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Señor, enséñanos a orar

Orar es abrir el corazón a Dios. Orar es lo más importante de la vida cristiana. Sin oración no hay Vida Eterna dentro de nosotros, ¿cómo se ora en el cristianismo?

Todas las religiones tienen diversas experiencia de oración. En el caso de las religiones asiáticas se acentúa el aspecto meditativo de la misma. En Medio Oriente, se ve más como un cumplimiento de formas y fórmulas. En el cristianismo es un tanto diferente.

Jesús nos invita hacer oración poniendo nuestra vida a disposición del Señor. Es verdad que la oración es un acto de “comunicación” con Dios pero más importante es vivir la oración como un momento donde se contempla las maravillas de Dios y nos sometemos a su voluntad. Que venga su reino, que se haga su voluntad en la tierra y en el cielo, que nos libre de los males; son sólo peticiones que tienen un único centro: hacer la voluntad de Dios.

En la oración verdaderamente cristiana se entra en la historia que Dios a dispuesto para nosotros día a día. Estamos expresando en la oración nuestra disponibilidad de comer el “pan” de los acontecimientos diarios .

¡Ánimo! Pídele a Dios que te permita amar a ese compañero de trabajo, amigo de la universidad o la escuela, familiar cercano que a veces de molesta. Orar es Amar. Orar es bendecir a Dios por todo lo que nos ha dado. Termino con un pensamiento…

“Reza diariamente durante 30 minutos, excepto cuando estés muy ocupado; entonces reza una hora.” San Francisco of Sales.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 11,1-4): Sucedió que, estando Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: «Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos». Él les dijo: «Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación».

Hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola

Estamos siempre metidos en muchos afanes. La cantidad de cosas que tenemos pendientes en un día muchas veces sobrepasan nuestras posibilidades de cumplirlas. La vida es un solo “corre corre”.

Los seres humanos necesitamos priorizar nuestro tiempo. Es importante saber que es lo más importante en el día para dedicarle a eso la mayor de las atenciones. ¿Cómo podemos definir esta importante decisión?

Marta y María nos invitan hoy a poner toda nuestra vida en el Señor. ¿Cuál es la “mejor parte” que eligió María? Poner toda nuestra vida en manos de Dios. La palabra y la oración son caminos que conducen a la Vida. Sólo una cosa es necesaria: amar a Dios con todo el corazón, el alma y las fuerzas y al prójimo como a nosotros mismo.

Queridos hermanos y hermanas. Seamos fieles a la llamada de Dios. El quiere lo mejor para nosotros. Dejemos nuestro enfoque en las preocupaciones de este mundo. Dios provee y dará a cada uno lo oportuno. Tú en cambio pon todo tu corazón en Él.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 10,38-42): En aquel tiempo, Jesús entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude». Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada».

Maestro, ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?

Tenemos tantos estereotipos en la vida. Pensamos que ser un buen cristiano es cumplir una serie de reglas y compromisos. Vivimos la “religión” de una forma muy superficial y externa. Nunca ha sido así la enseñanza de Jesús.

Siempre vemos personas que reducen la experiencia cristiana a una serie de ritos y “cumplimientos”. Van a misa los domingos (mientras más corta, mejor). Hacen el rezo del Rosario los viernes por la tarde. Vamos a la funeraria a dar el pésame puntualmente y nunca hacemos algo “malo” a nadie. Pensamos que si no hemos matado o robado a nadie cumplimos plenamente con nuestro deber cristiano. Eso no es cristianismo… por favor. ¿Qué es por tanto ser cristiano?

Ser cristiano es tener dentro VIDA ETERNA. ¿Y cómo se logra eso? Ya el Señor respondió en la Cruz. Se tiene VIDA ETERNA cuando se ama hasta el extremo. Amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas y al prójimo como ti mismo.

¿Tienes a Dios como centro de tu vida? ¿Respiras, comes y caminas con Dios y en Dios? ¿Has puesto a Dios por encima de tu familia, de tus amigos, de tu trabajo, de tu dinero? ¿Estás dispuesto a amar a los enemigos? Esto es ser cristiano: RADICALIDAD EVANGÉLICA.

Dios nos quiere dar su vida. Nos ha creado para que seamos felices y ese camino sólo es posible cuando, como dice San Agustín, “descansamos en Dios”.

Jesús invitó en su momento al “maestro de la Ley” a vivir la ley… No ha cumplirla. ¡Ánimo! En poner en práctica esta palabra está la clave de tu felicidad.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 10,25-37): En aquel tiempo, se levantó un maestro de la Ley, y dijo para poner a prueba a Jesús: «Maestro, ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?». Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?». Respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo». Díjole entonces: «Bien has respondido. Haz eso y vivirás».

Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «Y ¿quién es mi prójimo?». Jesús respondió: «Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva. ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?». Él dijo: «El que practicó la misericordia con él». Díjole Jesús: «Vete y haz tú lo mismo».

Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha

Escuchar la palabra de Dios y ponerla en práctica es la clave de la felicidad y una vida plena en este mundo. ¿Podemos escuchar la voz del Señor como si nos hablara un amigo o conocido? ¿Dios interviene de manera milagrosa o extraordinaria y se nos aparece para escribirnos en una libreta lo que tenemos que hacer?

Ciertamente Dios utiliza medios para ayudarnos y llamarnos a conversión. Un instrumento fundamental para Dios son los misioneros. Los apóstoles son los que llevan el anuncio de que el Reino ha llegado ya y hacen el correspondiente llamado a conversión. Son ellos los ángeles (mensajeros) de parte de Dios para llevarnos a su camino y darnos su mensaje de amor.

¿Cuáles son hoy estos ángeles o apóstoles de parte de Dios en tu vida? Presbíteros, pastores, catequistas y misioneros nos han hablado de parte de Dios, ¿le has escuchado? Amigos, esposos y conocidos también pueden ser en un momento particular idóneos instrumentos de Dios.

¡Ánimo! Es importante estar pendiente de que medio hoy utilizará el Señor para hablarnos y llamarnos a conversión. Dios está presente en todo y todos. Debemos escuchar su voz.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 10,13-16): En aquel tiempo, Jesús dijo: «¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que, sentados con sayal y ceniza, se habrían convertido. Por eso, en el Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás! Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; y quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado».

El Reino de Dios está cerca de vosotros

Lo mismo de ayer. La misión que tiene todo cristiano es hacer presente aquí en la tierra el mensaje del Reino de Dios. ¿Cómo se hace eso?

Jesús, al momento de enviar a sus discípulos de dos en dos, les envía fundamentalmente en la precariedad. Muestran con sus gestos, acciones y forma de vida lo que predican.

Como testimonio puedo decirles lo siguiente. Hace 14 años también fui enviado en una experiencia de misión que pone en práctica la palabra de hoy. Me tocó llevar de parroquia en parroquia la buena noticia del reino en la diócesis de Boston, en Estados Unidos. Fue una experiencia radical que marcó mi vida para siempre. Íbamos de dos en dos sin dinero, caminando sólo con las escrituras y durmiendo donde nos acogían, si esto último pasaba. Dormimos en parques, pasamos días sin comer, caminamos muchos kilómetros, pero lo más importante fue la inmensa alegría que esto produjo en nuestros corazones.

Entre otras cosas, lo que más me ayudó en mi Fe fue constatar en carne propia el poder de la precariedad. Nosotros éramos el mensaje. Nos veían sacerdotes y laicos y todos reconocían que si dos personas eran capaces de dejarlo todo e ir sin dinero por las calles de Boston confiando plenamente en la providencia de Dios, era porque el Reino de Dios ha llegado ya. Las personas sólo hacen eso cuando hay algo superior a todo lo que este mundo puede ofrecer.

Hermanos y hermanas. ¡El Reino de Dios ha llegado! Vive la vida con alegría. La muerte ha sido destruida en la Cruz de Jesús y nos da acceso a una vida nueva que no conoce el ocaso.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 10,1-12): En aquel tiempo, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir. Y les dijo: «La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino.

»En la casa en que entréis, decid primero: ‘Paz a esta casa’. Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: ‘El Reino de Dios está cerca de vosotros’.

»En la ciudad en que entréis y no os reciban, salid a sus plazas y decid: ‘Hasta el polvo de vuestra ciudad que se nos ha pegado a los pies, os lo sacudimos. Pero sabed, con todo, que el Reino de Dios está cerca’. Os digo que en aquel día habrá menos rigor para Sodoma que para aquella ciudad».

El Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza

Una multitud de hombres y mujeres han recibido una llamada de parte de Dios a ser cristianos. En los últimos 2 mil años de historia de la humanidad muchos han sido escogidos por Dios para seguirle en la persona de Cristo. ¿En qué consiste este seguimiento?

Todos tenemos proyectos personales. Hemos desarrollado en el transcurso de nuestra vida relaciones afectivas sobre las cuales basamos nuestra vida social. Nuestros compromisos familiares, laborales y afectivos son múltiples y determinan nuestra existencia. ¿Acaso todo esto es malo?

Dios nos llama a vivir la vida en un radicalismo evangélica. Esto no quiere decir que no le demos importancia a nuestros temas. Lo que sí quiere decir es que el gran tema, si realmente hemos sido llamados por Dios, es seguirle a Él y vivir la vida como otro Cristo aquí en la tierra.

El Señor nos llama a servir donde Dios nos ha puesto poniendo esta misión por encima de las demás cosas de la vida. Sólo así podemos amar a Dios y al prójimo en una dimensión nueva y profunda. Sólo así podemos ser verdaderamente LIBRES. Sigamos a Jesús y Él nos dará la verdadera felicidad.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 9,57-62): En aquel tiempo, mientras iban caminando, uno le dijo: «Te seguiré adondequiera que vayas». Jesús le dijo: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». A otro dijo: «Sígueme». El respondió: «Déjame ir primero a enterrar a mi padre». Le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios». También otro le dijo: «Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa». Le dijo Jesús: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios».

Él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén

Todos podemos controlar algunos aspectos de nuestras vidas. Hay algunas cosas que escapan a nuestro control o voluntad. En nuestra Fe cristiana sabemos que Dios es causa primera de todo. ¿Cómo podemos entonces interpretar esas cosas que se nos imponen en nuestro diario vivir?

Jesús es el Hijo de Dios. Fue enviado por nuestro Padre divino para cumplir una misión. Se encarnó en la tierra para dar la vida por todos. Vino para ir a Jerusalén y ser matado. Subió a la ciudad tres veces santa para morir y resucitar por nosotros. ¿De qué manera participamos en este misterio?

Hemos sido rechazados muchas veces. En algún momento alguien nos ha tratado mal o con desprecio. Un amigo, tu esposo, un compañero de trabajo o algún familiar nos ha hecho sentir miserables o poco importantes. Estos son los momentos para perdonar y amar con Jesús.

No pidamos que “baje fuego del cielo”. Imitemos a Jesús en como responde ante la injusticia. ¡AMA A LOS ENEMIGOS! Perdona a todos los que te han hecho algún mal.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 9,51-56): Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, Él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén, y envió mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada; pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén. Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?». Pero volviéndose, les reprendió; y se fueron a otro pueblo.

Cuando estabas debajo de la higuera, te vi

La expresión “te vi” tiene una gran profundidad. La expresión de la mirada dice mucho. Las personas somos capaces de entender por la mirada si alguien nos ama o nos desprecia. ¿Cómo nos “mira” Dios?

Una mirada de Dios siempre es de misericordia y de amor hacia nosotros. El nos conoce profundamente y sabe si en nosotros hay “engaño o no”. Entonces, ¿qué es lo que importa?

El Señor quiere que reconozcamos que el nos “mira”. Que cuando escrutamos las escrituras, oramos o estamos en alguna situación difícil, el nos ve y nos cuida.

Sí tienes alguna situación difícil, el Señor nos mira y envía ángeles a cuidarnos. Nuestros ángeles de la guarda, enviados por Dios, siempre están con solicitud representando aquí en la tierra esa mirada de Dios. ¡Ánimo! Déjate mirar por el Señor. El te ama y cuida. Nunca dudes de eso.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 1,47-51): En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño». Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?». Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi». Le respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores». Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

El Cristo de Dios

¿Qué significa creer que Jesús es el Cristo de Dios? Repetimos tanto que Jesús es Señor, Cristo y demás títulos, que puede ser que no nos demos cuenta de la profundidad de dichas formas de referirnos a nuestro Salvador.

Cuando proclamamos y confesamos que Jesús es el Cristo de Dios, estamos reconociendo que Él es Señor de todos y que es el camino que nos lleva a la vida. ¿Y cuál es este camino que lleva a la vida? El camino de la cruz.

Jesucristo nos salva mediante el sufrimiento y muriendo por todos nosotros. Algunos pensarán, “pero esto suena un tanto masoquista”. ¡Para nada! Jesús transforma el sufrimiento de algo aparentemente malo en algo bueno. El sufrimiento, en la fe de nuestro Señor, es redentor y santificador.

Acoger el amor de Dios en nuestros corazones es lo mejor que nos puede pasar y este amor se manifiesta de una forma admirable cuando descubrimos que Jesús ha dado la vida por nosotros cuando hemos sido malvado, pecadores y malos con Él. Este amor, hasta el extremo, nos puede transformar y hacernos verdaderos cristianos. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 9,18-22): Sucedió que mientras Jesús estaba orando a solas, se hallaban con Él los discípulos y les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?». Ellos respondieron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que un profeta de los antiguos había resucitado». Les dijo: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Pedro le contestó: «El Cristo de Dios». Pero les mandó enérgicamente que no dijeran esto a nadie. Dijo: «El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día».

¿Quién es, pues, éste de quien oigo tales cosas?

En esta generación nos maravillamos ante muchas cosas. Los avances tecnológicos y científicos nos hacen pensar en las grandes posibilidades que tenemos de seguir descubriendo las maravillas de este planeta y el universo. ¿Existe algo que pueda superar todo esto?

Que los cojos anden, que los leprosos queden limpios, más aún, que los muertos resuciten, parecen ser hechos asombrosos que pueden asombrar hasta al más incrédulo de los mortales. Símbolo de toda esa incredulidad y perversidad es Herodes. Su interés por estas cosas no viene de su deseo de conocer a Dios. Parte más bien de una curiosidad mal sana de novedades.

El gran hecho asombroso, que los “Herodes” de este tiempo son incapaces de ver, es que en el Señor todos podemos encontrar salvación. Que Él, en su inmensa misericordia, cambia el corazón de las personas. El milagro MORAL, es el hecho más asombroso de todos los tiempos. Herodes no busca a Jesús para convertirse, el quiere “entretenerse” en su perversidad.

Mis queridos hermanos. ¡No seamos Herodes! Busquemos al Señor no porque pueda cambiar “milagrosamente” los hechos que no aceptamos de nuestra vida. Encontremos en Jesús el camino de salvación y aceptación de la voluntad de Dios. Él puede cambiar nuestras vidas, hacernos el gran MILAGRO de nuestra conversión.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 9,7-9): En aquel tiempo, se enteró el tetrarca Herodes de todo lo que pasaba, y estaba perplejo; porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos; otros, que Elías se había aparecido; y otros, que uno de los antiguos profetas había resucitado. Herodes dijo: «A Juan, le decapité yo. ¿Quién es, pues, éste de quien oigo tales cosas?». Y buscaba verle.