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Paz a esta casa

Es impresionante la cantidad de expertos en marketing y ventas que hay en el mundo. Los hay de todos los calibres y tipos. Un amplio catálogo de personas que dicen ser una cosa y son otra. Te ofrecen el cielo aquí en la tierra con tal de sacarte dinero o aprovecharse de ti.

Jesús, para llevar su mensaje a todos los rincones de la tierra, siempre se hizo ayudar de discípulos. Los escogía con mucha seriedad y les indicaba en detalle cómo debían realizar su misión.

Lo más importante de todo era que el mensaje de encarnaba en el portador del mismo. Esa es la gran diferencia con los seudo “profetas” o vendedores de cielos terrenales que existen en nuestros días.

Los misiones o mensajeros iban sin nada, en humildad y precariedad. Llevaban consigo un mensaje de paz y sabían que con sus acciones debían demostrar que son personas de paz. Es el ejemplo que el Papa Francisco acaba de dar en su visita a Cuba y Estados Unidos de América. Lleva un mensaje de paz sin acusar ni juzgar. Si imponer o maltratar. Con humildad pide perdón y se coloca a si mismo en el último lugar. ¿Tú haces lo mismo?

Hoy Simo enviados al mundo como ovejas en medio de lobos. Mostremos a los hombre y mujeres de este tiempo la naturaleza de oveja que cuando el lobo salvaje vea nuestras acciones, creerá en Dios y será feliz.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 10,1-12): En aquel tiempo, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir. Y les dijo: «La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino.
»En la casa en que entréis, decid primero: ‘Paz a esta casa’. Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: ‘El Reino de Dios está cerca de vosotros’. 
»En la ciudad en que entréis y no os reciban, salid a sus plazas y decid: ‘Hasta el polvo de vuestra ciudad que se nos ha pegado a los pies, os lo sacudimos. Pero sabed, con todo, que el Reino de Dios está cerca’. Os digo que en aquel día habrá menos rigor para Sodoma que para aquella ciudad».

Te seguiré adondequiera que vayas

Jesús anunciaba el reino de los cielos por todas aldeas y poblados. Su misión era llevar este mensaje de salvación. Esto nunca pensó en hacerlo solo. Es por eso que siempre se hizo acompañar de discípulos. A algunos les hacía un llamado explícito. Otros se invitaban ellos mismos.

Seguir a Jesús todavía implica hoy muchas cosas. Muchos no saben la dimensión o magnitud de semejante opción de vida.

Jesús es el hijo de Dios que vino a salvar al mundo ocupando el último lugar y siendo el servidor de todos. Esto significa que está dispuesto a mostrar el amor de Dios a todos los hombres y mujeres del mundo. Esta misión implica toda la vida. Es una forma de vida radical en el amor.

¿Estás dispuesto a seguir a Jesús? Pues lo primero que tienes que hacer hoy es amar. Ama a tu próximo cercano en la familia, trabajo o centro de estudio. A ese que te cae mal o que te sientes ofendido o distante con él o ella. Ama todos de una forma radical. Esto es seguir a Jesús. Esto es subir a la cruz con Él.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 9,57-62): En aquel tiempo, mientras iban caminando, uno le dijo: «Te seguiré adondequiera que vayas». Jesús le dijo: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». A otro dijo: «Sígueme». El respondió: «Déjame ir primero a enterrar a mi padre». Le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios». También otro le dijo: «Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa». Le dijo Jesús: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios».

El que no está contra vosotros, está por vosotros

Los seres humanos somos a veces tan sectarios. Hacemos constantemente acepción de personas. Juzgamos a todos según su raza, religión, ideología o grupo a quién pertenece. Estamos haciendo comparaciones de quién es más importante. Tenemos lamentablemente esa inclinación.

En las escrituras encontramos que Jesús no hacía eso. Con su ejemplo nos muestra el verdadero camino cristiano. Nadie es más importante que nadie. De hecho, los más pequeños, los despreciados, los que la sociedad juzga no deberían ser rechazados jamás por una persona de Fe.

Lo más importante es el bien que podamos hacer. Si hay alguien que ama verdaderamente, que sirve a los demás y que procura hacer el bien, debe ser respetado y aceptado como cualquier hermano en la Fe aunque no comparta nuestro mismo credo.

El Papa Francisco lo acaba de demostrar en Estados Unidos. Con un lenguaje universal demuestra amor a todos y todas. Muestra con sus palabras el verdadero amor divino. Sigamos su ejemplo. Amemos como verdaderos cristianos.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 9,46-50): En aquel tiempo, se suscitó una discusión entre los discípulos sobre quién de ellos sería el mayor. Conociendo Jesús lo que pensaban en su corazón, tomó a un niño, le puso a su lado, y les dijo: «El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, recibe a Aquel que me ha enviado; pues el más pequeño de entre vosotros, ése es mayor». 
Tomando Juan la palabra, dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo, porque no viene con nosotros». Pero Jesús le dijo: «No se lo impidáis, pues el que no está contra vosotros, está por vosotros».

Los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar

Jesús pasó su vida pública anunciando el Reino de los Cielos. Su obra en la tierra consistía en abrirle caminos de esperanza y salvación a todos los hombres y mujeres. Una buena noticia se esparcía por toda la tierra.

Esta obra no la hizo Jesús sin ayuda. Él se escogió a discípulos y luego les enviaba a hacer lo mismo que él hacía. Les daba poder para curar como signo de que el mensaje de salvación era verdadero. ¡Qué maravilloso es que el mismo Señor nos haga copartícipes de su obra misionera!

Hoy es importante que estemos dispuestos a colaborar con el Señor en la obra de salvación. Estar dispuestos a consagrarnos y ponernos al servicio de Dios.

 ¡Si! Podemos curar en el poder del Señor ha tanta gente que nos rodea y no conoce el poder curativo del amor de Dios. 

¡Si! Podemos hoy ser profetas enviados por el Señor ahora anunciar su mensaje de salvación.

¿Estás dispuesto?

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 9,1-6): En aquel tiempo, convocando Jesús a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades; y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar. Y les dijo: «No toméis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengáis dos túnicas cada uno. Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de allí. En cuanto a los que no os reciban, saliendo de aquella ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos». Saliendo, pues, recorrían los pueblos, anunciando la Buena Nueva y curando por todas partes.

Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen

Estamos acostumbrados a decir y no hacer. Desde los comienzos de la historia, la palabra de una persona tenía valor. Los contratos en la antigüedad se hacían de forma verbal. Se confiaba en la palabra empeñada. En el transcurrir de los años, se ha perdido mucho de esta ingenuidad primigenia.

En las escrituras hay un relato donde parecería que le hecha una buena reprimenda a su madre y sus hermanos. En este caso especial, el centro no son sus familiares. Jesús está predicando y enseñando. Aprovecha el momento para ayudar a los que les escuchan. Le da una palabra importante.

Muchos de lo que dicen ser cristianos demuestran con sus obras todo lo contrario. El Señor insiste en varias ocasiones que más importante es cumplir la palabra que escucharla. Poner en práctica la palabra de Dios es el verdadero camino de la salvación. Y, ¿qué dice la palabra? Que nos amemos.

Si tienes algún problema con alguien, estás en deuda con alguna personas o simplemente hay algo que te molesta de alguien, Dios te dice hoy: ve y pon en práctica la palabra. Ponerla en práctica implica amar y perdonar a nuestro prójimo. Implica reconocernos pecadores y por tanto, amar a los demás como Dios nos ama a nosotros.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 8,19-21): En aquel tiempo, se presentaron la madre y los hermanos de Jesús donde Él estaba, pero no podían llegar hasta Él a causa de la gente. Le anunciaron: «Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte». Pero Él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen».

No he venido a llamar a justos, sino a pecadores

En la vida, las personas construyen amistades y relaciones con diversos tipos de personas. Los hay, podríamos decir, de diversos tipos. Existe una regla general para el establecimiento de estas relaciones interpersonales: la gente quiero relacionarse con quien le “suma”.

En nuestra sociedad solemos etiquetar a las personas. Hacemos distinción entre un “tipo” y otro. Es normal que no queramos asociarnos a algunas personas de mala fama. Cuidamos mucho nuestro prestigio y sabemos que si nos ven con mala compañía podría afectarse enormemente. ¿Qué hace Jesús al respecto?

Pues nuestro Señor no rechaza a nadie. No juzga. No condena. No señala el pecado de los demás. Acompaña a los pecadores y su amor les hace ser diferentes, cambiar para mejor, convertirse del mal camino. Jesús ha venido a sanar y no ha condenar.

Los apóstoles son pecadores. El Señor les transforma mediante su amor. Aceptándolos con paciencia hace posible el milagro de la conversión. Es lo mismo que hace hoy con nosotros. ¡El viene a decirte que te ama! Viene a mostrarte su misericordia. Confía en Él. Déjate amar por Él.

Leer:

Texto del Evangelio (Mt 9,9-13): En aquel tiempo, cuando Jesús se iba de allí, al pasar vio a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme». Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: «¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?». Mas Él, al oírlo, dijo: «No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

A quien poco se le perdona, poco amor muestra

En el lenguaje de muchos predicadores hay moralismo. Parecen juzgar al pecador. Se presentan a si mismos como ángeles del cielo y de esa forma hacen sentir a los demás como culpables y rechazados espirituales. Dios no tiene esa mentalidad.

El mundo condena y estigmatiza a las personas. Dios en cambio perdona y limpia la mancha del pecado. Nuestro Dios es misericordioso y amoroso. Perdona y ama.

Todos somos invitados hoy a no juzgar y perdonar a todos. Nunca considerarnos superiores a los demás. Reconocer nuestros pecados y hacer conciencia de que Dios nos ha perdonado todos nuestros males. Hagamos también nosotros.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 7,36-50): En aquel tiempo, un fariseo rogó a Jesús que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Había en la ciudad una mujer pecadora pública, quien al saber que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume, y poniéndose detrás, a los pies de Jesús, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume. 
Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora». Jesús le respondió: «Simón, tengo algo que decirte». Él dijo: «Di, maestro». «Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?». Respondió Simón: «Supongo que aquel a quien perdonó más». Él le dijo: «Has juzgado bien», y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas, y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra». 
Y le dijo a ella: «Tus pecados quedan perdonados». Los comensales empezaron a decirse para sí: «¿Quién es éste que hasta perdona los pecados?». Pero Él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado. Vete en paz».

¿Con quién, pues, compararé a los hombres de esta generación?

En el refranero popular hay una frase que ilustra muy bien la actitud que muchas veces tenemos frente a la vida: “ni con pito no con flauta”. Muchas veces, los seres humanos proclives a ver el “vaso medio vacío, en vez de medio lleno”, nos quejamos de todo. Tenemos como una actitud negativa que solo ve lo que no tenemos o hemos logrado en lugar de darnos cuenta de las cosas maravillosas que suceden en nuestra vida.

En tiempos de Jesús muchas personas fueron testigos de los Milagros y las obras maravillosas que realizaba, mas sin embargo muchos le acusaban y dudaban de Él. Si asi algo de sanación decían que era por espíritus malignos que lo realizaba y por otro lado pedían señales. 

En nuestra vida, a veces, tenemos la misma actitud. Pensamos que Él Señor se equivoca en todo. No nos damos cuenta que todo es bueno y todo obra para bien. Es importante que hoy cambiemos el “chip”. Amemos la vida y aprendamos a reconocer la presencia de Dios en todo, incluyendo aquellas cosas que no nos parecen.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 7,31-35): En aquel tiempo, el Señor dijo: «¿Con quién, pues, compararé a los hombres de esta generación? Y ¿a quién se parecen? Se parecen a los chiquillos que están sentados en la plaza y se gritan unos a otros diciendo: ‘Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado, os hemos entonando endechas, y no habéis llorado’. Porque ha venido Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y decís: ‘Demonio tiene’. Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: ‘Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores’. Y la Sabiduría se ha acreditado por todos sus hijos».

¡Y a ti misma una espada te atravesará el alma!

El sufrimiento humanamente no tiene sentido. Todo el mundo lo rechaza. Nadie quiere sufrir. Nos pasamos la vida entera trabajando y esforzándonos para precisamente pasarla bien, ser felices y no sufrir. De hecho hay religiones que hablan de “Pare de sufrir”. ¿Puede el sufrimiento tener algo de sentido?

No hay nada parecido al sufrimiento de una madre que tiene que ver a su hijo condenado a muerte y ser Crucificado para vergüenza de toda su familia y de ella misma. ¡Qué duro es ver sufrir a su hijo querido!

María, da ejemplo de santidad. Ella no huye del sufrimiento. Antes bien, encuentra en el la oportunidad de santidad. Entra en la voluntad de Dios y al hacerlo, convierte el mal en bien, el sufrimiento en santidad. 

Sigamos hoy el “camino” de María que sabiendo la voluntad la realiza con la seguridad de que Dios le dará la felicidad verdadera.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 2,33-35): En aquel tiempo, el padre de Jesús y su madre estaban admirados de lo que se decía de Él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción -¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!- a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones».

Para que el mundo se salve por Él

Hoy es el día en que se celebra la cruz. Muchos se escandalizarían de este día. ¿Cómo es posible que se celebre la muerte de un justo en un madero? ¿Qué tiene de bueno que alguien sea sentenciado a muerte de cruz?

La cruz es símbolo de todo lo que nos destruye, va en contra de nuestros esquemas, nos hace sufrir o no aceptamos de nuestra vida. No hay cosa en nuestra existencia más profunda que la cruz. 

Todos los seres humanos, sin excepción, tenemos una cruz. Que quiere decir que tenemos un sufrimiento concreto, pequeño o grande, que nos hace sentirnos impotentes y a veces nos mete en duda de Fe. ¿Cuál es tu cruz hoy? ¿Cuál es el sufrimiento que tienes hoy?

La buena noticia es que este sufrimiento el Señor lo hace glorioso. El sentido del sufrimiento que tu no te has buscado, sino que ha sido Dios que lo permitido, es hacerte santo. Si, aceptar la enfermedad, vejez, humillación, temperamento de un ser querido, entre otras es una medio de purificación y crecimiento. En el mundo hay muchas personas que han encontrado en la tragedia el medio de un nivel de felicidad mas plena y profunda.

Dios nos invita hoy a entrar en nuestra historia bendiciéndole con toda el alma. Sabiendo que Él lo ha hecho todo bien y quiere que seamos felices. ¡Ánimo! La cruz es un bendición y al final siempre encontraremos la resurrección.

Leer:

Texto del Evangelio (Jn 3,13-17): En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: «Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él».