Al orar, no charléis mucho

Se podría decir que la oración es la práctica espiritual más común a todas las religiones y espiritualidades del mundo. Todos los humanos que buscan de Dios, si lo hacen en serio, deben intentar por todos los medios de hacer verdadera oración.

La oración no es decir un montón de palabras vacías de significado. No es repetir sin conciencia una serie de palabras a las que no prestamos atención. Hacer verdadera oración es un acto de Fe que uno hace con Dios para entregarle nuestra vida y que Él haga siempre su voluntad.

Los frutos de la verdadera oración son paz, serenidad, tranquilidad, equilibrio emocional y sobretodo felicidad. Dios se encuentra con nosotros cuando en la oración nos “vaciamos” de nosotros y nos quedamos a solas con Dios. 

Hoy intenta orar de esa manera. Al cerrar tus ojos piensa en Dios como un padre que te cuidará hoy y siempre. La oración es siempre un encuentro de amor con el Señor.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 6,7-15): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo. 
»Vosotros, pues, orad así: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal’. Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».

Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará

Las prácticas religiosas son muy comunes en nuestros países latinoamericanos con gran tradición cristiana. Siempre me ha impresionado cuando estoy en cualquier reunión académica y alguien se le ocurre decir que hagamos una oración. Todos aceptan e inmediatamente cierran los ojos y levantas las manos para orar. Es decir, nuestra sociedad es altamente religiosa.

Las manifestaciones externas de nuestro Fe ayudan mucho a los demás. Hoy en día, es de valientes andar con la Biblia y leerla en público. Siempre ayudan estos signos.

Sin embargo, cuando hacemos estas cosas debemos cuidar la intención con que lo hacemos. Si la idea es decirle a quien nos rodea que somos mejores que ellos o mostrar una apariencia de bondad, estamos totalmente equivocados.

La practica de la Fe no debe ser nunca para aparecer como buenos o mejores que los demás. Nuestra Fe es para mostrar signos, claro está, pero a Dios se le encuentra en lo secreto de nuestro corazón.

Nuestra Fe y nuestra vida deben estar en plena comunión. Nuestras acciones deben mostrar que verdaderamente somos hijos de Dios. Esto solo es posible si hacemos encuentro profundo y personal con Dios en nuestro corazón.

¡Ánimo! Que Dios, viendo en lo secreto, te recompensará.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 6,1-6.16-18): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 
»Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 
»Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará».

Amad a vuestros enemigo

La mayor parte de la humanidad cree en la existencia de Dios. La inmensa mayoría piensa que somos seres creados por un ser divino. Esto significa que nuestro origen y fin solo puede entenderse en función de la Fe en un Dios que nos creó.

Jesús nos ha hecho hermanos suyos e hijos adoptivos de Dios. ¿Cómo podemos ser verdaderos hijos de Dios? Si amamos como Dios ama. Esa es la clave. Y ¿cómo ama Dios? Dios ama al enemigo.

En Jesús, Dios ha mostrado su amor. Jesucristo en la cruz ha amado a sus enemigos, ha pedido perdón al Dios Padre por los pecados de quienes le asesinaban. Amar el enemigo es romper con los círculos de odios y rencores. 

¿Tú estás dispuesto a amar a tus enemigos? ¿Estás dispuesto a perdonar y orar por aquellos que te hacen el mal? Si aceptas, entonces serás hijo de Dios y serás feliz como nadie en este mundo.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 5,43-48): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial».

No resistáis al mal

Uno de los grandes punto diferenciadores de la doctrina cristiana respecto a las demás religiones del mundo es su posición con respecto al enemigo. Si nos preguntáramos cual sería el centro del la buena noticia cristiana es que en Jesús se ha manifestado el amor divino que es capaz de llegar inclusive a amar al enemigo. 

Dios en Jesús nos llama a ser hijos suyos. Ser hijo de Dios es tener su misma naturaleza y esto significa que podemos amar de la misma forma en que Él nos ama y ama a toda la humanidad. ¿En qué consiste este amor?

El amor a Dios se manifiesta en Jesús porque el Señor Jesucristo amó a todos los hombres y mujeres hasta el extremo. No se resistió al mal que le hacían. No juzgó ni condenó. Jesús ha amado al enemigo y nos invita a hacer lo mismo.

¿Cuál es tu enemigo hoy? ¿Quien te está haciendo algún mal? ¡ÁMALE! Y verás que su mal te santificará y a tu enemigo salvará. En el cristianismo no hay venganza ni odio. Solo es posible el amor y un amor en la dimensión de la cruz.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 5,38-42): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda».

Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos

Hacer justicia es darle a cada quien lo que le corresponde. El justo es aquel que se ajusta a las leyes y por tanto hace lo que tiene que hacer según las normas y los mandamientos. ¿Es diferente la justicia en el cristianismo?

El Señor Jesús nos ha mostrado el verdadero camino de la Justicia: el Amor. Lo que corresponde a cada uno de los seres humanos es el amor. Amar es hacer justicia. La caridad con los mas necesitados es hacer justicia con ellos. Toda la ley y los profetas se resumen en amar a Dios y al prójimo como a ti mismo.

¿Quieres ser justo hoy? ¡Tienes la oportunidad! Ama a todos y todas. Dale a tu prójimo lo que le corresponde: el amor de Dios.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 5,20-26): En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos. 
»Habéis oído que se dijo a los antepasados: ‘No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal’. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano “imbécil”, será reo ante el Sanedrín; y el que le llame “renegado”, será reo de la gehenna de fuego.
»Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo».

No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas

Para poder vivir en sociedad deben existir leyes. Los grupos sociales se organizan y mantienen un orden gracias a las normativas que rigen el comportamiento de las personas. Si no existiera un aparato legal o jurídico la vida en sociedad seria un caos.

El pueblo de Israel era el llamado pueblo de la Torah o de la Ley. Desde que Moisés bajó del monte Sinaí con las tablas de la Ley, el llamado pueblo de Dios se ajustaba por un conjunto de mandamientos que normaban la vida de los judíos. Jesús, como buen judío, conocía y cumplía muy bien con la ley de Dios. Entonces, ¿cuál es la novedad?

Jesús instaura una nueva “economía” o realidad. Hace que se ponga más énfasis en el espíritu de la ley. Dice que la ley tiene un fin muy concreto: ayudarnos a llegar a Dios.

Hoy Dios nos invita a cumplir la ley del Amor. Amemos a todos y todas en este día incluyendo a los que no han hecho daño y descubrirás lo maravilloso de la Ley de Dios. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 5,17-19): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos».

Vosotros sois la sal de la tierra

Los hechos valen mas que las palabras. Las personas necesitan de buenos ejemplos para poder ser mejores personas. Los “ejemplos a seguir” son hombre y mujeres que se han destacado por alguna acción buena o sobresaliente. Sin alguien que nos inspire es difícil ser mejor cada día. Lo mismo sucede en la Fe.

Las escrituras están llenas de personajes. Historias y relatos cuentan los hechos de personas concretas que se han destacado por sus experiencias diversas con Dios. Ellos nos invitan a pensar que si Dios hizo una obra de salvación con ellos también puede hacerla con nosotros.

La luz no se pone debajo de la mesa. Cuando hay alguien que tiene un testimonio sincero y maravilloso de Dios es invitado a ponerlo al descubierto para que todo aquel que lo escuche o vea crea a Dios Padre.

¡Esta es la buena noticia! Mostremos al mundo la luz de Dios que ilumina nuestra vida.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 5,13-16): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos».

Bienaventurados los pobres de espíritu

La madre de todas ciencias es la filosofía. Lo primero que hizo el hombre de la antigüedad fue filosofar. Su pensamiento reflexivo le llevo a tomarse en serio su vida y el propósito de la misma. Filosofía significa amor por la sabiduría y ser sabio es lo mismo que ser feliz. Desde siempre la humanidad ha buscado la felicidad. ¿Cuál es la respuesta que da el cristianismo a esta realidad?

Jesús se lleva a parte a sus discípulos y les enseña en que consiste la felicidad cristiana. La clave para entenderla es que el Señor ha venido por aquellos que son “pobres de espíritu”. Lo que lloran, lo que sufren, los que tienen “sed y hambre” de justicia, los perseguidos y los que su vida no tiene sentido pueden ahora en Jesús ser felices. Ser dichoso es abrir el corazón a la salvación que ofrece Jesús. Se puede ser feliz porque Dios ofrece a todos la dicha y la salvación.

¿Te encuentras hoy en tristeza? ¿Sientes que eres pobre de espíritu? ¡Alégrate! Porque de personas como tú es el Reino de Los Cielos. 

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 5,1-12): En aquel tiempo, viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros».

La muchedumbre le oía con agrado

Escuchar a un buen conferencista o charlista es un placer. El hombre o la mujer que habla tiene el poder de inspirar, convencer y alentar a la audiencia que le escucha. Es un don muy especial que alguien con el solo uso de la palabra pueda transformar la vida de las personas.

Jesús, nuestro Señor, hablaba como “quien tiene autoridad”. Su doctrina encantaba a la gente. Les hablaba en un lenguaje directo, sencillo, y sobretodo con mucho amor. Eso último es la clave del éxito de Jesús en su labor misionera. 

Jesucristo ama a quien predica. Sus palabras son confirmadas por sus obras. Manifiesta en todo momento que verdaderamente es hijo de Dios enviada para salvarnos, para ¡Salvarte! Confía en Jesús, que el siempre te amará.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 12,35-37): En aquel tiempo, Jesús, tomando la palabra, decía mientras enseñaba en el Templo: «¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David? David mismo dijo, movido por el Espíritu Santo: ‘Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies’. El mismo David le llama Señor; ¿cómo entonces puede ser hijo suyo?». La muchedumbre le oía con agrado.

No es un Dios de muertos, sino de vivos

Acostumbrados a vivir en esta realidad no nos imaginamos como será la vida futura. El último siglo de la historia de la humanidad ha sido de progreso de la ciencia y la técnica pero esto ha producido un alejamiento de Dios. Confiamos más en las explicaciones de la ciencia que en las revelaciones divinas. La humanidad, por primera vez en su historia, puso en duda la existencia misma de Dios.

En los tiempos de Jesús también había sus dudas sobre temas espirituales.  Había un sector de la población que no creía en la resurreción de los muertos. Sus vidas, por tanto, no tenían trascendencia.

La promesa de una vida después de la muerte es parte central del cristianismo. Creer que Dios es tan bueno y tan misericordioso que no nos creó para la muerte sino que ha querido, mediante de la resurrección, darnos vida eterna, para muchos es difícil de creer.

Pues esta es la buena noticia. DIOS ha vendicido definitivamente la muere y nuestras muertes mediante su hijo Jesucrito. Ya no tenemos que tener miedo por nada. Jesús ha resucitado y nos llevará con Él a un mundo hermoso y de eterna felicidad.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 12,18-27): En aquel tiempo, se le acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan que haya resurrección, y le preguntaban: «Maestro, Moisés nos dejó escrito que si muere el hermano de alguno y deja mujer y no deja hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su hermano. Eran siete hermanos: el primero tomó mujer, pero murió sin dejar descendencia; también el segundo la tomó y murió sin dejar descendencia; y el tercero lo mismo. Ninguno de los siete dejó descendencia. Después de todos, murió también la mujer. En la resurrección, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer».
Jesús les contestó: «¿No estáis en un error precisamente por esto, por no entender las Escrituras ni el poder de Dios? Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en los cielos. Y acerca de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en lo de la zarza, cómo Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? No es un Dios de muertos, sino de vivos. Estáis en un gran error».