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Luchad por entrar por la puerta estrecha

¿Qué significa ser cristiano? Muchos son los que se llaman a sí mismo cristianismo porque han sido bautizados de pequeños en la iglesia católica o porque en otra denominación cristiana han acogido el mensaje del evangelio. ¿Con eso basta para decir que hemos alcanzado la categoría de cristianos?

Jesús siempre ponía las cosas en orden. Con sus palabras ayudaba a los que le escuchaban a entender plenamente la voluntad de Dios en la vida de cada uno. En ese sentido, el Señor dijo que, para ser discípulo de Él, había que entrar por una puerta estrecha que simboliza la historia que Dios nos ha regalado. La cruz es signo de puerta estrecha. Simboliza todos los acontecimientos que permite Dios en orden de nuestra santidad que a veces nos son difíciles de entender.

La cruz es la vida que tenemos, con su bajas y altas, alegrías y penas, aciertos y desaciertos. Esta puerta estrecha es la entrada alegre en la voluntad de Dios que se manifiesta en la historia de cada uno. Los que no quieren entrar, y por eso protestan y se quejan de todo lo que les pasa, nunca conocerán el amor de Dios. No podrán disfrutar de su amor y misericordia.

Solo invitados a entrar por la puerta estrecha. A realizar en nuestras vidas el amor de Dios. A qué nuestras obras estén en perfecta comunión con la voluntad divina. Solo así seremos felices. Este es el proyecto de Dios.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 13,22-30): En aquel tiempo, Jesús atravesaba ciudades y pueblos enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén. Uno le dijo: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?». El les dijo: «Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, os pondréis los que estéis fuera a llamar a la puerta, diciendo: ‘¡Señor, ábrenos!’. Y os responderá: ‘No sé de dónde sois’. Entonces empezaréis a decir: ‘Hemos comido y bebido contigo, y has enseñado en nuestras plazas’, y os volverá a decir: ‘No sé de dónde sois. ¡Retiraos de mí, todos los agentes de injusticia!’. Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abraham, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras a vosotros os echan fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios. Y hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos».

¿A qué es semejante el Reino de Dios?

Es de conocimiento universal que Jesús anunciaba incesantemente el Reino de Dios. Su mensaje de salvación se esparcía por todos los pueblos, aldeas y lugares que visitaba o enviaba a sus discípulos como testigos de esa verdad. ¿En qué consiste dicha buena noticia? ¿Cuál es el centro fundamental del mensaje de salvación?

Nuestro Señor vino a la tierra humilde, pequeño y semejante a nosotros (menos en el pecado). Esto quiere decir que lo que Dios inicia en nosotros siempre empieza sin la apariencia de lo que es. En la medida que Jesús fue manifestándose, grandes señales y prodigios se hicieron presente. Es decir, lo que comenzó en un pesebre se convirtió en la salvación del mundo entero.

Así es el proyecto de Dios en nuestra vida. Pensamos que nunca cambiaremos o que las cosas que nos pasan superan nuestras fuerzas. Nos parece que somos incapaces de cumplir la ley de Dios. Hoy el Señor te dice ¡ánimo!. Lo que hoy parece una semilla insignificante, Dios lo convertirá en árbol grande y frondoso.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 13,18-21): En aquel tiempo, Jesús decía: «¿A qué es semejante el Reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Es semejante a un grano de mostaza, que tomó un hombre y lo puso en su jardín, y creció hasta hacerse árbol, y las aves del cielo anidaron en sus ramas». Dijo también: «¿A qué compararé el Reino de Dios? Es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo».

Mujer, quedas libre de tu enfermedad

La enfermedad física muchas veces en la escritura es símbolo de un mal mayor. Jesús utilizaba el milagro físico para anunciar un milagro mayor: el moral. El Señor muestra su poder a través de las curaciones que realizaba. Esta actuación del Señor también es para nosotros.

En tiempos de Jesús había mucho que se apegaban a la ley. Eran aquellos que pensaban que con cumplir una serie de normas y procesos se hacía la voluntad de Dios. El Señor cambia eso y con autoridad pone énfasis en lo que realmente es importante: el amor.

Hoy es un buen día para hacer carne el mensaje de salvación de Jesús. Saber que Dios tiene el poder de “enderezar” nuestra vida. Hacerla nueva mediante el poder de sanación que actúa mediante su hijo Jesús.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 13,10-17): En aquel tiempo, estaba Jesús un sábado enseñando en una sinagoga, y había una mujer a la que un espíritu tenía enferma hacía dieciocho años; estaba encorvada, y no podía en modo alguno enderezarse. Al verla Jesús, la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad». Y le impuso las manos. Y al instante se enderezó, y glorificaba a Dios. 
Pero el jefe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiese hecho una curación en sábado, decía a la gente: «Hay seis días en que se puede trabajar; venid, pues, esos días a curaros, y no en día de sábado». Le replicó el Señor: «¡Hipócritas! ¿No desatáis del pesebre todos vosotros en sábado a vuestro buey o vuestro asno para llevarlos a abrevar? Y a ésta, que es hija de Abraham, a la que ató Satanás hace ya dieciocho años, ¿no estaba bien desatarla de esta ligadura en día de sábado?». Y cuando decía estas cosas, sus adversarios quedaban confundidos, mientras que toda la gente se alegraba con las maravillas que hacía.

¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo? 

Hoy es un buen día para reconocer que tenemos una tendencia a ser justicieros. Cuando alguien se equivoca y nos enteramos le hacemos un juicio inmediato. No aceptamos las equivocaciones de los demás. Hay personas que no son capaces de perdonar a los que se equivocan. ¿A qué nos llama el Señor?

Lo que es justo según Dios no lo es según la mentalidad de nuestro tiempo. Para nuestro Dios la justicia es la misericordia. Lo justo es darle a todos y todas el amor y perdón que hemos recibido de parte de Dios. Por tanto, ¿por qué persiste en tu enojo? ¿Por qué tienes tantos días sin hablarle a esa persona? ¿Por qué tienes tanto tiempo con ese rechazo, odio o rencor en tu corazón?

Esta vida es un tiempo oportuno para ponernos “a buenas con nuestro adversario”. ¡Ánimo! El Señor te envía hoy, si… hoy… a perdonar y pedir perdón. Él te da la gracia y la fuerza para hacerlo.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 12,54-59): En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: «Cuando veis una nube que se levanta en el occidente, al momento decís: ‘Va a llover’, y así sucede. Y cuando sopla el sur, decís: ‘Viene bochorno’, y así sucede. ¡Hipócritas! Sabéis explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploráis, pues, este tiempo? ¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo? Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo».

Estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre

Muchos profetas de todos los tiempos han anunciado la venida inminente del Señor Jesús. Es verdad que dicho acontecimiento sucederá, según dicen las escrituras. Lo interesante es que en todas las generaciones de los últimos dos mil años han pensado que es en su tiempo cuando está promesa hecha por el mismo Señor se cumplirá. ¿Cuando vendrá, por fin, el hijo del hombre?

Muchos exégetas y hombres de Dios han visto que una cosa es esperar esa venida definitiva de Jesús en los últimos tiempos y otra cosa es la llamada venida intermedia. Esto significa que el Señor viene todos los días a nuestro encuentro. Que podemos reconocerle presente en nuestra vida en todos los detalles: naturaleza, acontecimientos, personas y sobre todo en su Iglesia.

Hoy somos invitados a estar atentos a estas presencias del Señor. El nos ama y nos quiere mucho. Se manifiesta día a día en tu vida. Nos quiere cerca. Se los aparece todos los días. Solo debemos estar atentos a su presencia amorosa.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 12,39-48): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa. También vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre». 
Dijo Pedro: «Señor, ¿dices esta parábola para nosotros o para todos?». Respondió el Señor: «¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. De verdad os digo que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si aquel siervo se dice en su corazón: ‘Mi señor tarda en venir’, y se pone a golpear a los criados y a las criadas, a comer y a beber y a emborracharse, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los infieles. 
»Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más».

Mirad y guardaos de toda codicia

En las escrituras hemos leído muchas frases advirtiendo el peligro que tiene la abundancia de los bienes o riquezas. El Señor mismo habló sobre ese tema. Incluso nos invitó a decidir si adoramos a Dios o al dinero.

Según el diccionario, la palabra codicia hace referencia al deseo vehemente de poseer muchas cosas, especialmente riquezas y bienes. Es otras palabras, el Señor no dice que tener bienes sea malo, lo que si quiere decir que el apego desordenado a los mismo es un exceso y por tanto, un pecado.

Vivimos en mundo donde venden la idea que para ser exitoso y feliz hay que hacer rico como sea. Se nos invita al consumo desmedido y al poseer lo último de todo: ropa, teléfono, computadora entre otras cosas. Esto es una gran mentira. Hoy el Señor nos dice que la vida y felicidad no está asegurada en los bienes, ¿realmente te lo crees? Apégate al Amor de Dios y describirás la felicidad que produce amar a Dios por encima de todo. ¡Ánimo!

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 12,13-21): En aquel tiempo, uno de la gente le dijo: «Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo». Él le respondió: «¡Hombre! ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?». Y les dijo: «Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes».
Les dijo una parábola: «Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; y pensaba entre sí, diciendo: ‘¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha?’. Y dijo: ‘Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, y edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea’. Pero Dios le dijo: ‘¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?’. Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios».

Nada hay encubierto que no haya de ser descubierto

En las escrituras aparece en Jesús que ataca duramente a los Fariseos y Escribas. Les llama hipócritas. ¿A qué se refiere el Señor? Precisamente al comportamiento de algunos que tiene una apariencia a lo externo pero en lo oculto son otra cosa. Nuestro Señor se refiere a las personas que “privan en santas” pero su comportamiento personal está lejos de la ley del Señor.

Alguno puede decir que no es hipócrita. Sin embargo, ¿quien de ustedes no ha saludado a alguien con mucho cariño y en el fondo no quiere saber de esa persona? ¿Quién de los que leen estas palabras no ha sido sincero con su jefe, compañero de trabajo o familiar?

Es por eso que hoy el Señor nos llama a conversión. Nos invita a se íntegros y coherentes en la vida. A qué nuestras obras externas sean la expresión sincera de lo qué hay en nuestros corazones.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 12,1-7): En aquel tiempo, habiéndose reunido miles y miles de personas, hasta pisarse unos a otros, Jesús se puso a decir primeramente a sus discípulos: «Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. Nada hay encubierto que no haya de ser descubierto ni oculto que no haya de saberse. Porque cuanto dijisteis en la oscuridad, será oído a la luz, y lo que hablasteis al oído en las habitaciones privadas, será proclamado desde los terrados. Os digo a vosotros, amigos míos: no temáis a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más. Os mostraré a quién debéis temer: temed a aquel que, después de matar, tiene poder para arrojar a la gehenna; sí, os repito: temed a ése. ¿No se venden cinco pajarillos por dos ases? Pues bien, ni uno de ellos está olvidado ante Dios. Hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis; valéis más que muchos pajarillos».

No entrasteis vosotros, y a los que están entrando se lo habéis impedido

La ley de Dios es el amor. Muchos pensamos que ser buena persona; o mejor dicho, un buen cristiano mendiante el cumplimiento de normas y prescripciones. Reducimos la Fe a la práctica piadosa de ciertas devociones. El verdadero cristianismo se da en los profundo del corazón de alguien que está dispuesto hacer la voluntad de Dios. 

La Fe se demuestra con las obras. Y la obra más grande que se puede hacer es amar. ¿De qué nos sirve ir a la oración semanal si no podemos perdonar a nuestro hermano? ¿De que te sirve leer la Biblia si no pones en práctica sus mandatos?

El resumen de toda ley es el Amor. Hoy es importante amar. Dicen los santos: “Ama y haz lo que quieras”.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 11,47-54): En aquel tiempo, el Señor dijo: «¡Ay de vosotros, porque edificáis los sepulcros de los profetas que vuestros padres mataron! Por tanto, sois testigos y estáis de acuerdo con las obras de vuestros padres; porque ellos los mataron y vosotros edificáis sus sepulcros. Por eso dijo la Sabiduría de Dios: ‘Les enviaré profetas y apóstoles, y a algunos los matarán y perseguirán’, para que se pidan cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, el que pereció entre el altar y el Santuario. Sí, os aseguro que se pedirán cuentas a esta generación. ¡Ay de vosotros, los legistas, que os habéis llevado la llave de la ciencia! No entrasteis vosotros, y a los que están entrando se lo habéis impedido».
Y cuando salió de allí, comenzaron los escribas y fariseos a acosarle implacablemente y hacerle hablar de muchas cosas, buscando, con insidias, cazar alguna palabra de su boca.

Dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios

Cuando Jesús vino al mundo se encontró con una realidad cultural y religiosa muy particular.  Ciertamente el Señor vino a traer una buena noticia que implicaba un cambio de enfoque de la religión. Se había reducido, para bien o para mal, la Fe a una mera práctica y cumplimiento de leyes extrernas sin que necesariamente esto represente una verdadera conversión del corazón.

También nosotros hemos cometido este error. Hemos pensando que ser cristiano es hacer “cosas”. Las prácticas piadosas, que son buenos, no son la base fundamental de la buena noticia que hizo presente Jesús en la tierra. No son las devociones externas que muchas veces las podemos utilizar para vender una imagen de gente buena y santa el centro del cristianismo. La Fe es tener un encuentro personal con Jesús en lo profundo de nuestro corazón y cambiar profundamente nuestra vida a partir de dicho acontecimiento.

Hoy el Señor nos invita a ser cristianos de corazón. Saber que el Amor está por encima de todo. Dios nos ama y quiere que seamos reflejemos de su amor. ¿Estás dispuesto?

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 11,42-46): En aquel tiempo, el Señor dijo: «¡Ay de vosotros, los fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios! Esto es lo que había que practicar aunque sin omitir aquello. ¡Ay de vosotros, los fariseos, que amáis el primer asiento en las sinagogas y que se os salude en las plazas! ¡Ay de vosotros, pues sois como los sepulcros que no se ven, sobre los que andan los hombres sin saberlo!». Uno de los legistas le respondió: «¡Maestro, diciendo estas cosas, también nos injurias a nosotros!». Pero Él dijo: «¡Ay también de vosotros, los legistas, que imponéis a los hombres cargas intolerables, y vosotros no las tocáis ni con uno de vuestros dedos!».

El que hizo el exterior, ¿no hizo también el interior? 

Dios nos creó para que seamos felices. El génesis tiene el propósito, a través del relato de Adan y Eva, de revelar el gran proyecto de Dios para con nosotros que es nuestra felicidad.

Este proyecto de felicidad muchas veces lo hemos minimizado. Hemos pretendido reducir la felicidad a tener bienes materiales. Este no es el camino que revela Jesús.

También pretendemos decir que ser bueno y santo es cumplir una serie de normas y preceptos externos. Esto tampoco es un camino que conduzca a la vida y felicidad. 

Para recorrer el camino de Jesús hace falta una conversión sincera del corazón. Eliminar de nosotros la calumnia y la mentira, hablar bien de los demás, perdonar sin desfallecer, bendecir en todo tiempo.

Definitivamente, no es lo externo lo que marca la santidad, es lo qué hay en lo profundo de nuestros corazones. Seamos santos interiormente para que dicha santidad se manifieste en nuestras obras externas.

Leer:

Texto del Evangelio (Lc 11,37-41): En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, un fariseo le rogó que fuera a comer con él; entrando, pues, se puso a la mesa. Pero el fariseo se quedó admirado viendo que había omitido las abluciones antes de comer. Pero el Señor le dijo: «¡Bien! Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad. ¡Insensatos! el que hizo el exterior, ¿no hizo también el interior? Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros».