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¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida!

La escritura habla de un Jesús maldiciendo… Si, como lo oyes… Dice: “se puso a maldecir”.

Todos nosotros tenemos o hemos tenido la imagen de un Jesús amoroso, de buen trato, cariñoso… Todo amable y lleno de caridad. ¿En qué momentos le vemos en la escritura con una actitud diferente? Cuando los que se suponen están llamados a tener una conducta santa, no la tienen.

Jesús compara ciudades. Las compara con otros pueblos paganos. De un pueblo idólatra no se espera nada, pero de uno que pertenece al pueblo de Dios se pide que por lo menos de signos de conversión.

Parecen duras las palabras de Jesús. ¡Ánimo! Van dirigidas a todos nosotros que estando en la Iglesia algunas veces tenemos una actitud “cerrada” a la conversión. Cuando no queremos perdonar o pedir perdón, cuando guardamos rencor o resentimiento, cuando hablamos mal a alguien; en definitiva, cuando nos comportamos como Corozaín o Betsaida.

Esta es una llamada firme a la conversión. ¡A tener hoy el mismo espíritu de Jesús!

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 11,20-24): En aquel tiempo, Jesús se puso a maldecir a las ciudades en las que se habían realizado la mayoría de sus milagros, porque no se habían convertido: «¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que en sayal y ceniza se habrían convertido. Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás! Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti, aún subsistiría el día de hoy. Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma que para ti».

El que pierda su vida por mí, la encontrará

El seguimiento a un líder siempre supone muchos desafíos. Darle tu compromiso, pasión y dedicación a una causa implica desprendimiento, renuncia, trabajo y en algunas circunstancias… Sufrimiento.

¿Cuál es la propuesta de Jesús?

Este listado de condiciones y requisitos dan miedo. Tenemos a un Jesús diciendo que sí le sigues… Tendrás que amar a Dios más que tus otros “amores”, vas a sufrir decepción, te van a traicionar y vivirás enfrentamientos de todo tipo. ¿Cómo puede una persona con sentido común seguir a una persona con esta propuesta? Porque el que lo sigue… Tendrá VIDA!

La clave de la propuesta de Jesús no está en las renuncias, aceptaciones y exigencias. Eso, mis queridos hermanos y hermanas, siempre lo tendremos, con y sin Jesús. Lo que nuestro Señor nos propone es vivir todo eso desde su experiencia, desde su Fe. Eso es vivir en plenitud! Aceptar la cruz, renunciando a este mundo (tendremos todos al final que renunciar a él..) viviendo en el Amor!

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 10,34–11,1): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: «No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y enemigos de cada cual serán los que conviven con él.

El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. Quien reciba a un profeta por ser profeta, recompensa de profeta recibirá, y quien reciba a un justo por ser justo, recompensa de justo recibirá. Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa».

Y sucedió que, cuando acabó Jesús de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.

Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos

Existen muchas canciones y películas sobre unos interesantes animales: los lobos. Cuando el “imaginario colectivo” piensa en lobos, inmediatamente nos viene a la cabeza la imagen de un animal salvaje, peligroso, de mucho cuidado… Te puede comer….

Los cristianos vivimos en el mundo. El mundo es imagen de una gran diversidad de realidades y personas. Este mundo, creado por Dios, es nuestro hogar, pero también en él nos encontramos con elementos que muchas veces nos parecen no tan familiares, ¿por qué? Pues porque al ser cristianos, nuestros valores, principios, forma de ser y actuar, “choca” con muchas realidades que para el “mundo” son normales.

En este “mundo” hay muchos “lobos”. Muchos peligros, muchas personas que pueden hacernos daño, que pueden difamarnos, herirnos, incluso…. “Comernos”. Un lobo caza a su presa… Para el sobrevivir, mata a su presa. Los lobos son símbolo de todo aquello que nos puede alejar de Dios, de nuestra misión. Lo contrario de un lobo es una oveja… Mansa… Humilde… Se deja “comer”.

¡Sed prudentes! Cuidao’ con el lobo… Te puede comer. Pero no tengas miedo, ¡Dios contigo siempre!

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 10,16-23): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas. Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros.

Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará. Cuando os persigan en una ciudad huid a otra, y si también en ésta os persiguen, marchaos a otra. Yo os aseguro: no acabaréis de recorrer las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del hombre».

Gratis lo recibisteis; dadlo gratis

Los americanos, es decir, los ciudadanos de Estados Unidos, tienen una frase popular que dice: “there is not free lunch” que quiere decir “no hay almuerzo gratis”. ¿Qué significa eso? Significa que en la vida no hay nada gratis, que las cosas se consiguen con esfuerzo y trabajo, que nadie da nada gratis.

Jesús rompe totalmente este esquema. La buena noticia es que Dios si lo da todo gratis! ¡TODO! El aire, el sol, el respirar, la tierra, el universo entero! Todo gratis a nuestra disposición. ¿Por qué? Por puro amor GRATUITO DE DIOS! Un amor tan grande que cuando alguien REALMENTE lo conoce, cambia para siempre su vida.

Por favor, te pido que hoy medites esta gratuidad del amor de Dios. Mientras más lo medites, reflexiones y lo creas, con mayor Fe estarás dispuesto a “dar gratis, lo que gratis has recibido”.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 10,7-15): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus Apóstoles: «Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis. No os procuréis oro, ni plata, ni calderilla en vuestras fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento. En la ciudad o pueblo en que entréis, informaos de quién hay en él digno, y quedaos allí hasta que salgáis. Al entrar en la casa, saludadla. Si la casa es digna, llegue a ella vuestra paz; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros. Y si no se os recibe ni se escuchan vuestras palabras, salid de la casa o de la ciudad aquella sacudiendo el polvo de vuestros pies. Yo os aseguro: el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad».

Dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel

Entre los discípulos de Jesús había hombres (y mujeres) de todo tipo. Funcionarios públicos, personas de otras creencias, pobres “obreros” de la pesca; en fin, una variedad de pecadores y necesitados.

A todos transformó y dio poder! ¿Que tipo de poder? El más grande de todos… Predicar el evangelio.

Anunciar la buena noticia es lo más grande que se puede hacer porque tiene el poder de cambiarle la vida a las personas, transformar su corazón de piedra en uno de carne. Un milagro espiritual maravilloso!

También nosotros necesitamos que se nos transforme, se nos cambie, se nos libere de demonios, se nos ame y se nos predique el Amor.

Nosotros somos esa “casa de Israel”. ¡Esto es interesante! Los que están en la “casa de Israel” eran judíos que se suponía cumplían con ley.

Nosotros somos hoy esa “casa de Israel” que necesita que se le predique, se le quiera, se le ame! Benditos apóstoles (catequistas) que han hecho, hacen y quieren seguir haciendo esta labor.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 10,1-7): En aquel tiempo, llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo; Simón el Cananeo y Judas el Iscariote, el mismo que le entregó. A éstos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: «No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca».

Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies

Una de las manifestaciones más impresionantes del poder de Dios es la curación milagrosa de una enfermedad o dolencia.

Tenemos en nuestra mente innumerables historias que hemos leído, escuchado o vivido de este tipo de experiencias. Puedo decir que mi Madre, que padeció cáncer, también experimentó una intervención divina de este tipo. ¿Qué significan este tipo de hechos portentosos?

Cuando una persona es testigo o experimenta en su vida algún tipo de milagro o curación, se espera que eso que ocurrió en su “carne” también suceda en su espíritu. Pasar de un estado de enfermedad a uno de salud produce en nosotros también una transformación en nuestras vidas, una conversión.

El signo más grande de esta transformación, es que estamos dispuestos a dar gratis lo que gratis hemos recibido. Muchos son los hombres y mujeres que necesitan de este mensaje de “sanación”. Jesús necesita obreros que trabajen en su viña, ¿estás dispuesto a trabajar con él y para él?

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 9,32-38): En aquel tiempo, le presentaron un mudo endemoniado. Y expulsado el demonio, rompió a hablar el mudo. Y la gente, admirada, decía: «Jamás se vio cosa igual en Israel». Pero los fariseos decían: «Por el Príncipe de los demonios expulsa a los demonios».

Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia. Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies».

Con sólo tocar su manto, me salvaré

Padecer algún tipo de enfermedad es parte de la vida. El ser humano enfrenta a lo largo de su vida el peligro de un virus hasta algún padecimiento crónico. Todos tenemos miedo de la enfermedad, de padecer algún mal.

Hoy tenemos dos ejemplos que hacen referencia a la misma realidad: la muerte. En primer lugar, una mujer que pierde sangre, que pierde “vida”. Y en segundo lugar, una muchacha a la cual sus familiares ya lloran con desesperación.

En ambos casos, ante la presencia de Jesús, las cosas cambian de forma radical. Al “tocar” a Jesús se detiene el “flujo de sangre”. En el poder de Jesús la muchacha “muerta”, recupera la vida.

Aquí tenemos una fuerte invitación a la Fe. Tanto el magistrado como la mujer enferma tienen la seguridad de que “tocando” a Jesús pueden obtener lo que quiere: VIDA!

Sanar y resucitar son dos palabras que tienen el mismo significado. ¡En Jesús se nos da el poder vivir! ¿Te lo crees? ¿Tienes la actitud del magistrado y de la mujer enferma? ¡Ten Fe! En Él, tu “muerte” será transformada en VIDA!

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 9,18-26): En aquel tiempo, Jesús les estaba hablando, cuando se acercó un magistrado y se postró ante Él diciendo: «Mi hija acaba de morir, pero ven, impón tu mano sobre ella y vivirá». Jesús se levantó y le siguió junto con sus discípulos. En esto, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años se acercó por detrás y tocó la orla de su manto. Pues se decía para sí: «Con sólo tocar su manto, me salvaré». Jesús se volvió, y al verla le dijo: «¡Ánimo!, hija, tu fe te ha salvado». Y se salvó la mujer desde aquel momento.

Al llegar Jesús a casa del magistrado y ver a los flautistas y la gente alborotando, decía: «¡Retiraos! La muchacha no ha muerto; está dormida». Y se burlaban de Él. Mas, echada fuera la gente, entró Él, la tomó de la mano, y la muchacha se levantó. Y la noticia del suceso se divulgó por toda aquella comarca.

No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal

Los expertos en psicología afirman que las primeras impresiones son muy importantes. Existe mucha literatura en el mundo sobre este tema. Los especialistas en superación personal intentan ayudar con técnicas y herramientas a generar siempre una buena impresión, ¿por qué es tan importante para nosotros lo que piensan los demás?

La primera impresión que debió generar Jesús no pudo ser muy buena. ¡Imagínate! Te lo encuentras en una aldea o en un camino y resulta que al saludarle le ves acompañado de funcionarios corruptos, prostitutas y gente de mala fama… Existe un refrán popular que dice: “dime con quien andas y te diré quién eres”.

Jesús siempre rompe esquemas. La clave de la enseñanza de Nuestro Señor está en que más que juzgar y a satanizar al pecador debemos amarles! Sólo el amor hace que esas personas, que son rechazadas por la sociedad, puedan reincorporarse por la vía del Amor y el Perdón.

Lo importante no es lo que hicieron, lo más relevante es lo que pueden hacer luego de amarles y que se sientan amados.

Nunca juzgues, ¡AMA! Al rechazado, al alejado, al que no se siente amado. ¿Por qué? Mis queridos hermanos, porque nosotros también hemos sido amados de la misma manera. ¿Es importante lo que dicen los demás? No, si se trata de amar al que necesita ser amado.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 9,9-13): En aquel tiempo, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme». Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando Él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: «¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?». Mas Él, al oírlo, dijo: «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: ‘Misericordia quiero, que no sacrificio’. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

No seas incrédulo sino creyente

¿Ver al Señor? Nosotros no hemos visto al Señor. Nuestros ojos no le han contemplado y nuestras manos no le han tocado. No hemos escuchado sus discursos y ni le hemos dado un abrazo. No hemos tenido la oportunidad de conversar con él, ni tampoco hemos leído un libro que haya escrito.

“Dichosos los que no han visto y han creído”. Esta frase se cumple plenamente en los hombres y mujeres de todas las generaciones después de la muerte y resurrección del Señor. Ciertamente no hemos conocido al Jesús histórico. Le hemos conocido de otra forma mucho más importante.

“Tocarle” es experimentar su Paz, su Amor, su Perdón. Nuestro Señor se hace presente todos los días cuando podemos contemplarlo en los acontecimientos diarios. Cuando, con los ojos de la Fe, podemos experimentar su amor en todos los hechos de nuestra vida.

Necesitamos esos “lentes de la Fe” para que no seamos como Tomás “el incrédulo”. Somos invitados hoy a ser creyentes! ¿Te lo crees? La Paz!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 20,24-29): Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré».

Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros». Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente». Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío». Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído».

¿Qué tenemos nosotros contigo, Hijo de Dios?

Muchos de nosotros hemos tenido la oportunidad de profesar públicamente, con palabras o con obras, nuestra Fe.

Es curioso, un tanto extraño, que unos poseídos reconozcan en Jesús su condición de Hijo de Dios. Dice la escritura: “todo aquel que confiese con su boca que Jesús es Señor, se salvará”.

Esto podemos entenderlo desde la exégesis cristiana. Estos que profesan la fe pero que le dicen a Jesús “¿que tenemos nosotros contigo Señor?” son imagen del hijo pródigo. De aquel que vivía en la “casa del Padre” pero que quiso salir de ella y hacer con su vida lo que pensaba era mejor. En otras palabras, le da la espalda a Dios, abandona la casa del Padre para ir a las cuevas donde habitan los “demonios”. Deja la luz para ir a las tinieblas.

Lo endemoniados estaban furiosos. Eran hombres o mujeres viviendo en un estado de desesperación. La furia significa ira o violencia contra algo o alguien. Este estado mental es característico de las personas que no aceptan su vida y por tanto no aceptan a los demás. “Nadie era capaz de pasar por aquel camino” significa que estaban solos. Vivían en la soledad, sin amar y sin poder ser amados. ¿Alguna vez has estado en esta situación? ¿Hoy te sientes así? ¿Quién o qué en tu vida te hace estar furioso, con ira o violencia?

La buena noticia es que Jesús es el que destruye o exorciza estos “demonios”. Nuestro Señor saca de tu corazón la furia, irá y violencia. Te hace manso y humilde. Te saca del tormento y te introduce en la paz.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 8,28-34): En aquel tiempo, al llegar Jesús a la otra orilla, a la región de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, y tan furiosos que nadie era capaz de pasar por aquel camino. Y se pusieron a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?». Había allí a cierta distancia una gran piara de puercos paciendo. Y le suplicaban los demonios: «Si nos echas, mándanos a esa piara de puercos». Él les dijo: «Id». Saliendo ellos, se fueron a los puercos, y de pronto toda la piara se arrojó al mar precipicio abajo, y perecieron en las aguas. Los porqueros huyeron, y al llegar a la ciudad lo contaron todo y también lo de los endemoniados. Y he aquí que toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, en viéndole, le rogaron que se retirase de su término.