Archivo de la categoría: Evangelio

Se pasó la noche en la oración de Dios

En nuestra vida tenemos que tomar decisiones importantes. Existen momentos de especial relevancia, como elegir la carrera profesional que se piensa realizar, decidir si mudarse o no, casarse, elegir el colegio donde mandáremos a nuestros hijos; en fin, son muchas las opciones en la vida que debemos de seleccionar y que tienen gran impacto en nuestra vida. ¿Qué nos ayuda en estos tan importantes momentos?

Jesús siempre ha orado en los acontecimientos de mayor trascendencia. Ha orado en el momento de elegir a los apóstoles, a la hora de entrar en la pasión y desde la cruz. Él nos ha dado ejemplo de como podemos hacer uso de la oración pidiendo el discernimiento necesario para actuar con sabiduría y cumpliendo la voluntad de Dios.

La oración no es un mero acto religioso o de devoción que nos hace sentir bien con nosotros mismos y edifica nuestro “ego espiritual”. La oración es el encuentro personal con nuestro Señor que nos hace estar dispuestos a obrar según su voluntad.

Oremos como han orado los grandes hombres y mujeres de las escrituras. Oremos como los santos y santas de todos los tiempos. Oremos como Jesús, que siempre busco entrar en la voluntad de nuestro Padre Dios amoroso y misericordioso.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 6,12-19): En aquellos días, Jesús se fue al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles. A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor.

Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.

Nacimiento de la virgen María

Todos tenemos una ascendencia. En nuestro país es muy frecuente buscar de quién es hijo o descendiente una persona. Es muy común la expresión “fulano hijo de fulana” o “esa persona es de la familia tal”. Esta preocupación por saber a que familia pertenece una persona viene de pensar que esto puede determinar su conducta, inteligencia o nivel de honestidad. ¿Cómo se refleja eso en la vida de Jesús?

María es la madre de Jesús. Es hija de la humanidad. Su naturaleza es puramente humana pero es especial. Ella desciende de un linaje creyente. Es una “anawin” o pobre de Dios. Pertenece a un pueblo orante. De esta estirpe nació Jesús.

Jesús no es un hombre de abolengo. No tiene apellido de gran familia rica. Es simplemente hijo de María, esposa de José. Su naturaleza divina es contenida en la fragilidad de su carne. Es imagen nuestra y un símbolo de esperanza para todos nosotros pobres de espíritu. Si Dios lo ha hecho con María, también lo puede hacer con nosotros.

Abramos nuestro corazón a Dios. Seamos hijos del altísimo, descendientes del mismo Padre de Jesús, Dios creador de todo lo que existe. Amén.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 1,1-16.18-23): Libro de la generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos, Judá engendró, de Tamar, a Fares y a Zara, Fares engendró a Esrom, Esrom engendró a Aram, Aram engendró a Aminadab, Aminadab engrendró a Naassón, Naassón engendró a Salmón, Salmón engendró, de Rahab, a Booz, Booz engendró, de Rut, a Obed, Obed engendró a Jesé, Jesé engendró al rey David.

David engendró, de la que fue mujer de Urías, a Salomón, Salomón engendró a Roboam, Roboam engendró a Abiá, Abiá engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Joram, Joram engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatam, Joatam engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amón, Amón engendró a Josías, Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando la deportación a Babilonia.

Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliakim, Eliakim engendró a Azor, Azor engendró a Sadoq, Sadoq engendró a Aquim, Aquim engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Mattán, Mattán engendró a Jacob, y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. Así que el total de las generaciones son: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.

La generación de Jesucristo fue de esta manera: su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto. Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en Ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: «He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel», que traducido significa: “Dios con nosotros”.

¿Podéis acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos

En los seres humanos hay una fascinación por lo nuevo y diferente. Nos llama la atención las últimas invenciones como teléfonos inteligentes, gafas y relojes de última generación, televisores con alta resolución; en fin, la innovación es algo que atrae y entretiene.

En los tiempos de Jesús existía una tradición o una vieja escuela. Las cosas se hacían según una ley dada por Moises pero abultada por los fariseos y escribas. Se normaba hasta la forma de sonarse la nariz (eso último es broma, obviamente).

Nuestro Señor viene con aires nuevos. Con su palabra nos invita a no preocuparnos tanto por el cumplimiento externo de la ley. Nos pide que centremos nuestro accionar en lo más importante. ¿Cuál es el punto central de la Ley de Dios?

Toda Ley revelada por Dios tiene su punto más importante y este es el AMOR. Tenemos al novio entre nosotros por tanto debemos estar en ¡fiesta!. Esto es símbolo de amor. Una novia está enamorada del novio. El amor es lo que más le preocupa. No ve sus defectos ni tampoco hay reglas que regulen dicho comportamiento amoroso.

Vivamos el día de hoy enamorados de Dios. Recordemos cuanto Él nos ama y seamos ¡felices! Eso es cumplir la Ley entera. ¡Shemá Israel!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 5,33-39): En aquel tiempo, los fariseos y los maestros de la Ley dijeron a Jesús: «Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y recitan oraciones, igual que los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben». Jesús les dijo: «¿Podéis acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán en aquellos días».

Les dijo también una parábola: «Nadie rompe un vestido nuevo para echar un remiendo a uno viejo; de otro modo, desgarraría el nuevo, y al viejo no le iría el remiendo del nuevo. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino nuevo reventaría los pellejos, el vino se derramaría, y los pellejos se echarían a perder; sino que el vino nuevo debe echarse en pellejos nuevos. Nadie, después de beber el vino añejo, quiere del nuevo porque dice: ‘El añejo es el bueno’».

Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pesca

Todos tenemos una vocación. Hemos nacido para alguna tarea en específico. En el mundo hay abogados, médicos, arquitectos, ingenieros y expertos en tecnología. Un abanico amplio de profesiones y oficios existen en nuestra sociedad, tan diverso como pueden ser las necesidades del ser humano. ¿Cuál es la más importante de todas ellas?

En tiempos de Jesús existía un oficio popular en las aldeas que rodeaban el mar de Galilea y esta era la pesca. Los aldeanos que aquel tiempo incluían en su dieta diaria el consumo de pescado. Entre los discípulos de Jesús, la mayoría galileos, habían muchos pescadores.

Jesús, cuando hace la elección de sus apóstoles, parte de su realidad u oficio para llamarles. Les da trascendencia a lo que ya están haciendo. Son transformados en discípulos de Jesús, al aceptar su llamada, pero partiendo de su realidad existencial. Ya no son pescadores normales, después de su llamada se convierten en pescadores de hombre.

Dios llama a los hombres y mujeres de este tiempo. Les invita a manifestar en sus trabajos la vocación más importante de todas. Todos hemos sido llamados al amor, al servicio de los demás.

En la Iglesia hay profesores, médicos, amas de casa, ingenieros y técnicos. Todos somos llamados a ser cristianos, la vocación más grande de todas, partiendo de nuestra vocación primera. Yo vivo el servicio que hago en el ITLA como un llamado que Dios ha hecho en mi vida. No podría trabajar si no tuviera la certeza de que lo que hago tiene trascendencia. Tengo la seguridad de que Dios me ha llamado a servir a tantos jóvenes que necesitan ser educados, formados y amados.

¿Cuál es el llamado que te hace Dios hoy? ¿A cuál carisma específico Él te está invitando? La forma no es tan importante. La gran verdad es que todos y todas hemos sido llamados a dar la vida por los demás. Nuestra vocación como cristianos es manifestar en este mundo el inmenso ¡amor de Dios! Seamos discípulos de Cristo. Pescadores de hombres con nuestras palabras y hechos.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 5,1-11): En aquel tiempo, estaba Jesús a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios, cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar». Simón le respondió: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes». Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían. Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador». Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres». Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.

Inclinándose sobre ella, conminó a la fiebre, y la fiebre la dejó

Todos hemos estado enfermos en algún momento de nuestra vida. Para muestra un botón, la “Chinkunguya” arrasó con la población dominicana. Fiebres, dolores y vómitos fueron algunos síntomas y padecimientos que tuvieron aquellos atrapados por esta terrible enfermedad. ¿Esta es la peor forma posible virus o epidemia?

Ciertamente las enfermedades afectan nuestra vida cotidiana. Nos impiden ir al trabajo, disfrutar de nuestro tiempo de ocio y vivir de manera normal y tranquila. Sin embargo, existe un peor estado de salud y este es el de la salud espiritual.

Cuando tenemos “fiebre espiritual” no queremos servir ni tenemos ánimos para la vida. Nos encontramos en una situación de desgano y escándalo de nuestra vida. Nos sentimos tristes, solos y abandonados. ¿Estás en una situación parecida?

Quizás te pasa igual que la suegra de Simón. Tienes una fiebre “espiritual” que te impide servir, amar y perdonar. Estás como paralizado por el odio, rencor o rechazo a los demás. Tienes hoy un resentimiento contra tu padre, esposo, o amigo. Tienes la “chinkunguya espiritual”. ¿Cómo puedes sanar de esta terrible enfermedad?

El tratamiento que cura toda dolencia es Jesucristo. Tener un encuentro personal con Jesús nos hace sanar y abrirnos a formas nuevas de vivir. Él cura nuestras dolencias físicas y espirituales porque en su presencia, el amor de Dios, se hace cercano y ¡VIVO!. ¡Ánimo! El Señor nos ama y quiere. Él es nuestra curación.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 4,38-44): En aquel tiempo, saliendo de la sinagoga, Jesús entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre, y le rogaron por ella. Inclinándose sobre ella, conminó a la fiebre, y la fiebre la dejó; ella, levantándose al punto, se puso a servirles. A la puesta del sol, todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias se los llevaban; y, poniendo Él las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero Él, conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que él era el Cristo.

Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar solitario. La gente le andaba buscando y, llegando donde Él, trataban de retenerle para que no les dejara. Pero Él les dijo: «También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado». E iba predicando por las sinagogas de Judea.

Quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad

La policía, los militares y las estructuras religiosas inspiran autoridad. Con sólo contemplar un uniforme junto con elementos de defensa o ataque ya estamos en atención, esperando obedecer órdenes o seguir reglas. Estas son las características de la autoridad según el mundo. ¿Es la misma autoridad que se reconoce en Jesús?

Jesús tiene autoridad porque sencillamente habla y su palabra se cumple. Cuando Jesús predica produce un efecto concreto en las personas que escuchan. Con sólo escuchar su voz, demonios y malos espíritus quedan aterrorizados.

En el mundo hace falta este tipo de autoridad. La palabra de un ser humano se ha ido desprestigiando. Nuestros líderes hablan y nadie cree que van a cumplir lo que dicen. Esto es una pena, una decepción.

Jesús tiene autoridad porque con su palabra provoca acciones concretas de liberación y curación. El poder de su palabra produce un cambio profundo en los corazones de las personas. La sabiduría que sale de su boca se realiza en hechos y obras. Esta es la VERDADERA autoridad.

Reconozcamos en Jesús su autoridad sobre nosotros. Nos mandan los gobernantes, policías, jefes, padres y hasta uno que otro amigo. Jesús tiene autoridad sobre nosotros porque con su doctrina y obras, nos AMA. Expulsa los demonios y cura a los enfermos. Esa es la VERDADERA autoridad.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 4,31-37): En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba. Quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad. Había en la sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo, y se puso a gritar a grandes voces: «¡Ah! ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios». Jesús entonces le conminó diciendo: «Cállate, y sal de él». Y el demonio, arrojándole en medio, salió de él sin hacerle ningún daño. Quedaron todos pasmados, y se decían unos a otros: «¡Qué palabra ésta! Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos y salen». Y su fama se extendió por todos los lugares de la región.

Hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír

Las apariencias engañan. Nos inclinamos con facilidad a juzgar las cosas por como se ven externamente. Son nuestros sentidos los que nos permiten hacernos de una primera impresión. Muchas veces estos sentidos externos nos fallan. Veamos.

Jesús es para el mundo lo que es. El hijo de José y María. Vivió en un pueblo no muy importante y de una familia sin riquezas ni prestigio. Un don nadie que ahora, según ellos, pretende ser un elegido de Dios.

Lo maravilloso de este relato es que Dios eligió precisamente esta realidad para mostrar su gloria. El Señor elige lo que no es para mostrar lo que es. Algunas personas del tiempo de Jesús no lo entendieron.

Dios elige a lo que no es. ¿Quién de nosotros puede decir que es importante a los ojos del mundo? Hemos sido elegidos porque no somos la “elite” social de nuestra sociedad. Somos pobres pecadores que por nuestra apariencia podríamos ser considerados nada.

Esta es la buena noticia de hoy. Nos van a despreciar, acusar, difamar e injuriar. Sepan todos que hemos sido elegidos para eso. Para liberar, con nuestro amor y padecer, a los pobres de sus esclavitudes. Para dar vida y alegría a los que como nosotros, no son reconocidos por esta sociedad que sólo mira las apariencias.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 4,16-30): En aquel tiempo, Jesús se fue a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor».

Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en Él. Comenzó, pues, a decirles: «Hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír». Y todos daban testimonio de Él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es éste el hijo de José?». Él les dijo: «Seguramente me vais a decir el refrán: ‘Médico, cúrate a ti mismo’. Todo lo que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaúm, hazlo también aquí en tu patria». Y añadió: «En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria. Os digo de verdad: muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país; y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio».

Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira; y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. Pero Él, pasando por medio de ellos, se marchó.

Era hombre justo y santo

En el mundo hay historias tristes o trágicas. Hemos conocido relatos de tragedias y de hecho, algunas son protagonizadas por nosotros mismos. Estamos constantemente expuestos al desaliento, la frustración y la muerte.

En las escrituras hay un hombre que parece acabar su vida de forma trágica. Este hombre en Juan El Bautista. Hombre justo y bueno que fue decapitado por requerimiento de una joven hija de una señora esposa del rey Herodes, por causa de su denuncia, de su lucha, de su voz profética. ¿Vale la pena morir así?

¿Cuántos de nosotros seríamos capaces de morir por nuestros principios y creencias? ¿Quién padecería cárcel por el sólo hecho de ejercer su carisma profético y denunciar lo que no es “bueno”?

Dios nos invita a no mirar el martirio como una tragedia. Nos llama a ser testigo en el mundo de la verdad. Denunciar, sobretodo con nuestras obras, las cosas que deben ser corregidas, las que no están mal.

¡Juan El Bautista fue un valiente! Un hombre que muere por sus valores y principios. Uno que entrega la vida, dando testimonio de Dios. ¡Seamos como Él! No tengas miedo.

Leer:

Texto del Evangelio (Mc 6,17-29): En aquel tiempo, Herodes había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado. Porque Juan decía a Herodes: «No te está permitido tener la mujer de tu hermano». Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto.

Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea. Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré». Y le juró: «Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino». Salió la muchacha y preguntó a su madre: «¿Qué voy a pedir?». Y ella le dijo: «La cabeza de Juan el Bautista». Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: «Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista».El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales. Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre. Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.

Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.

En República Dominicana existe un tipo de oficio conocido por la mayoría de la población. Se emplea el término “wachi” para referirnos al vigilante de las casas, edificios, oficinas y lugares que deben ser protegidos 24 horas al días y los 7 días de la semana. Este famoso personaje siempre anda escopeta en mano representando, con su presencia, el rol de la seguridad y vigilancia.

La palabra velar hace referencia al acto de “permanecer despierto durante el tiempo que se destina a dormir”. El que vela, custodia y cuida con esmero algo que se considera importante. El Señor hoy nos invita a velar, ¿qué significa esto?

Los que hemos recibido el llamado de Dios al cristianismo tenemos la misión de estar atentos y siempre mantener una actitud vigilante, sabiendo que en cualquier momento el Señor nos puede “visitar” en forma de un acontecimiento o mediante la muerte física.

En estos días hemos sido testigos de como puede morir sorpresivamente un hijo o una madre. También se nos puede diagnosticar una enfermedad o informar que hemos sido despedidos. ¿Cuál será nuestra actitud como cristianos frente a estos acontecimientos?

Por eso es importante velar, ORAR, vigilar para que cuando llegue el Señor podamos tener la misma actitud y obras de Jesús que supo ser fiel a Dios haciendo lo que Él quería en cualquier circunstancia.

Tengamos siempre nuestra “casa ordenada”. Pidamos perdón, hagamos el bien, amenos al prójimo como Dios nos ha amado, porque no sabemos “el día y la hora” en el que seremos visitados por nuestro Señor.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 24,42-51): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien el señor puso al frente de su servidumbre para darles la comida a su tiempo? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. Yo os aseguro que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si el mal siervo aquel se dice en su corazón: ‘Mi señor tarda’, y se pone a golpear a sus compañeros y come y bebe con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los hipócritas; allí será el llanto y el rechinar de dientes».

Nos seamos hipócritas

Es difícil para nosotros, personas sensibles y afectivas, escuchar a Jesús en un tono de amenaza. Corremos el riesgo de sentir que las palabras que el Señor dirigió a los fariseos y escribas fueron dichas exclusivamente para ellos. ¿Cómo se cumple en nosotros esta palabra?

La persona hipócrita es aquella que dice tener cualidades o aptitudes que no son los que verdaderamente tiene. La hipocresía en un tipo de mentira o pantalla de reputación. Un hipócrita es aquel que dice ser algo que realmente no lo es.

Uno de los grandes peligros de la religión y sus ritos es que lejos de hacer humildes a las personas, les hace sentirse mejores que los demás. Son tantos ritos, normas y leyes que cumplir que nos llegamos a creer buenos y peor aún, con derecho a juzgar a los demás. Esto no ha sido nunca la intención de la ley. La palabra de Dios nunca ha sido para edificar el ego de cada uno de nosotros. Mas bien, sirve para denunciar nuestros pecados y hacernos ver el amor que Dios nos tiene como pecadores que somos.

Un fariseo es modelo de alguien que cumpliendo con la norma, utiliza ese mismo cumplir para juzgar a los demás, para creerse superior a los otros.

¡Hermanos y hermanas! No seamos hipócritas. Reconozcamos hoy que somos unos pecadores, dignos de compasión y perdón. No juzguemos a nuestro esposo o esposa, hijo o hija, amigo o amiga, por no venir a la iglesia o no hacer las liturgias en que participamos. Lo que necesitan no es nuestra exigencia o acusación. Ellos necesitan ver en nosotros la naturaleza de Cristo que ama al pecador y ocupa siempre el último lugar.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 23,27-32): En aquel tiempo, Jesús dijo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia! Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis los monumentos de los justos, y decís: ‘Si nosotros hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos tenido parte con ellos en la sangre de los profetas!’. Con lo cual atestiguáis contra vosotros mismos que sois hijos de los que mataron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!».