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Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame

Los tiempos litúrgicos subrayan diversos aspectos de la vida cristiana. En este sentido, la cuaresma es tiempo de aprender a caminar por la vida sin apegos. Es comprender que ser Cristiano es buscar con sinceridad y humildad la vida del cielo.

Todos los días nos levantamos para perseguir nuestros sueños, vivir mejor y tener felicidad. La cuaresma nos enseña el camino que conduce a la vida: renunciar a los ídolos y aceptar la cruz.

Solamente en un corazón,radicalmente desprendido de la cosas de este mundo, puede habitar La Paz. Amar a Dios con todo el corazón, la mente y las fuerzas es el mandamiento que resuena desde el principio de la cuaresma. El amor de Dios lo colma todo. Empecemos la cuaresma en desapego. Que nuestro corazón solamente esté en Dios.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 9,22-25): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día». Decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?».

¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?

En el mundo se imponen muchas leyes y normas. Son necesarias para una sana convivencia. También en nuestros espacios de Fe se definen una serie de precisas religiosas y normativas. ¿Es bueno vivir en medio de esta realidad de leyes y cumplimientos?

El Señor nos muestra que la verdadera forma de vivir la Fe es experimentando en nuestro corazón que estamos “con el novio”. La vida de Fe supone un acontecimiento y una experiencia de encuentro personal con Jesús que salva y transforma nuestra vida. Cuando tenemos en lo profundo de nuestro corazón la alegría de saber que Dios nos ama, todo se vuelve nuevo y maravilloso.

¡Vivamos en la fiesta! El Señor está con nosotros y transforma nuestra vida. Nos hace salir de la muerte y nos introduce en un nuevo orden de cosas. En la vida inmortal.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 2,18-22): Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vienen y le dicen a Jesús: «¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?». Jesús les dijo: «¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar. Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día.

»Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echaría a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos».

Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará

La mejor manera de preparar al segunda venida de Cristo es despreciar los bienes de este mundo. Es mejor “perder la vida” que guardarla. ¿Qué significa esto?

Un amigo una vez me dijo que nosotros los cristianos despreciamos las riquezas. Es decir, que no somos personas que aspiran a tener éxito y fama. Me hacía esa referencia como quien señala un error. Decía: “ustedes hacen un elogio desmedido a la pobreza y la miseria”.

Es bueno aclarar que en ningún momento quiere Dios que seamos miserables. ¡Todo lo contrario! Lo que si dice el Señor es que no podemos tener una relación idolátrica con las cosas de este mundo. Nos dice que es importante que vivamos aspirando a las cosas celeste y espirituales, no a las materiales, porque haciéndolo así recibiremos todo lo demás por añadidura.

¡Ánimo! Preparemos nuestro corazón para acoger a Cristo teniendo total desapego a las cosas de este mundo.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 17,26-37): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre. Comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca; vino el diluvio y los hizo perecer a todos. Lo mismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían; pero el día que salió Lot de Sodoma, Dios hizo llover fuego y azufre del cielo y los hizo perecer a todos. Lo mismo sucederá el Día en que el Hijo del hombre se manifieste.

»Aquel día, el que esté en el terrado y tenga sus enseres en casa, no baje a recogerlos; y de igual modo, el que esté en el campo, no se vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot. Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará. Yo os lo digo: aquella noche estarán dos en un mismo lecho: uno será tomado y el otro dejado; habrá dos mujeres moliendo juntas: una será tomada y la otra dejada». Y le dijeron: «¿Dónde, Señor?». Él les respondió: «Donde esté el cuerpo, allí también se reunirán los buitres».

Vende lo que tienes y dáselo a los pobres

¿En qué consiste el cristianismo? O mejor dicho, ¿qué es ser cristiano? Si estamos llamados a ser hijos de Dios, discípulos de Cristo, perfectos como nuestro Padre Dios es perfecto, sería interesante preguntarse seriamente en qué consiste dicho llamado.

Jesús explica muy bien ese llamado. El cristiano es aquel que ama a Dios por encima de todo. ¿En qué consiste ese todo? Pues en los bienes materiales y afectivos. Tenemos una tendencia a hacernos ídolos. Buscar la felicidad en las cosas materiales. Nos afanamos constantemente por ser alguien mediante el dinero, la fama, prestigio, y los afectos. Pero todas esas cosas no sirven para la felicidad verdadera. 

El Señor Jesús nos invita a ser felices despreciando los bienes de este mundo y poniendo nuestra confianza solo en Dios. Si amamos a Dios por encima de todo, las cosas nos vendrán por añadidura. ¡Ánimo! ¿Estás dispuesto a renunciar a los bienes de este mundo? Si así lo hicieras, entonces empezarás a ser cristiano.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 19,16-22): En aquel tiempo, un joven se acercó a Jesús y le dijo: «Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?». Él le dijo: «¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos». «¿Cuáles?» —le dice él—. Y Jesús dijo: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo». Dícele el joven: «Todo eso lo he guardado; ¿qué más me falta?». Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme». Al oír estas palabras, el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.

¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?

El mundo nos presenta un modelo de felicidad basado en el tener, no en el ser. Los seres humanos estamos en una carrera frenética de competencia por los primeros puestos, las riquezas y la fama. Algunos, más desenfadados, dicen solo buscar pasarla bien, dando riendas sueltas al placer y a no tener preocupaciones. En ambas actitudes o posturas, nuestro Señor  Jesús ha denunciado engaños y alienaciones.

Lo cierto es que Dios quiere que seamos felices y tengamos muchos bienes,  pero desea tengamos los verdaderos, los espirituales, porque los otros vendrán por añadidura. El Señor hoy nos llama a construir sobre roca. Nos invita a amarle por encima de todo porque en este amor a Dios y al próximo está nuestra felicidad. ¡Ánimo! Dios nos ama ciertamente.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 16,24-28): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará. Pues, ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? O, ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida? Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Yo os aseguro: entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre venir en su Reino».

El que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna

Hay oraciones o frases en el evangelio que pueden confundir a los oídos que no están iniciados o acostumbrados a estos temas. Por ejemplo, eso de “odiar la vida” puede sonar un tanto exagerado y fuera de lugar. Sin embargo, es una de las bases del cristianismo. 

En el mundo, mientras dure nuestra vida terrenal, tendremos muchos amores o apegos. Es decir, estaremos buscando la felicidad en muchas cosas. Por ejemplo, en el matrimonio, éxito, fama, dinero, prestigio, en fin, muchas cosas que en si mismas son buenas pero son irremediablemente pasajeras. Así mismo hermanos, en este mundo todo se muda y es más, si tenemos una relación desordenada con estas cosas podemos caer en la idolatría y en vicios raros.

El Señor Jesús, sabiendo los peligros que esto puede suponer para nuestra salud de alma y de cuerpo nos ha invitado al desapego radical. Es decir, podemos disfrutar de las cosas pero nunca poniendo nuestra seguridad en ellas. 

¡Ánimo! Que seguir a Jesús es lo más bello que podemos hacer y el siempre nos conduce a la vida eterna. No te desanimes. No temas. Él te ama muchísimo.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 12,24-26): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará».

Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos

El mundo ha cambiado a pasos agigantados. Hace cien años todavía existía en las naciones, sobre todo occidente, una generalizada cristiandad. Es decir, la sociedad estaba basada en valores y culturas inspiradas por la Fe cristiana. Ya esa realidad no es así.

Por ejemplo, las leyes están cambiado. Lo que antes era algo asumido por todos, está siendo debatido con gran pasión en los diferentes foros públicos del planeta. Para defender hoy en día los principios del humanismo cristiano, se debe actuar casi como lo hicieron los primeros cristianos hace dos mil años: con prudencia y sencillez.

En aquella época de la antigüedad, los cristianos fueron llevado ante tribunales, príncipes y jefes para dar testimonio valiente de su Fe, en muchos casos con él peligro de ser condenados a muerte. ¿Tú estarías dispuesto a hacer lo mismo hoy?

Los cristianos hoy estamos llamados a defender la vida, la cultura de La Paz y los principios éticos y Morales que han dado origen a la civilización y sobre todo han hecho posible la vida plena en tantos hombres y mujeres de buena voluntad. ¡Ánimo! Que nuestro Señor Jesús viene y está siempre con nosotros defendiéndonos de todo mal.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 10,16-23): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas. Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros. 
Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará. Cuando os persigan en una ciudad huid a otra, y si también en ésta os persiguen, marchaos a otra. Yo os aseguro: no acabaréis de recorrer las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del hombre».

¡Ánimo!, hija, tu fe te ha salvado

Las escrituras están llenas de personajes, símbolos y signos que nos transmiten el mensaje de salvación. El mismo Jesús utilizó las parábolas con frecuencia porque en un lenguaje cercano podía descubrir la intención de los corazones que escuchaban e invitarlos a la conversión del corazón. 

Hay un fragmento de la escritura que habla de una mujer y una niña. La mujer padece flujo de sangre y la niña está muerta. Ambas pierden o han perdido la vida. Para las dos ha venido nuestro Señor Jesús.

La mujer es imagen de los publicanos y pecadores y la niña, hija del jefe de la sinagoga, es imagen del pueblo de Israel. Es definitiva, ambas representan la humanidad completa. Para todos ellos y todos nosotros ha venido Jesús ha darnos la vida.

¿En qué aspecto de tu historia estás perdiendo la vida? ¿Tienes alguna enfermedad física o del alma? ¿Acaso hoy estás triste, depresivo o dudas del amor? ¿Tienes alguna duda de Fe o combate? Pues Jesús hoy te dice ANIMO! Que dichosa es el alma de aquel que sabe que Jesucristo tiene poder de sanarle, salvarle, resucitarle de la muerte. ¡Ten Fe! Dios es Jesús quiere salvarte. Espera en Él, que volverás a alabarlo.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 9,18-26): En aquel tiempo, Jesús les estaba hablando, cuando se acercó un magistrado y se postró ante Él diciendo: «Mi hija acaba de morir, pero ven, impón tu mano sobre ella y vivirá». Jesús se levantó y le siguió junto con sus discípulos. En esto, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años se acercó por detrás y tocó la orla de su manto. Pues se decía para sí: «Con sólo tocar su manto, me salvaré». Jesús se volvió, y al verla le dijo: «¡Ánimo!, hija, tu fe te ha salvado». Y se salvó la mujer desde aquel momento. 
Al llegar Jesús a casa del magistrado y ver a los flautistas y la gente alborotando, decía: «¡Retiraos! La muchacha no ha muerto; está dormida». Y se burlaban de Él. Mas, echada fuera la gente, entró Él, la tomó de la mano, y la muchacha se levantó. Y la noticia del suceso se divulgó por toda aquella comarca.

que os améis los unos a los otros como yo os he amado

Jesús nos dejó un mandamiento. En el mismo nos invita amarnos los unos a los otros pero como Él nos ha amado. Y, ¿cómo nos ha amado Jesús?

La palabra amor está desvalorizada. En estos tiempos del espectáculo, la postverdad y demás vanidades e ilusione; se nos presente el verdadero amor. Dios nos ama y lo demuestra dando la vida por nosotros. ¿Tú das la vida por los demás?

¿Amas a tu familia y le perdonas sus faltas y ofensas?, ¿nos tomas en cuenta las injusticias en el trabajo y sirves a todos como si fuera al Señor? ¿No albergas en tu corazón ni odio, ni resentimiento ni rechazo por los demás? Es probable que algo de esto se da en tu vida, pero tranquilo, no temas, que Dios puede darte la gracia de cumplir sus mandamientos.

¿Qué significar amar según Dios? Amar en la dimensión de la Cruz. Pídele perdón a tus familiares, compañeros de trabajo o amigos  con los que tengas algún problema o conflicto. No importa si tienes razón o no. Lo que importa es que ames como Dios te ama.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 15,12-17): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Éste es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros».

El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto

El viñador, la viña y demás figuras utilizadas por Jesús son imagen de las cosas celestes. Dios sabe que si permanecemos en su amor y su palabra seremos felices y es por eso que nos invita a ser sarmientos injertados en la vid de Dios. ¡Esta es la verdadera felicidad!

Sin ser expertos en conucos o fincas, podemos entender perfectamente la parábola de Jesús. Necesitamos estar injertados en ese tronco de vida que es Dios. Sin Él, nuestra vida no tiene sentido.

Cumpliendo su palabra es la manera en la que podemos permanecer en el Señor. Perdonar, excusar, servir y amar son las acciones que nos permiten ser sarmientos en la vid del Señor. Seamos parte importante de este árbol frondoso de amor que es nuestro Señor y Salvador.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 15,1-8): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos».