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No se le dará otra señal que la señal de Jonás

Insisto, pedimos señales a Dios y solo hay una importante. Le pedimos a Dios que nos cambie la historia. Que cambie mi familia, que cambie mi trabajo, que cambie mi universidad. Estamos orando y nuestra oración pretende que Dios haga nuestra voluntad. ¿Qué nos ofrece Dios?

Una señal poderosa. La única que cambia vidas. Esta es la de Jesús, levantado en la cruz, dando su vida por todos nosotros. La señal es la resurrección de Cristo. Eso es lo que debemos pedir y esperar. Esa es la señal que lo cambia todo para bien. La señal de victoria sobre nuestras muertes. 

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 11,29-32): En aquel tiempo, habiéndose reunido la gente alrededor de Jesús, Él comenzó a decir: «Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás. Porque, así como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará: porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás».

Por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios

Hoy es el día de Nuestra Señora del Rosario. En algunas ocasiones se hace un evangelio especial para el momento. También puede leerse el evangelio del día, ¿qué nos quiere decir el Señor en la palabra de hoy?

El dedo de Dios es símbolo del Espíritu Santo. Señal del poder de Dios que actúa con poder, señales y prodigios. Fue este mismo Espíritu el que descendió sobre la María Virgen y la hizo quedar encinta del salvador del mundo entero. Ella, una esclava del Señor, dijo si al anuncio del Ángel y esto hizo posible lo imposible. Ella fue la puerta a través de la cual a llegado la salvación del mundo entero.

Hermanos y hermanas. Seamos como la virgen María, madre de Jesús y Madre nuestra, que abre su corazón a la acción y voluntad de Dios. Con esta misma actitud podemos hacer posible lo imposible. Nuestras preocupaciones, pecados y demonios serán expulsados de nuestro corazón. La cruz, símbolo del sufrimiento humano, tendrá sentido. En el Espíritu podemos ciertamente vencer al mundo y vivir para Dios. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 11,15-26): En aquel tiempo, después de que Jesús hubo expulsado un demonio, algunos dijeron: «Por Beelzebul, Príncipe de los demonios, expulsa los demonios». Otros, para ponerle a prueba, le pedían una señal del cielo. 
Pero Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae. Si, pues, también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino?, porque decís que yo expulso los demonios por Beelzebul. Si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces. Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios.
»Cuando uno fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro; pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos. El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama. Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda vagando por lugares áridos, en busca de reposo; y, al no encontrarlo, dice: ‘Me volveré a mi casa, de donde salí’. Y al llegar la encuentra barrida y en orden. Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí, y el final de aquel hombre viene a ser peor que el principio».

¡Cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!

Una sola cosa es importante en esta vida: hacer la voluntad de Dios. Son miles de millones los habitantes de este planeta. Hay muchas almas que no conocen a Dios. Muchos son los que se consumen en sus tristezas y angustias. Para ellos y para nosotros ha sido enviado Jesús.

El Señor Jesús es maestro de oración. Él enseñó a sus discípulos a orar. Es más, les pidió que nunca dejarán de hacerlo. ¿Por qué? Pues precisamente la oración es lo más propio del cristianismo. Es donde se encuentra la fuente de la vida. Es el medio a través del cual se hace experiencia de encuentro personal con Jesús.

¿Qué necesitamos para vivir? ¿Dinero, casas, bienes? Lo que necesitamos en tener paz, amor y vida dentro de nosotros. Eso lo da el Espíritu Santo habitando en nuestros corazones. ¡Ánimo! Pide solo eso al Señor, lo demás viene por añadidura.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 11,5-13): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si uno de vosotros tiene un amigo y, acudiendo a él a medianoche, le dice: ‘Amigo, préstame tres panes, porque ha llegado de viaje a mi casa un amigo mío y no tengo qué ofrecerle’, y aquél, desde dentro, le responde: ‘No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos’, os aseguro, que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos se levantará por su importunidad, y le dará cuanto necesite.
»Yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; o, si pide un huevo, le da un escorpión? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!».

Señor, enséñanos a orar

El que esnseña a orar en el Señor. Es Él quien pone el espíritu y las palabras correctas en nuestra alma, espíritu y mente. En la oración encontramos a Dios y le hacemos partícipes de nuestra realidad. Es en la oración donde hacemos verdadera comunión con Él.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 11,1-4): Sucedió que, estando Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: «Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos». Él les dijo: «Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación».

Hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola

La vida se complica cada vez más. En la medida que los avances científicos y tecnológicos inundan el planeta, la existencia humana se llena de complicaciones, tareas y activismo crónico. ¿Qué se puede hacer en este sentido?

Jesús nos ofrece el ejemplo de dos personas que quería mucho: Marta y María. Marta es ejemplo del mundo y sus preocupaciones. La mente y el cuerpo del hombre y la mujer del siglo XXI vive ocupado de muchas cosas. Ciertamente son todas muy importantes. Pero hay algo mucho más importante. 

Dice Jesús que hay necesidad de una sola cosa, y esto es el Amor. María ha elegido contemplar el amor de Dios en su vida. Esto no quiere decir que María se fue al convento a pasar su vida en oración. Lo que significa es que ha elegido contemplar el amor de Dios en todos los detalles, grandes o pequeños, que ocurren en su vida a diario. Está continuamente a los pies del Señor, en actitud contemplativa, descubriéndole presente en todo. Dios nos llama a hacer lo mismo que María. Una sola cosa es necesaria y es contemplar el Amor de Dios.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 10,38-42): En aquel tiempo, Jesús entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude». Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada».

En el Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras

Uno de los principios de la Fe Cristiana es que luego de nuestra muerte seremos sometidos a un Juicio. Nuestras obras serán nuestras evidencias ante Dios. ¿Debemos tener miedo?

En diferentes citas de la Biblia se habla de que el juicio de Dios es “misericordioso”. Las escrituras nos hablan de que el Señor en lento a la cólera y rico en piedad. Esto es cierto porque yo mismo lo he vivido en mi vida. Soy siempre indigno ante Dios.

¿A qué nos llama el Señor? A vivir nuestra vida sabiendo que lo mejor que nos puede pasar es ajustar nuestra vida a la voluntad de Dios. El Señor nos regala muchas oportunidades para nuestra conversión. Él quiere que vivamos y seamos felices. Por eso, a veces, nos llama a conversión fuertemente para que reaccionemos y nos demos cuenta de su amor misericordioso.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 10,13-16): En aquel tiempo, Jesús dijo: «¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que, sentados con sayal y ceniza, se habrían convertido. Por eso, en el Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás! Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; y quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado».

La mies es mucha, y los obreros pocos

Las religiones han sido criticadas por los ateos y agnósticos por su labor proselitista. En algunas naciones ya han iniciado legislaciones para limitar los procesos de captación de adeptos sobre la idea o argumento de que se deben respetar los derechos de todos. Nos parece que estos argumentos carecen de sentido.

Limitar la labora evangelizadora de la Iglesia es como decir que el gobierno debe limitar su servicio de salud o educación porque debemos respetar el derecho de las personas de elegir estar enfermo o quedarse sin educación.

El Señor tiene la voluntad de sanar a todos y dar la vida eterna a todos los que acojan el mensaje de salvación. Nos llama a algunos a que trabajemos con Él en esta importante misión de llevar vía y felicidad a todos los hombres y mujeres del mundo. Esto, ciertamente, no puede ser limitado.

Dios nos ama y nos llama a una misión. Ser enviados al mundo como testigos del amor de Dios y su acción en nuestras vidas. No tengamos miedo a nada y nadie. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 10,1-12): En aquel tiempo, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir. Y les dijo: «La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino.
»En la casa en que entréis, decid primero: ‘Paz a esta casa’. Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: ‘El Reino de Dios está cerca de vosotros’. 
»En la ciudad en que entréis y no os reciban, salid a sus plazas y decid: ‘Hasta el polvo de vuestra ciudad que se nos ha pegado a los pies, os lo sacudimos. Pero sabed, con todo, que el Reino de Dios está cerca’. Os digo que en aquel día habrá menos rigor para Sodoma que para aquella ciudad».

Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios

Todos buscamos vivir la vida con propósito. Conscientes o inconscientes de ellos, andamos buscando la realización en nuestro trabajo, familia o estudios. Necesitamos que lo que hacemos tenga algún tipo de sentido.

Jesús, con la invitación que hace de seguirle, le da ejercido pleno a los que son invitados por Él a una misión y nueva realidad de vida. 

Sin embargo, seguirle implica renunciar a las cosas que tienen apariencia de bien. Seguir a Jesús implica una opción radical de vida. Es hacer en nuestra existencia una consagración a la misión que Él nos de.

La buena noticia es que el Señor nos llama a la vida. Nos quieres felices. Realizar su proyecto en nosotros implica convertirnos en las personas más felices del mundo. ¡Ánimo! El nos llama. Dejemos todo para seguirle.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 9,57-62): En aquel tiempo, mientras iban caminando, uno le dijo: «Te seguiré adondequiera que vayas». Jesús le dijo: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». A otro dijo: «Sígueme». El respondió: «Déjame ir primero a enterrar a mi padre». Le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios». También otro le dijo: «Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa». Le dijo Jesús: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios».

Él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén

En nuestro diario vivir tenemos la tendencia de querer reafirmar nuestra voluntad. En la familia, en el trabajo, en las relaciones laborares y prácticamente en todos nuestros espacios queremos que primen nuestras ideas y nuestros criterios. ¿Nos hace bien esta inclinación a la auto afirmación?

El Señor dio ejemplo muchas veces de que lo importante para ser feliz es que en nosotros se cumpla la voluntad de Dios. Jesús sube a Jerusalén sabiendo que la misión que tiene en el mundo es la de mostrar la resurrección y victoria sobre la muerte mendiante un amor que es capaz de dar la vida hasta por sus enemigos.

Los apóstoles, al igual que nosotros, se confunden y no entiende. Su misión no es la de mostrar su poder e imponerse. Su objetivo de vida cristiana es la de amar y dar la vida por todos. Esto es lo que Dios quiere realizar en nosotros.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 9,51-56): Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, Él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén, y envió mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada; pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén. Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?». Pero volviéndose, les reprendió; y se fueron a otro pueblo.

Pues el más pequeño de entre vosotros, ése es mayor

El Señor ha enviado a sus discípulos como pequeños. Sin alforja, sin dinero y sin seguridades humanas. Estos signos que acompañaban a los enviados por Jesús eran símbolo de que solo se apoyaban en Dios. ¿Quién hoy en día prefiere la austeridad evangélica?

El mundo va en busca de una cosa: dinero y éxito. Las naciones entran en guerra, la corrupcion crece en lis países y hasta los matrimonios se divorcian muchas veces por el dinero. Todos “adoramos” este ídolo que siempre ha dominado el corazón de los hombres y mujeres de todos los tiempos.

Si eres bautizado tú también eres enviado como un pequeño en medio de esta generación. Pequeño a las cosas del mundo pero grande para las cosas de Dios. En el desprecio del éxito mundano está el símbolo más importante de que Dios está por encima de todo eso. Seamos pequeños para el mundo pero grandes para la misión que Jesús nos encomienda.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 9,46-50): En aquel tiempo, se suscitó una discusión entre los discípulos sobre quién de ellos sería el mayor. Conociendo Jesús lo que pensaban en su corazón, tomó a un niño, le puso a su lado, y les dijo: «El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, recibe a Aquel que me ha enviado; pues el más pequeño de entre vosotros, ése es mayor». 
Tomando Juan la palabra, dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo, porque no viene con nosotros». Pero Jesús le dijo: «No se lo impidáis, pues el que no está contra vosotros, está por vosotros».