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No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento

El resumen de toda la ley y los profetas es el amor. Ama y haz lo que quieras. Se nos ha enseñado que lo más grande es amar a Cristo y todo lo demás es vanidad de vanidades. Vivimos en tiempos donde esto tiene especial significación.

La cuarentena del mundo nos hace vivir con mayor plenitud la salud que nos viene de estar más cerca de Dios. El Señor nos da una nueva luz para valorar las “normalidades” de la vida que tantas veces no apreciamos como corresponde. En estos días, ¡estemos cerca espiritualmente cuando las distancias físicas nos alejen! Cerca de Dios y amando a nuestro prójimo. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 5,17-19): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos».

Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano?

¿Donde podemos encontrar el amor? En el perdón. Así de sencillo, así de simple. El que perdona SIEMPRE es un verdadero cristiano, un verdadero hijo de Dios. ¿Y por qué lo hace? Porque Dios lo ha hecho primero con él.

Tener dentro de nosotros la naturaleza divina, la manifestación concreta del Reino de Dios, es reconocer que Dios nos ha perdonado muchísimo. ¿Como no darle este mismo perdón a nuestros prójimos? ¡Perdonemos! Es lo que hace un cristiano.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 18,21-35): En aquel tiempo, Pedro se acercó entonces y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?». Dícele Jesús: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

»Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: ‘Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré’. Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda.

»Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: ‘Paga lo que debes’. Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: ‘Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré’. Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: ‘Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?’. Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano».

Se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos

¿Cuál es el fruto que el árbol de la fe que crece en nosotros debe producirse? El AMOR. ¿Hay alguien a tu alrededor que te cuesta amar? ¡Ámale! ¡Perdónale!

Poner en práctica la palabra de Dios implica amar inclusive a nuestros enemigos. Es el resumen de la ley y los profetas. Dios nos da la gracia de poner en práctica su ley de amor y misericordia. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 21,33-43.45-46): En aquel tiempo, Jesús dijo a los grandes sacerdotes y a los notables del pueblo: «Escuchad otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó. Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos. Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le apedrearon. De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera. Finalmente les envió a su hijo, diciendo: ‘A mi hijo le respetarán’. Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: ‘Este es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia’. Y agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron. Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?».

Dícenle: «A esos miserables les dará una muerte miserable y arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo». Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos? Por eso os digo: se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos».

Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que estaba refiriéndose a ellos. Y trataban de detenerle, pero tuvieron miedo a la gente porque le tenían por profeta.

Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite

El evangelio no enfrenta a ricos y pobres. Ese no es el objetivo de la buena noticia cristiana. El centro del evangelio es reconocer que Jesús está resucitado y nos hace partícipes de su vida inmortal.

Somos invitados en esta cuaresma a ser pobres según Dios, desapegados de las cosas de este mundo y así enriquecernos según Cristo, reconociendo a través de su palabra y acción, que la vida nos viene de hacer siempre la voluntad de Dios. ¿Dispuesto? ¡Adelante!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 16,19-31): En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: «Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y un pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico pero hasta los perros venían y le lamían las llagas.

»Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado. Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: ‘Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama’. Pero Abraham le dijo: ‘Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros’.

»Replicó: ‘Con todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento’. Díjole Abraham: ‘Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan’. Él dijo: ‘No, padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán’. Le contestó: ‘Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite’».

El que quiera llegar a ser grande entre vosotros

Actualmente, vivimos tiempos en los que todos quieren ocupar los primeros lugares. La gente quiere fama, poder y dinero. Necesitan ver realizadas sus vidas en un éxito al estilo mundano. Se piensa que el honor en nuestra vida depende de un puesto. ¡Gran error!

Jesús nos invita a vivir en la verdad de la vida espiritual. Los cristianos tenemos un llamado claro y sencillo: servir. El servicio es ocupar el último lugar y procurar el bien de todos. Ojalá pudiéramos hacer lo propio en cada aspecto de nuestras vidas. ¿Se imaginan un país donde los poderosos busquen servir? Oremos

El mayor entre vosotros será vuestro servidor

¡Cuantos libros se han escrito para enseñarnos el milagroso camino a la fama y el poder! Todo quieren el primer puesto. Todos quieres ser “exitosos”. ¿En qué consiste el éxito de Jesús? En el servicio.

El Señor nos invita a imitarle. Jesús nos indica el camino de la vida. Nos muestra cómo ser “exitosos” según Dios. El camino del amor y servicio es la verdadera felicidad. Hagamos lo que ha dicho y hecho el Señor. Él es nuestro referente, nuestro verdadero maestro, líder y guía. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 23,1-12): En aquel tiempo, Jesús se dirigió a la gente y a sus discípulos y les dijo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame “Rabbí”.

»Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “Rabbí”, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie “Padre” vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar “Doctores”, porque uno solo es vuestro Doctor: Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado».

Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo

¿Qué piensas o haces cuando alguien hace algo malo? ¿Se despierta tu justiciero interior y quieres verlo condenado y castigado? Debemos reconocer que muchas veces nos falta la compasión y misericordia.

Dios es misericordioso porque perdona todos nuestros pecados. Nos muestra su amor a través del perdón. ¿Has perdonado a tus enemigos? ¿Sabes excusar los errores de los demás? Si así lo haces serás un verdadero hijo de Dios. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 6,36-38): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá».

Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal

Practicar el amor es la mejor manera de preparar la pascua en esta cuaresma. Si queremos ser buenos cristianos, amemos a nuestro prójimo como Cristo nos ama: en la dimensión de la Cruz.

Amar a todos implica no maltratar, insultar ni hablar mal de nadie. Ese es un mandamiento radical. No tiene ninguna interpretación fuera de que miremos primero nuestra viga en el ojo antes de mirar la paja en el ojo del prójimo. ¿Dispuesto a cumplir esta palabra? Empieza ahora. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 5,20-26): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antepasados: ‘No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal’. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano “imbécil”, será reo ante el Sanedrín; y el que le llame “renegado”, será reo de la gehenna de fuego.

»Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo».

Pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás

No busquemos milagros. No pidamos demostraciones extraordinarias de la existencia de Dios. Nuestro Señor se ha manifestado de forma clara y maravillosa. Lo ha hecho en Jesucristo. Mirar a Cristo es mirar a Dios. ¿Te lo crees?

El camino de la fe no es la ausencia de sufrimiento. La vida cristiana es reconocer que Dios es amor y dicho amor se ha manifestado plenamente en Cristo que ha muerto y resucitado por nosotros para hacernos partícipes de su vida inmortal. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 11,29-32): En aquel tiempo, habiéndose reunido la gente, Jesús comenzó a decir: «Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás. Porque, así como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará: porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás».

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre

No existe un Cristiano sin oración. La vía segura para llegar a Dios es rezar incesantemente. Es vital tener una relación íntima con Dios. Al orar, ¿experimentas la presencia del Señor?

La clave para tener un encuentro personal con Dios en la oración es hacerlo con el corazón. En nuestro interior tiene que existir una especie de predisposición positiva para hacer de Dios el centro de nuestra vida. ¿Estás dispuesto? Nuestro Dios Padre te espera. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 6,7-15): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo.

»Vosotros, pues, orad así: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal’. Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».