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¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas!

Que duras fueron las palabras de Jesús al hablar de fariseos y escribas. Los “Ay” de nuestro Señor dirigidos a los maestros de la ley son terribles. Casi no reconocemos al Jesús misericordioso y amoroso en estos momentos. ¿Por qué fue tan severo?

Lo primero es que debemos saber que entre los discípulos fieles de Jesucristo habían fariseos y escribas. Esto quiere decir que no era un tema en contra de una secta o tipo de gente en particular.

Por otro lado, es importante que se sepa que no fueron los fariseos o escribas los que juzgan, condenan y matan a Jesús. Es el Sumo Sacerdote con un Sanedrín dominado por Él que trama la injusticia más grande que ha ocurrido en toda la historia de la humanidad.

Entonces, ¿cuál es el mensaje que Dios nos quiere dar? Que no seamos hipócritas. Que no vivamos una doble vida.

Es tan fácil para nosotros ir a misa, compartir con la comunidad o grupo de la iglesia, inclusive participar en una novena a San José. Son cosas buenas, queridas por Dios. Pero lo más importante es que estos actos sean reflejo o consecuencias de algo mucho mejor. El amor y sus frutos son lo más importante.

Los signos que llaman a la Fe no son los ritos cumplidos externamente. Lo que hace de nosotros verdaderos cristianos son las obras de amor, justicia y misericordia que podamos hacer.

¿De qué le sirve a la Señora María rezar el Rosario todos los días si no perdona a su marido? ¿De qué te sirve no faltar a una celebración y vives “acabando” con los demás?

El amor es el cumplimiento pleno de la ley. Lo que hace que nuestras obras estén acompañadas de acciones de sincero amor. Dios te puede regalar todo esto gratis. El te ama y quiere corregirte. Por eso te dice la verdad. No seas como los Fariseos. Se como Jesús. Uno que ama y manifiesta ese amor.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 23,23-26): En aquel tiempo, Jesús dijo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están llenos de rapiña y codicia! ¡Fariseo ciego, purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede pura!».

¿Qué es más importante, la ofrenda, o el altar que hace sagrada la ofrenda?

Llenamos nuestra vida de compromisos y obligaciones. Felicitar al amigo por su cumpleaños, dar el pésame al compañero de trabajo que acaba de perder a su abuela y llegar puntual a las reuniones, son sólo algunas de las reglas sociales que debemos o somos obligados a cumplir.

Mujeres que hablan mal de los maridos pero que van a misa todos los días, hombres que dicen ser bautizados y procuran no hacer “daño” a nadie pero son capaces de sobornar a un policía cuando los detiene. Cristianos que cumplen con la ley y su vida está muy lejos del espíritu de dicha ley. Ese es el centro del mensaje de Jesús.

Estamos acostumbrados a cumplir las leyes y pensamos que basta con un cumplimiento externo para sentirnos satisfechos. El Señor nos dice que no es suficiente.

Lo más importante es cumplir el espíritu de la Ley, no la norma escrita. Si sabes que estás enemistado con alguien, ¿cómo puedes tranquilamente ir a comulgar o rezar? Dios hoy nos dice que cumplir con las normas no basta. Hace falta que actuemos según el espíritu de las mismas.

Que en nuestra vida no haya divorcio entre Fe y Vida. Con la coherencia de nuestros hechos podemos ser felices y hacer felices a los demás.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 23,13-22): En aquel tiempo, Jesús dijo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros! ¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: ‘Si uno jura por el Santuario, eso no es nada; mas si jura por el oro del Santuario, queda obligado!’ ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante, el oro, o el Santuario que hace sagrado el oro? Y también: ‘Si uno jura por el altar, eso no es nada; mas si jura por la ofrenda que está sobre él, queda obligado’. ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda, o el altar que hace sagrada la ofrenda? Quien jura, pues, por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él. Quien jura por el Santuario, jura por él y por Aquel que lo habita. Y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por Aquel que está sentado en él».

Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?

Vivimos en mundo lleno de leyes, reglamentos y normas. Las naciones tienes sus constituciones desde las cuales emanan cuerpos legislativos que regulan la vida en los país. Sin ese conjunto de instrumentos legales sería muy difícil la vida en sociedad.

Israel era una nación que también cumplía con esta realidad. En su caso, las leyes adquirían carácter divino. Eran el mismo Dios y su enviado Moisés los autores fundamentales de la ley y sus mandatos.

En su afán de regular la vida, los fariseos y demás grupos, añadieron leyes, mandamientos y normas que hacían casi imposible su cumplimiento sobretodo para las personas más pobres y marginadas. Para que se considerara que una persona era justa según la ley mosaica había que cumplir con más de 600 preceptos.

Por todo esto, tiene mucho sentido el “gancho” que los fariseos, expertos en la ley, le “tiran” a Jesús. Él, como siempre, da una respuesta genial.

Amar a Dios y al prójimo son el centro del mensaje divino, el camino de la felicidad y las palabras de vida dadas a Moisés, que hoy quieren hacerse realidad en nuestras vidas.

Nuestro corazón, mente y fuerzas deben centrarse en el Señor más que las cosas pasajeras de este mundo. Amarle a Él y en este amor, amar a nuestro esposo o esposa, hijo o hija, padre o madre, amigo o amiga, incluyendo hasta nuestros enemigos es la perfecta felicidad. Esto sólo podemos hacerlo por gracia de Dios. ¡Ánimo! Dios nos ha dado esta ley fundamental cumplida ya en Jesucristo. En Él se puede, por pura gracia, cumplir en nosotros.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 22,34-40): En aquel tiempo, cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo, y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?». Él le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas».

Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos

Dice una famoso refrán: “El amor y el interés fueron al campo un día, más pudo el interés que el amor que le tenía”. ¿Qué tiene que ver esta frase con el mensaje de Jesús?

Nos pasamos la vida preocupados por muchas cosas. El trabajo, el negocio, las necesidades de nuestra familia, el cariño de nuestros padres e hijos, el “coro” con los amigos; en fin, son múltiples e importantes preocupaciones que nos mantienen atentos e interesados. Precisamente este tipo de actitud ante la vida es lo que nos ayuda ha entender la palabra que Dios en Jesús nos quiere dar hoy.

Realmente todo lo que Dios nos ha regalado en la vida es bueno y santo. Nos invita a disfrutar de las cosas materiales y ser buenos con nuestro prójimo. El peligro está cuando hacemos que esas cosas sean más importantes que Dios.

El Señor nos invita a unas “bodas”. Estar con Él es como vivir en fiesta. El quiere que vivamos alegres y en un estilo de vida que garantice nuestra libertad y felicidad. Pero, ¿Cuál es la realidad muchas veces? Que nos pasamos el día entero y gran parte de nuestra vida preocupados, inquietos y atormentados por tantas cosas pasajeras que olvidamos lo que realmente es importante.

¡En este mundo todo pasa! Se mueren nuestros seres queridos, perdemos dinero, nos despiden del trabajo, nos traicionan los amigos; en definitiva, es un mundo lleno de precariedad.

El Señor nos invita a una boda. Nos invita a vivir la vida en fiesta. Para ello necesitamos un traje especial que consiste en vivir desprendido de las cosas de este mundo. Ponerse el traje de boda es vestirse de una naturaleza, la misma de Cristo. Él nos llama a su reino y no podemos decirle “no puedo ahora, tengo otras cosas que hacer”.

Muchos son los llamados poco los escogidos. Pidamos al Señor que nos conceda la gracia de ser escogido (liceista también…). Que podamos valorar como más importante está elección que todas las demás cosas de nuestra vida.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 22,1-14): En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a los grandes sacerdotes y a los notables del pueblo: «El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía a otros siervos, con este encargo: ‘Decid a los invitados: Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda’. Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad.

»Entonces dice a sus siervos: ‘La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda’. Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales. Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?’. Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: ‘Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos».

Amigo, no te hago ninguna injusticia

Tienes razón mi querido hermano o hermana. Aquí y en la China es injusto pagarle lo mismo al que trabajó ocho (8) horas en un día que al que trabajó treinta (30) minutos. No solamente es injusto, es un tema de falta de sentido común. Un hecho como ese va contra todas las reglas y mejores prácticas de la administración de recursos humanos. Se paga según se ha trabajado desde que el mundo es mundo. ¿Por qué entonces Jesús nos propone una parábola tan extraña y escandalosa?

Un denario en la antigüedad era una moneda que constituía la base del sistema monetario de aquel momento. Como es lógico, servía como medio de pago para trabajadores, obreros o jornaleros. ¿Por qué la menciona Jesús?

Pues precisamente simboliza la paga que se la hace a alguien después de una jornada de trabajo y como símbolo es utilizado por Jesús como apoyo para transmitir su verdadero mensaje.

En primer lugar, después de la “jornada de la vida”, a todos nos pagarán lo mismo. Y, ¿cuál es este pago? El mismo Jesús. Y en segundo lugar, este pago no guarda ninguna relación con trabajo alguno. Es fruto de la gracia y misericordia inmensa de Dios.

Mis queridos hermanos y hermanas. Dios nos paga con AMOR, no nos paga como mereceríamos por nuestros pecados. Dios de misericordia nos da gratis algo que no podemos obtener mediante ningún esfuerzo humano. Si Jesús nos pone a “trabajar en su viña” es por nuestro bien, para que seamos más humildes. Esto no tiene relación alguna con el premio o pago merecido.

Abramos nuestro corazón al amor de Dios, que es generoso y da a cada quién como le place. El denario es Jesús en nuestro corazón y esta es la paga que debemos esperar todos los cristianos.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 20,1-16): En aquel tiempo, Jesús dijo a los discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados, les dijo: ‘Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo’. Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo. Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontrar a otros que estaban allí, les dice: ‘¿Por qué estáis aquí todo el día parados?’. Dícenle: ‘Es que nadie nos ha contratado’. Díceles: ‘Id también vosotros a la viña’.

»Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: ‘Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros’. Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno. Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, diciendo: ‘Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor’. Pero él contestó a uno de ellos: ‘Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?’. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible

Misión imposible es una de las películas más taquilleras de todos los tiempos. La primera versión fue hace ya algunas décadas. Actualmente,Tom Cruise, el gran actor de Hollywood, ya está trabajando en la cuarta parte de la “Misión Imposible” de los últimos años. Hasta una sería de televisión se hizo. ¿Qué tienen que ver estos productos cinematográficos y de televisión con las escrituras?

En estás películas se ven momentos fantásticos, piruetas y saltos por los aires, hazañas asombrosas que difícilmente veríamos en la realidad. Como su título lo indica, sus personajes hacen realidad cosas que humanamente serían imposible.

Dios es el maestro de los imposibles. Que una virgen de a luz un hijo, que un cojo salte de alegría, que un ciego recupere la vista y que un muerto resucite son sólo algunos ejemplos bíblicos que muestran de una manera admirable la potencia de Dios. Su capacidad de hacer posible lo imposible. Pero, ¿qué es lo más maravilloso que puede hacer Dios? ¿Qué es lo imposible más importante que Dios puede hacer posible? El milagro moral.

Hacer que un hombre “nazca de nuevo” escandalizó hasta los sabios del tiempo de Jesús. Los seres humanos son complejos y tenemos formas de ser, temperamentos, mañas, vicios y costumbres difíciles de cambiar. Nos dominan, como dijera San Pablo, “fuerzas que operan en nuestros miembros” que no logramos controlar. Somos pecadores y por consiguiente, apegados a las cosas materiales de este mundo. Hacemos fácilmente un “ídolo” de las cosas creadas por Dios.

La buena noticia es que en Jesús podemos romper con las esclavitudes de nuestra vida. Podemos comenzar de nuevo, ser criaturas nuevas, capaces de amar y dejarlo todo por amor a Dios. Esto, mis queridos hermanos, no lo podemos hacer en nuestras fuerzas.

Una vida llena de entrega y amor al prójimo sólo puede darse en el corazón de alguien que fue tocado por Dios. Esto que es imposible para nosotros es posible para Dios. ¡Ánimo! Sólo en Jesús se puede “hacer lo que nunca se ha hecho”. Amar a nuestro esposo o esposa, hijo o hija, amigos o amiga, e incluso a nuestros enemigos solamente es posible en la inmensa potencia y gracia de nuestro Padre Dios.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 19,23-30): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos. Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos». Al oír esto, los discípulos, llenos de asombro, decían: «Entonces, ¿quién se podrá salvar?». Jesús, mirándolos fijamente, dijo: «Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible».

Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?». Jesús les dijo: «Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros».

¿Qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?

Los hombres y mujeres de todos los tiempos han intentando responder a la misma pregunta: ¿cómo puedo ser feliz?

Nuestras acciones diarias son consecuencia, muchas veces sin darnos cuenta, de esta importante pregunta.

Si conociéramos a un hombre muy sabio y prudente, nos gustaría hacerle preguntas existenciales para asegurarnos de que podemos vivir la vida como Dios manda. Jesús es más que un sabio, muchas veces es calificado como “maestro bueno”.

Las personas se acercan a Él por su fama. Es un hombre que conoce los misterios de la vida. Es fuente de sabiduría, gran consejero, príncipe de paz. Le importante como a nadie el bien de los hombres y mujeres. Camina por la vida haciendo el bien. ¿Quién como Él para dar respuesta a una de las preguntas más importantes de nuestra existencia?

Su respuesta es sencilla y clara. En nuestra vida, jamás seremos felices, si vivimos apegados a las cosas materiales. Construir sobre arena la propia vida significa poner nuestra seguridad y esperanza de felicidad en cosas pasajeras, que hoy son y mañana no lo son. Todo pasa en este mundo, lo único verdaderamente eterno, estable y seguro es el amor de Dios, es Dios mismo.

Amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas es el verdadero camino de la felicidad. ¿Estás dispuesto a poner en práctica está palabras? Hoy puedes comenzar. ¡ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 19,16-22): En aquel tiempo, un joven se acercó a Jesús y le dijo: «Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?». Él le dijo: «¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos». «¿Cuáles?» —le dice él—. Y Jesús dijo: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo». Dícele el joven: «Todo eso lo he guardado; ¿qué más me falta?». Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme». Al oír estas palabras, el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.

¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!

Dicen los expertos en comportamiento humano que los seres humanos somos seres miméticos. Esto quiere decir que imitamos con frecuencia el comportamiento de los demás. Por eso es que los seguidores de un líder se parecen a ellos en su forma de hablar y hasta de gesticular. Tenemos la tendencia a “mimetizar” el comportamiento de los que ejercen influencia o poder sobre nosotros.

En las escrituras hay figuras bíblicas que encarnan de manera admirable rasgos específicos del comportamiento de Jesús. Desde Adán hasta Juan el Bautista tenemos hombres y mujeres que con su ejemplo nos inspiran y nos refieren a Jesús. Los santos y santas, canonizados oficialmente o no, también son personas dignas de emular. ¿Cuál sería el personaje más importante de todos ellos?

Sin duda, la persona que encarna de forma más plena la imagen de un cristiano es María, la madre de Jesús. Ella es imagen de la Iglesia y de todo cristiano, porque en ella se dan los comportamientos y acciones que deberíamos todos imitar, reproducir y seguir.

En el día de hoy, solemnidad de la Asunción de la Virgen María, somos invitados por ella a la alegría, al gozo, a la felicidad.

María, madre de Jesús y madre nuestra, proclama con alegría las maravillas de Dios. Es ella, más que cualquier criatura que haya existido sobre la tierra, la que experimenta más plenamente el amor de Dios. Ella siendo hija de Dios fue elegida para ser la vía a través de la cual Dios decidió encarnar a su hijo aquí en la tierra. Los cristianos somos llamados, como María, ha “dar a luz” al hijo de Dios en esta generación, ser otro “Cristo” aquí en la tierra.

Nosotros somos llamados ha imitar a María. Hoy es el día propicio para cantar a todo pulmón el “Magnificat”. Hoy es el día para estar alegres en María, porque grandes cosas ha hecho el Señor en nosotros, ¿lo reconoces? ¿Has visto el amor de Dios en tu vida? Pues en el ejemplo de María podemos descubrirlo con mayor profundidad. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 1,39-56): En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».

Y dijo María: «Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos». María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.

Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano?

Las deudas son terribles. Todos tenemos mayores o menores. Muchas veces no tenemos el dinero necesario para comprar una casa, apartamento, o vehículo. Inclusive nos hacen falta los medios materiales básicos para sobrevivir. Estas necesidades las cubrimos endeudándonos. Todos lo hemos hecho. ¿Acaso hay alguien que no deba algo?

Yo he sido testigo en mi familia de lo terrible de una deuda. ¡El dinero no tiene corazón! El que debe tiene que pagar y al que le deben espera ese pago. Si esta lógica no se da somos capaces de cualquier cosa. Llevamos a juicio, peleamos con todos, amenazamos y somos capaces hasta de matar con tal de que nos den “nuestros chelitos”. El que debe ¡tiene que pagar!

El sistema financiero se basa en que este tipo de compromiso funcione. Nuestra sociedad necesita que los acuerdos de deuda y pago funcionen. Todos necesitamos coger prestado y los que prestan, que se les pague.

La clave para entender este evangelio no está en que no se paguen las deudas. Jesús utiliza este tema, tan sensitivo para todos, para dar un mensaje mucho más importante. La verdadera GRAN deuda no es económica, es espiritual.

Cuando faltamos ha alguien, engañamos a un prójimo o insultamos a un amigo, es como si contrajéramos una deuda con él. Generamos un “pasivo espiritual”. La falta contra alguien debe resarcirse, cubrirse, eliminarse o pagarse. Esto se hace con el ¡PERDÓN!

Perdonar es el acto en que, cuando alguien nos falta o cuando no nos paga con lo que nos corresponde que es el amor, le condonamos esa deuda. Todos debemos amar y ser amados. Le “debemos” amor a los demás así como Dios nos ama a todos y todas. Cuando pecamos contra alguien, es decir, le faltamos en la caridad, es como sí contrajéramos una deuda con él. Cuando el nos perdona, es como si dijéramos “no me debes esa falta, no me has amado pero yo no te voy a cobrar ese amor, todo lo contrario, yo te voy amar de GRATIS”.

Tu me amas y yo te amo. Cuando esta lógica del amor se rompe alguien queda “enganchado”… No recibe lo que merece recibir… Es como una deuda pendiente.

La buena noticia es que en Jesús todas nuestras deudas contraídas unos con otros son saldadas. Dios nos ama gratuitamente. En este amor podemos amar a los demás de la misma forma. Esa es la razón de los números tan diferentes y exagerados. Amenos como Él nos ama. Eso sería nuestra bendición.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 18,21—19,1): En aquel tiempo, Pedro preguntó a Jesús: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?». Dícele Jesús: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: «Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré». Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda.

»Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: «Paga lo que debes». Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: «Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré». Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: «Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?». Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano».

Y sucedió que, cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y fue a la región de Judea, al otro lado del Jordán.

Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él

Lo primero que hacemos, cuando alguien ha hecho algo malo, es contárselo al vecino. Es propio de la naturaleza humana, gustosa del morbo y el cotilleo, hablar de los demás. El chisme, la calumnia, la difamación, “los comentarios constructivos” como algunos dicen, son parte del comportamiento diario de hombres y mujeres de todos los tiempos. ¿Qué ha dicho Jesús al respecto?

Lo primero es resaltar la dimensión comunitaria de la vida humana. Somos fundamentalmente seres sociales. Vivimos en el grupo. Somos parte de una familia, un círculo de amistad o grupo laboral. Existimos en continúa relación con los demás.

Jesús sabe muy bien que para construir la “comunidad” hay que evitar todo comportamiento que separe a los “hermanos”. El más dañino de todos es la murmuración, el hablar mal de los demás.

Por eso, nuestro Señor propone una técnica fantástica. Ves a tu hermano pecar… ¡VE Y REPRENDELE PERSONALMENTE! Para “corregir a solas a un hermano” hace falta deseo sincero de que ese hermano se salve y mejore. Es necesario amarle sinceramente. Querer lo mejor para él.

Es mucho más fácil decirle a otro… “Viste a fulano… Supiste lo de perencejo… Te tengo que contar algo de sutanejo”. Cuando alguien nos corrige diciendo “no hablemos mal de esa persona” dices: “yo no estoy hablando mal, simplemente te estoy contando la verdad… ¡que legalista eres!” Mis queridos hermanos y hermanas, así no se construye la comunidad.

Jesús nos propone una metodología que primero confirma el deseo sincero del hermano que el otro cambie de rumbo y ¡viva! El amor al hermano supone un esfuerzo sincero de ayuda. Lo hacemos a solas, luego buscamos a alguien que verifica y confirma con nosotros que conviene que el hermano cambie. Y luego la asamblea de hermanos va en su ayuda. ¡Es una práctica hermosa! Algo que deberíamos ver en todos los ambientes sociales, desde la política hasta la propia comunidad religiosa.

Este amor, expresado en la corrección fraterna, es fruto de la oración que se realiza por obra y gracia del Espíritu Santo. El Señor nos quiere hoy conceder esa gracia. Hoy conviene pedir ese don a nuestro Señor. Cuando corrijas a tu hermano, que sea según la palabra de Dios.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 18,15-20): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano. Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».