentido en la vida. Es lo único que puede garantizar una verdadera felicidad. ¿En quien está la respuesta? En Dios.

Jesús vino al mundo con una misión clara. Se hizo carne para manifestar el reino de los Cielos aquí en la tierra. Actuaba con señales y prodigios y hablaba con autoridad. ¿Cómo lo hacía Jesús? Curando y liberando de todo mal. ¿Has experimentado la salvación de Dios?

Hoy tenemos la oportunidad de vivir en el reino de los Cielos. Hoy tenemos la dicha de entrar en la presencia de Dios y dejar que nuestro Señor actúe en nuestra vida. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 4,38-44): En aquel tiempo, saliendo de la sinagoga, Jesús entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre, y le rogaron por ella. Inclinándose sobre ella, conminó a la fiebre, y la fiebre la dejó; ella, levantándose al punto, se puso a servirles. A la puesta del sol, todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias se los llevaban; y, poniendo Él las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero Él, conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que él era el Cristo.

Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar solitario. La gente le andaba buscando y, llegando donde Él, trataban de retenerle para que no les dejara. Pero Él les dijo: «También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado». E iba predicando por las sinagogas de Judea.

Quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad

La autoridad viene de Dios. Jesús la tenía y ejercía, ¿de qué manera? Hablando de parte de Dios a todos los que querían cambiar de vida y buscaban la verdadera felicidad.

El Señor nos ha mostrado su gracia salvándonos del pecado. Manifiesta su poder restaurando en nosotros su imagen divina. Nos quiere curados de toda maldad. Dios nos ha dado en Jesucristo la victoria en todas nuestras luchas y combates.

Hoy, también necesitamos que Jesús venga en nuestro auxilio. Nuestro salvador quiere actuar en nosotros. Para ellos necesita un corazón dispuesto a hacer su voluntad y un oído atento a sus palabras. ¡Adelante! ¡Hoy es el día de la salvación!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 4,31-37): En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba. Quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad. Había en la sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo, y se puso a gritar a grandes voces: «¡Ah! ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios». Jesús entonces le conminó diciendo: «Cállate, y sal de él». Y el demonio, arrojándole en medio, salió de él sin hacerle ningún daño. Quedaron todos pasmados, y se decían unos a otros: «¡Qué palabra ésta! Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos y salen». Y su fama se extendió por todos los lugares de la región.

Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas

El Señor siempre tenía palabras muy duras para los escribas y fariseos. ¿Por qué tanta corrección a un grupo de personas religiosas que cumplía la ley al pie de la letra? Debemos recordar que el fariseo hacía un esfuerzo consciente para cumplir los mandamientos divinos. ¿Que maldad hay en ello?

El problema es que estos hombres religiosos caían en él mismos error que muchas veces hemos caído nosotros. Reducimos la fe a un conjunto de normas por cumplir. Pensamos que hacer la voluntad de Dios es hacer unos ritos externos, olvidándonos de lo más importante: el amor.

El amor es una experiencia divina. Es decir, primero experimentamos el perdón y la misericordia de Dios y luego, desde esa experiencia, amamos a nuestro prójimo incluyendo a nuestros enemigos. Ese es el centro de nuestra fe. Amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas. Lo demás es añadidura. ¡Adelante!

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 23,23-26): En aquel tiempo, Jesús dijo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están llenos de rapiña y codicia! ¡Fariseo ciego, purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede pura!».

Ven y lo verás

¿De un acontecimiento trágico puede salir algo bueno? Es la interrogante existencial que los seres humanos se han hecho desde tiempos inmemoriales. Todos tendemos a desconocer la presencia de Dios en los acontecimientos adversos. Nos llega la duda de la fe.

Los cristianos son aquellos que, entre otras cosas, son capaces de aceptar los sufrimientos diarios, subirse a la Cruz y bendecir a Dios en todo tiempo. Somos aquellos que sabemos mantenernos en pie cuando todo es contrario a nuestras fuerzas o expectativas. Somos los hijos de Dios que proclamamos nuestra fe en todo tiempo.

¡Gritemos a Dios con fuerza! Digamos que Jesús es verdaderamente el mesías y nuestro Salvador. La fe es probada, y crece, en medio de la prueba. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 1,45-51): En aquel tiempo, Felipe se encontró con Natanael y le dijo: «Ése del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret». Le respondió Natanael: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?». Le dice Felipe: «Ven y lo verás». Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño». Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?». Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi». Le respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores». Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible

Muchas veces enfrentamos desafíos que nos parecen imposibles de superar. La vida nos presenta dificultades que nos hacen pensar que no podemos más. Contemplamos nuestras propias debilidades y decimos: ¿quién podrá salvarme?

En Dios todo es posible. Es posible dejar cualquier apego material o afectivo. Es posible renunciar a todos los ídolos de este mundo. Es posible superar cualquier obstáculos que nos impida hacer la voluntad de Dios.

Tengamos Fe. Nunca desfallezcamos. Dios todo lo puede, como decía Santa Teresa: SOLO DIOS BASTA. ¡Ánimo!

Leer:
Texto del Evangelio (Mt 19,23-30): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos. Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos». Al oír esto, los discípulos, llenos de asombro, decían: «Entonces, ¿quién se podrá salvar?». Jesús, mirándolos fijamente, dijo: «Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible».

Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?». Jesús les dijo: «Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros».

¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?

El mayor en el reino de los Cielos es aquel que se hace pequeño. Es el hermano o hermana que sigue el camino de Jesús ocupando siempre el último lugar, haciéndose así mismo el servidor de todos.

Normalmente hacemos todo lo contrario. Queremos ser grandes en fama y riqueza para poder ostentar dicho poder sobre los demás. No es así es en el mundo cristiano. Los hijos de Dios tenemos la misma naturaleza de Jesús que no “retuvo ávidamente su dignidad”. Los cristianos estamos llamados a ocupar siempre los últimos lugares en una actitud constante de servicio a los demás.

Ser pequeños es el camino de la vida. Ser humildes es la clave de la felicidad. Pidamos a Dios la gracia de hacer su voluntad. Amén.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 18,1-5.10.12-14): En una ocasión, los discípulos preguntaron a Jesús: «¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?». Él llamó a un niño, le puso en medio de ellos y dijo: «Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe. Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos. ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada? Y si llega a encontrarla, os digo de verdad que tiene más alegría por ella que por las noventa y nueve no descarriadas. De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños».

El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna

Perder la vida es hacer siempre la voluntad de Dios. Perder la vida es amar al prójimo incluyendo a nuestros enemigos. Perder la vida es poner en práctica del evangelio y vivir totalmente desapegado de los ídolos de este mundo.

Nos pasamos la vida construyendo una vida según esquemas materiales. Vivimos enfocados en el tener. Nos atraen los lujos, la fama y el dinero. Todo eso es precario y desaparecerá. Lo único eterno es el amor de Dios que nos transforma en sus hijos y nos permite salir de nuestros egoísmos para vivir una vida de entrega y servicio a los demás.

Seamos verdaderos hijos de Dios. Amemos a nuestros hermanos y hermanas. Demos la vida por los demás. ¡Ánimo!

Leer:
Texto del Evangelio (Jn 12,24-26): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará».