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¿Por cuál de esas obras queréis apedrearme?

Jesús pasó por este mundo haciendo el bien. Sus obras o acciones hablaban muy bien de Él. Por donde pasaba el Señor anunciaba el reino de los Cielos. A todo enfermo que encontraba lo curaba. A los poseídos que les presentaban los exorcizaba. Con su poder hizo presente a Dios en la tierra.

¿Por qué  creer en Jesús? Porque es hijo unigénito de Dios enviado especialmente para destruir nuestra muerte y hacernos experimentar la vida, la felicidad, la victoria sobre la muerte; en definitiva, la RESURRECCIÓN.

Hoy es viernes de dolores. ¿Hay que estar tristes? ¡Jamás! Este día es propicio para meditar sobre nuestros sufrimientos. Recordar nuestra realidad antes de conocer al Señor. Este viernes es oportuno para reconocer en Jesús su naturaleza divina y por tanto su poder para salvarnos del dolor o sufrimiento sin sentido y darnos la gracia de resucitar para una vida nueva.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 10,31-42): En aquel tiempo, los judíos trajeron otra vez piedras para apedrearle. Jesús les dijo: «Muchas obras buenas que vienen del Padre os he mostrado. ¿Por cuál de esas obras queréis apedrearme?». Le respondieron los judíos: «No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino por una blasfemia y porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios». Jesús les respondió: «¿No está escrito en vuestra Ley: ‘Yo he dicho: dioses sois’? Si llama dioses a aquellos a quienes se dirigió la Palabra de Dios —y no puede fallar la Escritura— a aquel a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo, ¿cómo le decís que blasfema por haber dicho: ‘Yo soy Hijo de Dios’? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago, aunque a mí no me creáis, creed por las obras, y así sabréis y conoceréis que el Padre está en mí y yo en el Padre». Querían de nuevo prenderle, pero se les escapó de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había estado antes bautizando, y se quedó allí. Muchos fueron donde Él y decían: «Juan no realizó ninguna señal, pero todo lo que dijo Juan de éste, era verdad». Y muchos allí creyeron en Él.

Si alguno guarda mi Palabra, no verá la muerte jamás

¿Por qué los cristianos tenemos fe en Jesús? ¿Cuál es el “poder” que le atribuimos al Señor para poder creer?

Un punto muy importante de nuestra Fe está en reconocer en Jesús su naturaleza divina. El “Yo soy” de Jesús escandaliza a los judíos. En el evangelio aparece un Jesús que declara su naturaleza. Él es el hijo de Dios y esto le da poder sobre nosotros. ¿Qué tipo de poder?

Jesús, nuestro Señor tiene poder para sanar, perdonar, reconciliar, alegrar, y sobre todo ¡RESUCITAR!

Esperemos la manifestación de su naturaleza y poder en esta Pascua que se avecina. El Señor se hará presente en el Tríduo Pascual y todos los días de nuestra vida en forma de resurrección.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 8,51-59):En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «En verdad, en verdad os digo: si alguno guarda mi Palabra, no verá la muerte jamás». Le dijeron los judíos: «Ahora estamos seguros de que tienes un demonio. Abraham murió, y también los profetas; y tú dices: ‘Si alguno guarda mi Palabra, no probará la muerte jamás’. ¿Eres tú acaso más grande que nuestro padre Abraham, que murió? También los profetas murieron. ¿Por quién te tienes a ti mismo?». Jesús respondió: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada; es mi Padre quien me glorifica, de quien vosotros decís: ‘Él es nuestro Dios’, y sin embargo no le conocéis, yo sí que le conozco, y si dijera que no le conozco, sería un mentiroso como vosotros. Pero yo le conozco, y guardo su Palabra. Vuestro padre Abraham se regocijó pensando en ver mi día; lo vio y se alegró». Entonces los judíos le dijeron: «¿Aún no tienes cincuenta años y has visto a Abraham?». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: antes de que Abraham existiera, Yo Soy». Entonces tomaron piedras para tirárselas; pero Jesús se ocultó y salió del Templo.

Anunciación del Señor

Hoy es día de fiesta en medio de esta cuaresma. Alguno puede preguntarse, ¿De qué manera encaja esta fiesta en la austeridad de la cuaresma? 

La virgen María es imagen de todo cristiano. Es casi imposible pensar que se puede emprender un proyecto cristiano sin el “patrocinio” de la virgen María. Ella, con su “si” al anuncio del ángel nos muestra el camino de la cuaresma y por tanto de toda experiencia cristiana.

En este día se celebra la “Anunciación del Señor” y aparecen con fuerza dos figuras. Ciertamente la madre de Jesús y madre nuestra es una protagonista pero en el contexto es bueno mirar a Jesús, siempre centro de toda la escritura.

Jesús es anunciado. Va a nacer de una virgen. Jesús nos promete en esta cuaresma manifestarse de manera extraordinaria en nuestra vida. La cuaresma prepara la Pascua. En el domingo de Resurrección celebraremos el centro de nuestra Fe: la resurrección del Señor y nuestra participación en este importante misterio.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 1,26-38):Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin». 


María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?». El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios». Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel dejándola se fue.

¿Quién eres tú?

Estamos ahora cerca del fin de la cuaresma y todas las lecturas nos ponen en sintonía con la Pascua. ¿Quién es el protagonista del Tríduo Pascual? Nuestro Señor Jesucristo ¿Por qué? Porque Él encarna el mensaje que anuncia la Pascua.

Somos invitados todos a asumir o creer en este tiempo, con mas fuerza, el mensaje de nuestra salvación. Dios en su inmensa misericordia nos ha dado como un don o regalo a su hijo amado. Jesús es nuestra salvación porque se encarnado, a sufrido lo que tu has sufrido y ha dado con su muerte, muerte a este sufrimiento, redimensionandolo en la cruz. En la cruz gloriosa nuestro sufrimiento se convierte en “piedra angular” sobre la que se construye el edificio de nuestra Fe.

Tener Fe hoy es creer que somos resucitados. Antes estábamos muertos en nuestros pecados. Ahora el Señor nos llena de vida mediante el perdón y el amor. ¡Eso es resucitar!: “Caminar” por esta vida experimentando todos los días la fuerza viva de Jesucristo resucitado. ¡Ánimo! Entremos en este tiempo con alegría y amor.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 8,21-30):En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos:«Yo me voy y vosotros me buscaréis, y moriréis en vuestro pecado. Adonde yo voy, vosotros no podéis ir». Los judíos se decían: «¿Es que se va a suicidar, pues dice: ‘Adonde yo voy, vosotros no podéis ir’?». El les decía: «Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Ya os he dicho que moriréis en vuestros pecados, porque si no creéis que Yo Soy, moriréis en vuestros pecados». 


Entonces le decían: «¿Quién eres tú?». Jesús les respondió: «Desde el principio, lo que os estoy diciendo. Mucho podría hablar de vosotros y juzgar, pero el que me ha enviado es veraz, y lo que le he oído a Él es lo que hablo al mundo». No comprendieron que les hablaba del Padre. Les dijo, pues, Jesús: «Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que Yo Soy, y que no hago nada por mi propia cuenta; sino que, lo que el Padre me ha enseñado, eso es lo que hablo. Y el que me ha enviado está conmigo: no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada a Él». Al hablar así, muchos creyeron en Él.

¿Quién eres tú?

Estamos ahora cerca del fin de la cuaresma y todas las lecturas nos ponen en sintonía con la Pascua. ¿Quién es el protagonista del Tríduo Pascual? Nuestro Señor Jesucristo ¿Por qué? Porque Él encarna el mensaje que anuncia la Pascua.

Somos invitados todos a asumir o creer en este tiempo, con mas fuerza, el mensaje de nuestra salvación. Dios en su inmensa misericordia nos ha dado como un don o regalo a su hijo amado. Jesús es nuestra salvación porque se encarnado, a sufrido lo que tu has sufrido y ha dado con su muerte, muerte a este sufrimiento, redimensionandolo en la cruz. En la cruz gloriosa nuestro sufrimiento se convierte en “piedra angular” sobre la que se construye el edificio de nuestra Fe.

Tener Fe hoy es creer que somos resucitados. Antes estábamos muertos en nuestros pecados. Ahora el Señor nos llena de vida mediante el perdón y el amor. ¡Eso es resucitar!: “Caminar” por esta vida experimentando todos los días la fuerza viva de Jesucristo resucitado. ¡Ánimo! Entremos en este tiempo con alegría y amor.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 8,21-30):En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos:«Yo me voy y vosotros me buscaréis, y moriréis en vuestro pecado. Adonde yo voy, vosotros no podéis ir». Los judíos se decían: «¿Es que se va a suicidar, pues dice: ‘Adonde yo voy, vosotros no podéis ir’?». El les decía: «Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Ya os he dicho que moriréis en vuestros pecados, porque si no creéis que Yo Soy, moriréis en vuestros pecados». 


Entonces le decían: «¿Quién eres tú?». Jesús les respondió: «Desde el principio, lo que os estoy diciendo. Mucho podría hablar de vosotros y juzgar, pero el que me ha enviado es veraz, y lo que le he oído a Él es lo que hablo al mundo». No comprendieron que les hablaba del Padre. Les dijo, pues, Jesús: «Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que Yo Soy, y que no hago nada por mi propia cuenta; sino que, lo que el Padre me ha enseñado, eso es lo que hablo. Y el que me ha enviado está conmigo: no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada a Él». Al hablar así, muchos creyeron en Él.

Vete, y en adelante no peques más

Estamos en la recta final de la cuaresma. Ha sido un tiempo estupendo lleno de bendiciones. El desierto es un tiempo fuerte pero hermoso. La cuaresma es el tiempo donde damos muerte al “hombre viejo” mediante el ayuno, la oración y la limosna. Esperamos resucitar con Jesús en la Pascua. ¿Cómo este misterio se concretiza en nuestras vidas?

Una mujer adultera espera sentencia de muerte. La ley dice que tiene que morir. Le presentan el caso a Jesús y el dice: “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”.

Nosotros somos TODOS pecadores. No hay en nosotros nada bueno o santo. Estamos mintiendo, robando, chismiando, odiando y murmurando constantemente. ¿Qué dice Jesús al respecto? Que el que esté libre de pecado qe tire la primera piedra.

El juicio de Jesús ante los hechos de pecado de los hombres y mujeres es la MISERICORDIA. Él sabe muy bien que estar en pecado es estar muerto… Y quiere que vivamos. Para vivir, para resucitar, es necesaria la misericordia. Resucitar es experimentar el perdón y el amor de Dios. Eso cambia la vida, eso nos hace no querer pecar mas porque vivir en el amor es mil veces mejor que vivir en el odio y la culpa.

¡Ánimo hermanos y hermanas! Hoy es el día de la misericordia. Abre tu corazón al amor de Dios.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 8,1-11):En aquel tiempo, Jesús se fue al monte de los Olivos. Pero de madrugada se presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a Él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles. 


Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio y le dicen: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?». Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acusarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra. Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra». E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra.


Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio. Incorporándose Jesús le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?». Ella respondió: «Nadie, Señor». Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más».

Vengo de Él y Él es el que me ha enviado

El Señor Jesús vino a la tierra para cumplir una misión. Dios envían al Señor a mostrar algo nuevo. El mesías anuncia una gran noticia. Este mensaje de trascendencia es la victoria sobre la muerte y que en cada uno de nosotros se puede realizar de manera concreta el misterio de nuestra salvación.

La resurrección propuesta por el Señor no es solo física al final de los tiempos. La victoria sobre la muerte se realiza aquí todos los días en el corazón de los hombres y mujeres que se abren al amor de Dios.

Jesús enseña en el templo. Las autoridades de este centro de poder religoso y político quieren matarle. ¿El Señor se llena de miedo y calla? NO. ¿Por qué? Porque tiene la seguridad de la resurrección. Sabe que la vida eterna se realiza a través del sufrimiento. Un proceso de purificación siempre culmina en algo mucho mejor a lo anterior.

Les invito a todos en este viernes de cuaresma a ver la experiencia de Jesús y llenarse de valor. ¡No tengan miedo! Tu futuro es de Dios. Vivir el presente como Jesús que anuncia el Reino de Dios con su vida y no tiene miedo a nada ni a nadie porque sabe que Dios le salvará de todos los peligros. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 7,1-2.10.14.25-30): En aquel tiempo, Jesús estaba en Galilea, y no podía andar por Judea, porque los judíos buscaban matarle. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas. Después que sus hermanos subieron a la fiesta, entonces Él también subió no manifiestamente, sino de incógnito.


Mediada ya la fiesta, subió Jesús al Templo y se puso a enseñar. Decían algunos de los de Jerusalén: «¿No es a ése a quien quieren matar? Mirad cómo habla con toda libertad y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido de veras las autoridades que éste es el Cristo? Pero éste sabemos de dónde es, mientras que, cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde es». Gritó, pues, Jesús, enseñando en el Templo y diciendo: «Me conocéis a mí y sabéis de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta; sino que me envió el que es veraz; pero vosotros no le conocéis. Yo le conozco, porque vengo de Él y Él es el que me ha enviado». Querían, pues, detenerle, pero nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora.

Hizo como el Ángel del Señor le había mandado

José es prototipo de todo hombre justo y bueno. Es lo que en buen dominicano podríamos decir “ese es un tronco de hombre” o “ese si es bueno”. En los momentos difíciles, siempre actuó por amor y al servicio de su amada esposa y de su hijo. José es todo un ejemplo a seguir.

Si leemos los evangelios nos damos cuenta de un José silencioso y siempre disponible. Al comienzo duda pero siempre obedece. Defiende el honor de María. Protege a su familia en peligro. Trabaja con amor para mantenerlos. Cumple fielmente con la ley de Dios y enseña a Jesús que los más importante es cumplirla. Es decir, José hoy nos dice mucho a los hombre, padres y esposos, de hoy.

Vivimos en una cultura donde lo que es ser “hombre hombre…” como dice Tubérculo Gourmet es ser mujeriego, delegar la educación de los hijos en la madre y tener varios hijos con madre diferentes. Esto no es el camino de José.

¡Hombres! Hoy José nos invita a seguir su ejemplo. En Jesús podemos ver que siendo hijo de Dios también supo ser hijo de hombre. Que sabiendo lo que era amo y obedeció a José. El Señor quiere que seamos para nuestra esposa e hijos como José fue para los suyos. Este es el camino de la felicidad y de la bendición.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 1,16.18-21.24a): Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto. 


Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados». Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado.

El Hijo da la vida a los que quiere

La iglesia está viviendo en este tiempo la cuaresma. Podríamos decir que estamos en la “hora” de Dios. Es un tiempo oportuno de conversión y de reencuentro con nuestro Padre Dios.

La voluntad de Dios no es que nos quedemos en el ayuno, oración y limosna como práctica cuaresmal ascética. La cuaresma es muy bonita pero mucho más importante es su finalidad. La cuaresma está en función de la Pascua. El querer de Dios es que TODOS tengamos vida en abundancia.

Hermanos y hermanas. ¡La gran noticia es que Dios quiere resucitarte! Alégrate, porque este misterio que debe darse todos los días lo vamos a celebrar en breve. Nunca te desanimes.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 5,17-30):En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo» Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios. 


Jesús, pues, tomando la palabra, les decía: «En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace Él, eso también lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre quiere al Hijo y le muestra todo lo que Él hace. Y le mostrará obras aún mayores que estas, para que os asombréis. Porque, como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie; sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo ha enviado. En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida. 


»En verdad, en verdad os digo: llega la hora (ya estamos en ella), en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán. Porque, como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en sí mismo, y le ha dado poder para juzgar, porque es Hijo del hombre. No os extrañéis de esto: llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz y saldrán los que hayan hecho el bien para una resurrección de vida, y los que hayan hecho el mal, para una resurrección de juicio. Y no puedo hacer nada por mi cuenta: juzgo según lo que oigo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado».

La piscina que sana

A mi hijo le encanta una piscina. Pasa horas y horas nadando y jugando al punto que pensamos que le van a salir de escamas. Siempre es buenos, sobre todo en países tropicales, darse un buen chapuzón en la piscina más cercana.

En el antiguo Israel existían piscinas emblemáticas. Su función no era entretener. Las mismas se dedicaban a ritos de purificación y a algunas se le atribuían la facultad de sanar.

Muchos enfermos esperaban junto a la piscina para sanar. En ese momento de espera larga descubren algo impresionantes y nuevo. El poder de curar no estaba en la piscina. El amor de Dios en persona se les aparece y les da lo que tanto han esperado. Jesús les cura y les salva. Esa es la experiencia central de la vida de aquellos que ciegos, sordos y cojos aguardaban su propia sanación.

Se ha inaugurado una nueva era. Una nueva etapa en la vida de todos nosotros empieza con la experiencia de sanación interior. ¿De qué estás enfermo hoy? ¿Cuál es tu impedimento hoy que te hace imposible amar, perdonar o servir? 

La buena noticia es que Jesús tiene poder de curar todas tus dolencias. Seca tus lagrimas y anímate. ¡Ya viene Jesús a salvarte!

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 5,1-3.5-16): Era el día de fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la Probática, una piscina que se llama en hebreo Betsaida, que tiene cinco pórticos. En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, esperando la agitación del agua. Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, viéndole tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dice: «¿Quieres curarte?». Le respondió el enfermo: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua; y mientras yo voy, otro baja antes que yo». Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y anda». Y al instante el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar. 


Pero era sábado aquel día. Por eso los judíos decían al que había sido curado: «Es sábado y no te está permitido llevar la camilla». Él le respondió: «El que me ha curado me ha dicho: ‘Toma tu camilla y anda’». Ellos le preguntaron: «¿Quién es el hombre que te ha dicho: ‘Tómala y anda?’». Pero el curado no sabía quién era, pues Jesús había desaparecido porque había mucha gente en aquel lugar. Más tarde Jesús le encuentra en el Templo y le dice: «Mira, estás curado; no peques más, para que no te suceda algo peor». El hombre se fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado. Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado.